1990

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Jorge Campos

Ícono ineludible del bajo eléctrico activo desde los tiempos de la vanguardia del rock fusión, Jorge Campos ha sido un aguerrido y erudito solista a la vez que un cultor de las músicas de protesta. En el punto de intersección que marcan el rock progresivo y la fusión latinoamericana, se ubica Campos, quien demostró su potencial como integrante de agrupaciones capitales en los años finales de la dictadura: Fulano (1984) y Congreso (1986). Luego, como nombre propio, fue una figura reconocible y protagónica de la "gran fusión".

Vejara

Folk, trova y rock es el triple santo y seña válido para la carrera que este grupo desarrolló por más de una década entre el rock chileno. «Folklor sin poncho, trova sin aburrirse y rock sin gringuerias», precisan ellos en su promoción, y FTR es la sigla con la que han editado parte de sus discos. El grupo mantuvo una misma formación durante su historia, y su discografía consiguió exponer dos dimensiones paralelass, entre la acústica y la eléctrica. Elementos andinos, africanos, afroperuanos y mapuches se funden en el sonido de la banda, sin equivalentes entre los grupos de su tiempo.

Desiderio Arenas

Novelista, biógrafo, redactor por encargo, guionista de teatro y cine, Desiderio Chere Arenas fue músico como uno más de sus múltiples oficios. Se mantuvo cercano a autores y conjuntos durante toda su vida (repartida entre Chile y el exilio en Francia), y consiguió que grupos tan importantes como Los Ángeles Negros y Quilapayún grabasen composiciones suyas.

Ángel Parra Orrego

Como integrante del árbol genealógico más trascendental en la música popular chilena, Ángel Parra, hijo de Ángel Cereceda Parra, estableció su vínculo definitivo con la música a través del jazz, alternando su paso también por los territorios del pop, el rock y la música de raíz folclórica. A partir de 1991 se convirtió en un referente de la guitarra eléctrica, como virtuoso y como parte del eje central entre los solistas de la historia de la música moderna. Sus únicos discos monográficos, sin embargo, fueron relecturas de la obra de su abuela Violeta Parra, a quien homenajeó en 2017, año de su centenario, con la revisión del fundamental cancionero contenido en el disco Las últimas composiciones (1966).

Gabriel Puentes

Baterista de jazz contemporáneo que construyó una gran parte de su carrera como sideman y solista en Ciudad de México desde 1999, una vez que hizo sus primeras armas en los circuitos jazzísticos de Santiago y Concepción. Alejado de la escena nacional, Puentes se transformó en uno de los más activos bateristas en la capital mexicana, con una militancia abierta en proyectos que le permitió, como a muy pocos jazzistas chilenos, actuar en Europa y en las dos costas norteamericanas permanentemente.

Melvin 'Corazón' Américo

Los últimos años han hecho figurar a Melvin Corazón Américo como el padre de Américo, una de las grandes figuras jóvenes de canción romántica y bailable. Pero en el largo plazo este cantante ariqueño tiene de su lado una trayectoria de años ligada al bolero popular y a la música tropical. Se mantiene con presentaciones constantes en el norte del país, y ha ubicado en radios grabaciones de destemplada confesión sentimental y sufridas vivencias.

Ergo Sum

Ergo Sum obtuvo su nombre a partir la idea racionalista del filósofo francés René Descartes: "cogito ergo sum" ("pienso, luego existo"). Liderados por el entonces novel guitarrista de ascendencia griega Alexandros Tefarikis, la banda se distinguió por desplegar en su obra una amplia gama de influencias sónicas y estilísticas que fueron desde el rock pesado al progresivo. Pero además integró a elementos presentes en la música tradicional chilena o en la de otros rincones del planeta que entonces fueron entrelazados en un contexto de música de fusión. Ergo Sum incorporaría más tarde, percusiones melódicas como la marimba al lado de la tríada rockera guitarra-bajo-batería, lo que le daría una nueva identidad dentro de la órbita de la música progresiva.

Andy Baeza

De todos los bateristas de jazz que se iniciaron en los '90, posiblemente el de mayor ductibilidad haya sido Andrés Andy Baeza. Su nombre se reparte en un abanico muy abierto: Desde el pop y el jazz-rock de sus inicios, pasando por la percusión docta, hasta la profundización de los lenguajes del bop moderno y la improvisación libre. Baeza fue un pivote de su generación.

Parkinson

Es probable que Parkinson haya sido el grupo preciso en el momento incorrecto. De haberse formado en otro período, su rock enérgico e imaginativo podría haberse impuesto entre un público extenso, pero la banda tuvo la desventura de trabajar durante una etapa especialmente árida para la difusión de música chilena. Recién se desinflaba el llamado boom del pop local que pocos años antes había convertido en estrellas por igual a Los Prisioneros y a Cinema. Los sellos contaban las pérdidas que les había generado entusiasmarse de más, y las radios retrocedían luego de haber convertido en éxito hasta a las más dudosas grabaciones. Entre tanto recelo, no deja de ser un mérito que Parkinson haya logrado imponer dos canciones recordadas por siempre: "Papel floreado" y "El vino"; éste último, un título del que se hicieron fanáticos hasta Nicanor Parra y Don Francisco. El conjunto ha tenido amagos de reunión desde su separación de 1995, pero nada lo suficientemente firme como para pensar en nuevos discos.

Los Pulentos de la Cueca

Los Pulentos de la Cueca son el grupo que varios músicos chilenos duchos en ese ritmo formaron hacia 1985, y que representa un eslabón en la recuperación de la auténtica cueca urbana. Producido por el músico Ronnie Medel y con el oficio para armarse con rapidez, el grupo estaba integrado por Jorge Montiel, Pepe Fuentes, Pedro Zamora, Rafael Berríos (Rabanito) y Alejandro Espínola. En los discos Cuecas chimbirocas y Cuecas cahuineras (1988), que fue reeditado en 2000, el grupo grabó cuecas como "La carta", "Mándame quitar la vida", "Adiós, Santiago Querido" y otras.

Cristián Heyne

Un trabajo extenso y sin interrupciones en proyectos musicales propios y ajenos ha convertido a Cristián Heyne en un compositor y productor respetado, con logros en géneros disímiles y una llamativa lista de encargos. Pese a su crédito en discos de nombres populares, Heyne no ha abandonado hasta ahora el desarrollo de un exigente rock eléctrico en su propio proyecto, Shogún. Y en su trabajo como productor y diseñador de sonido, ha dirigido los sellos independientes Luna y Música del Sur.

Anachena

Las cenizas del grupo Viena dieron vida a Anachena, una banda que durante sus siete años de vida retomó la orientación new-wave trabajada antes en Viena por los hermanos Archie y Pedro Frugone, y que pudo desarrollarse pese al cierre de espacios ocurrido en Chile tras el llamado "boom pop" de los años ochenta.

Nelly Sanders

Nelly Sanders pudo haber sido una estrella de la canción como ocurrió con los nombres más significativos de la Nueva Ola. Pero ella simplemente fue la última de las grandes lady crooners de la música popular, una de las más completas y capaces, más allá de la figuración masiva entre el gran público, de la grabación de discos y del beneplácito medial. Alcanzaría de todas formas la categoría de "figura pop", con algo que en las figuras pop siempre escaseó: la ductibilidad. Si la canción era bolero, tango, swing o bossa nova, detrás estaría la voz pastosa, afinada y melódica de Nelly Sanders.

Arrecife

Rock primero duro y luego melódico caracterizó a las dos fases de la historia de este grupo iniciado en 1981, y con últimos signos de vida hacia 2005. El nexo entre una y otra fue el baterista Danilo Castro, único integrante que sobrevivió a una anorme rotativa de músicos en su formación.

Guachimán

Durante sus casi diez años de trabajo, el sonido de este grupo santiaguino avanzó entre el pop, el rock y algo de funk; y alcanzó a quedar registrado en dos álbumes. Superboy y Público (2006) fueron grabados con diferentes formaciones, pero en ambos se encontraban letras desencantadas e impronta rockera.

La Chimuchina

Como «un mix entre investigación e interpretación musical» definen su trabajo los integrantes de La Chimuchina, un grupo de existencia intermitente que ha realizado una labor única en la difusión de instrumentos y formas musicales precolombinas. Su génesis estuvo vinculada a la investigación arqueológica, y en su formación han compartido espacio profesionales venidos de áreas de investigación como la antropología, el diseño, la etnomusicología y la música popular (por la experiencia al respecto de Cuti Aste, el único músico profesional en su formación).

Sylvia Soublette

Compositora, intérprete, directora, profesora y gestora, Sylvia Soublette fue una figura relevante sobre todo para el desarrollo de la música coral chilena. A través de su trayectoria estableció vínculos con compositores e intérpretes en Francia, Estados Unidos y Venezuela y se vinculó con distintos repertorios, pero su impacto fue especialmente visible a través del Conjunto de Música Antigua UC y la creación del Instituto de Música de Santiago.

Fruto Prohibido

Con un trabajo inspirado en los grandes próceres rockeros y en el glam británico, Fruto Prohibido realizó un valioso aporte al circuito en vivo de la segunda mitad de los años 90, con presentaciones continuas y enérgicas, y con una colección de canciones propias que quedó plasmada en tres álbumes y al menos un par de temas en frecuente rotación radial. Su legado está hoy vivo en las muchas iniciativas musicales que animan varios de sus ex integrantes en otras bandas.

Gustavo Becerra Schmidt

Gustavo Becerra-Schmidt, el compositor el más joven en recibir el Premio Nacional de Arte, en 1971, fue una de las figuras vitales en la renovación de la creación y la formación musical. Abordó todos los tipos de música, incluyendo óperas, sinfonías, oratorios, música electroacústica y colaboraciones con agrupaciones de la órbita popular como Quilapayún. Su figura y su obra representa un punto de inflexión en la historia de la composición académica moderna.