Música infantil
Rondas, adivinanzas, parábolas, cuentos, trabalenguas y juegos, la música infantil se ha nutrido en su esencia de canciones simples, breves y de pocos acordes. Sin embargo, con el tiempo el género ha evolucionado hacia grabaciones más sofisticadas, con abundantes instrumententos y composiciones experimentales que caben por igual en ese campo de la música para niños, también llamada música para la infancia dado el peso que fue tomando en su transformación. Orientada a veces la primera infancia y en otras a prescolares o preadolescentes, en lo que usualmente se cree es una categoría reducida y acotada, caben propuestas musicales diversas que pueden sostenerse en la narrativa libre, el enfoque didáctico, la poesía y sobre todo la diversidad e inclusión social. La música infantil llegó a tomar un espacio propio en la historia y bien ganado como movimiento.
Junto al reconocido grupo Mazapán, el ensamble convocado por el flautista Rodrigo García y el violinista Gonzalo Pinedo bajo el nombre de Zapallo, es una de las columnas más firmes y estables en la música infantil. Con una historia prolífica en cuanto a composición original, recopilación de material y grabación de discos desde los inicios de la década de 1980, sus canciones dibujaron la escenografía colorida y construyeron la imaginería para sucesivas generaciones de niños.
Solistas de las segunda y tercera generaciones de músicos que fueron formados inicialmente en la Conchalí Big Band integraron desde 2014 este proyecto orquestal comandado por el saxofonista tenor Andrés Pérez, que más adelante en la historia sería sustituido en la dirección por el tormbonista Alfredo Tauber. Conocido en sus primeros momentos como la "Conchalí histórica", la nueva big band tomó pronto el nombre de Mapocho Orquesta, inspirado en el barrio fronterizo del centro de Santiago donde instaló su cuartel general de ensayos. Pero de esa primera propuesta creativa, el conjunto dio un paso más allá al internarse en la música educacional, con la que generaron un proyecto social de impacto. Resultado de sus itinerancias, su relato y su propuesta de jazz para audiencias infantiles es el álbum El imaginario, ruidoso y resonante mundo de Fortunato y Mapocho Orquesta (2022).
El lugar común de designar a Mazapán como un conjunto de música infantil no es sólo un lugar común, sino una imprecisión. Mazapán es un grupo que ha explorado la música antigua, el pop, el folclor, el rock y hasta se ha internado en el método de la composición contemporánea para armar una de las discografías más ricas de la música para las infancias. Formado entre 1979 y 1980 por siete estudiantes de diversas disciplinas musicales, el grupo también fue la cuna de la carrera como solista de Cecilia Echenique y tiene inscrito en la memoria colectiva de generaciones el recuerdo de canciones inconfundibles como "La vaquita loca" (1980) y "Una cuncuna" (1981). Junto con Zapallo y Acuarela, Mazapán forma la tríada de conjuntos pioneros en la música para niños, y en 2024 recibió el Premio a la Música Presidente de la República junto con el reconocimiento de Figura Fundamental de la Música Chilena, de la SCD.
La reinvención del popular disco Tolín, Tolín, Tolán, de Charo Cofré y María de la Luz Uribe (1972), fue la base de este proyecto, uno de los más brillantes de la música para niños mostrado en Chile en los 2000. Gestado inicialmente por Alejandra Egaña y Paz Puga para acompañar una serie de doce capítulos de microprogramas, en los que se combinaban canciones y motivos artesanales chilenos. El proyecto fue creciendo, y tuvo una segunda parte, esta vez inspirado en piezas del Museo Chileno Precolombino de Santiago. La música ocupó inicialmente a la dupla Miranda/Tobar, pero fue incorporando con el tiempo a varios invitados, y a sostener luego una serie de shows en vivo, con destacados músicos a bordo.
La música para niños, por un lado, y el canto de raíz con contenido levantado por la Nueva Canción Chilena son las dos grandes puertas de entrada a Charo Cofré, aunque están también en su trabajo la calidez del folclor campesino y el coraje de la cantautoría en el exilio. Inspirada desde un inicio por Violeta Parra, y expuesta luego a las nuevas influencias que encontró en Europa, Charo Cofré firmó un cancionero reflexivo, a veces denunciante, apegado al paisaje chileno y a quienes lo habitamos.
Autora de los populares versos ‘‘Ayúdeme usted, compadre / pa’ gritar un viva Chile’’, Clara Solovera es una de las principales creadoras de la música típica chilena. Suya es esta clásica ‘‘Chile lindo’’ (1948), canción que encabeza la lista de himnos costumbrista de las tonadas chilenas, además de ‘‘Mata de arrayán florido’’ (1948), ‘‘Manta de tres colores’’ (1956), ‘‘Álamo huacho’’ (1963), ‘‘Te juiste pa’ ronde’’, o ‘‘Huaso por donde me miren’’, parte del repertorio que hace de ella una de las más prolíficas fuentes para la tonada.
Parvularia en su origen, autora de libros para leer, pintar y cantar para niños y luego incluso conductora de programas televisivos infantiles, Patricia Holman Grossi fue transformándose cada vez más en educadora a través de la música y las canciones didácticas. Sobre todo tras el proyecto que en 1999 realizó junto a la sicopedagoga y premio nacional de Educación Mabel Condemarín, titulado "Juguemos a leer", que se convertiría prontamente en la amplia colección Canciones de todos los niños. Fue el punto de inicio para una sostenida creación musical dedicada a la edad preescolar.
Desde inicios de la década de los 2000, Ana María Barría apareció como activa intérprete de música popular brasileña (MPB) y también como cultora de flamenco. Lideró distintos proyectos, en un abanico de múltiples variantes musicales: desde tríos eléctricos de MPB y bossa nova, hasta ensambles de cámara de música contemporánea brasileña y duetos vocales-instrumentales. Sus primeros contactos con la música chilena llegaron a su natal y lejano Puerto Aysén con el arribo tardío del Canto Nuevo y grupos de fusión como Congreso y Fulano, donde la agresiva performance de Arlette Jequier sería para ella una influencia.
Intimista, reflexiva y melancólica en su poesía, Francisca Meza es una trovadora de absoluta generación espontánea. A los 24 años tomó por primera vez una guitarra que se encontraba en su casa y cantó de una sola vez su primera pieza autoral, "Cosas por hacer", un auténtico manifiesto personal que dos años después fue grabada en su disco debut, Podas y brotes (2010). Fue un trabajo que la instaló en una generación de cantautoras que tienen como denominador común la raíz latinoamericana y la canción pop, como Paz Quintana, Carmen Salvador, Natalia Contesse, La Pájara y Javiera Barreau, entre otros nombres.
Bordemar es uno de los más importantes grupos chilotes en actividad. Su cultivo del folclor de la isla —aunque con citas a otros géneros populares, como el jazz o el pop— ha sido ininterrumpido desde mediados de los años ochenta, y ha fortalecido una discografía de ineludible referencia para cualquier interesado en el género.