Canción melódica
La canción melódica y popular que apareció en la primera mitad del siglo XX luego del dominio del couplet, tuvo un elemento formal a favor con respecto la tradición decimonónica. Su antecesora fue primordialmente estrófica y ésta, por el contrario, se definió a través del estribillo. Los musicólogos lo describen como la explicación en el nacimiento de la estrella de la canción en los años ’20. Ese coro era el clímax y el elemento de recordación: el rostro de una canción melódica en formatos de todo tipo (vals, tango, rumba, pasodoble, foxtrot). Su intérprete sería reconocido y aplaudido, y su fotografía en las revistas o participaciones en cine estrecharían la distancia con un auditorio que lo veneraba. El uso del micrófono le dio mayor peso como música escénica y ya por la vía de difusión radial se articuló toda una factoría de canciones melódicas, con compositores, autores y directores de orquestas al servicio de la estrella. La canción melódica chilena se puede emparentar con la chanson française (Edith Piaf), el cabaret alemán (Marlene Dietrich) o la canción tradicional norteamericana (Bing Crosby) y es el antecedente directo de la balada y el bolero.
Mon Laferte es la mayor figura del pop chileno de impacto internacional a partir de la década de 2010. Su música se ha sustentado en una canción multicolor y amplia, que cruza hacia distintos espacios con naturalidad y que captura a públicos de varias generaciones sin considerar su mirada política, presente en sus canciones y discurso personal. Desde la balada AM en la que ella se formó de niña hasta el rock latino de su juventud, Mon Laferte ha tomado inspiraciones de la cumbia, el bolero, la ranchera, el folclor latinoamericano y la canción juvenil de los años '60. Su primera popularidad se registra a sus veinte años, cuando Monserrat Norma Bustamante Laferte fue parte del programa "Rojo, fama contrafama", de TVN. Sin embargo, tras cuatro temporadas de alta exposición, competencia y desgaste, la viñamarina reorganizó su proyecto musical en México, que ha sido su hogar desde 2007. Su etapa creativa allí despegó con el disco Mon Laferte vol. 1 (2015), que la mostró como una figura de la canción latina melodramática, muchas veces incluso como un personaje teatral, una mujer fatal de cabaret o una mujer latinoamericana abandonada. Ha obtenido cinco Grammy Latino, por su cumbia "Amárrame" (en 2017), por su disco Norma, (2019), por su canción "Biutiful" (2020) y por los discos Seis (2021) y Autopoiética (2024).
Heredera de una tradición musical y familiar a la vez, María Esther Zamora es una de las hijas del folclorista Segundo Zamora, autor de las cuecas "Adiós Santiago querido" (1942), "Mándame a quitar la vida" (1948) y "El marinero" (1950), entre muchas otras, y como cantante popular y folclórica ha sido constante animadora de escenarios chilenos ligados al folclor. Intérprete de cuecas, tonadas, tangos, boleros, chachachás, valses y otros ritmos populares, es en dupla con el músico y cantor Pepe Fuentes que protagonizó por décadas una de las parejas más activas de la escena y alcanzó gran impacto en el medio con la Casa de la Cueca, espacio que ellos habitaron como residencia en avenida Matta y que ha sido centro de divulgación de folclor. Desde 1996 ambos acompañron además a Álvaro Henríquez, en instancias como el festival sambernardino "Abril, cuecas mil" y las anuales versiones de La Yein Fonda, y figuran de hecho en los discos La Yein Fonda (1996) y La Yein Fonda II (2001), grabados en vivo en esas fiestas dieciocheras.
Cantante melódica e intérprete de boleros y swing, Andrea D'Arriarán pertenece a la abundante oleada de solistas de la canción que han sido formadas en academias como Projazz y la Escuela Moderna de Música, donde ella tomó algunos estudios. Entre esas voces que aparecieron a fines de los años 2000 están Natacha Montory, Karen Rodenas, Thais Marie, Maite Solana y Sofía Tupper, entre otras.
El Flaco Morales es un requintista, guitarrista y acordeonista avecindado desde comienzos de los años '70 en Valparaíso e integrado desde 2001 a la agrupación porteña La Isla de la Fantasía, de la que ha participado activamente como músico y también prolífico autor de cuecas. Algunas de ellas han sido registradas además por conjuntos tan populares como Daniel Muñoz, Félix Llancafil y 3x7 Veintiuna.
Formada por el guitarrista Gus Valenzuela y la violinista Danka Villanueva, que había tocado en La Mano Ajena, desde la década de 2010 Golosa la Orquesta ha sido una agrupación de diversos enfoques sobre la música popular, a su vez ramificada en distintas direcciones. En una primera época basó el repertorio en ritmos de la nostalgia, tomando bolero, tango, vals, chachachá, swing y jazz gitano, pero ya avanzados los años, y con nuevos integrantes en la formación, centró su propuesta en una idea musical propia donde las raíces de la música latinoamericana, festejo, saya, cueca o huayno, fueron predominantes dentro una fusión con el rock y el jazz.
Su nombre es Rafael Berríos, pero se hizo famoso como Rabanito, el acordeonista que llegó a ser considerado como uno de los mejores en su instrumento en Chile, por lograr un estilo de interpretación propio y una gran destreza, que le permitieron dominar el tango, la cueca, el jazz y otros ritmos de la música popular.
Se llama Lucinda Gioconda Briceño Riquelme, pero es más conocida como Lucy Briceño a secas: una cantante porteña que inició su carrera en el baile antes de descubrir una vocación por el canto que la ha llevado a transformarse en un referente de la canción popular porteña, como integrante inicial de Los Paleteados del Puerto, solista y figura del elenco La Isla de la Fantasía. Costurera de oficio, Briceño ha llegado a ser la gran voz del canto tradicional en Valparaíso, un referente ineludible allí. En 2017, la U. Católica de Valparaíso editó el libro Historia de Lucy Briceño. La mujer en la música de la bohemia porteña, mientras que el Estado la reconoció en la categoría de Tesoro Humano Vivo. Y a los 90 años publicó su primerísimo disco propio: Sigo enamorada de la música (2021).
Es uno de los guitarristas y cantantes de la agrupación musical porteña La Isla de la Fantasía, reconocido a través de más de cinco décadas de dedicación a la música en Valparaíso como uno de los "viejos cracks" de la escena musical en el puerto.
Desde los años '80, Silvia Lobo ha sido una de las voces más activas y con mayor experiencia internacional, indistintamente en los territorios de la bossa nova, la canción francesa y los standards de la era del swing, tres líneas que la definieron tempranamente como cultura de una genuina canción melódica. Su trabajo de recuperación del repertorio brasileño se adelantó veinte años a los tiempos de proliferación de intérpretes en este campo.
Un extendido oficio en la música traían los integrantes de La Nueva Imperial al momento de unirse en una banda, hacia 2013. En discos y en una constante actividad en vivo, el conjunto de Santiago distingue hoy una identidad cálida, respetuosa con la tradición y, a la vez, exploradora en su propia autoría. El juego armónico entre voces, la presencia de violín y contrabajo, y la posibilidad de citar a figuras transversales —de Roberto Parra a Ramón Aguilera— son marcas características que convierten a sus shows en invitaciones convocantes, unidas a las muchas ramas musicales que en Chile conforman el cancionero popular.
Al menos tres documentales sobre su vida y obra, un libro con el análisis de su discografía y hasta un musical biográfico montado alguna vez en Alemania tienen a Álvaro Peña como protagonista, y el cauce sería comprensible si su trayectoria fuese la de un intérprete de hits, conquistas contables y giras que consignar en un apartado de hitos de la música chilena, pero todo ha sido para él más bien lo contrario. Peña avanza por los caminos atenuados pero profundos del culto, y su composición iconoclasta, heterodoxa y cruda no deja de llamar la atención en círculos de admiradores que interpretan en ella un valioso gesto de libertad creativa. La unión de vida personal y música es una de las características del trabajo de este nativo de Valparaíso y residente de Konstanz (Alemania), donde murió en 2026, a quien el Golpe de Estado de 1973 encontró en Londres, y que desde entonces largó una vida europea. Esta fase suele destacarse por su tiempo de coincidencia del chileno Álvaro Peña con Joe Strummer, con quien compartió casa okupa y la banda The 101ers, antes de que el turco-británico comenzara a forjar una leyenda junto a The Clash.
Armando Carrera es el autor del célebre vals "Antofagasta". Nació en Valparaíso el 17 de septiembre de 1899 y se educó en la propia Antofagasta, donde, bajo la tutela de sus padres, comenzó a estudiar piano. Por supuesto que siendo el señor Carrera padre sólo un pianista por afición, sus enseñanzas no podían ser de lo más adecuadas. Por aquellos años, hacia 1910, llegaban al país las primeras pianolas y sus respectivos rollos con mazurcas, valses y especialmente ragtimes, y el niño gustaba de colocar en la pianola este tipo de música, para seguir con sus dedos el movimiento de las teclas que subían y bajaban. Ante esta actitud, sus padres optaron por ponerlo bajo la tuición de los mejores maestros de música y piano que había por entonces en Antofagasta.
En el Valparaíso de fines de los años '40, una talentosa niña con cualidades vocales innatas integraba un trío bautizado como Las Trigueñitas. Venía cantando en público en teatros y auditorios radiales del puerto desde los cinco años, y aunque no tuvo la repercusión medial de otras cantantes porteñas como Carmencita Ruiz o Margarita Torres, su voz y el garbo de su interpretación estuvieron muy presentes en la antigua bohemia de Valparaíso. Es Silvia Pizarro, más conocida como Silvia La Trigueña, una de las voces femeninas importantes de la música popular y de raíz folclórica de la segunda mitad del siglo veinte.
Inspirados en la figura de Roberto Parra y todos sus bordes, Los Sobrinos de la Villa plantean una música que se mueve entre las fuentes del jazz guachaca y la cueca chora, dos creaciones del cantor, guitarrista y hermano de Violeta Parra. El trío base explora la interacción de las guitarras campesina y eléctrica de jazz, recuperando la dinámica "guachaca" como una transformación bien a la chilena de ese jazz manouche original venido desde Francia. Formado durante la pandemia en Villa Alemana, el conjunto se unió a la escuela musical de la memoria, donde también coexisten conjuntos generacionales como De Perilla, Gypsy Trío, Los Temibles Sandovales o La Nueva Imperial. En 2023 Los Sobrinos de la Villa ganaron el Festival Tío Roberto, que se realiza en San Antonio, como cultores de cueca chora, y al año siguiente estrenaron el disco Lo único que hacemos. Este incluyó un extenso repertorio combinado entre cuecas parrianas y momentos de jazz puramente guachaca, observados libremente, un trabajo en cuyos textos planteó reflexiones sobre la sociedad de consumo y la depredación del medio ambiente.