Canto y trova
Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.
Max Berrú es uno de los integrantes fundadores de Inti-Illimani, y el primer músico que en esa condición abandonó el conjunto. En 1997 razones derivadas de su vida personal (fundamentalmente, un nuevo matrimonio y una nueva hija), lo llevaron a renunciar, aunque su ligazón con la música y con el grupo nunca se cortaron. Desde entonces, editó dos discos y se presentó regularmente mostrando repertorio latinoamericano. Ecuatoriano de nacimiento, se quedó definitivamente a vivir en Chile, hasta que, afectado por un cáncer, falleció en Santiago en mayo de 2018 a los 74 años.
Una música desde la raíz folk brota en la obra de Natalia Molina, un nombre entre la activa generación de cantautores de la década de 2000 que en esa época renovaron el concepto de trova, incoporando elementos del rock, el pop y el folclor chileno a sus canciones y donde también es posible identificar a figuras como Nutria, Javier Barría, Nano Stern, Chinoy, el primer Gepe, la primera Camila Moreno, Vilú, María Perlita o Felipe Cadenasso. También poeta e ilustradora, Natalia Molina marcó presencia en 2009 con la canción "Alma", que fue el punto de partida como autora de canciones expuestas a solas, con guitarra folk, o con banda de rock.
Los vínculos familiares han sido el principal ancla artística de Tita Parra, pero en ningún caso un fin en sí mismos. Cantautora, guitarrista y tecladista, la mayor de las hijas de Isabel Parra le ha dado forma a un cancionero de rasgos autorales, así como a un estilo de interpretación de raíz latinoamericana registrado tanto en sus propios álbumes como en los de otros músicos. Su discografía se distingue por una fusión que acomoda la raíz folclórica entre citas al jazz y a la música brasilera. Parte de su trabajo se ha dirigido por los derroteros exigentes de la electroacústica, con menciones escritas a problemáticas (identidad femenina, medio ambiente, meditación) de hasta entonces escasa reflexión en el cancionero chileno. Sus grabaciones y conciertos han contado con relevantes músicos de acompañamiento y apoyo, como, en diferentes momentos, Emilio García, Pedro Greene, Chicoria Sánchez y Manuel García.
Una cantautoría que no omite los atributos de la canción pop aunque sitúa sus atmósferas melancólicas siempre en ese universo poético personal, conduce la música de Francisca Quintero. Es parte de una generación de compositoras guitarra en mano y madura escritura de textos en la que se pueden encontrar los nombres de Martina Lluvias, Antonia Navarro, Catalina Navarro o Dulce y Agraz, entre otras creadoras. Sus colaboraciones con músicos como Benjamín Walker, en la canción "Silencio acelerado", y sobre todo el resultado de una ópera prima como La carta (2022), cruzada y definida por la pandemia, le valieron un espacio en la escena de los años '20.
Cantautor santiaguino, que en su composición roza ámbitos exigentes de producción y arte sonoro. Su primer disco, Heridas (2024), se ganó en prensa calificaciones de «vanguardista», por su propuesta sugerente, en capas sonoras y texturas atípicas en el pop. El propio músico prefiere hablar de una exploración desde la letra y la música, que nunca se aleja por completo de lo convencional. Se trata de un trabajo coherente con la influencia que reconoce en nombres estadounidenses como Bon Iver y Sufjan Stevens: «Sigo mucho esa camada de artistas gringos que partieron muy indie, muy en la guitarra y muy en la canción folk-pop para después transformarse en una cosa media incomprensible», le comentó al medio Expectador. La música ha sido para él un trabajo persistente, de muestra en vivo en formato de banda, desde la publicación de un primer single en 2020 ("Daga").
Por generación, Mauricio Gutiérrez debería pertenecer a una oleada de trovadores de distintas procedencias que se iniciaron a mediados y fines de la década de los '80, y sobre todo en los '90, como Manuel Huerta, Francisco Villa o Tata Barahona. Su experiencia en el canto con guitarra se consolidó en 2009 a través del disco Última estación. Allí Mauricio Gutiérrez expuso su poética sintonía con la trova autoral, en un repertorio que contó con una serie de cruces musicales, instrumentos del mundo docto y la participación del poeta mapuche Elicura Chihuailaf.
En la generación de cantautores chilenos que comenzó a destacar desde el año 2000 en adelante, Manuel García se ha ubicado como uno de los más importantes, gracias a una propuesta que ha hecho dialogar trova y rock, a una poética identificable, y a un persistente ritmo de trabajo —en Chile y en el extranjero—, constante tanto en presentaciones en vivo como en grabaciones. Integrante fundador del grupo Mecánica Popular, el cantante y guitarrista ariqueño fue desarrollando en paralelo a esa banda proyectos solistas que se encauzaron de modo definitivo a fines de 2005, cuando publicó su primer álbum como cantautor, Pánico. Desde entonces, su disposición a enriquecer su cancionero en sonidos y contenidos lo ha encaminado en ascenso, cruzando además su trabajo con el de colaboradores y socios relevantes, como Ángel Parra Cereceda, Ángel Parra Orrego, Mon Laferte y Los Bunkers. Su música ha figurado, además, en otras de teatro, películas y documentales nacionales; además de haber sido reconocida por premios relevantes (Premio Nacional de la Música 2008, entre muchos). La suya ha sido una trayectoria de vocación clara —«a los ocho años comencé a sentir los primeros latidos del trovador», ha dicho— y cuyo desarrollo resulta ineludible en el análisis de la canción chilena en la era digital.
Destacados por el aire blusero de su sonido, temáticas de amor y dos hiperdifundidos singles radiales, La Rue Morgue fue una de las bandas con mayor resonancia en el prolífico rock chileno de la segunda mitad de los '90. El cuarteto, sin embargo, no pudo sobreponerse a la baja respuesta de su segundo disco, y se desperdigó al poco tiempo después, en una baja de actividad que coincidió con la crisis discográfica chilena. El receso de tres años se interrumpió a comienzos del 2000, cuando con un cambio de integrantes, la banda regresó a los estudios con el fuerte apoyo de una multinacional, en una aventura que luego posibilitó esporádicas reapariciones, que se fue apagando paulatinamente avanzada la década. Desde 2017 a 2022 su líder Francisco Valenzuela se presentó con el nombre del grupo, hasta su fallecimiento a los 53 años.
Patricio Manns es una figura fundamental de la música popular chilena. Su nombre está asociado al nacimiento de la cantautoría en Chile y fue clave en el desarrollo de movimientos como el Neofolklore y la Nueva Canción Chilena. Interpretadas por sí mismo o por otros músicos, en su larga historia como autor impuso piezas que pasaron a ser clásicos del cancionero popular, como "Arriba en la cordillera", "El cautivo de Til Til" y "La exiliada del sur". Manns desarrolló además una prolífica carrera como novelista, ensayista y poeta, y luego de vivir en Francia y Suiza su exilio y residir allí por casi 30 años regresó a Chile, donde continuó escribiendo canciones y libros. Murió en septiembre de 2021, a los 84 años, como uno de los nombres centrales para entender la música chilena.
Aunque dio sus primeros pasos en el contexto del Canto Nuevo en los años '80, la música de Felo trasciende por mucho esa etiqueta. El uso de códigos de humor en sus canciones, en la misma línea que el uruguayo Leo Maslíah, lo convirtió desde entonces en un músico diferente y avanzados los 90 y sobre todo a comienzos de la década de los 2000, su trabajo saltó a los medios masivos. Fuiel a su estilo, tuvo un exitoso paso por el Festival de Viña del Mar en el 2005. Actualmente se mantiene activo, con presentaciones regulares a lo largo de todo Chile en pequeños escenarios, que es el formato - como ha reconocido - que más cómodo le resulta.
Reunido alrededor de la cantautora Macarena Rocha, el ensamble Vera Maia ha establecido una identidad particular dentro de la música, absorbiendo y procesando elementos de músicas tan distintas como el canto popular, la música étnica y el jazz. A través de las contribuciones de la propia Vera Valencia como voz principal y guitarra acústica, los músicos Dhani Grimaldo (tabla) y Adrian Sage (trompeta) completan el paisaje sonoro representado en el disco Maianthemus (2016).
Luchín Salinas es un trovador porteño, cultor de la firme tradición del canto popular de peñas y bares de poetas, aunque al mismo tiempo ha sido un inquieto observador de las influencias musicales modernas, el rock, el pop y el folk, presentes en su creación autoral. Sus primeras canciones trovadorescas quedaron resigstradas en los discos Norte claro, sur oscuro (2014) y Del tercer mundo (2016).
Perteneciente a un cuerpo de cantautores contemporáneos afincados en el puerto de Valparaíso o en otros lugares de la Quinta Región, Andrés Celis, es decir Lito Celis, es una voz representativa entre esa narrativa porteña de su tiempo. Sus canciones exhiben bordes musicales próximos al pop, aunque consideran también las raíces de la música latinoamericana y el folclor. Como autor se ha interesado en el universo literario, la política contingente, la reflexión social y cierto existencialismo implícito en sus letras. Uno de sus álbumes más decisivos creados en Valparaíso es HU Ma NO (2014), que nació en una celda de la antigua Cárcel de Valparaíso, habilitada como estudio de grabación, con toda esa pesada carga de historia y dolor que ello representa.
Un cantautor rockero, o un cultor del “pop folk melancólico”, como se define en su sitio oficial, es el actor y músico Felipe Esteban Grandón Valenzuela. Simultáneo a sus estudios de Teatro en la UC, Felipe ejerció el oficio musical desde el 2008 en pequeños escenarios y componiendo canciones, y el 2013 –con la producción de Javier Barría– lanzó su disco debut, La botánica del asfalto. Temas cotidianos e historias fueron la fórmula que mantuvo en su sucesor, Atentado, aunque con acentos más rockeros. Buenas canciones, sumado a un cuidado trabajo en videoclips (el 2017 ganó el premio Pulsar por el video de “Maltrecho”), invitados en sus discos (como Chini Ayarza o Jazmín Gómez) y una siempre protagónica guitarra acústica lo convierten en un llamativo nombre de una nueva generación de cantautores de fines de la década.
Cantor, payador, guitarrista y guitarronero, Benedicto Salinas Jiménez, conocido como el Piojo Salinas, es uno de los mayores cultores del canto popular chileno. Se inició en el folclor, integró el elenco de la Peña Chile Ríe y Canta creada en 1965 e integró una agrupación formada por Pedro Yáñez, Santos Rubio y Jorge Yáñez que en 1980 restituyó la popularidad de los encuentros de payadores. Músico comprometido además en la resistencia cultural después de 1973, sufrió el peor golpe de su vida cuando su esposa, su hijo y su cuñada murieron tras un operativo policial en 1986 y engrosaron el historial de víctimas de la dictadura. Desde entonces y hasta su muerte en 2008, la vida de Piojo Salinas fue una lucha entre ese drama personal y la chispa y picardía que desde antes habían caracterizado su carrera, una de las más significativas del canto popular en nuestro país.
Constanza Guzmán es una cantautora chilena nacida en Bélgica, donde ha transcurrido su vida musical como cultora del canto popular latinoamericano y la riqueza de la música construida desde los instrumentos acústicos. Además es compositora de canciones en diversos ritmos regionales, que ella ha instalado en ese contexto europeo, con presentaciones en Bélgica, Francia, Alemania y Holanda. Su primer álbum es Melodías del instante (2022), en el que escribe canciones en español y portugués, como resultado de un decisivo paso por Brasil.
La temuquense Marcela Parra es cantautora, pero al mismo tiempo poeta y doctora en Artes Visuales, lo que le ha permitido ampliar su creatividad desde que inició una carrera como solista, cantando en un serie de pequeños escenarios de Valparaíso hacia 2005. Sus canciones pop y folk mezclan la raíz del folclor sureño con la música celta, la música portuguesa y la poesía propia, en un encuentro que quedó expuesto desde su primer disco, Astronautas en la playa (2015). Con el tiempo su creación pasó a utilizar las herramientas digitales, sintetizadores modulares y otros medios para establecer una cantautoría desde la electrónica.
Con ramas familiares que provienen de La Araucanía en su linaje paterno y desde el Biobío en el materno, Vasti Eunice Michel Castillo se ha definido en el oficio musical como "heredera de cantora campesina". Como cantautora contemporánea ha tomado el folclor sureño, pero la ha reconvertido en una música de fusiones, lo que quedó expuesto sobre todo en su primer disco: De tierras y asfaltos (2009), donde en sus canciones Vasti Michel habla de ambos mundos.
New-age y folk son dos etiquetas que no incomodan a Paula Monsalve para ubicar el lugar de su música, si bien en la difusión de su trabajo esta cantante y autora con largos períodos de residencia en el extranjero ha buscado permitirse el cruce con cauces diversos y amplios, también personales. Su motivo es, en sus palabras, «la música de tu tierra, de tu gente, la música que crece dentro tuyo: ésa es tu música propia». Madrid y Fairmount (Indiana, Estados Unidos) han sido hasta ahora las capitales para su trabajo, anclado desde un inicio a la matriz latinoamericana.
Cantante, compositora, charanguista y percusionista, Carmen Lienqueo indica como motivación de su trabajo musical «transportar a un paisaje que emerge de Latinoamérica, una geografía sonora compleja llena de matices». Sus conciertos y grabaciones hasta ahora son representativas de ese alcance amplio y mestizo, esencialmente sudamericano y de valiente expresión personal.