Folclor
Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".
Cantor, arpista, guitarrista, investigador del folclor y gestor, Claudio Andrés Constanzo Mena es sobre todo portador de un valioso acervo de música tradicional, además de representante de un reconocido linaje de cultores del folclor. Su vida formativa se desarrolló en el ambiente de la familia Mena, donde destaca su abuelo, Prefiterio Tello Mena, acordeonista y compositor de Los Puntillanos. Del mismo modo, Constanzo ha sido un elemento central en la escena del folclor desde la década de 2010, multiplicada en nombres, cruces, colaboraciones, escenarios, espacios de difusión y nuevas audiencias.
«Andino urbano», como el título de uno de sus discos, es el encuentro que define a la agrupación Ayllu Pacha (cuyo nombre significa «hermandad de las tierras»). Nacida en la ciudad metropolitana de Talagante, cultivan la música andina urbana en una fusión con jazz, pop, rock y otros sonidos mestizos, al mezclar timbres ancestrales de zampoña o quena con instrumentos contemporáneos como saxo, piano y batería. Tras emerger como un taller en 1994, el grupo ha actuado sobre todo en festivales folclóricos, en algunos de los cuales han acumulado premios (como en el festival Faroles y Trapiches de 1998, con la canción "Mi bella luna de Alhué"; en el Festival de la Canción Indígena 2003, con "Ciudad antigua"; y el Festival de la Canción de Raíz Folclórica de Lonquén de 2002, con "Espíritu de carnaval").
El cruce entre tradiciones ancestrales y lecturas contemporáneas ha sido un ejercicio constante en el trabajo de Maco, un compositor, intérprete e investigador que desde fines de la década de 2010 ha desplegado su trabajo en ámbitos diversos, desde el pop de Gepe hasta la experimentación con electrónica e instrumentos prehispánicos.
Matato'a —que en lengua Rapa Nui significa «la mirada del guerrero»— es un grupo de música y danza de Isla de Pascua que desde 1996 fusiona los instrumentos y composiciones tradicionales del folclor de Rapa Nui con la música polinésica, latinoamericana, el reggae y rock. Es el grupo que grabó "E nua e koro", la canción principal de la teleserie "Iorana" (1997), de TVN, que fue el punto de partida de una carrera que han extendido por cinco discos y varias actuaciones internacionales.
Como intérprete y a la vez autora, Florencia Gallardo di Girólamo se ha instalado en una escena de cultores de los cantos folclóricos latinoamericanos de mediados de los años '10, en una suerte de continuidad de las propuestas iniciadas dos décadas antes por voces mayores como las de Francesca Ancarola, Magdalena Matthey y Elizabeth Morris, las tres más visibles en la transición. Su álbum debut, Remover la tierra (2017), fue entonces un ejemplo de esa diversidad en el enfoque, con recopilaciones de temas tradicionales, interpretaciones de otros autores y una cantautoría propia que toma la raíz del folclor y la reorganiza con las herramientas de sus tiempos.
Las medialunas de Chile y distintas fiestas huasas han sido espacios para el canto y un repertorio de tonadas y cuecas de la parralina Fátima Carreño Sepúlveda, una exponente que recoge la tradición del canto de rodeo y la música corralera, animando aquellas largas jornadas de campeonatos y festividades. Iniciada en los años '90 en una herencia de guitarra legada por su abuela paterna, Fátima Carreño participó en una serie de festivales en los que fue ganando premios y visibilidad. El primero de ellos como una escolar de doce años en su comuna de Parral, con la canción "Adiós corazón amante". Luego escaló en festivales provinciales en Colbún y regionales en Cauquenes, hasta que en 2009 se impuso como cantora folclórica en el famoso Festival del Camarón, de Ñiquén, con la tonada "China enamorada". Como educadora ha encabezado programas de canto, danza y guitarra folclórica así como integrar la Asociación Nacional de Cantoras. Como intérprete también secundó a la insigne cantora de rodeo Mirtha Iturra en sus apariciones en medialunas en el marco del Campeonato Nacional de Rodeo Chileno.
Cantante, compositora, charanguista y percusionista, Carmen Lienqueo indica como motivación de su trabajo musical «transportar a un paisaje que emerge de Latinoamérica, una geografía sonora compleja llena de matices». Sus conciertos y grabaciones hasta ahora son representativas de ese alcance amplio y mestizo, esencialmente sudamericano y de valiente expresión personal.
El canto, la danza y el teatro han sido fuentes de inspiración y expresión para Carolina Stefanía Aguilera Cifuentes, más conocida en los ambientes del Biobío como La Canarito, cultora de diversas músicas de raíz que van desde el folclor profundo como la cueca hasta expresiones asimiladas en su uso como la música afrolatina y tropical. Escénicamente, Carolina Aguilera utiliza un elenco instrumental de medianas dimensiones que se presenta como La Canarito y su Bandada. Chorera de nacimiento y penquista por adopción, es parte de una pródiga generación de mujeres cantoras y cantautoras vinculadas al folclor de esa zona del sur, que incluye a Vasti Michel, Fabiola González, Claudia Melgarejo, Liliana Riquelme y Cecilia Gutiérrez, entre otras.
Sus dos apellidos están inscritos con letras principales en la historia de la música chilena de raíz folclórica. Héctor Pavez Pizarro es hijo de Gabriela Pizarro y Héctor Pavez Casanova, músicos, recopiladores y fundadores del conjunto Millaray. La música de Chiloé y la cueca han sido campos destacados en su repertorio como cantante, guitarrista y compositor, dedicado al folclor chileno en general. El heredero ha descrito también su propia trayectoria: si su padre fue conocido como el Indio Pavez, Héctor Pavez Pizarro es «el Gitano». Profesor, músico frecuente en festivales en diversos lugares de Chile y parte de un elenco familiar con su hermana, la bailarina Anais Pavez, son otras de sus actividades, a lo largo de una bitácora que se corresponde con todas sus facetas como músico, desde Chiloé hasta la cueca urbana.
Los Hermanos Barrientos son parte de los abundantes conjuntos familiares que poblaron el folclor desde los años '20. Tito, en guitarra, y Marina y Carlos, en voces, eran los músicos de apellido Barrientos, quienes en escena se hacían acompañar por grupos de guitarras. Cantaban tonadas y cuecas, y se presentaban desde la segunda mitad de la década del '30 en Punta Arenas, donde vivían. En los años '40 se radicaron en Valparaíso y comenzaron a grabar discos para el sello Victor, estableciendo un circuito estable de trabajo en locales nocturnos y auditorios radiales. En 1946 grabaron el vals de Eduardo Chilote Campos “Corazón de escarcha”, y desde entonces iniciaron una carrera internacional que se extendió hasta fines de los años '60.
La historia del grupo Aymara cruza los períodos de Nueva Canción Chilena y Canto Nuevo, aunque es en este último movimiento donde se encuentra su mayor identificación y más prolífico trabajo.
«Persona que habla mucho y con prisa», según define sobre la voz "charagüilla" el libro Décimas. Autobiografía en verso, de Violeta Parra. Presentada como La Charawilla, o La Charagüilla, Daniela Sepúlveda es una cantora a lo humano y lo divino, cultora del guitarrón, la guitarra traspuesta, el arpa chilena y la vihuela bastarda, pero también un ejemplar que ha transitado desde aquella tradición centrina hacia las músicas populares de los centros urbanos, especialmente en Valparaíso. Su primer disco es Cuecas par no bailar, parte de esa transgresión a las normas, recogida por Daniela Sepúlveda desde el ideario de la propia Violeta Parra.
El nombre de Ofelia María Gana Aguilera es referencial en el canto campesino centrino, pese a que se inició recién a sus 30 años en el oficio. Antofagastina de nacimiento, terminó situada en la localidad de Salsipuedes, en la comuna de Malloa. Ha sido compositora de canciones folclóricas pero sobre todo intérprete, recopiladora y cultora y defensora de la antigua vihuela chilena. En 2012 recibió la distinción gubernamental de Tesoro Humano Vivo.
Aunque Wampara es hoy un grupo casi ignorado en los estudios sobre el Canto Nuevo, fue un protagonista importante entre 1976 y 1980, durante la primera etapa de este movimiento musical caracterizada por las complicaciones que enfrentó para difundir su mensaje liberador a través de canciones de protesta de raíz folclórica. Su nombre alude a un corno mapuche cuyo sonido llamaba a los guerreros al combate, lo que no deja duda alguna sobre las motivaciones de la creación del grupo a tres años de la llegada militar al poder.
En la genealogía del ballet folclórico en Chile, Antumapu comparte el origen universitario de otros importantes elencos, y consigue distinguirse además por la persistencia de su trabajo a lo largo de casi medio siglo. El Ballet Folklórico Antumapu, palabra que en mapudungun significa «tierra del sol», se formó en 1971 al alero de la entonces llamada Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad de Chile, está integrado por bailarines y músicos, y se define como un grupo basado en elementos del folclor para crear y proyectar una obra artística. Para el año 2019, definían su trayectoria con cifras relevantes: la creación de diez obras, más de 2500 presentaciones en Chile, y más de 29 giras por América y Europa, con un promedio de 60 actuaciones por año. Más allá del trabajo escénico, también ha extendido su trabajo a composición y grabación de discos.
María Luisa Sepúlveda Maira es una figura fundamental en la música chilena en los albores del siglo XX. Su nombre se asocia a la primera compositora académica de la historia, además de una pionera en la definición de género a través de sus acciones musicales. Sepúlveda es también la primera mujer investigadora y recopiladora del folclor. Además pianista, su obra autoral gozó de gran difusión y presencia en el circuito sus académicos, premios y distinciones en un período que llega hasta 1929, cuando comenzó a ser víctima de los círculos masculinos del poder institucional. Ello precipitó una dramática desaparición al ser expulsada del Conservatorio Nacional definitivamente en 1931.
Llegó a tener inscritas más de doscientas composiciones, varias de ellas éxitos nacionales sobre todo en los años '60 y '70 y una de las cuales alcanzó una circulación global y postmoderna. Osvaldo Jeldres es el autor y compositor de canciones como "Si me miran a los ojos", "Llorando en el andén", "Pero más vale el amor" y la reconocible "El rey y yo", cuya versión original fue grabada por Los Ángeles Negros y ganó celebridad extra cuando el trío neoyorquino de hip-hop Beastie Boys sampleó parte de la canción en 1998.
"El ideal de la artista completa integral". Así definió Margot Loyola a Esther Martínez, compositora y cantante que junto a Petronila Orellana y Derlinda Araya conforma la trilogía de voces femeninas que en los años '20 y '30 llevaron la música folclórica chilena a los discos y los estudios y auditorios de radios. A los 12 años comenzó a actuar como guitarrista, integró muchos grupos, lideró Las Cuatro Huasas en 1936 y dejó su voz en decenas de discos de acetato, de las que aún se conservan varios registros. En 1972 colaboró en dos grabaciones de Margot Loyola, aunque por entonces se encontraba retirada de la música desde hacía un tiempo prolongado.
Cantora de La Araucanía, nacida, criada y con una vida adulta en Collipulli, tras un paso por la capital, experiencia que la llevó a escribir la canción "No me vuelvo pa Santiago". Su música intuitiva, lejos de los rigores académicos y un canto libre sin depuraciones formales, se ha inspirado en la defensa de las causas mapuches y presenta un borde aguerrido de la canción de protesta ante las desigualdades sociales de su tiempo. Además se conecta en la naturaleza sureña y la "mapu", voz mapudungún para referirse a la tierra. Una de sus canciones más resonantes es "La conquistada de América".
El tránsito entre el florecimiento de la Nueva Canción Chilena interrumpido en 1973 y su continuidad en el Canto Nuevo tuvo entre sus hombres más activos a Nano Acevedo. Cantante, autor, gestor musical y sindical, Acevedo es un cantor urbano de raíz folclórica que se inició en escenarios como la precursora Peña Chile Ríe y Canta en 1968, ganó el festival de la OTI en Chile en 1977 y ha sido un activista del gremio en dictadura y democracia, con cuarenta años de trabajo en los que ha escrito canciones como "Rin del amor" y el auténtico éxito setentero chileno "Oda a mi guitarra".