1980

80

Capitán Memo

Aunque su rostro no sea el de un músico reconocible al instante, Juan Guillermo Memo Aguirre ha hecho famosas en toda Hispanoamérica sus canciones para programas infantiles. Durante décadas de trabajo en Estados Unidos, el chileno llegó a musicalizar las versiones en castellano de series animadas de enorme popularidad en los años ochenta, tales como La abeja Maya, El festival de los robots y Capitán futuro. Con sus canciones sencillas y de eficaces melodías, Aguirre es un músico inscrito en la memoria infantil de gran parte de los adultos de hoy, y cuyas esporádicas presentaciones en vivo confirman su enorme aunque atípico alcance. Su oficio, sin embargo, excede ese campo y lo inscribe como un prolífico compositor de canciones, jingles y cortinas televisivas.

Barroco Andino

Hasta la década de los '70, la música popular chilena había tenido interesantes puntos de intersección entre líneas de muy distinta procedencia. Quilapayún se había introducido en estructuras propias de la música docta al trabajar estrechamente con los compositores Luis Advis y Sergio Ortega, mientras Los Jaivas terminaron abordando el folclor con guitarra eléctrica y batería. Pero ninguna de ellas llegó a ser tan aventurada como el proyecto que impulsó el compositor y arreglador Jaime Soto León, quien en 1974 convocó a los primeros músicos del grupo que fue conocido como Barroco Andino. El nuevo horizonte de la música europea del período 1580-1760 interpretada ahora con instrumental, sonoridades y sensibilidades del mundo altiplánico y latinoamericano.

Santos Rubio

Santos Rubio es el más reconocido de los artistas que encierran todos los oficios del canto a lo poeta: cantor a lo divino y lo humano, poeta popular, payador y guitarronero. No sólo es hasta hoy un referente obligado de esa tradición. Ya a comienzos de los años 50 recibía de sus mayores la escuela del guitarrón y del canto a lo divino, y desde entonces enseñó esa tradición en escuelas y universidades, se presentó en encuentros de payadores y guitarroneros y grabó discos con Víctor Jara o con el elenco que en plena dictadura restituyó la popularidad de la paya junto a Pedro Yáñez, Jorge Yáñez y Benedicto Piojo Salinas. El Premio a la Música Presidente de la República que ganó en 2004 fue un reciente reconocimiento a su valiosa trayectoria.

Carmen Prieto

La línea cronológica de un bolero hecho en Chile largamente suspendido tras el época de oro de la industria discográfica y la radiofonía, se retomó a la manera solística cuando la joven cantante Carmen Prieto Monreal apareció en abril de 1990 en el Café del Cerro junto a un pequeño ensamble guitarras y percusiones cubanas. A través de su voz morena se replanteaba la fuerza poética y musical de aquellas canciones desagarradoras.

Eduardo Valenzuela

La televisión convirtió a Eduardo Valenzuela en un conocido cantautor pop, pero la matriz de su trabajo musical estuvo durante décadas en un rock atrevido y hasta experimental. Durante más de diez años (1968 a 1980), fue el guitarrista y parcial compositor del popular grupo Los Trapos, la pionera banda chilena en importar al país los códigos del primer glam (no sin escándalo, por cierto). El músico fue a fines de los años '70 también parte del grupo Miel.

Enrique Díaz

El norte profundo está presente en la música y la poética de Enrique Díaz, contrabajista, compositor, improvisador y experimentador cuya historia musical tuvo intensos capítulos en el Chile de la dictadura y en Alemania, país donde llegó para estudiar en 1987 y donde permaneció hasta 2006. Ese año regresó a su país para convertirse en académico de la Universidad de La Serena. Creativamente, Díaz ha realizado trabajos en frentes diversos, desde la música clásica y contemporánea hasta el jazz moderno, la fusión, la música étnica y la improvisación libre.

Lincoyán Berríos

Intérprete, compositor y profesor de educación musical, Lincoyán Francisco Berríos González emprendió a mediados de los años '80 un recorrido por conjuntos como Callejón, La Vía, Kimantú, Apus Jazz Bank y Mangüé, en los que se ha dedicado a la fusión de la música latinoamericana desde un vértice jazzístico y popular. Su trabajo más importante es La canción del roble blanco (2001), una obra en cuatro partes inspirada en la pérdida y el legado de su padre, y que es al mismo tiempo un tributo a los detenidos desaparecidos de la dictadura de Pinochet.

Francisco Astorga

Francisco Astorga Arredondo fue cantor a lo humano y lo divino, poeta y payador, y representó a uno de los centros importantes de la poesía popular chilena. Nacido en la localidad de El Romeral de Pilay (próxima a Codegua, en la Región de O"Higgins), fue el organizador del encuentro anual de payadores celebrado en La Punta de Codegua, uno de los más importantes del género, e iniciado en 1993.  Al igual que cantores como Juan Pérez Ibarra, de Pirque, y Arnoldo Madariaga Encina, de Casablanca, fue también uno de los grandes artífices del canto a lo divino en Chile. Activo también como docente, falleció en julio de 2021.

Sergio Sauvalle Echavarría

Sergio Sauvalle Echavarría, guitarrista, creador e investigador, es hijo de Sergio Sauvalle, integrante de Los Huasos Quincheros, pero en lugar de seguir la ruta musical de su padre, combina en su propuesta artística las tradiciones académica y oral chilenas, que ha investigado en terreno y en particular en los recursos de la guitarra.

Luisín Landáez

Aunque venezolano de nacimiento, Luisín Landáez fue  un personaje clave para la música chilena, y uno de los responsables de la penetración de la cumbia en este lado del mundo. Iniciado como cantante de orquestas, llegó a Chile en 1962, y se quedó quince años. Desde mediados de la década de los '70 alternó su residencia entre Chile y Venezuela, y cumpliendo escasas, aunque regulares, presentaciones en vivo, en las que recreó el inmortal repertorio que popularizó en Chile entonces, y que tuvo en sus versiones para los temas "Macondo" y "La piragua" sus más grandes contribuciones.

Fulano

Fulano creó uno de los sonidos más novedosos escuchados en la tradición de música chilena, alimentado con elementos del rock, el jazz y el avant-garde, e influencias provenientes de la música de Frank Zappa, Captain Beeheart y Hermeto Pascoal, entre sus principales fuentes. Con teclados, percusiones e instrumentos de viento como eje de su lenguaje, el sexteto se puso por encima de categorías, convirtiéndose en una de las propuestas más cercanas a una vanguardia en la golpeada y vigilada escena de los años '80. Su discurso antimilitar y antifascista fue un sello propio en la resistencia a la dictadura, aunque luego, tras el regreso a la democracia y sobre todo la muerte de su pianista jaime Vivanco, la banda se vio disminuida. El grupo regresó a la escena en 2009, tras seis años, pero las desaveniencias escalonadas entre sus integrantes referenciales terminaron por llevar a su fin la historia de Fulano en 2015.

Pepe Fuentes

Fue cantor y tomó la guitarra, el pandero o el bajo cuando había que tocar. Cuequero o tanguero si era por hacer bailar, autor y compositor si hacía falta repertorio, arreglador y director de grupos y grabaciones si era preciso llevar la batuta, fue también viajero y cronista innato a la hora de hacer historia y memoria. Son muchas las facetas de Pepe Fuentes, un hombre en el que coincidieron los oficios diversos del músico popular. Tuvo una carrera que avanzó desde conjuntos históricos como Fiesta Linda en los años '50 y Los Pulentos de la Cueca en los '80 hasta su llegada a las generaciones que en el nuevo siglo lo vieron en acción sobre los escenarios, a dúo con la cantante María Esther Zamora o con músicos actuales como Álvaro Henríquez. Chile y otros países en su bitácora, decenas de grabaciones como solista o con diversos conjuntos, el legado personal de su libro biográfico A la pinta mía (2014) y el Premio Nacional de Música Presidente de la República que obtuvo el mismo año son algunas marcas en su trayectoria infatigable.

Roberto Bravo

Dueño de un sitial entre los pianistas más destacados de Chile y América Latina, Roberto Bravo ha desarrollado una formación desde comienzos de los años '60 con maestros como Rudolf Lehmann y Claudio Arrau y en conservatorios de Varsovia, Moscú y Londres, pero también ha cultivado una dedicación por la música popular. Esa vocación se ha manifestado tanto en los repertorios de sus conciertos, en los que suele incorporar arreglos instrumentales para obras populares latinoamericanas, como en parte de su discografía, en la que ha grabado composiciones de autores como Silvio Rodríguez, César Isella, Luis Advis, Víctor Jara, Violeta Parra, Pablo Milanés y Astor Piazzolla en su serie de discos Para mis amigos.

Ramiro Molina

Desde la guitarra utilizada como una herramienta no convencional, Ramiro Molina ha sido uno de los solistas más comprometidos con la música liberada, un referente en este campo de la experimentación desde los comienzos del siglo. Compositor pero sobre todo improvisador, sus discursos acerca de la creación en tiempo real fueron definiéndose conforme avanzó el tiempo, primero desde el jazz de vanguardia con el grupo Fedón (1996), más tarde con el trío de experimental Turangalila (2001), y finalmente con sus diversos ensambles y asociaciones con diversos cultores de la improvisación que tuvieron espacio en Piso 3, gran epicentro capitalino de esta corriente, creado por el propio Ramiro Molina.

Jermán Tejerina

Cantor, músico, bailarín y luthier, a Jermán Tejerina la comunidad atacameña lo ha considerado un sabio. Es uno de los abuelos en San Pedro de Atacama que mantuvo y proyectó el canto tradicional con caja chayera por más de 60 años de actividad. Nacido en ayllu de Séquitor, en San Pedro de Atacama, fue un cultor referencial allí y practicó con su estilo y entusiasmo distintas expresiones culturales de su comunidad likanantai.

Los Luceros del Valle

Entre los grupos de música mexicana que germinaron en Chile en los años '70, Los Luceros del Valle se distinguen por el modo en que mezclaron los corridos con las cumbias y por las letras picarescas de varias de sus canciones. El principal éxito del grupo es el mejor ejemplo: "El animalito", con el característico coro "Este animalito no se cansa de jugar / se acuesta por un ratito y se vuelve a levantar".

Andrea Labarca

Como parte del ranking juvenil de Sábados Gigantes en la mitad de los '80, Andrea Labarca fue una de más de los participantes de ese espacio, que, sobre la base de covers de temas de moda, protagonizó un fenómeno mediático que la llevó incluso al Festival de Viña en 1987. Su retiro ante la caída de esos espacios televisivos, dejó a la cantante fuera de las pistas, al igual que sus contemporáneos, hasta que en 1995 ella resolvió recomenzar su historia, que desde entonces ha alternado momentos de actividad y períodos de receso.

Tita Parra

Los vínculos familiares han sido el principal ancla artística de Tita Parra, pero en ningún caso un fin en sí mismos. Cantautora, guitarrista y tecladista, la mayor de las hijas de Isabel Parra le ha dado forma a un cancionero de rasgos autorales, así como a un estilo de interpretación de raíz latinoamericana registrado tanto en sus propios álbumes como en los de otros músicos. Su discografía se distingue por una fusión que acomoda la raíz folclórica entre citas al jazz y a la música brasilera. Parte de su trabajo se ha dirigido por los derroteros exigentes de la electroacústica, con menciones escritas a problemáticas (identidad femenina, medio ambiente, meditación) de hasta entonces escasa reflexión en el cancionero chileno. Sus grabaciones y conciertos han contado con relevantes músicos de acompañamiento y apoyo, como, en diferentes momentos, Emilio García, Pedro Greene, Chicoria Sánchez y Manuel García.

Patricio Castillo

Por sus muchas colaboraciones con otros músicos y la impronta de su trabajo solista, Patricio Castillo puede distinguirse como uno de los integrantes más importantes que fue parte del conjunto Quilapayún, al que se integró muy joven y acompañó de modo intermitente hasta 1971 (para luego reintegrarse, por un período, en los años noventa). Castillo ha sido un destacado cantautor y multiinstrumentista, activo en la música por más de cinco décadas, dueño de una extensa discografía, recorridos por el mundo y asociaciones con gente como Isabel Parra, Víctor Jara, Los Jaivas y Amerindios.

Payo Grondona

Una de las voces más irónicas e incisivas surgidas en el contexto de la Nueva Canción Chilena fue la de Gonzalo Grondona, el Payo. Nacido en Playa Ancha y fogueado al calor de las transformaciones sociales de los años '60, Grondona se convirtió tempranamente en una figura ineludible para hablar del movimiento artístico del puerto, gracias a canciones llenas de humor, solidaridad y sutil denuncia, muchas de las cuales han resultado de una vigencia imbatible.