Rock
Con más de cinco décadas de vida cumplidas a escala mundial y con la guitarra eléctrica como su arma predilecta de sonido, el rock es casi igual de antiguo desde su primera adopción en Chile a mediados de los años '50, y ha descrito una de las evoluciones más múltiples de la música popular local. Imitado al comienzo, chilenizado en parte por la Nueva Ola, transformado en himno nacional para el Mundial de 1962, puesto al día por jóvenes airados a fines de los '60, revolucionado por toda una nueva generación hippie y telúrica a comienzos de los '70, aguerrido bajo la dictadura, agitado por la new wave a mediados de los '80 y abierto hacia formas como el punk, el metal, el reggae o el pop, la música rock se ha multiplicado en un sinnúmero de nombres y tendencias desde los años '90 hasta la actualidad.
Existen nombres inconfundibles en la música popular chilena, pero el de Flor Motuda es excepcional incluso entre los músicos de más firme identidad artística. Suele definirse a su trabajo como extravagante o experimental, pero acaso su principal valor esté en cómo ha ofrecido una propuesta de reflexión social por completo novedosa; aguda como pocas en su descripción de lo más pedestre de nuestra convivencia.
En medio de la moda del britpop, Vonerick levantó sus primeros acordes. Un único álbum (Eterno milagro, en 2003) y dos minidiscos (los EPs Selva y Quiero tener un amplificador con las perillas de una cocina), fueron el balance de su trayectoria. «El disco tiene canciones más rápidas, pegajosas a la primera. Lo que hemos creado después está más ligado al intimismo y la nostalgia», explicaron sobre su sonido. Después de recorrer varios locales santiaguinos, hicieron promoción en medios mexicanos como Rocksónico, pero Vonerick terminó por diluirse poco más tarde, sin plasmar más de esos nuevos sonidos nostálgicos.
Humana es hardcore ilustrado. Todos sus integrantes fueron estudiantes de la academia de música Projazz en Santiago, y desde ahí el guitarrista Matías Figueroa y el bajista Miguel Morgado se inclinaron por las vetas estadounidenses más modernas del hardcore, derivación acelerada del punk rock, e iniciaron el grupo para aproximar su sonido al estilo de bandas de nuevo metal como Deftones e Incubus.
No alcanzó a pasar un año desde la disolución de Solar, cuando los guitarristas Alejandro Gómez y Ricardo Contesse volvieron a reunirse con otra banda en mente. Esta vez bajo el nombre de Alamedas ensayaron nuevas canciones inspiradas en la vieja escuela del blues, el pospunk inglés y algo de rock en español de los años ochenta. Durante algunos años, la banda fue el curso musical prioritario para ambos músicos, quienes, pese a algunos cambios de compañeros, mantuvieron un ritmo constante de presentaciones y grabaciones.
Canciones emotivas y cantadas con voces a veces desgarradas, delicados pasajes instrumentales y un permanente espíritu juvenil son ejes a partir de los cuales escuchar a El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco, parte de la camada de bandas surgida a mediados de la década de 2010 en Santiago.
Hederera de una antigua rama de rock de raíz folclórica iniciada por bandas como Los Jaivas o Congregación, Fakinmono está encabezado por el núcleo que integran el guitarrista Rubén Villalón y la carismática cantante Gabriela Urrutia. La dupla ha delineado la identidad de un proyecto que toma insumos del folclor latinoamericano procesado por la intensidad del rock pesado y también el rock progresivo, con material poético de abundante texto, letras existencialistas y llenas de abstracciones acerca del ser humando frente al mundo. Sus primeros álbumes son Seguir (2014) y El despojo (2018).
Gonzalo Planet es un músico de rock, bajista colaborador de una serie de bandas, entre ellas Los Santos Dumont y Fruto Prohibido, pero con mayor visibilidad fue su alianza en el grupo Matorral desde 2002 el más importante hito en su historia musical. También periodista, Planet cuenta con una valiosa una investigación sobre las bandas del beat chileno (Se oyen los pasos, 2004), y ha sido productor de discos del sello Cápsula y colaborador de solistas como Leo Quinteros y Felipe Cadenasso, compañero de ruta en Matorral. En 2012 realizó un disco experimental junto al poeta Enrique Winter, titulado Agua en polvo.
Encontrar un vocalista que cumpliera las expectativas del resto de los integrantes y demostrara inquietudes por experimentar en la música hizo que por este grupo desfilara una serie de postulantes que al final no tuvieron el mérito de quedarse con el puesto. Fue precisamente esa carencia la que con el tiempo se convirtió en la ventaja y el sello distintivo de Donfango: una banda instrumental que sólo a veces ocupaba el micrófono para lanzar frases —de ataques a emblemas del sistema capitalista— y que trabajó en lo que podría considerarse una apuesta musical arriesgada e innovadora en una época donde lo más extremo en Chile provenía del hardcore. Su historia se cerró con dos publicaciones propias y la participación en compilados de edición extranjera.
Guitarrista de jazz y rock, con participaciones en bandas como Los Armandos y Rey Choclo, además de colaborar con diversos nombres de las escenas del pop contemporáneo como la cantante y actriz Elvira López Alfonso, Camila Moreno, Juga di Prima, Patricio Cáceres y el grupo de poesía y rock González y Los Asistentes. Músico inquieto, también ha incursionado en los ambientes de la cueca urbana y de la bossa nova, en un dúo que mantuvo con la cantante Daniela Medel. Como músico de la escena jazzística de los años 2010 ha liderado un trío de clubes junto a Cristián Matas (contrabajo) y Carlos Nelidow (batería) y ha compartido sesiones con el tenorista Franz Mesko. En 2016 lanzó 18, disco solista de cinco canciones donde aparecieron como invitadas Natisú y el dúo Yorka.
Por historia y por creación, se puede considerar a Los Jaivas como la banda chilena de rock más importante de todos los tiempos. Su vigencia los iguala cronológicamente a unos Rolling Stones activos desde 1963, pero sobre todo es la propuesta de un cruce entre ese rock esencial y la incorporación de elementos del folclor que marcó la jerarquía de la banda viñamarina desde comienzos de la década de 1970. Los Jaivas fueron los impulsores de una escuela musical que unió el lenguaje natural de las guitarras eléctricas con la mística de las raíces latinoamericanas, andinas y sureñas. El gesto estético practicado por los hermanos Eduardo, Claudio y Gabriel Parra, junto con Mario Mutis y el carismático Eduardo Gato Alquinta desde comienzos de los '70, se transformó en el rasgo distintivo de la banda ciento por ciento chilena y que el mundo conoce como Los Jaivas. Esto es el estallido resultante de la fusión entre la tradición musical ancestral de Latinoamérica, las formas de la música docta y la electricidad de los instrumentos del rock. Sus caminos musicales se mantuvieron trazados durante los tiempos y aunque la muerte de dos integrantes haya obligado a renovar los nombres del quinteto original, su huella es la misma iniciada en 1963.
El capitalino colegio San Ignacio fue, en 1965, cuna de Los Trapos, una de las primeras bandas en Chile en manejar códigos de rock y glam, si bien nunca logró hacer coincidir su a veces atrevido trabajo con las más conservadoras preferencias del gran público. Como a muchos otros conjuntos de esa época, los ocupó por años la interpretación de covers (con lecturas para éxitos de Led Zeppelin, Grand Funk y Jimi Hendrix), hasta que la natural inquietud creativa llevó a sus miembros componer canciones propias. Sólo cuatro discos-single quedan como grabaciones para conocer hoy su trabajo, que algunos destacan por haber lanzado a la exposición pública al cantautor pop Eduardo Valenzuela.
Luego de ser parte del grupo Wentru, la cantante y compositora Francesca Santoro inició un camino como solista, construido con canciones que transitan por delicados arreglos pop, letras reflexivas, melodías nostálgicas y pasajes oscuros y eléctricos.
Banda dueña de un rock directo, crudo y potente, desplegado en energéticas presentaciones en vivo, Basabdos editó dos discos que evidencian su afición a tríos como Jimi Hendrix Experience o los argentinos La Renga y Divididos. Un hecho puntual convertiría a estos últimos en una referencia obligada durante los ocho años de carrera cumplidos por el grupo, entre 1998 y 2006.
Aunque el playero título oficial de una de las primeras canciones de The Ganjas es "Let's go to the beach", es su nombre original el que sintetiza mejor la dirección de este grupo de rock: "Manchester reggae". "Es por los dos lados del grupo: Manchester y el reggae. Tenemos temas reggae, temas sónicos y temas Manchester", han dicho, en alusión a la raíz jamaicana, al sonido espacial y a la nueva psicodelia irradiada desde esa norteña ciudad inglesa a fines de los ’90: de esas fuentes está hecha la música de este grupo, registrada ya en varios discos, mostrada en un trabajo en vivo incesante e internacional, y además generoso en la puesta en circulación de material de estudio, maquetas y compilados.
Muchos chilenos han formado bandas en el extranjero, pero Niños con Bombas destacó durante los años 90 como uno de los grupos rock con base europea de mayor carácter latino. Dos álbumes de golpeadora energía —«latin-cyber-punk», según propia definición— fueron el legado antes de su fin, tras el cual el músico Daniel Puente ha continuado con una persistente carrera solista hasta ahora.
Considerado el primer conjunto chileno jazz-rock establecido, según advierte el musicólogo e investigador Álvaro Menanteau, Quilín escribió una historia paralela a la oficial dentro de la música popular en nuestro país. Con más de 25 años de vigencia, jamás obtuvo el reconocimiento de un medio que en definitiva la transformó en una banda de culto por excelencia. Un proyecto único, que nunca se encasilló ni en los circuitos del rock ni en los del jazz, lo que generó a sus músicos todo tipo de contratiempos en los antiguos festivales del rock periférico y en los programas habituales de jazz, dado que en ninguno de ambos frentes Quilín fue plenamente reconocido como pares.
Montgomery fue un grupo de pop-rock, cuidadas melodías y parcial acercamiento a la balada latina. Durante sus diez años de trabajo alcanzaron a publicar un único disco, producido por el prestigioso Carlos Cabezas. Su formación de sexteto se apoyó en una singular combinación de tres guitarras. Trabajaron varios años bajo el nombre Areaselva, que cambiaron a Montgomery cuando ingresaron al estudio de grabación recién en 2006, para registrar su primer álbum, cuyo sonido les valió algunas comparaciones con La Ley.
Integrantes y exintegrantes de agrupaciones y bandas como Ensamble Escondido y Astrolabio conforman desde 2019 Salas F.C., conjunto centrado en la construcción de canciones bien sostenidas en sí mismas, de recursos austeros pero energía melódica firme. El nombre del conjunto es una doble cita a los vínculos familiares al interior del grupo y al entusiasmo futbolero compartido por los integrantes. Territorio virgen (2022) fue su primer álbum, continuado más tarde con nuevas grabaciones, shows y colaboraciones.
Como un trío de mujeres que durante su recorrido buscó sonoridades poco convencionales en el rock, apoyadas principalmente en la sección rítmica, D'Mulut consiguió defender un estilo propio en sus dos discos y seis años de presentaciones en vivo. Sonido e identidad se funden en el inusual nombre de la banda, de relación directa con su música ('mulut' es 'boca' en indonesio). Debutaron en junio de 2005 junto a González & los Asistentes, y su primer EP les permitió incrementar su presencia en escenarios de Santiago en 2006 y 2007. Berni Traub (guitarra) y Valeria Kierbel (coros) se convirtieron en invitadas permanentes desde entonces, y su vocación exploratoria llevó a la banda a enriquecer su sonido con sintetizadores y melódica, como quedó consignado en un segundo EP y en una actuación de fin año en la tercera versión del festival FemFest. La paulatina profesionalización del grupo tuvo su primer hito en julio de 2008 con el lanzamiento de Avant garde. «Vamos cambiando constantemente de rumbo», decía entonces Andrea Valdivia, y la conciencia de esos cambios fue un aliciente para que el flujo creativo no decayera por más de un lustro.
La cumbia ha sido la razón y sustento de Chico Trujillo, un grupo con varios integrantes venidos del rock, pero que a partir del 2000 abrió camino para la fusión tropical por la que luego continuaron una serie de bandas más jóvenes. Su historia ha sido esencialmente cosmopolita —su inicial formación y desarrollo se dio en Alemania, en paralelo al trabajo de varios de sus integrantes en LaFloripondio, conjunto al que con el tiempo terminarían por opacar en fama— pero su arraigo en Chile es innegable, como lo confirma la excepcional masividad de su difusión en vivo y radios. Una discografía de publicaciones más bien distanciadas entre sí sólo confirma que el eje central del trabajo del grupo es el de los conciertos. A Chico Trujillo se le entiende —y disfruta— mucho mejor en vivo.