Canto y trova

Poemas y canciones de amor, de humor o de política fueron parte del oficio del trovador histórico, personaje nacido ya en épocas medievales y que mil años después regresó a la música popular con el mismo sentido. Su figura renació en los años '60, cuando en América Latina y Europa surgieron autores cuyas canciones –interpretadas con la sola compañía de una guitarra- hablaban de sentimientos personales y temas sociales. Canto y trova son formas modernas de expresión del trovador, quien a falta de despliegue instrumental centra el poder de su música en las letras y en su virtuosismo como ejecutante de esa pequeña orquesta de seis cuerdas. Desde Francia a Estados Unidos y desde Cuba a Chile, los cantautores reaparecieron en la década de los grandes cambios. En nuestro país se activó en el marco de la Nueva Canción Chilena y luego siguió con el movimiento joven del Canto Nuevo, pero su oficio es ahora tan genérico que ha superado todas las etiquetas.

Luis Le-Bert

Luego de la primera separación de Santiago del Nuevo Extremo, a mediados de los años ochenta, el cantautor Luis Le-Bert comenzó un trabajo individual que se ha mantenido ininterrumpido hasta hoy. Su estilo autoral y su sistema de promoción ha respondido durante este tiempo a una irrestricta autonomía, manteniéndolo como una voz creíble y digna de atención, aunque marginal a la difusión masiva. El tránsito desde la trova hacia la cueca en subjetiva lectura es uno de los senderos por los que darle coherencia a su inquietud musical solista, autodefinida por él como «canción de vanguardia».

Veró

Veró es el proyecto solista de Verónica Quezada, cantautora folk de la Quinta Región que ha desarrollado una propuesta acústica a partir del ukelele, luego expandido a un trabajo mayor con músicos de acompañamiento, alrededor de una voz poderosa. Nacida en Villa Alemana, también ha establecido sus espacios de trabajo en Quilpué, y entre sus colaboraciones figura una aparición en el disco debut de Daniela Serey, Ilusión (2018). Su primera publicación solista es el EP Rey planta (2016).

Nico Carreño

Cantautor originario de Rancagua, distingue un estilo poco habitual, iniciado en el formato trova, a pura guitarra y voz, pero ampliado con los años en elementos y referencias, incluso del jazz o el rock progresivo. Su formación ha sido, también, atípica. Luego de un año de estudios universitarios de Música en Valparaíso, optó por perfeccionarse junto a profesores particulares; entre ellos, musicos tan destacados como Juan Antonio Chicoria Sánchez, Camila Meza y Federico Danemann. Hoy mantiene una labora autogestionada, como parte del catálogo del sello independiente Mescalina. Si con el disco Heterónimo (2020) llamó la atención con un pop imaginativo y de letras inteligentes, con ISRS (2024) terminó de certificar una de las voces más frescas de su generación, hábil en la articulación de suavidad y fuerza, y en un trabajo armónico delicado y exigente. Aunque su camino es el de un solista, su trayectoria acumula hasta ahora diversos cruces de colaboración: Orquesta Marga Marga de Valparaiso y Javier Barría, entre otros. «Empecé a abrir un poco la forma canción que tenía más interiorizada de la veta de Silvio Rodriguez o Jorge Drexler, por ejemplo, hacia otras estéticas: desde Radiohead a la música impresionista de Ravel o Debussy o el jazz de Esperanza Spalding», explica. Destaca, también, el cuidado puesto en la palabra, marcada ya en su debut con una musicalización de un poema de Óscar Castro (el single "Raiz del canto").

Sebastián Gómez

Una especial posición tuvo Sebastián Gómez en la música. Iniciado como bajista y contrabajista de jazz en los años 2000, en la siguiente década comenzó a internarse indistintamente en la cantautoría y en la composición de música instrumental libre, que complementó con su actividad jazzística. Así fue tanto sideman de su hermano Cristóbal Gómez, como colaborador de cantautoras contemporáneas como Javiera Barreau. Su faceta solista quedó reprensentada en los discos Canciones para sanar (2015) y Desierto florido (2016). En sus primeros tiempos, Sebastián Gómez describió el mismo tránsito que habían experimentado otros músicos de jazz, como Pablo Menares, Rodrigo Álvarez, Alonso Durán o Eduardo Peña: desde el uso del bajo eléctrico al contrabajo jazzístico. Integró los conjuntos del guitarrista Cristóbal Gómez, y principalmente el activo proyecto de jazz manouche Gypsy Trío. También tuvo actividad en diversos tríos y cuartetos de intérpretes de repertorio standard de Projazz, donde había estudiado. En este plano fue acompañante de Karen Rodenas y Nicole Bunout. En 2014 comenzó a darle curso al material autoral que había puesto en marcha, vinculándose de esta manera con otro frente de músicos, y sobre todo explorando los alcances de su propia voz y el uso de las guitarras acústicas.

Alejandro Soto Lacoste

El paso como multi-instrumentista por agrupaciones de la música de fusión latinoamericana (Aranto, Bombyx Mori y Sur-Gente), además de colaboraciones múltiples con solistas, marcan el primer paso de Alejandro Soto. Sin embargo su carácter de moderno compositor para música popular definió mayormente su proyección en el tiempo, con presencia en la serie de piezas escogidas de los discos Música de este lado del sur en 2002 y 2004 (con “Tu vuelo inquieto” y “Entre dos caminos”). Eso hasta que una vez radicado en Alemania Soto inició en 2007 una ruta solista con su álbum de canciones de autor, Interiores, editado en 2008 y presentado en Chile en 2009.

Juan Ayala

Voz, rostro, y figura referencial del grupo Juana Fe, que integró desde 2004  Juanito Ayala dejó la banda tras cumplir tras diez años al frente, y emprendió un proyecto como cantor en solitario. Durante 2010, en una estadía en México, había comenzado a mostrar sus primeras canciones propias, en paralelo a sus trabajo con Juana Fe. y en 2014 presentó su primer disco personal, Santo y seña, que tuvo varios temas sonando en radios, como "Dos veredas", donde lo acompaña el músico argentino Kevin Johansen, y "Tanta música". Su nuevo camino ha seguido ampliando los ritmos que distinguieron su paso por Juana Fe, y que lo han convertido en uno de los más llamativo solistas de su generación.

David Azán

Trovador formado en las postrimerías de la dictadura, David Azán fue integrante del grupo de música latinoamericana Coré durante los años '90, donde actuaban músicos como Manuel García y los futuros integrantes de Inti-Illimani, Daniel Cantillana y Christian González. Alumno del compositor y profesor Fernando Carrasco, referente en la música latinoamericana a través de las décadas, Azán ha sido a la vez que autor de canciones y cantor, arreglador, sesionista, productor discográficos y diestro guitarrista. Sus trabajos en este ámbito se diversifican desde el acompañamiento para el canto comprometido de Rebeca Godoy, hasta su decisiva mano en álbumes tan distintos como Viñeta (2010), del propio Daniel Cantillana, y Hecho a mano (2012), de la cantautora pop Jazmín Gómez. Sus discos solista son Pop de palo (2015) y Canto forastero (2018).

Pablojarasca

Muchas veces vista y entendida como una banda de diversos timbres alrededor de Pablo Castro Undurraga, Pablojarasca es en realidad el nombre musical del propio cantautor. Un hombre que ha experimentado múltiple llegada a las músicas, como autor de canciones, como cantor con guitarra, como percusionista, como compositor de música para ensambles y arreglador de música para montajes escénicos o como investigador de folclores, ritmos e instrumentos de Sudamérica, en especial el candombe y la murga uruguayas. Como Pablojarasca, una idea que en cierta medida simbolizaba la frondosidad de un árbol, apareció discográficamente en 2022 con Seré movimiento. Poco tiempo después cambió su nombre musical al de Pablo Joaquín, cuando publicó el disco Tintinea (2025).

Crisantemo

Originalmente un proyecto de trova y poesía iniciado en el Instituto de Música de la U. Católica entre los estudiantes de Composición Belén Robledo, alumna de Juan Antonio Sánchez, y Osvaldo González, discípulo de Aliosha Solovera, Crisantemo pasó de ser un dúo de canto y guitarra al de un ensamble de diversos instrumentos nobles: violín, viola, cello, contrabajo, flauta traversa, clarinete y piano, entre otros. Con un inicio en el circuito universitario de bares y cafés, la transformación sonora situó entonces a Crisantemo como un proyecto de fusión, sin perder la esencia trovadoresca siempre protagónica en sus canciones. En 2016 publicaron su primer álbum, Brotes, donde expusieron su punto de vista sobre ese canto latinoamericano genuino, junto con la música de raíces y los arreglos camerísticos.

Eduardo Carrasco

Compositor y nombre clave para la tradición popular chilena de los años '60, Eduardo Carrasco fue el pilar de Quilapayún desde sus inicios y hasta bien entrados los años '80, lo que significó acompañar su trabajo incluso en las turbulencias propias del exilio. Fundó el conjunto junto a su hermano Julio y el cantautor Julio Numhauser cuando aún era estudiante de Filosofía del Pedagógico de la Universidad de Chile. De ahí en adelante, Carrasco se convirtió casi en un símbolo del carácter disciplinado, creativo, generoso e investigativo que distinguió a Quilapayún, sin contar, por cierto, el de su férrea militancia comunista. Abandonó el conjunto entre 1988 y 2003, y en ese período su trabajo musical público fue más eventual que regular.

Eduardo Peralta

Desde el canto estudiantil de mediados de los años setenta, Eduardo Peralta ha sido uno de los hombres de mayor presencia en la genealogía de cantores y autores chilenos. Compositor, cantante y en especial avezado guitarrista, se inició en 1977 en el movimiento del Canto Nuevo, germinado en peñas y facultades, con canciones como "Golodrina chilota" y "El hombre es una flecha", y mantuvo una carrera activa sobre al menos tres vertientes: sus propias composiciones, su trabajo como payador y sus cuantiosas adaptaciones para canciones del trovador francés Georges Brassens. Además de sus discos, ha grabado con cantantes como Cecilia Echenique y Clarita Parra; y los payadores Pedro Yáñez, Manuel Sánchez y Moisés Chaparro. Se mantiene activo en grabaciones y en vivo, con presentaciones al menos semanales (como las de sus «lunes brassensianos», en El Mesón Nerudiano, del barrio Bellavista)  que ya son tradición.

Mecánica Popular

Mecánica Popular impuso un sonido peculiar en el panorama de cantautoría joven chilena de comienzos de los 2000, mezclando rock, raíz folclórica y poesía. El cuarteto que lideraba Manuel García  definió un tipo de canción profundamente melódica y afincada en valores letrísticos propios de géneros como la trova, idea que sustentaban además en sus voces lánguidas y agudas. Tras su tercer disco, en todo caso, la carrera solista de su líder fue postergando paulatinamente su quehacer, hasta convertirse en su virtual banda de apoyo. Naturalmente, entonces, la historia de Mecánica Popular concluyó como tal.

Tamara Águila

Autora y cantante magallánica intuitiva, sensible y al mismo tiempo aguerrida, Tamara Águila Aravena ha elaborado una obra propia que reúne la creación poética, la pedagogía y las artes de la sanación. Primero radicada en la ciudad de Limache, en 2014 presentó el disco Ama encantos, un proyecto donde explora aspectos sobre lo femenino y lo matrístico. Las presentaciones de este trabajo se convirtieron en un montaje escénico que vinculí texto, danza, música y video, y fue planteado como un "despertar de la nueva energía femenina en la Tierra". Más adelante, instalada en la maulina Rari, continuaría con proyectos tanto de gestión cultural como de creación musical, reflejado en otro disco importante de su trayectoria como cantautora, Naves (2025).

Natalia Molina

Una música desde la raíz folk brota en la obra de Natalia Molina, un nombre entre la activa generación de cantautores de la década de 2000 que en esa época renovaron el concepto de trova, incoporando elementos del rock, el pop y el folclor chileno a sus canciones y donde también es posible identificar a figuras como Nutria, Javier Barría, Nano Stern, Chinoy, el primer Gepe,  la primera Camila Moreno, Vilú, María Perlita o Felipe Cadenasso. También poeta e ilustradora, Natalia Molina marcó presencia en 2009 con la canción "Alma", que fue el punto de partida como autora de canciones expuestas a solas, con guitarra folk, o con banda de rock.

Pía Zapata

Inspirada en el folclor sureño y con la influencia directa de Violeta Parra y Víctor Jara, la cantautora angelina Pía Zapata se inició imitando a los voceadores del Mercado de Chillán. Su trabajo de autoría musical tomó elementos de ese folclor profundo y lluvioso y lo llevó a los espacios de la música moderna, sobre todo durante su vida musical que desarrolló luego en Valparaíso. Grabado con una banda de apoyo conocida como Pía Zapata, Tomate, Palta, su primer disco es Música de mimbre (2013), trabajo donde combina instrumentos como el tiple, el bombo chilote y el cajón peruano, con la guitarra eléctrica, bajo y batería.

Joe Vasconcellos

Quizás por haber vivido su infancia y juventud en países tan distintos y distantes como Chile, Japón, Italia y Brasil, Vasconcellos creó un tipo de canción que ha buscado el arraigo en sonidos originarios, especialmente de América Latina, de donde son también sus orígenes sanguíneos. Su fórmula finalmente dio con canciones alegres, festivas y con explícita conciencia social y cultural. Desde su salida del grupo Congreso, en 1983, el músico se desarrolla de modo solista, y con altas cumbres de popularidad en esa área.  Su influencia en toda una generación de músicos, la masividad de sus canciones y su intensa y poderosa actividad en vivo lo convierten en una figura vigente y fundamental de la música de fusión desarrollada en nuestro país.

Marco Antonio Fernández

Su nombre es Marco Antonio Baeza, pero en los escenarios es presentado con el mismo apellido artístico de su padre, Tito Fernández, El Temucano. Con él comparte además su origen en esa ciudad sureña, su dedicación al canto y un timbre vocal similar que ha registrado en varios discos y en una carrera activa desde comienzos de los '80.

Claudio Guzmán

La forma musical que fue adoptando la carrera solista de Claudio Guzmán se hizo con el tiempo casi incompatible con los recuerdos de su tiempo de guitarrista, compositor y vocalista de Q.E.P., una de las  bandas que alimentó el llamado boom pop ocurrido en Chile durante los años ochenta. A diferencia de las canciones bailables de ese cuarteto, los discos de Guzmán como cantautor mostraron composiciones vinculadas a su época y sensibilidad generacional, según la norma de la trova.

Susana Cofré

Desde Temuco como coordenada geográfica, aunque desde el Wallmapu como gran territorio, surgen las canciones de Susana Cofré, cautautora cuya música se sustenta tanto en la trova en primera persona como el canto contingente, descrito a su vez en piezas de temáticas feministas, injusticias sociales y opresiones políticas. Iniciada hacia 2011 en escenarios de La Araucanía y los círculos universitarios, su primer disco es Canciones crudas (2015).

Zeca Barreto

En mucho menos de lo duró que su larga estada en Chile, el cantautor bahiano Zeca Barreto terminó por incorporarse a la historia moderna de la música popular chilena como un punto de encuentro y proyección de una nueva música, la popular brasileña, desconocida en sus múltiples frentes. Junto a otras figuras como Joe Vasconcellos (fusión latinoamericana), Marinho Boffa (jazz) y Célio Oliveira (samba), Barreto ayudó a establecer un público emergente y una nueva comunidad de cultores.