Si bien la primera experiencia en esta modalidad estuvo vinculada a músicos que ejecutaban sus intrumentos para acompañar películas de cine mudo, con el tiempo la música incidental amplió sus rangos y se multiplicó como materia prima escrita especialmente para complementar otra actividad. El teatro y el cine han sido siempre territorios fértiles para compositores, que en los primeros tiempos provinieron de la academia. El concepto incidental se acomodó más tarde a otras experiencias, y llegó a conocerse también como “música para medios”, donde se integraba lo fílmico, lo escénico y lo gestual, y con la particularidad de una composición basada en el guión por sobre la imagen. Allí la música incidental también fue instrumento para recitales poéticos y muestras de artes visuales, lo que generó así una especialidad de nuevos creadores expertos en estos lenguajes.
Cuando en diciembre de 1988 se estrenó en Santiago La Negra Ester se largaba no sólo uno de los fenómenos teatrales más significativos en la historia de las tablas en Chile, sino también se afirmaba la puesta en escena de música que llegaría a ser entrañable. En ese montaje del director Andrés Pérez para la narración en décimas de Roberto Parra, se desplegaba el trabajo de la compañía Gran Circo Teatro junto a la interpretación en vivo de un trío con nombre de gran ensamble: La Regia Orquesta era un conjunto comandado por Cuti Aste, y que en las primeras temporadas de la obra incluyó también a Álvaro Henríquez y al trompetista Jorge Lobos. El propio Roberto Parra acompañó la preparación de su trabajo musical, recorrido de folclor, jazz, bolero y tango bajo auténtica clave de jazz guachaca.
Uno de los conjuntos más importantes en la historia de la cumbia ubica a un músico chileno como pieza fundamental de su engranaje, y es justo destacar a Sergio Solar por su indesmentible aporte al desarrollo de ese género, pero también por su excepcional lista de colaboraciones y nutrida trayectoria como arreglador, compositor y guitarrista de sesión en Chile y en el extranjero. Como director del grupo Los Wawancó, en Buenos Aires, Solar llevó por primera vez a espacios masivos ritmos folclóricos relegados hasta entonces a la costa tropical de Colombia, y con esos discos batió récords de venta y consiguió la atención de una audiencia internacional. Pero su biografía también anota grabaciones y encargos de arreglos para gente como los chilenos Antonio Prieto, Arturo Gatica y Rosamel Araya; y figuras internacionales como Raphael, Sergio y Estíbaliz, Los Andariegos, Les Luthiers y Alfredo Zitarrosa. Radicado en sus últimos años en Quilpué, su historia es la de un nómade de conquistas asombrosas y talento generoso, que hasta el final de sus días no dejó de ocuparse en encargos para músicos nacionales.
Con una larga residencia entre Estados Unidos y Alemania, Andrés Condon ha sido prácticamente un músico afuerino desde los años '90. Vinculado al sello de world music Mundovivo, Condon fue uno de los primeros guitarristas de explorar los sonidos y las narrativas de diversas culturas del planeta, en paralelo al trabajo de solistas como Alberto Cumplido, Antonio Restucci o Daniel Delgado, aunque menos académica o menos latinoamericanista según el caso. Una larga discografía refrenda su propuesta instrumental, lateralmente asociada a la música new age.
Violinista de formación clásica y compositor de músicas de distintas estéticas y formatos, Francisco Moreira Herrera se identifica con una escena de música mapuche urbana que tomó cuerpo a fines de la década de 2010 y que tuvo una primera visibilidad en los discos colectivos Ayekafe (2021). Es reconocido con el nombre de Vñvm, voz mapudungún que significa "pájaro", también escrito como VÑVM o Üñüm, según distintos grafemarios. En 2023 obtuvo el premio Pulsar en la categoría Música para Audiovisuales por el disco Inatugen (2022).