Fusión latinoamericana

Más un instinto que un estilo, más una tendencia múltiple que un movimiento formal, la fusión latinoamericana es una expresión que permite designar los diversos resultados que generaciones de creadores, músicos y grupos chilenos han obtenido durante cinco décadas a partir del cruce entre las ricas fuentes de la música del continente adoptadas en Chile. Como método y espíritu tiene una genealogía que puede remontarse a los intentos de folclor panamericanista previos al Neofolklore de los '60, y que luego pasa por la fusión de conjuntos de la Nueva Canción Chilena, se mezcla con el instinto del rock y llega hasta compositores, intérpretes y conjuntos de la actualidad, abiertos al jazz, la música basileña y las raíces europeas.

Fernando Flamenco

Detrás de la marca genérica de Fernando Flamenco está el músico iquiqueño Fernando Lavín Mercado, uno de los guitarristas más narrativos y expresivos en este género de música andaluza incorporada al contexto chileno, junto con otros solistas como Andrés Hernández, Claudio Villanueva o Francisco García. La primera estación de su recorrido individual se llamó Guitarra pura, disco que Fernando Flamenco editó como parte de la generación de artistas del Sello Azul de 2013.

Simón González

Guitarrista y compositor, González ha sido un activo cultor de la música que fusiona corrientes contemporáneas con raíces folclóricas de Sudamérica, y se ha posicionado como continuista de esa corriente iniciada por Juan Antonio Sánchez. Simón González tuvo protagonismo musical incluso antes de su nacimiento en 1984, con la canción que sus padres —el baterista Sergio González y la cantautora Mariela González— escribieron para el grupo Congreso en 1983: “En el patio de Simón”. Treinta años después, y luego de una larga experiencia como músico acompañante en discos y conciertos, editó su primer trabajo con composiciones propias: Pieza de música (2013).

Traspuesto

Felipe Alarcón tomó el nombre musical de Traspuesto, y en ocasiones Felipe Traspuesto, como una manera de representar una cualidad que proviene, subsiste y prospera desde los campos chilenos, donde la guitarra es "traspuesta": utiliza afinaciones no regulares de la música europea sino que se altera de manera múltiple para acomodarse a las voces de los cantores. Su propuesta atraviesa ese folclor profundo pero lo redirecciona desde una creación contemporánea a partir del rock, la experimentación y la sicodelia.

Daniela Benito

Más cercana a la canción brasileña, Daniela Benito ha sido activa intérprete de repertorios latinoamericanos y, en su caso, una ariete más en la fuerte influencia que la bossa nova ha ejercido en músicos de las generaciones de 1990 en adelante: Ana María Barría, Marcelo Vergara, Valentina Carrillo, Carolina Ansoleaga o Paula Liz. De hecho, obtuvo en 2008 el primer premio del Festival Chile canta Brasil con la canción “Sozinho”, de Caetano Veloso. Parte de una vitrina de nuevas cantantes lanzadas desde el Instituto Projazz a mediados de los años 2000 como muestra de una opción por la depuración vocal, ha participado de ciclos de jazz y canciones compartiendo escenarios de pequeñas dimensiones con Natacha Montory, Javiera Abufhele o Valentina Payeras, algunas de ellas compañeras en el sexteto vocal Imanencia. Siempre acompañada de un músico de cabecera como el guitarrista (en rigor, bajista) Maximiliano Flynn, en 2007 y 2008 actuó en dúo, y luego de su viaje de estudios y recopilación a Brasil, el grupo se reorganizó como cuarteto en 2009 para explorar nuevas posibilidades rítmicas. En 2010, la cantante fue invitada por el pianista Roberto Bravo para interpretar dos canciones de Tom Jobim en su disco Poesía y música.

Osvaldo Torres

Compositor, intérprete e investigador, Osvaldo Torres fue uno de los miembros fundadores de Illapu, a quienes acompañó por siete años, y luego ha desarrollado su trabajo musical solista principalmente en Francia, aunque siempre fiel a la identidad cultural de su lugar de origen. Ha dedicado la vida a la poesía, la música y el estudio de la historia, tradiciones y vida de la cultura nortina de Chile. Su discografía combina trabajos solistas y colaboraciones (Horacio Durán, Claudio Pájaro Araya, Quilapayún, entre otros), y ha trabajado además con los conjuntos Quilmay y Karumanta.

Cuti Aste

Electrónica, pop, sonidos precolombinos, música incidental, rock y jazz. Casi no hay género musical que Guillermo Cuti Aste no haya trabajado en algún momento, animando una carrera que destaca como una de las más versátiles de las últimas décadas en Chile. Ejecutante de diversos instrumentos, el penquista es también compositor y arreglador, y ha llevado su música a teatro, cine y televisión. En el año 2009 presentó su primer álbum solista, Estatuas de sal.

Alfonso Ureta

Conocido principalmente por su rol en el conjunto de fusión de raíz Los del Maipo, Alfonso Ureta Munizaga mantiene una identidad musical vinculada con el territorio de Pirque, también conocido como la cuna del guitarrón chileno. Su crianza en esos lares campesinos y la fuerte presencia del canto a lo poeta allí lo llevaron a conocer de cerca la mística del guitarrón, las múltiples entonaciones locales y de otras partes de la Zona Central, además de conocer a los maestros pircanos y a realizar sus propias investigaciones, tanto fonográficas como historiográficas y metodológicas.

Joakín Bello

El universo de la música vinculada a la meditación, así como los géneros de la electroacústica y la new-age, tienen en Chile a Joakín Bello como un nombre ineludible. Su alta prolificidad en grabaciones y composiciones es una de las características de su trayectoria, que lo ha ocupado simultáneamente como compositor, poeta, escritor, investigador en terreno, profesor, intérprete de violín (también tiple, viola, piano y otros) y luthier (es su invento el bellectra, derivación del violín eléctrico). Su extensa obra incluye canciones, ballets, musicalización de poesía y otros diversos formatos instrumentales. Su disco Detrás del arcoíris (1987) fue un hito de divulgación internacional, por su fusión de música con sonidos de aves, mamíferos, agua y viento. Bello es un músico de citas internacionales frecuentes, que se ha presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires, el Universal Amphitheatre de Los Angeles, el Teatro Nacional Heitor Villa-Lobos, de Brasilia y festivales de los cinco continentes.

Verónica Jara

Verónica Jara es una cultora del canto latinoamericano y la música de raíz folclórica, que ella expone a través de una propuesta de fusión. Autora, compositora, intérprete y educadora, su nombre tuvo un primer eco en la música chilena en 1998, cuando obtuvo el premio a la mejor intérprete de la competencia folclórica en el Festival de Viña del Mar. En esa oportunidad cantó la tonada punteada "Revoloteando en el alma", junto al grupo Viento. Diez años después, Verónica Jara volvería a competir en esa categoría, con su canción "Yo no tengo la culpa", pieza en 6/8 con guitarra eléctrica que titularía el disco que más representativo de su historial como cantautora: Yo no tengo la culpa (2011).

Fusión Judá

La mezcla de la raíz latinoamericana con los códigos del jazz y el rock anima a la banda Fusión Judá desde el año 2000. Sonidos de todo el continente han influenciado a este grupo originario de la capitalina comuna de San Joaquín, el cual mantiene su misma formación fundacional, y una activa agenda de presentaciones en locales nocturnos de Santiago y en festivales comunales.

Enrique Luna

Según apunta la historia de la música popular en Chile, el primer bajista eléctrico del jazz nacional fue este legendario músico peruano. Enrique Luna antes que Jorge Toscano Vidal, Ernesto Holman o Pablo Lecaros. Luna marcó la orientación con su particular operativa improvisacional sobre las cuatro cuerdas y, sobre todo, como pivote de un grupo de jazzistas modernos desde fines de los '60.

Alejandro Soto Lacoste

El paso como multi-instrumentista por agrupaciones de la música de fusión latinoamericana (Aranto, Bombyx Mori y Sur-Gente), además de colaboraciones múltiples con solistas, marcan el primer paso de Alejandro Soto. Sin embargo su carácter de moderno compositor para música popular definió mayormente su proyección en el tiempo, con presencia en la serie de piezas escogidas de los discos Música de este lado del sur en 2002 y 2004 (con “Tu vuelo inquieto” y “Entre dos caminos”). Eso hasta que una vez radicado en Alemania Soto inició en 2007 una ruta solista con su álbum de canciones de autor, Interiores, editado en 2008 y presentado en Chile en 2009.

Tomás González

Un trabajo persistentemente solista y un vínculo firme con el teatro caracterizan hasta ahora el trayecto musical de Tomás González, cantautor y multiinstrumentista, que en sus composiciones puede mostrar tanto ecos de trova como fusión étnica y visos de electrónica.

Daniela Sepúlveda - La Charawilla

«Persona que habla mucho y con prisa», según define sobre la voz "charagüilla" el libro Décimas. Autobiografía en verso, de Violeta Parra. Presentada como La Charawilla, o La Charagüilla, Daniela Sepúlveda es una cantora a lo humano y lo divino, cultora del guitarrón, la guitarra traspuesta, el arpa chilena y la vihuela bastarda, pero también un ejemplar que ha transitado desde aquella tradición centrina hacia las músicas populares de los centros urbanos, especialmente en Valparaíso. Su primer disco es Cuecas par no bailar, parte de esa transgresión a las normas, recogida por Daniela Sepúlveda desde el ideario de la propia Violeta Parra.

Ángel Parra

La muestra de su canto por el mundo, y el contacto con grandes figuras musicales marcaron la trayectoria y la vida de Ángel Parra (de nacimiento, Luis Ángel Cereceda Parra), uno de los cantores relevantes nacidos en Chile durante el siglo XX y figura de la Nueva Canción Chilena tanto por su creación como por la disposición que desde muy joven tuvo para alimentar ese movimiento con alianzas, iniciativas de trabajo y contenido. El entorno familiar en el que creció fue privilegiado para esa vocación, y ya en la adolescencia lo tenía presentándose junto a su hermana mayor (en el dúo Isabel y Ángel Parra) y su madre, Violeta Parra, en escenarios de Chile y el extranjero. Pero luego, por propios decisión y mérito, llegó a colaborar estrechamente con los más grandes nombres de la canción latinoamericana de su tiempo, como Atahualpa Yupanqui, Pablo Milanés y Víctor Jara. Décadas más tarde, Parra seguía interesado en buscar entre nombres jóvenes socios para sus ideas.

Mainumbi

Nacido en 2005 en la Escuela Moderna de Música, donde sus integrantes se estaban formando, Mainumbi apareció en una nueva escena de música de fusión de la época que estaba poniendo atención en la diversidad y el colorido del continente americano. Alrededor del compositor y cantante Jorge Torres Benapres, la banda incursionó en la salsa como eje central, aunque esta fue igualmente transformada a partir de la mezcla con otros estilos afrolatinos, además de jazz, funk, rock y toda una gama de ritmos que se pueden encontrar en América Latina, lo que desembocó en el concepto de "salsa fusión".

Miloska Valero

Autora y cantora, cultora de la guitarra traspuesta, intérprete del cuatro venezolano, ocasional guitarronera y también profesora de música, Miloska Valero, muchas veces presentada solo como Miloska, forma parte de una generación de cantautoras que toman los insumos del folclor profundo para transformarlo en una música esencialmente mestiza, urbana y contemporánea. Su paso por las Escuelas de Rock viene a dar cuenta de esas transformaciones naturales. Valero se estrenó con el disco Amasijo (2013), mientras que su participación en importantes álbumes conmemorativos del centenario de Violeta Parra en 2017 le dieron mayor visibilidad, hasta que sus proyectos de investigación de ritmos y danzas latinoamericanas la llevó más adelante a publicar dos álbumes titulados Latinidad.

Santiago del Nuevo Extremo

Dos momentos de la historia musical chilena se encuentran en Santiago del Nuevo Extremo. El grupo comenzó entre 1977 en circuitos universitarios, con un sonido acústico centrado en la guitarra, y terminó experimentando con teclados y saxos, casi una década después. Fundamentales en los circuitos antidictatoriales, el grupo llegó curiosamente dos veces al Festival de Viña del Mar y dejó varios clásicos de ese tiempo, como "A mi ciudad" o "Simplemente". Tras la edición de tres cassettes, en 1986 se disolvieron y todos sus músicos siguieron activos por separado. A partir de 1998, sin embargo, el grupo se reunió, en un proceso que ha tenido recesos, pero que mantiene saludable el mismo espíritu inquieto que los distinguió en sus primeros años.

Claudia Acuña

La artista del jazz chileno con mayor presencia a nivel internacional logró algo que ninguno de sus pares en el género pudo alcanzar: el fichaje en una de las casas discográficas claves del jazz mundial, el sello Verve. Claudia Acuña se incorporó a su catálogo de artistas al finalizar los '90 como una de las voces de mayor proyección en el recambio generacional del jazz. Alcanzó así una categoría inédita para nuestros músicos –siempre relegados al último confín de Latinoamérica– y que la acercó a figuras más mediáticas como Diana Krall y Norah Jones.

La Pájara

El trabajo de esta cantautora ha mostrado un inusual equilibrio entre fuerza y fragilidad, entre pasión y melancolía. «No sé de dónde sale esta fuerza / la que acompaña siempre a mi voz / piensan que sale de mis pulmones / yo pienso que nace en mi convicción», dice uno de los versos incluidos en su primer disco, Malvarrosa (2013). Javiera Bobadilla prefiere presentarse como La Pájara, y ésa es sólo una de las peculiaridades de esta creadora, con estudios de música en Chile y España, y la disposición a hacer de sus canciones una plataforma de intensa expresión emocional. En 2014 ganó la Gaviota en la competencia folclórica de Festival de Viña del Mar con la canción "La retirada", y en paralelo obtuvo un segundo galardón a la mejor intérprete.