1980
Mapa Prueba 1
Guitarrista y animador de la fiesta son los oficios de César Galvarino Olivares Araya que sobresalen en el escenario, como integrante de la agrupación La Isla de la Fantasía, de Valparaíso. Su experiencia antes de unirse a ese elenco incluye correrías desde la adolescencia por restaurantes y escenarios porteños como el Dársena, el Bar Inglés, La Bomba el Hollywood, donde hizo sus primeras armas como músico desde fines de los años '50. Integró conjuntos como Los Ribereños y Los Huasos Ladinos, este último junto a la cantante Silvia la Trigueña, y como parte de La Isla de la Fantasía también es acompañante frecuente de Lucy Briceño.
Myriam Hernández es la cantante popular más reconocible y de mayor alcance internacional en la música chilena de las últimas décadas, con periódicas giras por América, producciones de discos con repertorio original y permanente presencia mediática. Iniciada como solista tras un adiestramiento en la televisión en los años ‘80, ha grabado más de una decena discos desde 1988, con canciones de amor que le han valido numerosos éxitos, varios de los cuales han llegado al número uno en listas de la revista Billboard : "Peligroso amor" (1990), "Te pareces tanto a él" (1991), "Ese hombre" (1995) y "Huele a peligro" (1998). Aunque ha ejercido como conductora televisiva, la música ha sido siempre el eje de su camino como artista, donde ha trabajado con grandes nombres de la música latina (como Humberto Gatica o Juan Carlos Calderón), y también ha sido reconocido ampliamennte por nuevas generaciones de músicos. Mon Laferte la invitó a uno de sus conciertos del 2022 y Karol G cantó con ella en el Festival de Viña del 2023. Con la megaestrella colombiana interpretó el primero y, probablemente, el mayor de sus clásicos: "El hombre que yo amo".
Fue la performance multimedial y la reflexión política, más que la música estrictamente tal, lo que dirigió los cuatro años de conjunto entre la bailarina Cecilia Aguayo, la artista visual Jacqueline Fresard, la bailarina Tahía Gómez y la actriz Patricia Rivadeneira. Su cruce con el teatro de vanguardia en los años de dictadura y con músicos como María José Levine y Jorge González (quien mantuvo con ellas no sólo amistad sino también colaboraciones) ha ubicado su nombre como un símbolo del llamado «underground» chileno de los años ochenta. De entre sus integrantes, la que se mantuvo más cercana a la música tras la llegada de la democracia y la disolución del proyecto fue Cecilia Aguayo, quien se integró durante unos años como tecladista de Los Prisioneros y, más tarde, a Jardín Secreto. Aunque el grupo nunca grabó un disco, una compilación de sus grabaciones (con audios de todo tipo, incluso tomados de videos) de esa época fue finalmente editada como LP bajo el sello Hueso Records en 2016.
Parte de la nueva generación de payadores nacidos desde los años '70 como Hugo González Hernández, Máximo Retamales Madariaga o Manuel Sánchez, Alejandro Cerpa trae además la poesía popular en la sangre. Su padre es Sergio Cerpa Sazo, El Puma de Teno, y de él heredó el nombre de El Pumita de Teno y el oficio de payador que desempeña junto a su trabajo como obrero agrícola en la comuna de Teno, en la provincia de Curicó. Ha participado en el disco Payando despedimos el siglo (2000) y en el programa de TV "El arte de la paya más allá de la rima" (1999), de Teleduc, además del contrapunto en décimas grabado junto a su padre en el disco binacional Poetas populares de Chile y Perú (2000).
El 28 de diciembre de 1985 se realizó en Santiago un encuentro que impulsó el desarrollo del metal extremo en Chile: el festival «Death Metal Holocaust I» fue el primer concierto colectivo de death-metal en el país, con los grupos Pentagram, Necrosis, Massacre (luego Massakre), Dorso y Belial; este último, cuarteto oriundo de Valparaíso que se inscribe dentro de la historia metalera chilena. El grupo se había formado ese mismo año, y no tardó en activar una discografía amparada inicialmente demos autoeditados y luego en álbumes para el sello Toxic. Con constantes cambios de integrantes, su trayectoria no dejó de orientarse por el metal duro, con variantes como el grindcore y el thrash. La banda tuvo una gira a Europa (2003) y ganó elogios en sitios especializados de Chile y Alemania. Sin adornos superficiales, con pulso veloz y despiadado, guitarras agresivas y letras crudas ejecutadas con la voz gutural e inconfundible de su vocalista, Belial se mantuvo como un nombre de referencia.
Rita Pavone hizo en 1963 del twist asunto italiano gracias a su popular "Il ballo del mattone", y en Chile fue Rafael Peralta quien más convincentemente tradujo la canción al castellano. "El baile de la baldosa" fue el mayor éxito de este intérprete asociado a la Nueva Ola, que se inició en el canto inspirado más bien por la estampa de los grandes crooners estadounidenses —fueron junto a orquesta sus primeras grabaciones—, pero que luego orientó su trabajo y talento hacia el imperativo juvenil y animoso del pop chileno de su tiempo. Otras de sus grabaciones exitosas fueron "Problemas", "Te has quedado negra" y "Hola, papi. Hola, mami".
Salvo el baterista Eric Franklin, quien había sido integrante de Los Mac's entre 1966 y 1970, todos los músicos de la Banda Metro provenían de la última formación del grupo Miel, la banda liderada por Juan Carlos Duque durante los años '70. Eso hizo que su presencia dentro del llamado boom pop de la década de los '80 en Chile, fuese peculiar: sus integrantes eran músicos con oficio y de mayor altura musical que varios de los jóvenes debutantes del movimiento. Sin embargo, su legado quedó sintetizado tan sólo en un disco y en un tema recordado: "En el metro".
El universo de la música vinculada a la meditación, así como los géneros de la electroacústica y la new-age, tienen en Chile a Joakín Bello como un nombre ineludible. Su alta prolificidad en grabaciones y composiciones es una de las características de su trayectoria, que lo ha ocupado simultáneamente como compositor, poeta, escritor, investigador en terreno, profesor, intérprete de violín (también tiple, viola, piano y otros) y luthier (es su invento el bellectra, derivación del violín eléctrico). Su extensa obra incluye canciones, ballets, musicalización de poesía y otros diversos formatos instrumentales. Su disco Detrás del arcoíris (1987) fue un hito de divulgación internacional, por su fusión de música con sonidos de aves, mamíferos, agua y viento. Bello es un músico de citas internacionales frecuentes, que se ha presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires, el Universal Amphitheatre de Los Angeles, el Teatro Nacional Heitor Villa-Lobos, de Brasilia y festivales de los cinco continentes.
Parte de una escena electrónica underground de exploraciones amplias, desde Valparaíso surge la figura de Gozne, el alias musical más reconocido de Eduardo Yáñez Torres, compositor, productor, artista audiovisual con un prolífico catálogo de trabajos que traza diagonales entre el tecno, la electrónica experimental y la música ambient. En su enofque propio, lo sonoro se compacta con la idea de lo visual, pero además se centra en el uso de herramientas de la era análoga, sintetizadores modulares, máquinas de ritmo y muestreo, aparatos de radio de onda corta y otros autofabricados, pedales de efectos, circuit bending y antiguos softwares, siempre en busca del acierto y el error deliberado. También utilizando el seudónimo de Zacarías Malden, Yáñez Torres ha publicado en distintos netlabels de Chile, Argentina, Alemania, Japón y Estados Unidos.
Cuatro indiscutidos clásicos de la balada chilena concentró en poco tiempo la trayectoria de Cristóbal, intérprete que, casi sin planearlo, a los 23 años profesionalizó su gusto por la música en un Chile ochentero que acogía parte del canto popular sobre todo en sets de televisión y grandes festivales. "Una niña, una historia", "Te vas quedando sola", "Se te olvida" y "Basta ya" son los temas que hasta hoy identifican a este baladista de registro vehemente y catálogo poderoso, apoyado siempre en una cuidada selección de autores y arregladores.
Como el heredero directo de Orlando Avendaño en la batería, Alejandro Espinosa pasó a ser un referente obligatorio en el jazz chileno desde fines de los '70. Primero como músico moderno en su Concepción natal y luego como uno de los grandes difusores del jazz, a través de su trabajo en radio, la creación de festivales internacionales y la figura del anfitrión para prácticamente todos los jazzistas extranjeros que tocaron en nuestro país.
Pedro Villagra fue uno de los primeros músicos en incorporar el saxofón a los ambientes de la fusión y la música latinoamericana, lo que expandió un sonido y una narrativa que venía tomando forma desde los años de exilio de los músicos de la Nueva Canción Chilena. Integrante de agrupaciones fundamentales en esta línea, como Huara, Santiago del Nuevo Extremo e incluso Inti-Illimani tras su vuelta a Chile, el peso de Villagra lo sitúa entre los nombres fundamentales de una generación de jóvenes universitarios creadores de los años '70 y '80 que se consolidaron en los tiempos modernos. Tras esas dos primeras décadas, el saxofonista, guitarrista, compositor y más adelante también cantautor, se inició en una ruta muy personal en el desarrollo de la fusión latinoamericana, y de paso contribuyó a acercar el jazz al mundo del folclor.
En un punto intermedio entre los maestros de la proyección folclórica chilota y las nuevas generaciones dedicadas a esa música está Chamal. Fundado en 1968 bajo la influencia de recopiladores como Héctor Pavez, Gabriela Pizarro y Millaray, desde 1975 el conjunto mostró una presencia principal en la música folclórica que estuvo en la base del Canto Nuevo, y de hecho su primer LP, Tierra de alerces (1976), fue también el primero de la historia del sello Alerce, principal promotor disquero de ese movimiento. Con varios discos publicados y frecuentes giras al extranjero desde 1988, Chamal mantiene vigente la proyección de los cantos y las danzas de Chiloé después de cuatro décadas de trabajo.
Los Quincheros representan la expresión viva y activa de la tradición de los grupos de huasos inaugurada en Chile en la década del '20. Un grupo de profesionales vestidos como huasos patronales, intérpretes de un repertorio campesino elegantemente arreglado con voces y guitarras, conforman este modelo musical; creado por conjuntos como Los Cuatro Huasos o Los Guasos de Chincolco, y que, a la larga, ha llegado a ser el emblema de un tipo de folclor chileno. A pesar de que la génesis de estos conjuntos tuvo poco o nada que ver con el campo, hoy día nadie pone en duda el lugar fundamental que ocupan en la música tradicional, y los ochenta años de actividad regular de Los Quincheros lo confirman.
Cantora chilota de la localidad de Puchaurán, en Dalcahue, Maruja Navarro Barría carga consigo el legado de canto y de repertorio tradicional de danzas reunido por su abuelo, el fundamental Gerónimo Barría (1919-2001), uno de los nombres más importantes en el folclor del archipiélago. Ese testimonio se encuentra a la vista en el disco Folclor de vertiente (2021), que es el capítulo final de una larga historia de clan, al interior de una familia arraigada con las raíces chilotas en distintos niveles, y donde la música no es solo música sino parte de la vida en el universo isleño. Maruja Navarro cantó por años junto a miembros de su familia, además del conjunto folclórico Senda Chilota y otros nombres que contribuyeron a impulsar una nueva edad para la música de Chiloé, como David Cárdenas, perteneciente a otro clan de músicos chilotes, y la cantautora Caro Guttmann, con quien Maruja realizó la investigación y posterior disco Mejicanas en Chiloé (2008).
Saxofonista alto, compositor, activo solista y más adelante director de big bands y educador, Ignacio González es un nombre de la generación de músicos de jazz que se tomaron por asalto los escenarios durante la década de los '90, en especial de un Club de Jazz que se abría a una nueva época tras la dictadura. Con una nítida proximidad a los grandes saxofonistas posteriores a Charlie Parker, González es también el hombre que descubrió a un muy iniciado Cristián Cuturrufo, hacia 1988. Se transformaría así en su primer protector y en el compañero inicial para los sucesivos tándems de vientos jazzísticos que tuvo el trompetista.
Una trayectoria larga y diversa ha convertido a Mario Rojas en una fuente valiosa de consulta sobre música popular de origen urbano y, en especial, sobre la cueca, un género que este compositor, productor, guitarrista y cantor ha ayudado a difundir de un modo valiosísimo a través de un popular sitio web (CuecaChilena.cl), un programa televisivo para el extranjero, un libro escrito a la manera de una crónica personal (El que sae, sae) y el único documental que alcanzó a registrar a la formación original del grupo Los Chileneros.
El entusiasmo por el carnaval y los conjuntos de bronces nortinos que encendió la escena musical en las ciudades con bandas de rock y de música de teatro en Chile tiene un antecedente en La Bandalismo. Desde sus inicios, el grupo porteño se inspiró en las expresiones festivas del altiplano para desencadenar esa celebración en vivo, con experiencias que antecedieron en veinte años a la popular Banda Conmoción.