1970
Aunque venezolano de nacimiento, Luisín Landáez fue un personaje clave para la música chilena, y uno de los responsables de la penetración de la cumbia en este lado del mundo. Iniciado como cantante de orquestas, llegó a Chile en 1962, y se quedó quince años. Desde mediados de la década de los '70 alternó su residencia entre Chile y Venezuela, y cumpliendo escasas, aunque regulares, presentaciones en vivo, en las que recreó el inmortal repertorio que popularizó en Chile entonces, y que tuvo en sus versiones para los temas "Macondo" y "La piragua" sus más grandes contribuciones.
Con una popularidad forjada desde los años '70, y con episodios masivos en los años '90, Illapu es un nombre mayor en la música chilena. Nacieron como un sexteto de música andina, pero con los años fueron ampliando su estilo musical, incorporando bajo eléctrico, batería y otros géneros de la música popular. Más de 50 años de vida, una veintena de músicos que han sido parte de sus filas, siete años de exilio y una preocupación consciente por las temáticas cotidianas y la política chilena son el sello del conjunto, que hasta hoy llena estadios en todo Chile y tiene varias canciones con el status de clásicos de la música popular chilena.
El destacado folclorista Valericio Leppe (1937-2004) fue el principal impulsor de este proyecto de canción campesina, parcialmente inscrito dentro del movimiento de Nueva Canción Chilena. La agrupación fue integrando diferentes integrantes a partir de sus inicios, en 1968 —incluyendo a un principiante Pedro Yáñez—, si bien fue siempre Leppe la cara más representativa de su espíritu. Una breve reunión, hacia el año 2000, antecedió el fallecimiento del cantor y el fin del grupo.
Compositor casi autodidacta y odontólogo de fama internacional, Alfonso Leng llevó el postromanticismo a sus límites armónicos y con su poema sinfónico La Muerte de Alsino de 1920 inició una nueva etapa en la música chilena.
Compositor, gestor, impulsor y administrador, Domingo Santa Cruz cumplió un rol trascendente en la institucionalidad musical en Chile durante cuatro décadas y entidades cruciales como la Orquesta Sinfónica de Chile, el Ballet Nacional Chileno y la Facultad de Artes de la Universidad de Chile fueron establecidas gracias a sus esfuerzos. El musicólogo Juan Pablo González define a Enrique Soro (n. 1884), Pedro Humberto Allende (n. 1885) y Domingo Santa Cruz (n. 1899) como la tríada fundamental de la primera composición musical en Chile durante el siglo XX.
Canciones sin tiempo que hablan sobre personas comunes de paso por la vida, el carpintero, el pescador, la lavandera, el mendigo, el farolero, el soldado o el joven mochilero, marcaron la creación musical de Julio Zegers, trovador al que se le suele asociar con el Canto Nuevo aunque él se encontrara activo mucho antes de la consolidación de ese movimiento. El Festival de Viña del Mar fue una vitrina histórica para quien hasta su muerte a fines de 2025 aparecía como el único solista que había obtenido la Gaviota —el primer premio de ese popular certamen con impacto internacional— en dos ocasiones. En 2022 el cantor de pelo largo, barba y vestido de blanco de esos años '70, cuando apareció en la trova chilena, fue reconocido por la SCD como Figura Fundamental de la Música Chilena.
Dos momentos de la historia musical chilena se encuentran en Santiago del Nuevo Extremo. El grupo comenzó entre 1977 en circuitos universitarios, con un sonido acústico centrado en la guitarra, y terminó experimentando con teclados y saxos, casi una década después. Fundamentales en los circuitos antidictatoriales, el grupo llegó curiosamente dos veces al Festival de Viña del Mar y dejó varios clásicos de ese tiempo, como "A mi ciudad" o "Simplemente". Tras la edición de tres cassettes, en 1986 se disolvieron y todos sus músicos siguieron activos por separado. A partir de 1998, sin embargo, el grupo se reunió, en un proceso que ha tenido recesos, pero que mantiene saludable el mismo espíritu inquieto que los distinguió en sus primeros años.
Aunque Arturo Millán es una de las figuras que con frecuencia actuaron en la televisión chilena de los años ’70 y ’80, ya entonces tenía edad para traer mayor experiencia a cuestas. Se inició en los años ’50 como cantante de la orquesta de Izidor Handler. Para entonces era profesor normalista, nacido en Chillán, y fue contemporáneo de la generación gloriosa de cantantes de bolero chileno que incluye a Lucho Gatica, Antonio Prieto y Luis de Castro. Durante su carrera grabó canciones de éxito como "Mi amigo Pedro", "Yo tengo fe" y sobre todo "Mi papá, mi amigo", y fue parte de la generación de músicos que pasaron de la radio a la televisión a comienzos de los ’60. Actuó en Argentina, Perú, Venezuela y España, donde en 1960 ganó el Festival Internacional de la Canción de Benidorm, y obtuvo en dos ocasiones el primer premio en el Festival de Viña, además de ganar en el certamen de 1962 el segundo y el tercer lugar de modo simultáneo. Socio fundador y emérito de la Sociedad del Derecho de Autor, murió el 6 de junio de 1996 a causa de un cáncer, a los 68 años, poco después de haber lanzado los discos Que no se nos vaya el amor (1994) y Por siempre gracias (1995), con motivo de sus 45 años de carrera.
A los 23 años, y equipado apenas de una guitarra, Fernando Ubiergo protagonizó el más masivo fenómeno que ha generado un cantautor en Chile. A través de festivales televisivos, en plena dictadura, el joven se convirtió en un ídolo, abriendo un exitoso camino que lo llevó incluso a explorar una carrera internacional. Ubiergo es uno de los trovadores más importantes de nuestro país en el cruce del canto poético y la canción romántica, y varias de sus canciones son auténticos clásicos de la música popular chilena. Es imposible hablar de las décadas de los '70 y los '80 sin pasar por canciones suyas como "Un café para Platón", "El tiempo en las bastillas" o "Cuando agosto era 21", pero su carrera se mantiene activa hasta hoy, en la composición, publicación de discos y agenda en vivo. Situaciones cotidianas, versos de amor e historias sencillas son el sello de sus canciones, las cuales se entrelazan en una trayectoria que superó los 50 años de música. En 2024, tras públicar La vida es, el disco del regreso al canto, Ubiergo recibió el reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena, por la SCD.
Los Viking's 5 son parte de la segunda generación de grupos chilenos de cumbia. Nacidos en Coquimbo, en una zona especialmente prolífica en bandas tropicales, siguieron la huella abierta antes por La Sonora Palacios o Luisín Landáez en la mitad de los años '60, pero a la usanza nortina; esto es, cumbia con guitarra, bajo y batería, y sin sección de bronces. Su historia también es central para comprender el movimiento musical alrededor de una particular cumbia porteña en el Norte Chico.
Evangelista Soza Flores es una abuela atacameña, la denominación que en esta cultura y este territorio se le da a los depositarios de la sabiduría y las tradiciones ancestrales. Pastora, artesana, dirigenta social y cantora, ha sido una de las últimas defensoras de los cantos tradicionales y ceremoniales de Talabre, la zona del altiplano donde nació y vivió su niñez. El "Chururito", que se dedica al ritual del floreamiento de ovejas y cabras, fue uno de los cantos más significativos en su voz, registrado en dos momentos, sobre todo en el álbum monográfico Cantos talabreños (2023), primero y último de su historia.
Los Ángeles Negros fueron los creadores de uno de los pocos sonidos auténticamente originales que han surgido en Chile. La fórmula de la música romántica con instrumentos de rock constituye hoy día una ecuación universal del género, pero hasta 1968, cuando este grupo nació en un pueblo al sur del país, el formato existía muy excepcionalmente. Los cantantes románticos, por lo general, tocaban acompañados de guitarras acústicas –al estilo de Los Panchos– o con orquestas –en la tradición popularizada por Agustín Lara y otros grandes nombres. Germaín de la Fuente y su conjunto –con alineación de guitarra, bajo, batería y teclado- consolidaron y masificaron esa nueva fusión, que hasta hoy es el soporte más común de la música romántica de todo el continente.
Músicos en el exilio en Francia pusieron este proyecto en marcha a fines de la década de los '70. Formado principalmente por el pianista Matías Pizarro, el guitarrista Alejandro Rivera, el bajista Pablo Texier y más tarde el baterista Patricio Villarroel, Tamarugo se inscribió en la música de fusión, que tomó elementos del rock progresivo, el folclor sudamericano y el jazz moderno. Su único disco fue editado en 1979 en Francia. Tan lejos del mar presentaba canciones trovadorescas , con letras escritas para el conjunto por el poeta Gustavo Mujica, y revestidas con instrumentos electrónicos con un enfoque propio de la era de la fusión.
La cantante más sexy de la Nueva Ola fue también una de las más desafiantes y transgresoras en cuanto a actitud e imagen en una época de convencionalismos pop. Gloria Aguirre, hija del tanguista Pepe Aguirre, tuvo una breve historia como artista en Chile, dado que partió en 1970 a Estados Unidos para contactarse con compositores, acceder a nuevos repertorios y comprar ropa a la moda para sus futuras actuaciones. Pero terminó radicada en ese país y sólo regresó esporádicamente en visitas ajenas a la música. Su voz se recuerda en canciones como “Sabor a salado”, “Todo pasará” o “Taza de té”, que Gloria Aguirre alguna vez cantó para 50 mil personas en los espectáculos previos a los clásicos universitarios de fútbol en el Estadio Nacional.
Junto con figuras como el baterista Lucho Córdova, el tubista Domingo Santa Cruz o los pianistas Giovanni Cultrera y Pepe Hossiason (además de músicos, también ávidos difusores del jazz), un músico aferrado a las más profundas raíces jazzísticas llegaría desde la sureña Los Ángeles para incoroporarse a la escena de los años ‘50. Con el contrabajo o el trombón en las manos, pero sobre todo desde su trabajo como gestor y disc-jockey radial, Luis Artigas fue uno de los personajes de la época en que hot jazz chileno llegó a consolidarse totalmente.
Tito Fernández decía que no sabía escribir ni cantar particularmente bien, y que el escenario fue «una suerte de tortura necesaria: gracias a él puedo vivir, porque no sé hacer otra cosa». Sin embargo, convivió con logros únicos en el desarrollo de la música popular chilena, de entre los cuales la popularidad de canciones como "Me gusta el vino" y "La casa nueva" son los más inmediatos de reconocer. El Temucano fue un cantor capaz de cruzar audiencias, incluso en los períodos más divisorios de nuestra historia social reciente, tomando de la tradición folclórica aquella esencia narrativa que explicó su original razón de ser, y que supo combinar con los códigos de géneros populares, como el bolero. Las canciones de Fernández son historias para escuchar con atención, y si bien nunca buscaron redundar en los tópicos amorosos de la balada, transmitían un afecto entrañable por aquello que podríamos llamar nuestra identidad: el paisaje, la familia, la charla entre amigos, los brindis, la nostalgia.
Los Crawfish (o Los Cangrejos) fueron una banda de pop rock que nació en San Carlos en 1967, y que representa todo un epicentro musical de la zona. Cristián Blasser, baterista original de Los Angeles Negros, lo dice en el libro Como quisiera decirte, de Pablo Gacitúa, del 2014: "No hay ningún músico de San Carlos que no haya tocado en Los Cangrejos. Es la escuela de la música aquí. La mayoría de la gente que logró grabar alguna cosa nació allí".
Peruano de nacimiento pero porteño por adopción musical, Carlos Dávila Galarza es uno de los integrantes de La Isla de la Fantasía, elenco de Valparaíso que ha mantenido vivas las tradiciones de la canción popular del puerto. Hasta su muerte en 2011, este guitarrista y cantante aportó al conjunto la experiencia de más de medio siglo de música y vida compartida con la cantante Silvia Pizarro, más conocida como Silvia La Trigueña.
El conjunto Kamac Pacha Inti representa un punto de encuentro entre la popularidad que ganó la música del altiplano a mediados de los años ’70 en Chile, el cruce de esa raíz andina con el naciente movimiento del Canto Nuevo y la diáspora que ciertos músicos de la época protagonizaron al buscar otros rumbos fuera del país. Kamac Pacha Inti compartió ese frente con Illapu o Kollahuara y grabó con Alerce, el primer sello en prensar sobre un LP esas tres palabras del nombre del conjunto, que en lengua aymara significan "Gran Dios Sol". El grupo fue uno de los que señaló un camino emprendido luego por Huara y Arak Pacha.
Fue la presencia de instrumentos acústicos y letras en castellano dentro del ortodoxo rock chileno de los años '70 el principal aporte que representa el trabajo del dúo Andrés & Ernesto. Iniciados en pequeños escenarios del puerto de San Antonio, Andrés Godoy y Ernesto López llegaron casi en forma accidental al mundo del rock, constituyéndose a la larga en un número habitual de festivales y encuentros de la época.