1990
Viena fue una de las bandas más interesantes dentro del contexto de pop chileno de mediados de los años ochenta, tanto por su estilo musical (influído por el pospunk y la new-wave inglesa) como por su preocupación estética. Sus integrantes no se dejaban fotografiar sin las vistosas tenidas y maquillajes que lucían en sus shows, los cuales constituían una completa novedad en el Santiago de esa época.
Eduardo Balász Tagle es un nombre múltiple en una comunidad de la música chilena próxima a la world music y la new age. Tomó el nombre espiritual de Sat Shabd Singh, entregado por el Yogi Bhajan cuando se inició en sus estudios para convertirse en instructor de Kundalini Yoga. Como Sat Shabd Singh ha explorado en sus discos la herramienta del sonido y sus frecuencias audibles y vibraciones como música para meditación, relación y sanación. Sus trabajos en esta línea son Inspirations from the universe (2002), Guru (2007), Hipnoterapia (2008) y Ardas (2013). Además es ingeniero de sonido, productor discográfico y de conciertos, musicoterapeuta y melómano fundador de la disquería Musicland.
Para una cantante como Laura Fuentes, la doble militancia en la música de raíz latinoamericana y el mundo pop no significó en absoluto una contradicción estilística, sino más bien la posibilidad abierta de expresión y mestizaje musical. Fuentes, nacida en Chile, con padres norteamericanos y una larga vida en Estados Unidos, llegó a ser una de las figuras entre la comunidad de artistas que en los 2000 modernizaron las propuestas iniciadas por la Nueva Canción Chilena en los '60 y en el Canto Nuevo en los '80, aunque emparentada con cultoras de la música del mundo moderna como Verónica González o Catalina Claro.
"Frente a la tendencia" es la cláusula que Mierdaster levanta como lienzo para conmover a sus seguidores, a lo largo de una carrera extensa, accidentada pero insistente. La escena punk subterránea de fines de los noventa fue su origen, y desde ahí el grupo se ha hecho conocido por la honestidad de discurso. Sus letras son críticas y a veces crudas, pero aún así se mantienen lejos del nihilismo que se podría esperar de una banda maltratada por las circunstancias del menoscabado medio discográfico.
Daniela Aleuy fue, junto a María Ela, la última figura en la era del TV pop antes de la irrupción de los reality shows y concursos de talentos con sus figuras mediáticas en distintas estaciones, como Ximena Abarca, Mónica Rodríguez o María José Quintanilla. Aleuy y su compañera cantaron en el coro del programa "Pase lo que pase" y desde allí instalaron sus nombres como cantantes solistas. En 2001 llegó a representar a Chile en el Festival de Viña y terminó convertida en popular figura, aunque por corto tiempo.
Dos continentes y varias mutaciones atestiguaron la música enérgica y colorida de Panico (así, sin la debida tilde), la única banda chilena rock de contables avances en Europa. Su historia en Santiago y París supuso desarrollos distintos, aunque unidos en un mismo concepto de música inquieta y mirada global. El grupo iluminó el solemne escenario chileno de los años noventa, y avanzó más tarde en una discografía capaz de combinar la matriz rockera de avanzada con ritmos tradicionales latinoamericanos, como la cumbia y el bolero. Si es por sintetizar, fueron dos sus fuentes principales: el punk, que les enseñó los beneficios del «hazlo por ti mismo»; y la psicodelia, que les recordó que la música debe ser también una experiencia delirante y visual. Su trabajo puede ser considerado como una guía pionera para el rock independiente más tarde asentado en el país.
Paula Sol es un nombre de la cantautoría romántica de la década de 2010, junto a otras referencias de mujeres con guitarra en mano como Claudia Stern, Paula Herrera, Johanna Rezzio o Trinidad Alliende. Una larga trayectoria en la música que se inició en la ciudad de Los Ángeles a mediados de los '90 vio la luz recién en Quilpué a fines de 2017, a través de su primer disco solista. Con melodías representativas de su cancionero —"Agua que corre en las montañas", "El amor es como un ave" o "Duendes del viento"—, el álbum Amarnos más fue la culminación de ese período, al tiempo que abrió una nueva etapa en su historia.
Lenguajes musicales múltiples han marcado la trayectoria de este versátil baterista desde que apareciera en la escena del jazz de fines de los ’90. Su posición de polivalencia y sobriedad y su conocimiento de los estilos lo llevó a convertirse en un demandado sideman en el jazz acústico y eléctrico, de conjuntos y orquestas, y en la interpretación de música de raíz tropical, pop, fusión latinoamericana y flamenco. Felipe Candia ha sido una suerte de “hermano menor” de solistas como Pedro Greene, Jaime Labarca, Raúl Aliaga, Juan Coderch o Cristóbal Rojas.
La música de raíz latinoamericana es la vocación sobre la que Elizabeth Morris ha construido una elaborada carrera como autora, compositora, instrumentista y cantante. Tras iniciarse en colaboraciones diversas con otros músicos chilenos durante los años 90, en el nuevo siglo ha consolidado un importante trabajo con nombre propio. Canciones suyas como "Décimas" y "Darte luz" han sido grabadas por el músico argentino Pedro Aznar y la cantante peruana Eva Ayllón entre otros intérpretes, ha actuado en Argentina, Colombia, Canadá, EE.UU. e Italia y ha ganado dos veces la competencia folclórica del Festival de Viña, con "Canción de agua y viento" en 2006 y con "La mejicana" en 2015.
Nelly Sanders pudo haber sido una estrella de la canción como ocurrió con los nombres más significativos de la Nueva Ola. Pero ella simplemente fue la última de las grandes lady crooners de la música popular, una de las más completas y capaces, más allá de la figuración masiva entre el gran público, de la grabación de discos y del beneplácito medial. Alcanzaría de todas formas la categoría de "figura pop", con algo que en las figuras pop siempre escaseó: la ductibilidad. Si la canción era bolero, tango, swing o bossa nova, detrás estaría la voz pastosa, afinada y melódica de Nelly Sanders.
Su nombre se asocia de inmediato al mapa de la balada chilena con mayor difusión en la segunda mitad de los años '80, aquél de televisión y grandes festivales. Pero es un territorio más extenso que ése el que Patricia Frías ha recorrido durante su trayectoria, tanto como intérprete de voz distintiva como también compositora de canciones de intensidad sentimental empáticas con la audiencia, las que hemos conocido en su voz o en la de otro/as cantantes.
El pianista y compositor Gonzalo Palma ha sido uno de los músicos referenciales del jazz acústico que llegó desde el puerto de Valparaíso —"la cuna del jazz chileno"—, desde mediados de los '90, cuando encabezó primero el grupo Valparaíso Jazz Trío y cuando después se volcó a un largo trabajo como líder de diversos tríos territoriales. Su piano siempre se nutrió además de elementos musicales propios de la orilla, y así fue como además la improvisación jazzística, sus composiciones tuvieron los sabores del bolero y el vals de la "costa oeste", junto a un importante componente latin bop. Su nombre aparece junto a otros marcados líderes en esta dirección, como Carlos Silva, Felipe Riveros o Mario Feito: solistas que desarrollaron en profundidad el "piano trío".
Sin mayor impulso que la intuición, Felipe Chacón se convirtió en el contrabajista-insignia desde comienzos de los '90 en torno al Club de Jazz, cuando hombres como Sammy Domínguez o Moncho Romero (en su faceta frente a las cuatro cuerdas), ya eran solistas de gran trayectoria. Más adelante profesor de yoga, Chacón fue tal vez el primero de los contrabajistas de esa década, un profundo conocedor de los walking en la línea estilística central, un sólido soporte en bandas swing y bop, y un rostro inconfundible durante las interminables jams de la década de la transición del jazz, siempre "contrabajando" para sus compañeros de música.
Fernando Carrasco es un musico versatil. Compositor, formador e intérprete eximio de guitarra, charango, acordeón y otros instrumentos, ha sido protagonista de distintos momentos de la historia musical chilena. Llegó a Santiago a los 18 años a estudiar al Conservatorio de la Universidad de Chile, y en apenas dos años fue parte los conjuntos de la Nueva Canción Chilena, Huamarí, Dúo Coirón y una etapa de Los Curacas. Tras el golpe de 1973, integró Barroco Andino, y desde 1977 inició su trabajo solista, donde ha desarrollado varios discos con Aranto, un elenco de diversas formaciones que ha estructurado en función de cada uno de sus proyectos. El 2009 se integró a Quilapayún, un conjunto del que estuvo cercano desde los años 70, y adonde aporta su voz de barítono, composición de canciones y la ejecución de arios instrumentos. Al mismo tiempo, ha sido compositor y arreglador , y el 2020 fue investido como Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.
Durante sus años de trabajo, el ensamble de percusión Xilos ha buscado darse a conocer más allá de un ámbito académico, sin prejuicios hacia los referentes del mundo popular. El grupo integra instrumentos melódicos (marimba, vibráfono, xilófono, glockenspiel), de membranas (timbales, caja, bongo) y originarios, y ha tenido entre sus filas a músicos también destacados en proyectos como Tryo y Flotante.
Ligado desde siempre a la raíz tradicional chilena, el nombre del compositor y folclorista Richard Rojas ha estado presente desde los años de expansión de los primeros conjuntos de proyección folclórica, en la década de 1950, hasta su participación en certámenes como el histórico Festival de la Nueva Canción Chilena (1969) o la competencia folclórica del Festival de Viña (1981). Como parte de los grupos Lonquimay y Lonqui , que en rigor fueron extensiones de su trabajo personal, tiene varias huellas fundamentales en la canción chilena. "Linda la minga", "La resfalosa del pan" y "La chilenera" son tres canciones inmortales que dejó en el cancionero chileno.
Por sus muy diversos encargos como productor, DJ Raff fue un tiempo uno de los colaboradores y asesores más importantes del circuito hip-hop chileno. Pero su decisión de defender su trabajo propio lo llevó también no sólo a la composición electrónica propiamente tal sino que también a una fabulosa proyección internacional.
Diversos géneros ha cubierto el bajista Jorge Herrera en las bandas de las que se ha hecho parte, y en las cuales acumuló experiencias de jazz y rock progresivo (Evolución), música cristiana (Vera Efigies), pop (Pie Plano) y música terapéutica (Arcturus). A partir de cursos sobre sanación y reiki, el compositor ha tendido un puente entre esas prácticas y la música, con varios discos para realizar terapias de energía y relajación.
Más que un grupo musical, La Isla de la Fantasía es el principal e histórico conjunto de cantores e instrumentistas dedicados a la cueca y la música popular en Valparaíso, y representa tanto una sede natural de unos precursores de la canción porteña como un punto de encuentro activo entre esos hombres y mujeres experimentados y las nuevas generaciones interesadas en esa tradición.
Voz, nombre y figura validada y reconocida en los ’80 como parte del recordado “Ranking juvenil”, Soledad Guerrero es probablemente la única autora y cantante promovida desde ese set de “Sábados gigantes”, junto con otras voces que alcanzaron cotas de diversa altura en el pop posterior: Myriam Hernández, Luis Jara, Irene Llano o Andrea Labarca, entre otros. Además de establecer su sello en la música de la industria publicitaria, Soledad Guerrero ha escrito y grabado sus propias canciones a lo largo de varios discos.