1980

80

Pepe Hosiasson

Una de las personalidades más activas y múltiples de la historia del jazz chileno desde comienzos de la década de 1950 fue el pianista, gestor cultural y difusor Pepe Hosiasson. Su figura recorre las décadas transversalmente y abierta a todas las filosofías jazzísticas. En su cronología como músico aficionado no sólo aparece la fundación de conjuntos hot jazz históricos, sino además una fuerte presencia como productor de conciertos, discjockey radial y crítico en medios escritos (incluso la mítica revista Downbeat). Hosiasson fue en sí mismo un “punto de encuentro” del jazz.

Tita Parra

Los vínculos familiares han sido el principal ancla artística de Tita Parra, pero en ningún caso un fin en sí mismos. Cantautora, guitarrista y tecladista, la mayor de las hijas de Isabel Parra le ha dado forma a un cancionero de rasgos autorales, así como a un estilo de interpretación de raíz latinoamericana registrado tanto en sus propios álbumes como en los de otros músicos. Su discografía se distingue por una fusión que acomoda la raíz folclórica entre citas al jazz y a la música brasilera. Parte de su trabajo se ha dirigido por los derroteros exigentes de la electroacústica, con menciones escritas a problemáticas (identidad femenina, medio ambiente, meditación) de hasta entonces escasa reflexión en el cancionero chileno. Sus grabaciones y conciertos han contado con relevantes músicos de acompañamiento y apoyo, como, en diferentes momentos, Emilio García, Pedro Greene, Chicoria Sánchez y Manuel García.

Dorso

Por más de tres décadas y sin interrupciones, Rodrigo Pera Cuadra ha ensamblado en la música de su banda un complemento de composición y sonido, con historias y leyendas de origen mitológico, sueños de horror cósmico, mucha sangre, lo bizarro y lo absurdo, lo extremo en todo sentido, el cine gore, los maestros de la ciencia ficción H. P. Lovecraft y Edgar Allan Poe y antípodas musicales como las de las bandas de thrash-metal Cannibal Corpse y rock progresivo Genesis, dos de sus inspiraciones artísticas.

La Ley

Tras el fin del llamado boom pop de los años ochenta en Chile, La Ley fue el único grupo de su generación que pudo gestar una propuesta musical de referentes globales y ambición de trascendencia. Con los años, el grupo se transformaría en un nombre de reconocimiento continental, con canciones, videos y giras que captaron la atención en varios países. Pese a sus cambios de integrantes, las mudanzas geográficas y las voluntarias pausas en su trabajo, no hay duda de que La Ley fue un equipo profesional de perspectiva duradera y marca señera para el pop local.

Campanario

Campanario fue una agrupación interesante, de difícil clasificación y escasamente reconocida en la escena musical de comienzos de la década de los ’80. La mezcla de sonidos hermanados por la música latinoamericana de Los Jaivas y Congreso sería lo más apegado a su sonido, en una escuela de rock fusión del que en su momento no llegó a haber registro. La banda representó hacia 1983, año de su fundación, un resumen de músicas vigentes en esos años de dictadura, con referencias de distintas dimensiones de proyectos como Fulano, Santiago del Nuevo Extremo, Sol y Medianoche, Evolución, Quilín o Andrés, Ernesto & Alejaica.

Julio Numhauser

"Cambia, todo cambia" ha sido el gran aporte solista de Julio Numhauser al cancionero popular chileno, pero su trabajo musical ofrece vertientes más amplias y diversas que las de la pura cantautoría. Junto a los hermanos Julio y Eduardo Carrasco, Numhauser fue uno de los tres fundadores del grupo Quilapayún, y alcanzó a estar con ellos hasta su primer álbum, en 1967. Fue él quien buscó el nombre del conjunto y estableció el contacto con su primer director artístico, el cantautor Ángel Parra. Luego de su partida,  comenzó una larga historia musical con diversos conjuntos en los que siempre fue el compositor principal. Destaca entre ellos sobre todo el dúo Amerindios, uno de los nombres más frescos del movimiento de Nueva Canción Chilena.

Sergio Ortega

Los hitos contemporáneos se recuerdan muchas veces a través de las canciones que acompañaron a sus protagonistas. En Chile, la llegada al poder de la Unidad Popular, en 1970, tuvo dos grandes himnos, reconocibles popularmente hasta hoy, y no sólo en nuestro país. "Venceremos" y "El pueblo unido jamás será vencido" son las dos creaciones más famosas de Sergio Ortega, un músico nortino que califica entre los grandes nombres de la música chilena del siglo  XX, y que también se ocupó en obras para el mundo docto, teatral y cinematográfico. Se asoció, además, en proyectos creativos con los más grandes nombres de la Nueva Canción Chilena, como los conjuntos Quilapayún e Inti-Illimani.

Andrés Bobe

No sólo su muerte sorpresiva marca el recuerdo de Andrés Bobe. El fundador de La Ley fue uno de los músicos más activos de la escena santiaguina de pop-rock de los años ochenta, y apoyó el desarrollo de varias bandas de acuerdo a un método de excepcional profesionalismo, rigor y finura. Bobe falleció en un accidente motociclístico a los 32 años de edad, luego de editar un álbum junto a La Banda del Pequeño Vicio y otros cuatro con La Ley. De modo póstumo, y a modo de tributo, se editaron grabaciones solistas suyas que habían permanecido inéditas.  

Marta Contreras

Cantante de repertorio de piezas francesas e italianas, temas de amor, baladas swing, boleros cubanos y mexicanos, además de algunos tangos. Marta Contreras Cáceres (no confundir con la actriz y cantante porteña Marta Contreras Laporte) tiene una historia musical tan insólita como fascinante. Fue colaboradora del francés Georges Moustaki por veinte años mientras vivió en París desde la década de 1970, aunque antes de eso ya había cantado en el Olympia como telonera de a Johnny Halliday, en una serie de presentaciones en pequeños bares de la ciudad junto a Sylvie Vartan. Paralelamente, Marta Contreras grabó free jazz con el saxofonista afroamericano David Murray. En 1993 se fue de gira con los holandeses Flairck y cuando regresó, Moustaki, quien no estuvo de acuerdo con la idea, la marginó del grupo. A Chile regresó en 2005 y desde entonces ha cantado en el hotel Brighton de Valparaíso y en clubes de jazz en Santiago con el espectáculo “Música à la carte".

Los Chileneros

Los Chileneros albergaron a una importante generación de cantores que inauguraron la nomenclatura de “cueca brava”, estilo cultivado popularmente durante el siglo XX en Santiago y Valparaíso. Eran hombres de registro vocal alto y con la tradición del “canto a la rueda” siempre viva. Bajo la figura del cantor, poeta popular y autor Hernán Núñez, Los Chileneros serán uno de los principales referentes estéticos e identitarios de las generaciones de cuequeros ubanos del siglo XXI.

Rodrigo Vásquez

Rodrigo Vásquez es un especialista en percusión de ritmos afrolatinos, latin jazz y fusión. Formado en el Conservatorio de Música Universidad Federal de Bahía, Brasil, país donde vivió veinte años, aprendió también la disciplina cubana de los tambores batá y ha desarrollado en Brasil y Chile una amplia carrera como percusionista en vivo, músico de grabaciones, director musical y profesor.

Carlos Riesco

Premio Nacional de Arte en 2000, Carlos Riesco destacó como compositor y gestor, dirigiendo el Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile y presidiendo la Academia Chilena de Bellas Artes. Inició su formación como compositor en 1943 con Pedro Humberto Allende en la Universidad de Chile. Desde 1947 hasta 1949 estuvo en Nueva York y tomó cursos con David Diamond, Aaron Copland y Olivier Messiaen. Tres años después volvió al extranjero, primero a México para estudiar con Rodolfo Halffter, y luego a Francia, para matricularse en la clase de Nadia Boulanger.

Santiago del Nuevo Extremo

Dos momentos de la historia musical chilena se encuentran en Santiago del Nuevo Extremo. El grupo comenzó entre 1977 en circuitos universitarios, con un sonido acústico centrado en la guitarra, y terminó experimentando con teclados y saxos, casi una década después. Fundamentales en los circuitos antidictatoriales, el grupo llegó curiosamente dos veces al Festival de Viña del Mar y dejó varios clásicos de ese tiempo, como "A mi ciudad" o "Simplemente". Tras la edición de tres cassettes, en 1986 se disolvieron y todos sus músicos siguieron activos por separado. A partir de 1998, sin embargo, el grupo se reunió, en un proceso que ha tenido recesos, pero que mantiene saludable el mismo espíritu inquieto que los distinguió en sus primeros años.

Edgardo Riquelme

El solo de guitarra eléctrica sobre “Gracias a la vida” ejecutado ante 70 mil personas en el Estadio Nacional en marzo de 1990 como saludo al regreso de la democracia, no sólo representa el último momento de Edgardo Riquelme en un escenario importante. Es también una tesis de grado para sus propios años de estudio sobre una nueva música chilena, que se remontan a 1974 en Concepción. Esa tarde Riquelme puso una rúbrica de lenguaje contemporáneo y sonido desafiante a la interpretación del himno de Violeta Parra realizado por la Orquesta Sinfónica de Chile. Edgardo Riquelme es uno de los primeros ejecutores del encuentro entre la modernidad con la raíz.

Raúl Aliaga

Raúl Aliaga es un percusionista pionero de la música de fusión en los años '80 y su experiencia incluye diversos campos musicales. Artista de formación clásica, estudió percusión docta, fue parte de orquestas de televisión, grupos de rock y su nombre ha figurado en las alineaciones de grupos históricos de fusión como  Congreso, Latinomusicaviva y Fulano, como solista en diversos enfoques y arsenales percutivos, además marimbista y baterista.

Raúl Acevedo

Raúl Acevedo es el nombre de uno de los muchos obreros que tuvo en los años setenta y ochenta el movimiento del llamado Canto Nuevo, heredero de la Nueva Canción Chilena con las herramientas de la trova y la oposición a la dictadura. Encarna la figura del cantante con guitarra iniciado en los escenarios universitarios, fogueado por decisión propia en los espacios más populares de canto de barrio y resistencia, y que ha prolongado hasta la actualidad su trabajo según los dictámenes de la autodefinición que él prefiere, la de «cantor popular». O, en sus palabras, «la articulación de música y poesía en función de una identidad».

Cristina Gálvez

Tras su regreso a Chile en 1993 después de un largo período de exilio impuesto a su familia, la cantante Cristina Gálvez apareció como uno de los nombres de la apartura y una figura en torno a la música en la que confluyen la inspiración latinoamericanista y los soportes jazzísticos. Su música de fusión y su presencia como intérprete de MPB la llevaron a abrirse paso en la escena con un especial vínculo con el Club de Jazz capitalino.

Aparato Raro

Aparato Raro construyó uno de los sonidos más respetados del auge pop que tuvo lugar en Chile durante los años ochenta. Aunque se formó con integrantes provenientes del jazz, la banda desarrolló una propuesta tecno-pop centrada en el uso y el sonido de los sintetizadores, según una novedosa dinámica para la época. Aparato Raro toma su nombre, de hecho, del sintetizador Yamaha CS60 que Igor Rodríguez había adquirido durante su adolescencia en Suiza y que le permitió compaginar la música new wave con el concepto de lo electro. Aquel fue el verdadero «aparato raro» que guiaría la música del grupo. Temas como “Calibraciones” y “Ultimátum” entraron en radios e incluso en circuitos intelectuales, donde sólo Los Prisioneros tenían su lugar ganado. Por esta razón, y pese a su abrupto final del proyecto, Aparato Raro pasó a la historia como uno de los grupos más importantes en la última época de la dictadura militar, compartiendo una escena pop junto a agrupaciones como Electrodomésticos, Upa!, Emociones Clandestinas y los propios Prisioneros.

Marlon Romero

Marlon Romero es posiblemente el símbolo del jazz en Concepción, desde su temprana participación en distintos grupos de jazz, de fusión y de música experimental en los '70 hasta su rol como educador y gestor, y parte clave de una linaje de músicos en la ciudad.