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Inicialmente cultora de la canción melódica, la música popular y la bossa nova, Paula Lizana consolidó durante su estada en Francia una mirada mucho más abierta alrededor del canto, que la llevó a proyectarse en la música lírica, la ópera, los coros sinfónicos e incluso como una voz especialista en el campo del teatro musical. Durante su primera vida en Chile, editó el disco Primores (2005), que dio cuenta de esas experiencias tempranas, antes de convertirse en una cantante chilena en Europa.
A lo largo de la historia de la música popular chilena, la Retaguardia Jazz Band se adjudicó una emblemática posición de estandarte del jazz tradicionalista, sobrepasando largamente a la gran cantidad de conjuntos hot que surgieron a través del tiempo con la misma facilidad con que pronto desaparecieron. Manteniendo intacto su carácter de agrupación compuesta por músicos aficionados, este ensamble fundado en 1958 pasó a ser en sí misma una institución nacional a partir de la “preservación jazzística”, todo un concepto en Nueva Orleans, donde espacios como el antiquísimo club Preservation Hall y su banda se han encargado de perpetuar este clásico estilo.
Verónica Jara es una cultora del canto latinoamericano y la música de raíz folclórica, que ella expone a través de una propuesta de fusión. Autora, compositora, intérprete y educadora, su nombre tuvo un primer eco en la música chilena en 1998, cuando obtuvo el premio a la mejor intérprete de la competencia folclórica en el Festival de Viña del Mar. En esa oportunidad cantó la tonada punteada "Revoloteando en el alma", junto al grupo Viento. Diez años después, Verónica Jara volvería a competir en esa categoría, con su canción "Yo no tengo la culpa", pieza en 6/8 con guitarra eléctrica que titularía el disco que más representativo de su historial como cantautora: Yo no tengo la culpa (2011).
Agrupación orquestal de swing vinculada al instituto del mismo nombre y que inició su trayectoria bajo la dirección del cornista y trompetista Gerhard Mornhinweg. Ha revisado repertorios abiertos desde el swing clásico al jazz crossover. Al momento de llegar a la Projazz Big Band, el propio Mornhinweg ya tenía gran experiencia en la conducción de estas agrupaciones de jazz en bloque, dado que desde 1994 encabezaba la emblemática Conchalí Big Band y muchos de sus músicos llegaron al Instituto Projazz en calidad de becados para seguir aprendiendo.
Por sus muy diversos encargos como productor, DJ Raff fue un tiempo uno de los colaboradores y asesores más importantes del circuito hip-hop chileno. Pero su decisión de defender su trabajo propio lo llevó también no sólo a la composición electrónica propiamente tal sino que también a una fabulosa proyección internacional.
Miembro de un clan histórico, Pablo Lecaros surgió en el jazz chileno y la música popular como uno de los primeros solistas del bajo eléctrico en la era de la fusión, junto al peruano radicado en Chile Enrique Luna. Lecaros fue desde mediados de los '70 un ejemplar inédito, formado con las claves del jazz, las armas del rock y las raíces de la música popular chilena. Un punto de confluencia de tres líneas que queda bien representado en su composición "Tonada para la pachamama", una de las más fundamentales en este campo, que el músico grabó con grupo La Marraqueta.
Su continua búsqueda de lo salvaje, lo primitivo, lo anterior a cualquier tipo de racionalidad, parece ser el criterio unificador de la obra visual y musical de Caterina Purdy. En un cruce entre instalación, performance, música y asumida apropiación cultural, la creadora ha presentado su trabajo en discos bajo los seudónimos Purdy Rocks y Cholita Sound.
Chispeante como pocos, Jorge Orlando Céspedes Romero es maestro electricista y por ese oficio lo conocen sus clientes en Puente Alto, pero como payador, poeta popular y cantor tiene más fama y un nombre propio: El Manguera. Parte del grupo de payadores Los Mentaos, ha publicado dos libros y tres discos y es frecuente invitado a encuentros nacionales de paya.
El más prolífico de los integrantes del trío pop Hombre Nuclear no tardó un año luego de la disolución de ese grupo en debutar como solista. Con sus discos Warm milk (2007) y Boo boo (2009), el cantante e instrumentista profundizó en los revestimientos electrónicos, pero no en función de una música abstracta, sino aplicados a canciones pop, pulsos bailables y melodías instrumentales o cantadas. Su fómulta ha trascendido: Su disco Boo Boo se acerca a las 200 mil descargas locales, lo que es toda una marca en el género. El 2016 editó Retarded, con un sonido mucho más bailable. Los tres discos forman parte del catálogo en línea del sello Pueblo Nuevo, y en todos desfilan un diverso y vasto listado de colaboradores, que van desde Javier Barría a Fakuta.
Sólo unos momentos después de que Carlos Vera Larrucea apareciera como el gran hallazgo del vibráfono jazzístico, un nuevo solista haría ingreso en el circuito de los años 2000. Diego Urbano dejó bien escrito su nombre en el jazz nacional, sorprendiendo a músicos de todas las generaciones. Un solista vital y lleno de swing, que ha continuado aportando a la breve historia de este instrumento de percusión melódica, iniciada en los años '70 con Guillermo Rifo y que con Diego Urbano sumó otro eslabón.
Formado en su origen por jóvenes estudiantes de la U. Católica de Valparaíso, Ajayu se consolidó como ensamble acústico de fusiones diversas, que tomó su nombre de la imaginería del mundo aymara: Ajayu es "alma" o "espíritu", voz que vincula su propuesta con una sonoridad "cercana a lo inmaterial, a lo imaginable y a lo que es difícil de situar en un lugar", según describen sus integrantes. En una formación de septeto, o bien sexteto, Ajayu avanzó en ese camino, incoporando primeramente instrumentos de ese mundo andino, como la quena y el sikus, además de sonidos de una tradición clásica europa, como el chelo, el clarinete y la flauta traversa. Ello lo situó en una línea extendida de propuestas musicales de ensambles surgidos en los años '90, como Transiente en Valparaíso y Entrama en Santiago.
«Quise ser tan humano, quise saber sentir. Creo que a veces me ahoga saber lo que hay dentro de mí», es una frase en la estrofa de "Tal vez", una canción del trío que se hace llamar tal como la mítica figura creada por el escritor austríaco Gustav Meyrink y recogida en el Manual de zoología fantástica por Jorge Luis Borges: Golem. Inclinado a la melodía, este grupo también fue una criatura rara en la escena chilena, que avanzó en una discografía interesante y fiel a su disposición a un tipo de pop íntimo, marcado por la melancolía, el remordimiento y los recuerdos, y que emparentó al trío con grupos británicos como Radiohead, Doves o The Verve.
Daniel Osorio es parte de la generación de compositores surgida en la década de 1990 desde la Universidad de Chile, como alumno de Pablo Aranda, y consolidada en la primera parte del nuevo siglo, ya como activo creador e investigador. Un segundo tramo de su trayectoria musical tuvo lugar en Alemania, donde se instaló para estudiar en 2005. Si bien su catálogo expone una serie partituras para instrumentos, Osorio fue derivando progresivamente hacia la electroacústica, que había estudiado a su vez con Edgardo Cantón. Así se situó en un campo intermedio de la electrónica mixta, escribiendo material para electrónica y diversos instrumentos, de modo que su nombre también se sumó a aquella generación que reimpulsó la electroacústica en Chile.
Yupisatam fue una banda de rock independiente que se mantuvo en pie por una década completa, desde sus primeras grabaciones editadas en cassettes caseros hasta un disco lanzado con un sello argentino, y siempre caracterizada por un rock melancólico con algo de punk incorporado.
Desde el inicio del interés masivo por el trap y sus protagonistas, Ceaese fue uno de los nombres con más atención sobre sí. La ha justificado con versos, entrevistas y publicaciones de inteligente propuesta, y su disco Utopía (2018) ha sido ineludible para comprender el fenómeno en Chile. En poco tiempo, la trayectoria del joven criado en Ñuñoa se ha caracterizado entre otras cosas por su material incesante, de una extensa discografía y permanentes colaboraciones: DrefQuila, Gianluca, Polimá Westcoast, Jonas Sanche, Young Cister, Seo2, Jonas Sanche y Bronko Yotte; además del cruce puntual con bandas de otros estilos, como Moral Distraída y Planeta No.
Mariana Montalvo es una de las figuras chilenas del canto latinoamericano, poético y de protesta, fuera de las fronteras del país. Desde que llegó a París en 1974 se vinculó a los músicos de la resistencia, desde el compositor Sergio Ortega y el cantor Ángel Parra, hasta el trovador Patricio Manns, con quien compartió espacios en el conjunto Karaxú, formados por músicos exiliados. Además participó en el grupo de música latinoamericana Los Machucambos, formado por músicos de diversas nacionalidades, que tuvieron gran presencia en Francia. Con estudios de guitarra clásica en el Conservatorio Nacional, su rumbo se encaminó entonces al canto popular con guitarra y cuatro venezolano, que desarrolló a lo largo de cuarenta años. Fue, además, la primera chilena en grabar para el sello de world music Putumayo, Cantos del alma (2000). Murió en 2017 y fue sepultada en el cementerio Père Lachaise.
Su nombre se asocia de inmediato al mapa de la balada chilena con mayor difusión en la segunda mitad de los años '80, aquél de televisión y grandes festivales. Pero es un territorio más extenso que ése el que Patricia Frías ha recorrido durante su trayectoria, tanto como intérprete de voz distintiva como también compositora de canciones de intensidad sentimental empáticas con la audiencia, las que hemos conocido en su voz o en la de otro/as cantantes.
Desarrollar en Chile un pop de tintes rockeros y pretensiones masivas era en los años noventa un desafío mayor al presente. En parte por eso, largas pausas separan las publicaciones discográficas de Delisse, un dúo que ha buscado desarrollar baladas de fuerza eléctrica inspiradas en la canción estadounidense contemporánea. Delisse ha estado formado por la pareja de Magdalena Atria (hija del matrimonio de Jaime Atria y la cantante Gloria Spoerer) y Cristián Moya, quienes se conocieron estudiando Comunicación Audiovisual, y a los que el tiempo convirtió en dupla creativa y matrimonio. En general, ha sido ella la letrista y él el compositor de canciones parcialmente inspiradas en las power-ballads estadounidenses, melodías de apariencia ruda pero fondo amable.
Lorena Gormaz tiene una triple faceta de compositora, pianista y cantante popular. Una de las nuevas voces de la fusión latinoamericana de los años 2000, con gran conocimiento sobre la música afroperuana, criolla chilena y popular brasileña. Estudió piano con la concertista María Paz Santibáñez y parte de su adiestramiento vocal lo obtuvo con Arlette Jequier, por lo que sus estilo y timbre también se asociaron en su momento al de la avanzada cantante de Fulano.
Como miembro fundador de la Comunidad Electroacústica de Chile (Cech), organizador y compositor invitado del festival Ai-Maako —el principal encuentro de ese circuito en el país—, autor de estudios sobre la materia y curador del fundamental disco triple 50 años de música electroacústica en Chile (2006), el músico, compositor e investigador Federico Schumacher ha sido uno de los nombres más importantes de la música electroacústica en Chile desde esos años del resurgmiento. A su regreso de Alemania en los años 2000, se instaló en el frente de músicos que protagonizó ese repunte de la música académica creada en laboratorios de investigación a partir de dispositivos electrónicos, desde donde él proyectó su creación. En su faceta de investigador, Schumacher es autor del fundamental libro Historia de la música electroacústica en Chile (2005).