Si bien la primera experiencia en esta modalidad estuvo vinculada a músicos que ejecutaban sus intrumentos para acompañar películas de cine mudo, con el tiempo la música incidental amplió sus rangos y se multiplicó como materia prima escrita especialmente para complementar otra actividad. El teatro y el cine han sido siempre territorios fértiles para compositores, que en los primeros tiempos provinieron de la academia. El concepto incidental se acomodó más tarde a otras experiencias, y llegó a conocerse también como “música para medios”, donde se integraba lo fílmico, lo escénico y lo gestual, y con la particularidad de una composición basada en el guión por sobre la imagen. Allí la música incidental también fue instrumento para recitales poéticos y muestras de artes visuales, lo que generó así una especialidad de nuevos creadores expertos en estos lenguajes.
Cellista y compositora de formación clásica, Ángela Acuña es una figura recurrente en los créditos de música incidental en el cine, en teatro y en televisión. Colaboradora de muchos musicos locales, desde el 2008 es parte de Malabia junto a Javiera Parra y Christian López, y el 2011 debutó con el disco solista Caverna, donde reunió sus trabajos por encargo para varios proyectos y canciones propias. En 2016 lanzó un segundo disco, con un mayor acento autoral: Música de Ángela.
Entre períodos de extensa pausa y asociaciones intermitentes, Icalma ha sido el alias musical o bien el proyecto solista del músico y arquitecto Philippe Boisier, cuyo pasado incluye el paso por el rock de tintes góticos junto a Lvna In Caelo, el punk-pop delirante de Panico, y la banda experimental Mambotaxi, formado a instancias suyas con el propósito de tocar en vivo la música que venía componiendo desde mediados de los años '90. Como Icalma, Boisier dio espacio a una creación personal que atravesó distintos espacios, desde la música incidental o música para medios, al diseño sonoro y el pop, en una propuesta muy característica de ambientaciones electrónicas austeras y evocadoras en convencido diálogo con el paisaje chileno.
Una trayectoria con énfasis en la composición de música para cine, teatro y danza ha sido el camino profesional del pianista José Miguel Miranda. Junto a su habitual socio, José Miguel Tobar, se ha hecho cargo de muchísimas bandas sonoras de filmes y programas televisivos locales, aunque también deben destacarse trabajos suyos a solas para directores teatrales y coreógrafas. Su huella asoma en porciones del trabajo de nombres tan diversos como Electrodomésticos, Isabel Aldunate y Cometa, a los que ha apoyado como sesionista. El exitoso proyecto Tikitiklip lo vinculó por primera vez a la música infantil.
Cuando en diciembre de 1988 se estrenó en Santiago La Negra Ester se largaba no sólo uno de los fenómenos teatrales más significativos en la historia de las tablas en Chile, sino también se afirmaba la puesta en escena de música que llegaría a ser entrañable. En ese montaje del director Andrés Pérez para la narración en décimas de Roberto Parra, se desplegaba el trabajo de la compañía Gran Circo Teatro junto a la interpretación en vivo de un trío con nombre de gran ensamble: La Regia Orquesta era un conjunto comandado por Cuti Aste, y que en las primeras temporadas de la obra incluyó también a Álvaro Henríquez y al trompetista Jorge Lobos. El propio Roberto Parra acompañó la preparación de su trabajo musical, recorrido de folclor, jazz, bolero y tango bajo auténtica clave de jazz guachaca.