Fusión latinoamericana
Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.
Preludio nació públicamente el 14 de diciembre de 1995, cuando en el Aula Magna de la Universidad Metropolitana (el ex Pedagógico), un grupo de estudiantes presentó la Cantata de Santa María de Iquique, la fundamental obra de Luis Advis, grabada por Quilapayún en 1969. Los cinco músicos del grupo eran estudiantes de esa universidad, y en el ensayo y la presentación contaron con la dirección de Ricardo Venegas, miembro de Quilapayún entre 1978 y 1992.
La mezcla de la raíz latinoamericana con los códigos del jazz y el rock anima a la banda Fusión Judá desde el año 2000. Sonidos de todo el continente han influenciado a este grupo originario de la capitalina comuna de San Joaquín, el cual mantiene su misma formación fundacional, y una activa agenda de presentaciones en locales nocturnos de Santiago y en festivales comunales.
Fernando Carrasco es un musico versatil. Compositor, formador e intérprete eximio de guitarra, charango, acordeón y otros instrumentos, ha sido protagonista de distintos momentos de la historia musical chilena. Llegó a Santiago a los 18 años a estudiar al Conservatorio de la Universidad de Chile, y en apenas dos años fue parte los conjuntos de la Nueva Canción Chilena, Huamarí, Dúo Coirón y una etapa de Los Curacas. Tras el golpe de 1973, integró Barroco Andino, y desde 1977 inició su trabajo solista, donde ha desarrollado varios discos con Aranto, un elenco de diversas formaciones que ha estructurado en función de cada uno de sus proyectos. El 2009 se integró a Quilapayún, un conjunto del que estuvo cercano desde los años 70, y adonde aporta su voz de barítono, composición de canciones y la ejecución de arios instrumentos. Al mismo tiempo, ha sido compositor y arreglador , y el 2020 fue investido como Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Ensamble electroacústico formado en la Universidad de Talca, que trabajó un tipo de música de fusión con elementos del folclor latinoamericano y del rock progresivo y de vanguardia. Kaluhaya (2014) figura como su único disco, definido por el propio grupo como «la hibridación de timbres, ritmos, gustos, colores y textos que van formando una trama que nos hace sentir lo telúrico y lo etéreo en un mismo vuelo».
Dos vidas cohabitan en la historia de este músico. Quique Cruz vive desde 1980 en Estados Unidos, donde ha realizado un trabajo a partir de las raíces latinoamericanas cercano a la llamada world music o "música del mundo" y donde integra el conjunto internacional de fusión Quijeremá. Pero antes de ser Quique Cruz él es Claudio Durán, nacido en Chile, un país donde se inició en la música pero donde también fue detenido y secuestrado bajo dictadura en 1975 en campos de prisioneros como Villa Grimaldi, una marca que del mismo modo está presente en su trabajo.
Ensamble de fusión contemporánea formado y dirigido por el guitarrista Daniel Román e integrado por músicos provenientes de distintas tradiciones, desde la música docta de cámara y el jazz moderno, hasta la música popular y el folclor chileno. Sus búsquedas los sitúan en una amplia escuela de cultores de la fusión sobre las raíces latinoamericanas desde un ámbito tanto académico como de expresión popular. Con las sonoridades de saxofones soprano y barítono, bajo eléctrico, batería, guitarra y cuatro, han explorado estos territorios, incluyendo en su trabajo eminentemente instrumental una serie de canciones con textos de carácter crítico y reflexivo sobre el acontecer político. Sus álbumes son Pequeños gestos de rebeldía (2014) y Atar y desatar (2017). Con este último trabajo, en 2018 el ensamble obtuvo el Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión.
La población La Legua, de la capitalina comuna de San Joaquín, vio nacer a este grupo de música latinoamericana, identificado en sus palabras con «la rumba y el son» y de formación cambiante aunque siempre numerosa. Iniciados con los instrumentos del grupo Kusimarka, en 2000 participaron en el Te Deum ecuménico de la Catedral de Santiago, y un año después presentaron su primer gran trabajo, la cantata Jesús de niño a Hombre (2001).
Más de sesenta músicos, venidos desde extremos del territorio como Arica y Chiloé, se reunieron en torno al proyecto impulsado por el profesor y acordeonista porteño Ernesto Calderón (n. 1984), conocido además por su trabajo junto a Pascuala Ilabaca en Valparaíso. El Ensamble Transatlántico del Folk Chileno se instaló en un discurso de renovación creativa y fusión musical a partir de la diversidad de ritmos del país, desde el huayno y la saya nortina, a la pericona sureña, la inspiración mapuche, la cueca rural centrina e incluso las influencias de la música de África y la India.
Una experimentación en el ritmo y en el groove sostienen la música de Zenit Collective, un ensamble de jóvenes músicos que surgió en tiempos pandémicos con una propuesta sostenida en esos matices percusivos, a través de una sección protagónica de parches y accesorios afrolatinos, africanos y latinoamericanos: tumbadoras, djembes, timbales, zurdos, repiques, shakers e incluso pad electrónico. Suma, además, el uso de la voz sin texto e instrumentos innovadores para ensambles de este tipo, como el acordeón y la marimba.
Activa cultora de la música latinoamericana, la música popular brasileña y la música infantil, Sofía Carrasco es una de las voces que retomaron la aproximación a las raíces continentales en una generación posterior a la que encabezan figuras como Francesca Ancarola o Elizabeth Morris. En 2010 ganó el tradicional concurso "Chile canta a Brasil", con la canción “O bêbado e a equilibrista” (de João Bosco), lo que la puso en relieve como cantante de MPB. Su primer disco, sin embargo, se circunscribe en el campo de la música infantil, con una serie de canciones educativas: Melodías contagiosas (2015), que editó en conjunto con Mauricio Peralta.
Compositora proveniente del mundo académico, Carmen Aguilera es una de las tres exponentes femeninas del piano jazzístico contemporáneo, junto a Carmen Paz González y Carla Romero, sin considerar a Tania Naranjo, que tuvo una vida musical en Suecia. Si bien fue formada en la Universidad de Chile en la música docta, derivó en el campo del jazz, donde se desarrolló mayormente como autora. Además de contar con un catálogo de obras de cámara, ha realizado sesiones de piano solo, piano trío y quinteto, pero sobre todo en una propuesta que ha explorado los cruces entre las tradiciones del jazz y las tradiciones doctas.
Compositor y productor que comenzó su carrera profesional a en 2014, con el disco Al sur, luego de un largo camino en bandas y festivales escolares. Hijo de Pablo Herrera, heredó de su padre su afición a la guitarra y desde ahí ha trazado su camino musical cercano a la trova y la canción romántica. Con estudios universitarios de Sonido, desde el 2012 comenzó a trabajar en producción musical. Ha colaborado con figuras del pop de su generación como Denise Rosenthal, y su participación en un reality televisivo a mediados de 2014 le dio una especial difusión para su primer sencillo, "Felicidad", que sirvió de adelanto para ese estreno discográfico. Un lenguaje de fusión es la base de su sonido.
Una especial posición tuvo Sebastián Gómez en la música. Iniciado como bajista y contrabajista de jazz en los años 2000, en la siguiente década comenzó a internarse indistintamente en la cantautoría y en la composición de música instrumental libre, que complementó con su actividad jazzística. Así fue tanto sideman de su hermano Cristóbal Gómez, como colaborador de cantautoras contemporáneas como Javiera Barreau. Su faceta solista quedó reprensentada en los discos Canciones para sanar (2015) y Desierto florido (2016). En sus primeros tiempos, Sebastián Gómez describió el mismo tránsito que habían experimentado otros músicos de jazz, como Pablo Menares, Rodrigo Álvarez, Alonso Durán o Eduardo Peña: desde el uso del bajo eléctrico al contrabajo jazzístico. Integró los conjuntos del guitarrista Cristóbal Gómez, y principalmente el activo proyecto de jazz manouche Gypsy Trío. También tuvo actividad en diversos tríos y cuartetos de intérpretes de repertorio standard de Projazz, donde había estudiado. En este plano fue acompañante de Karen Rodenas y Nicole Bunout. En 2014 comenzó a darle curso al material autoral que había puesto en marcha, vinculándose de esta manera con otro frente de músicos, y sobre todo explorando los alcances de su propia voz y el uso de las guitarras acústicas.
Talento de generación espontánea aunque también de un trabajo de formación intenso en la música popular, Jorge Vera fue uno de los últimos discípulos del maestro Pedro Mesías. Un pianista sobresaliente en todos los estilos y al mismo tiempo ingenioso arreglador, Vera deslumbró al círculo de directores e instrumentistas de orquestas populares desde la adolescencia y así llegó a ser uno de los músicos profesionales más jóvenes de su época. Su madurez musical llegó luego de una mudanza a Madrid, donde consolidó un prestigio y grabó sus primeros discos: Groovera (2010) y Luz (2016).
La cantante y compositora Martina Valenzuela lleva por segundo apellido Lecaros, y fue de las últimas artistas en aparecer en la fotografía familiar de este conocido clan de músicos. Pero en los conciertos y apariciones en discos, ella es Martina Lecaros. Así quedó acreditado en su primer álbum solista, Sintiendo (2009), donde expuso un buen caudal de energía y ritmo en sus canciones de corte pop y soul. Más adelante, como compositora fue explorando los espacios de la música de raíz latinoamericana, que combinó con esa proximidad al R&B de su base, alternando creaciones en uno y otro lenguaje en su discografía. Martina Lecaros también impulsó el festival Poderosx, una instancia musical para promover el fin de la violencia de género, que incluso llegó a presentar en Estados Unidos en 2024.
Canciones como "La tarareada" y "Negrolove" han marcado el rumbo creativo de Isabela Ro, cantautora sureña que vincula la trova con el pop mestizo y las raíces de las músicas latinoamericanas, de cierta manera resultado de una experiencia de viaje por el continente. Ese enfoque musical está principalmente representado en el disco Pecapitales y rituales (2017), donde ella observa los siete pecados. Su nombre es Nicole Illesca y en una primera etapa su vida transcurrrió entre Valdivia, San José y Mafil, hitos de la Región de los Ríos. Además se forjó en la música cantando en calles y micros de Concepción, donde estudió. Sus influencias musicales son figuras centenarias como Ella Fitzgerald y Violeta Parra, a quien ha homenajeado, pero ella además declara proximidad con nombres de la música chilena de sus tiempos, como el poeta y rockero Mauricio Redolés y el trovador Tata Barahona. Isabela Ro ha aparecido como cantante, guitarrista y acordeonista, y sus presentaciones siempre mantienen gran intensidad.
Dos momentos de la historia musical chilena se encuentran en Santiago del Nuevo Extremo. El grupo comenzó entre 1977 en circuitos universitarios, con un sonido acústico centrado en la guitarra, y terminó experimentando con teclados y saxos, casi una década después. Fundamentales en los circuitos antidictatoriales, el grupo llegó curiosamente dos veces al Festival de Viña del Mar y dejó varios clásicos de ese tiempo, como "A mi ciudad" o "Simplemente". Tras la edición de tres cassettes, en 1986 se disolvieron y todos sus músicos siguieron activos por separado. A partir de 1998, sin embargo, el grupo se reunió, en un proceso que ha tenido recesos, pero que mantiene saludable el mismo espíritu inquieto que los distinguió en sus primeros años.
Ensamble camerístico formado en 2010 por los compositores Claudio Alarcón (guitarra) y Javier Cornejo (piano), quienes venían trabajando juntos desde 2008 en un experimento de fusiones entre el folclor chileno y la música docta, que además suma elementos provenientes de la world music y del jazz. De hecho, la dupla pronto se fortaleció en el escenario con las contribuciones de los jazzistas Pablo Vidal (contrabajo), con experiencia adicional en el grupo Niño Cohete, y Nicolás Ríos (batería). El conjunto ha colaborado bilateralmnte con la cantautora Natalia Contesse. Su primer disco es el homónimo Nave y Pasajero (2011).
Horacio Salinas es uno de los compositores más relevantes en la música popular contemporánea chilena, durante la era post Violeta Parra y Víctor Jara. El histórico director musical de Inti-Illimani y muy claramente la máxima fuente creativa de este conjunto capital de la Nueva Canción Chilena, entregó más de 80 piezas a su catálogo y fue parte del elenco desde la fundación en la ex Universidad Técnica en 1967, con apenas 16 años. Por desaveniencias musicales y personales Salinas dejó el grupo en 2001. Luego se convirtió en el director de Inti-Illimani Histórico.
El soul latino y la balada R&B fueron las primeras vías de expresión de la cantante, compositora y profesora de música serenense María Illanes, vinculada entonces a un frente de voces cultoras de esta raíz negra del pop, como Carito Plaza, Martina Lecaros, K-réena y Celeste Shaw, intérpretes capitalinas que nutrieron esa nueva escena. Aunque su evolución musical, una vez que se mudó a España, tomó elementos de la canción acústica folk que le dio categoría de cantautora.