Música infantil
Rondas, adivinanzas, parábolas, cuentos, trabalenguas y juegos, la música infantil se ha nutrido en su esencia de canciones simples, breves y de pocos acordes. Sin embargo, con el tiempo el género ha evolucionado hacia grabaciones más sofisticadas, con abundantes instrumententos y composiciones experimentales que caben por igual en ese campo de la música para niños, también llamada música para la infancia dado el peso que fue tomando en su transformación. Orientada a veces la primera infancia y en otras a prescolares o preadolescentes, en lo que usualmente se cree es una categoría reducida y acotada, caben propuestas musicales diversas que pueden sostenerse en la narrativa libre, el enfoque didáctico, la poesía y sobre todo la diversidad e inclusión social. La música infantil llegó a tomar un espacio propio en la historia y bien ganado como movimiento.
Una trayectoria con énfasis en la composición de música para cine, teatro y danza ha sido el camino profesional del pianista José Miguel Miranda. Junto a su habitual socio, José Miguel Tobar, se ha hecho cargo de muchísimas bandas sonoras de filmes y programas televisivos locales, aunque también deben destacarse trabajos suyos a solas para directores teatrales y coreógrafas. Su huella asoma en porciones del trabajo de nombres tan diversos como Electrodomésticos, Isabel Aldunate y Cometa, a los que ha apoyado como sesionista. El exitoso proyecto Tikitiklip lo vinculó por primera vez a la música infantil.
Epewtufe, voz mapudungún que significa "los que cuentan cuentos", es un elenco de música para la infancia encabezado por el compositor y multiinstrumentista Lincoyán Berríos (Callejón, Kimantú, Taller Taucán, Apus Jazz Bank, Mangüé). Basado en el concepto ancestral mapuche del "epew", el cuento que se transmite por la oralidad a través de generaciones, Berríos elaboró un proyecto para explorar temas en discusión en las sociedades modernas, como la aceptación de la diferencia, el bullying o el peligro de la adicción infantil a las tecnologías. Al mismo tiempo, Berríos escribió textos para cuentos infantiles, convertidos en canciones.
La reinvención del popular disco Tolín, Tolín, Tolán, de Charo Cofré y María de la Luz Uribe (1972), fue la base de este proyecto, uno de los más brillantes de la música para niños mostrado en Chile en los 2000. Gestado inicialmente por Alejandra Egaña y Paz Puga para acompañar una serie de doce capítulos de microprogramas, en los que se combinaban canciones y motivos artesanales chilenos. El proyecto fue creciendo, y tuvo una segunda parte, esta vez inspirado en piezas del Museo Chileno Precolombino de Santiago. La música ocupó inicialmente a la dupla Miranda/Tobar, pero fue incorporando con el tiempo a varios invitados, y a sostener luego una serie de shows en vivo, con destacados músicos a bordo.
Verónica Jara es una cultora del canto latinoamericano y la música de raíz folclórica, que ella expone a través de una propuesta de fusión. Autora, compositora, intérprete y educadora, su nombre tuvo un primer eco en la música chilena en 1998, cuando obtuvo el premio a la mejor intérprete de la competencia folclórica en el Festival de Viña del Mar. En esa oportunidad cantó la tonada punteada "Revoloteando en el alma", junto al grupo Viento. Diez años después, Verónica Jara volvería a competir en esa categoría, con su canción "Yo no tengo la culpa", pieza en 6/8 con guitarra eléctrica que titularía el disco que más representativo de su historial como cantautora: Yo no tengo la culpa (2011).
Parte de la primera generación del programa de talentos de TVN "Rojo, fama contrafama", María José Quintanilla fue entonces la menor de los participantes. Ese estatus de niña cantante empujó a muchas aspirantes que comenzaban en la canción mexicana en puntos diversos del país a subir al escenario. Aunque Quintanilla no ganó la competencia televisiva de 2003, su carisma, su talento vocal y el repertorio mexicano de corridos y rancheras la convirtieron en la intérprete de mayor popularidad de esa generación de jóvenes voces. Su primer disco dejó la alta marca como uno de los más vendidos en la era del CD, éxito refrendado por ella en su participación en el Festival de Viña del Mar de 2004, con catorce años de edad. Más adelante se convirtió en figura televisiva en programas familiares. Quintanilla se mantuvo fiel a sus orígenes rancheros como intérprete, estableciendo también puentes con la balada y el pop. Su carrera musical ha seguido activa por más de 20 años desde ese trascendente debut televisivo, con intensa actividad en escenarios de Chile, conciertos de gran popularidad, giras y presencia en festivales.
No hay sala de conciertos ni subterráneo donde el cuarteto Bendita Prudencia no pudiera montar uno de sus espectáculos experimentales: rock con instrumentos no afines, improvisación colectiva, puestas en escenas teatrales y canciones existenciales fueron parte de una propuesta que puso a Bendita Prudencia entre los proyectos de la vanguardia musical de su época.
Bordemar es uno de los más importantes grupos chilotes en actividad. Su cultivo del folclor de la isla —aunque con citas a otros géneros populares, como el jazz o el pop— ha sido ininterrumpido desde mediados de los años ochenta, y ha fortalecido una discografía de ineludible referencia para cualquier interesado en el género.
Parvularia en su origen, autora de libros para leer, pintar y cantar para niños y luego incluso conductora de programas televisivos infantiles, Patricia Holman Grossi fue transformándose cada vez más en educadora a través de la música y las canciones didácticas. Sobre todo tras el proyecto que en 1999 realizó junto a la sicopedagoga y premio nacional de Educación Mabel Condemarín, titulado "Juguemos a leer", que se convertiría prontamente en la amplia colección Canciones de todos los niños. Fue el punto de inicio para una sostenida creación musical dedicada a la edad preescolar.
Formado en 2010 con elementos provenientes tanto del grupo La Mano Ajena como de la compañía Tryo Teatro Banda, Teatro de Ocasión es un elenco que nace desde las artes escénicas pero se involucra directamente con la música para niños. Han sido uno de los proyectos pioneros en los espectáculos de teatro y música para la llamada primera infancia, niños de entre 0 y 6 años, aunque lógicamente su propuesta repercute en el público adulto. A partir de sus primeros montajes teatrales, Una mañanita partí y El viaje redondo, Teatro de Ocasión editó el disco Canciones de ocasión (2016), producido por Simón González, que reunió ese material de música incidental para obras teatrales. Con ese trabajo, el conjunto obtuvo el Premio Pulsar de 2017, en la categoría Música Infantil.
El origen de los Plumabits es un programa de la productora Zumbástico en TVN el año 2009: El experimento Wayápolis. El programa se trataba de un perverso (y delirante) plan de educar a los simios de una isla con un televisor que daba distintos programas. Uno de ellos era una banda de cuatro corpóreos que cantaban canciones como “Amor amoroso” o “Dinosaurio Rex”. Tras el final de programa, los videos de las canciones siguieron circulando en Internet, y el año 2011 fueron invitados a la sección infantil de Lollapalooza. Desde entonces, han regresado varias veces a ese escenario, grabaron dos discos y se presentan regularmente en vivo.