1990
La Neura es uno de los escasos representantes en Chile de la cruza musical entre punk y el llamado rock in opposition (cuyos ensayos previos a nivel europeo desarrollaron bandas referenciales como This Heat, Aksak Maboul o Etron fou Leloublan, desde fines de los ‘70). La Neura se ubicó en aquel intenso terreno del caos controlado y el orden complejo no descifrable en la escucha fácil y superficial. Pero su presencia fue demasiado underground —incluso para el underground— durante la década de 1990 como para resonar con la contundencia de otro grupo pariente: Akinetón Retard.
Desde la simbología de la estrella verde que acompañó la portada de discos como 21 canapés (2003), Akinetón Retard definió el sentido de una obra única que no iba a hacer las cosas fáciles para quien se sometiera a sus dosis sónicas, la mayoría de las veces "sobredosis" sónicas. Para cuando este proyecto de guitarras eléctricas y saxofones histéricos alcanzó su primera década de vida, Akinetón Retard era mucho más que el nombre de un medicamento antiparkinsoniano. Akinetón Retard fue un concepto en sí mismo: el más intenso y eficaz proyecto de una comunidad de músicos experimentales que abrieron sus discursos creativos en la era posterior a Agrupación Ciudadanos.
Roberto Lindl es un músico referencial, desde inicios de los '90 e indistintamente en el campo del pop, el rock and roll, el jazz y la música de la bohemia. Más allá de su militancia histórica como en Los Tres y el Ángel Parra Trío, la propia visión de los hechos terminó por definir a Lindl como una personalidad musical con bitácora propia. Con el pseudónimo de Titae, siempre pulcramente vestido y tras una gafas de marco grueso, el bajista y contrabajista llegó a ser una figura muy por encima de la sola categoría de músico de acompañamiento.
La Nueva Canción Chilena tuvo muchas voces solistas destacadas, y la de Osvaldo Gitano Rodríguez se distingue por al menos dos características. Primero, legó a la canción popular chilena un himno imperecedero, independiente incluso de la época que lo vio nacer, como ha sucedido con su "Valparaíso". Pero además el cantautor, poeta y dibujante porteño buscó documentar el momento y los ambientes que protagonizaba, con libros y textos valiosos para comprender mejor el ambiente artístico de su época, escritos durante su exilio en Europa. En ese continente Rodríguez profundizó su interés por la literatura (llegó a publicar dos poemarios, un libro de cuentos y la novela El día que me quieras) y mantuvo estudios universitarios, razón por la que su carrera discográfica es muy breve, con sólo dos discos originales: Tiempo de vivir (1972) y Los pájaros sin mar (1976), más un tercero en vivo editado en 1989 por el sello Alerce.
Desde un histórico debut en 1992 como intérprete de la obra “Dúo concertante para charango y guitarra” (1991), del compositor Celso Garrido-Lecca que estrenó junto al conciertista Mauricio Valdebenito, el charanguista Ítalo Pedrotti ha sido un referente de la música de fusión chilena desde diversos frentes. Música andina, raíz latinoamericana y rock fusión han completado el abanico de Pedrotti y su charango, como integrante fundador de Entrama (1997) y compositor y director de Charanku (2003).
Cantautor popular en su definición más estricta —como seña de creación y de vida—, Eduardo Yáñez ha estado presente en la música chilena de varias décadas, cruzando momentos y movimientos, desde la Nueva Canción hasta nuestros días. Sus referentes y principales influencias explican, en todo caso, que él elija presentarse como «un chileno de los años sesenta». Marcó un hito del canto contingente como autor de "Nuesto cobre", popularizada por la versión que grabó Quilapayún en 1972, y en los años siguientes, ya en dictadura, fue un proveedor de composiciones para intérpretes en Chile o el exilio como Isabel Parra, Patricio Manns, Inti-Illimani, Ortiga, Isabel Aldunate y Cecilia Echenique.
A finales de marzo de 1999, en pleno auge de la llamada cumbia sound en el norte de Chile, fue fundada la agrupación D' Latin Sound, compuesta originalmente por seis músicos que, tras una ruptura, se retiraron de Amérika'n Sound, y por un ex integrante de Gran Eclipse Musical. Dos generaciones se suceden en su historia: la primera fue encabezada por Luis Cachito Navarro, cantante e hijo del bolerista Cacho Navarro, y la segunda inició en 2014 el regreso de D' Latin Sound al los escenarios y los discos.
Con la consigna de "tradición de la cueca porteña", Los Paleteados del Puerto han sido músicos esenciales en la historia de la cueca en Valparaíso, por su identidad de cueca urbana y por los años de experiencia que acumulan sus integrantes incluso desde antes de la formación del grupo, a comienzos de 1991. El conjunto surgió a instancias del veterano arpista Alberto Rey, el mismo del Dúo Rey-Silva, que comenzó a tocar con ellos en Valparaíso, y se los llevo a Santiago a grabar sus dos primeros discos, Alberto Rey y Los Paleteados del Puerto (1991) y el álbum colectivo Cuecas electorales (1992).
Considerado entre los charanguistas más notables y el más prolífico entre sus pares, Héctor Soto fue pionero en las grabaciones solistas para ese instrumento en nuestro país, con un material que durante largo tiempo ha sido referencia para músicos y estudiosos del tema. Compositor, profesor y divulgador, su carrera discográfica es la más extensa de los charanguistas chilenos. Ejecutante de charango tenor, ronrroco, maulincho, guitarra, tiple y teclados ha sido un gran difusor del instrumento: fundó en Argentina su propio Instituto del Charango y ha mantenido la fundamental plataforma Charango.cl. Soto ha desarrollado un repertorio de canciones propias —entre las cuales se cuenta la conocida pieza "Rosita de Pica"—, recopiladas o de autores como Violeta Parra, Raúl de Ramón, Sofanor Tobar, Willy Bascuñán, Víctor Jara y Patricio Manns. Su libro Charango para todos (2019) es vital fuente de lecciones.
Los Trompos ha quedado en el recuerdo en parte como el último vehículo musical para el talento tortuoso de Rafael Guíñez, intérprete y compositor formado en los códigos de la música clásica (estudió desde los cinco años de edad en el Conservatorio, y luego llegó a ser la primera viola de la Orquesta Sinfónica de Santiago y parte de la orquesta de cámara de Fernando Rosas) pero que en su juventud comenzó a acercarse al jazz fusión y el rock, colaborando con grupos como La Banda del Gnomo y Parkinson. La historia de la banda estuvo sujeta a sus altibajos anímicos y mentales agravados por un transtorno bipolar crónico. Siempre sus compañeros distinguieron a la banda como «el grupo de Rafael Guíñez porque disfrutamos esta música y porque Rafael es nuestro amigo y maestro desde hace muchos años y estamos listos para ir a tocar con él a dónde sea». El fallecimiento del músico, en diciembre del 2008, terminó con el fundamento principal del proyecto.
Durante sus trece años de existencia, Mantiza fue el vehículo creativo para Cristián Vladilo, compositor y guitarrista puntarenense que legó a su ciudad lo que se considera es el primer catálogo rock concebido, grabado y editado en la región de Magallanes. Su música melancólica y sombría correspondió, según su líder, al reflejo de un cotidiano juvenil transcurrido durante «cortos días de invierno y sus esplendoroso y fríos amaneceres de verano; siempre a la luz de una vida que, aunque fría y distante, se vivió al calor del fuego de la creación».
Tenían edad suficiente para estar todavía en el colegio cuando formaron Díacatorce, y al mismo tiempo que otras bandas adelantadas en evolucionar desde un pasado punk como Griz (1998) y Familia Miranda (1999), ya en 2000 este grupo estaba lanzando su primer y único disco. Iniciado con una formación de hombres y mujeres, Día Catorce fue siempre impulsado por Susana Cortés y Carolina García en voces, bajo y batería junto a diversos guitarristas, y pasaron por alto la regla de tocar al pulso acelerado del hardcore-punk para sumar otros ritmos y velocidades, cantando acerca de familias disfuncionales o sobre la lavadora como un electrodoméstico para centrifugarte los sesos. La última guitarrista de Díacatorce fue Alejandra Elgueta, y con ella el grupo dio origen en 2003 a un nuevo trío, Las Jonathan.
La bitácora de viaje del grupo Congreso mantendrá por siempre un espacio reservado a la figura de Ernesto Holman, el bajista eléctrico que introdujo sonoridades modernas y nuevas propuestas no sólo al interior de este conjunto quilpueíno, sino entre una amplia comunidad de músicos de fusión que siguieron sus pasos. Holman abrió las posibilidades expresivas del llamado bajo activo a un grupo de solistas en las décadas de 1980 y 1990, demostrando que su instrumento no necesariamente debía estar relegado a una sección rítmica. Holman ha sido, además, un pionero en la inspiración de la música mapuche y militante de la "resistencia ternaria", una defensa aguerrida de los ritmos de la tierra.
El twist “Caramelo de menta” fue el hit que hizo bailar a la juventud y acompañó la historia en el pop de Eduardo Valenzuela Fariña, conocido por el público de la Nueva Ola simplemente como Lalo. Se inició en 1962 actuando en Radio Portales junto con Luis Dimas y luego grabando canciones en inglés, aunque no logró gran impacto. Por esa razón Valenzuela gira su búsqueda hacia las letras en español y graba aquella que fue su máxima canción, y más tarde “Ausente”, “Maquillada, “Paseando triste”, “Busco novia”, “Quisiera saber” y “Envenenada por el twist”. Falleció en diciembre de 2005 víctima de una larga complicación hepática.
Desde el jazz y la música popular orquestada hasta la industria de la Nueva Ola y una prehistoria del rock local son instancias en las que dejó su huella Arturo Ravello, uno de los más importantes contrabajistas chilenos. Activo desde comienzos de los años '50, justo a tiempo para asistir a esos cambios musicales y generacionales, Ravello se inició en Santiago, se estableció en Arica a fines de los años '60 y fue un músico de orquestas, auditorios de radio, estudios de grabación y giras, acorde con el perfil del instrumentista popular surgido en una época de la que fue uno de los últimos exponentes hasta su muerte en 2011, a los 84 años.
Un experimento pop de existencia breve fue este trío santiaguino, entre cuyos mayores logros estuvo el teloneo al debut del grupo U2 en Chile. Santa Locura nació a fines de 1994 con la alianza entre el cantante y guitarrista Cristián Freund y el bajista Rodrigo Sanhueza, a quienes luego se unió el baterista Dante Yaconi (un ex integrante de la Ludwig Band). Pubs del barrio alto de Santiago fueron su inicial plataforma de promoción, incluyendo también en la agenda de esa época un apoyo al frustrado renacimiento de Cinema. Maquillaje y largas sesiones de fotografías les ganaron sus primeras comparaciones con La Ley. Su único álbum, Santa Locura (1996), fue grabado en Buenos Aires y entró a radios con el single "Estrellado".
Fulano creó uno de los sonidos más novedosos escuchados en la tradición de música chilena, alimentado con elementos del rock, el jazz y el avant-garde, e influencias provenientes de la música de Frank Zappa, Captain Beeheart y Hermeto Pascoal, entre sus principales fuentes. Con teclados, percusiones e instrumentos de viento como eje de su lenguaje, el sexteto se puso por encima de categorías, convirtiéndose en una de las propuestas más cercanas a una vanguardia en la golpeada y vigilada escena de los años '80. Su discurso antimilitar y antifascista fue un sello propio en la resistencia a la dictadura, aunque luego, tras el regreso a la democracia y sobre todo la muerte de su pianista jaime Vivanco, la banda se vio disminuida. El grupo regresó a la escena en 2009, tras seis años, pero las desaveniencias escalonadas entre sus integrantes referenciales terminaron por llevar a su fin la historia de Fulano en 2015.
El método de muchos grupos que incrementaron el rock independiente chileno en los años 90 fue tocar fuerte y rápido: era punk rock. La generación siguiente introdujo cambios: tocar fuerte, pero variar las revoluciones, cantar de otro modo o no cantar en absoluto. Griz fue el grupo más drástico de esa partida. Si es por cuestiones musicales, este trío toca rock instrumental al punto de que todo atisbo de palabra está desterrado de canciones, títulos, nombres de discos y discurso en general. Y si es por asuntos extramusicales, es un grupo al margen no sólo de la gran industria, sino también de auspicios estatales. Griz graba sus discos, produce sus conciertos y hace todo por sí mismo.
Parte de una numerosa familia vinculada a la música, Fa García ha encauzado su vocación creativa en áreas diversas, lejanas casi siempre a la exposición pública. Pianista, cantante y compositor, el músico integró durante los años ochenta el grupo Plástico, y ha musicalizado numerosas bandas sonoras para televisión y comerciales.
Daniela Aleuy fue, junto a María Ela, la última figura en la era del TV pop antes de la irrupción de los reality shows y concursos de talentos con sus figuras mediáticas en distintas estaciones, como Ximena Abarca, Mónica Rodríguez o María José Quintanilla. Aleuy y su compañera cantaron en el coro del programa "Pase lo que pase" y desde allí instalaron sus nombres como cantantes solistas. En 2001 llegó a representar a Chile en el Festival de Viña y terminó convertida en popular figura, aunque por corto tiempo.