Funk y soul
Si la música soul elevó el alma hacia un cielo propio, el funk trajo al cuerpo de vuelta a la tierra. Soul significa “alma”, mientras que para la juventud de color en Estados Unidos la palabra funk significaba “cuerpo”, o más estrictamente, el aroma que exudaba el cuerpo en una pista de baile cuando sonaba esta nueva música. Funk y soul son entonces dos vías de acceso a la música de raíz afroamericana, que tiene sus orígenes en el gospel y el R&B, y más particularmente en el famoso sello Motown con una serie de artistas jóvenes como Sam Cooke, Ray Charles o Aretha Franklin durante los años '50 y '60 en el ámbito del soul, y con el James Brown de fines de los '70 como el máximo referente del funk.
El clan de los hermanos Cuturrufo, reconocidos músicos de Coquimbo, proyectaron su idea de una música contemporánea mestiza y terrenal, que utilizara las raíces del Norte Chico, desde la ancestralidad diaguita a las fiestas patronales, a través del ensamble denominado Cutus-Clan. Los Cuturrufo fueron históricamente una familia religiosa, devota del culto mariano y sus integrantes activos peregrinos al santuario de la Virgen del Rosario de Andacollo. Así fue como el compositor y percusionista Rodrigo Cuturrufo (n. 1968) llegó a crear primero el grupo Vernáculo, cuya música se planteó como ofrenda a la “Chinita” (Viva la Chinita de Andacollo, 1999). El Cutus-Clan representa la otra vida de los Cuturrufo, la de las boites, la cumbiamba, es decir la movida de la cumbia nortina, la improvisación jazzística y el rock.
Múltiple en sus direcciones musicales, Gissel Trujillo Roga ha alcanzado con una serie de álbumes de corta duración un relato concatenado alrededor de su alter-ego musical de Yih Capsule. Es su proyecto solista que inició tras un paso por Barcelona en 2014, donde se vinculó a la abundante escena del hip-hop catalán y que la encaminó a ser exponente de una música contemporánea de amplio mestizaje. En él, Yih Capsule considera elementos de ese primer hip-hop que cultivaba en las calles junto al grupo Arte Project Crew, pero también la asimilación de un fino R&B contemporáneo, junto al deep soul y la electrónica de medio tempo. Desde el EP Aurora (2015) en adelante, y con un intenso ritmo de publicaciones, Yih Capsule ha marcado una posición propia al interior de una escena underground, rodeada de productores, raperos, DJs y músicos de jazz.
Versátil baterista y estudioso de las músicas actuales, Cristóbal Tobar tiene una historia que transita en diversos caminos simultáneamente, entre el jazz sanguíneo en el que se inició hasta el drum and bass y sobre todo el funk en sus distintas dimensiones. Ocasionalmente DJ y activo músico de figuras del pop independiente como Pedropiedra, Mariel Mariel, Andrés Landon, Marcelo Vergara y el grupo Uruz, Tobar tuvo su estreno como líder con un proyecto de jazz funk al que denominó Nasty Trío y con el que en 2017 llegó al disco: Sucio y sensual.
Cantante y autora, Daniela Vivar ha asimilado diversas influencias estilísticas como intérprete, con formación vocal y horas de vuelo en los escenarios. Formada en el canto gospel, además de canto jazzístico, siendo niña se incoporó a la Conchalí Big Band, primero como trombonista y luego como solista vocal. Alumna de canto de Marcela Mahaluf, Daniela Vivar proyectó ese conocimiento de los repertorios hacia una serie de conciertos programáticos de jazz, blues y bossa nova, interpretando canciones universales. Como cantautora desarrolló un repertorio de canción pop que se nutre de esas mismas influencias, gospel, soul, jazz y raíz latinoamericana, lo que derivó en su álbum debut, Canción para ella (2025). Allí se rodeó de músicos de jazz como sesionistas en una producción musical depurada y que contó con la colaboración de Gustavo Figueroa, cantante de Raiza, en su canción "Solo por un momento más".
Pianista acústico de jazz y eléctrico de otras variantes pop, soul-jazz y funk, Edgardo Parraguez incluso se ha presentado como cantante solista frente a su instrumento. Ha grabado y actuado en vivo en el quinteto post-bop del saxofonista Paulo Montero, el quinteto avant-garde del baterista Hugo Manuschevich y en el trío con órgano Hammond junto al guitarrista Gabriel Feller y el baterista Andrés Celis, que estrenó en 2009 el nombre de Organik Trío.
Diez años de experiencia en grabaciones, giras continentales, premios y alta difusión junto a Los Tetas dejaron a Tea Time en una privilegiada posición como solista. El principal rimador y compositor de esa banda consiguió tener su disco propio en 2009, presentado entre otro montón de proyectos (incluso un libro de poesía) que reflejaba la diversidad de sus inquietudes. Camilo Castaldi, su nombre real, ha colaborado con varios músicos chilenos y ha sido parte también de grupos como Funk Attack y Criminal Jazz. Su trayectoria en la música muestra una extensa pausa, hacia 2017, debido a graves y públicas acusaciones de violencia contra una ex pareja, entre otros delitos, y que determinaron su expulsión de cualquier proyecto asociado a Los Tetas.
A pesar de que nunca desarrolló una trayectoria como líder, José Pepe Vergara es uno de los trompetistas más múltiples en diversas escenas musicales desde comienzos de los ’90. Un nombre recurrente en sesiones, grabaciones, orquestaciones y series en vivo como soporte de artistas e integrante de una camada de trompetas funcionales que van desde las orquestas televisivas y big bands swing y latin jazz, hasta pequeños grupos pop y funk: Gustavo Bosch, Cristián Muñoz, Patricio Pailamilla y el jazzista Sebastián Jordán entre sus nombres más comunes.
Debutó en 1974, comenzó a grabar en 1979, en sus inicios fue parte del movimiento cultural contrario a la dictadura de Pinochet, y esas coordenadas históricas pudieron moldear algunos de los rasgos musicales de este cantautor: un inconformismo a toda prueba, la virtud de no ser explícito en sus versos y la capacidad de desplegar las posibilidades de una guitarra acústica. Pero en el fondo su música no tiene edad. Hasta hoy Moraga tiene un pie en la bossa nova y otro en el funk, y en sus composiciones circulan el rock, el jazz, Antonio Carlos Jobim, Frank Zappa, Miles Davis, Spinetta, la Mahavishnu Orchestra y la Nueva Canción Chilena. Con todas estas fuentes, y aún al margen del negocio discográfico como una condición constante, el autor tiene escritas dos composiciones esenciales de la música popular chilena como "La vida en ti" y "Romance en tango", y su cancionero es un inventario de inquietud musical tan extenso como valioso. Entre 2006 y 2009 residió en París.
Hija de la comuna de Peñalolén, Miriam Vásquez toma el nombre musical de batalla de Myzty-k , que fonéticamente alude a una mística en tiempos complejos, una impronta propia y comunitaria. Cultora del verso hip-hop, el canto del soul y el R&B y próxima a una cultura mestiza afrolatina, Vásquez integró el elenco femenino clásico de Mamma Soul, la formación que grabó el premiado disco Fe (2001). Allí su voz era la que aportaba con el rap junto a las cantantes Moyenéi Valdés y Jeannette Pualuan. Antes de ello, incluso, había aparecido como una de las primeras raperas femeninas, en proyectos como Reacción Rebelde y Enigma Okulto. Tras su salida de Mamma Soul en 2012, reanudó su trabajo solista, que en un momento se vio interrumpido por un agresivo cáncer que más tarde superó. Sus discos son Sueños (2013) y Redención (2020).
La TribOo, es decir La Tribu, es un grupo de música afrolatina que explora y combina ritmos del reggae y el funk, además de las influencias de la fusión latinoamericana en sus amplias dimensiones. Pertenece a la oleada de agrupaciones de diversa música mestiza que ocuparon espacios en la década de 2010, como Newen Afrobeat, LaSmala, Manu da Banda, Chilombiana o Mousso, entre otras. El proyecto nació inspirado y como consecuencia de la movilización estudiantil de 2011, a partir del encuentro entre Pablo Roots, su principal compositor, el bajista Miguel Ávalos y la baterista Maite Rojas. Luego se fueron sumando integrantes hasta configurarse como ensamble de gran despliegue y formato escénico, con vestuarios coloridos, bailes y amplio arsenal de instrumentos, principalmente las percusiones y las voces. La TribOo llegó a considerar hasta catorce músicos y fue una plataforma para el despegue solista de, por ejemplo, la cantautora Valentina Marinkovic. En 2015 editaron su único disco, Canto a la tierra.
Voz aventurada y autorizada en los campos del reggae chileno y sus cruces mestizos hacia el R&B, el soul, el funk y e incluso el rap, Vanessa Valdez ha sido conocida como versátil corista. A comienzos de 2013 apareció con su propia voz con la canción "Escapar", el primer paso a una historia propia dentro de la música de raíz negra. A los dieciocho años se integró a la línea de voces de La Pozze Latina (2001-02) y poco después integraba su primer grupo significativo, donde fue cantante principal, Da Jungla (desde 2004). Sus colaboraciones incluyen apariciones en las bandas de Quique Neira, en colectivos como ZicutaEjecuta, y en grupos estables como Matahari, tres frentes estilísiticos que describen los territorios de la música pop en los que Valdez transitó. Pasaron más de diez años de trabajo en la música antes de que la cantante editara su primer disco, el EP Paso a paso (2015).
Soulfía es el nombre musical de Sofía Walker, cantante próxima a la tradición del R&B y el neosoul —de allí su pseudónimo compuesto—, aunque progresivamente fue trasladando su música hacia las corrientes del trap y el reguetón que dominaron sus tiempos. En ese cruce de mundos se gestó la música, la estética y la imaginería de Soulfía, con un set de canciones que promocionó a lo largo de dos años antes de publicar Génesis (2021), su primer mixtape. Sus canciones tuvieron un relato audiovisual paralelo a través de videoclips, y una gran carga sexual implícita. Soulfía se unió entonces a esa nueva aristocracia del pop que definió la música urbana y la generación Instagram y TikTok, a la ella que perteneció.
Mixturas que balancean melodías del R&B, soporte rítmico del hip-hop, atmósfera de la electrónica chill-out e ingredientes sonoros del jazz aparecen en la música de Ignacio Torres, cantante, compositor y multi-instrumentista de la joven generación del neosoul chileno que despuntó durante la década del 2000 y en su caso a los 20 años sobre el fin de esa nueva época para la música de raíz negra. En ese ambiente ha compartido espacios con nombres mayores del circuito, como colaborador de Pedro Foncea y de Matahari, banda que en 2011 teleoneó a Jamiroquai con Torres en los micrófonos del coro, además de Go y Carito Plaza como primeras figuras de un recambio generacional. Pero Torres también es parte de la oleada de voces y autores del soul que integran figuras como Martina Lecaros, Daniel Donoso, K-réena y más adelante Francisca Riquelme. Su discografía incluye títulos a lo largo de todos los años 2010: Ahora es cuando (2012), Unplugged (2016) y Esencial (2020).
Constantes viajes por América Latina han educado el oído musical y creativo de Tiano Bless, quien a solas y en colaboración fija hoy en Chile un sonido de raíz afrolatina y en dinámica soundsystem, enriquecida por su experiencia y disposición a la mezcla. Algunas de sus asociaciones musicales incluyen encuentros con gente como Moyenei Valdés, Rulo, Martina Lecaros y Matanza; así como de su propia Crew Family Bless, y en ellas alterna la composición y la producción. Bless es multiinstrumentista (toca violín, batería, piano y guitarra) y además cantante. Dice que el estudio de las tradiciones rastafari, hindú y africana son también parte de su impronta en la música. Ha mostrado hasta ahora en internet los discos Creavida (2010) y Sale a la luz (2016).
La rotativa de solistas vocales nunca fue un impedimento para el acid-jazz que montó Júpiter Jack en un activo circuito de clubes capitalinos de espacio reducido. Óscar Sepúlveda, su productor, guitarrista y líder lo estableció así desde los mismos comienzos como núcleo en el home studio y hasta su conformación como ensamble de escenario, inspirado en los modelos de versátiles proyectos ingleses como Incognito o Brand New Heavies, y desarrollando una propuesta musical sobre funk, soul, R&B y jazz electrónico.
Cantante y MC, Karin Hofmann se presenta como solista con el nombre de Ka Efe (K-Efe, K-F) en un proyecto propio, paralelo al de Sundaya, que ella integró desde sus años de vida en Nueva York. Sus canciones tienen una marcada carga sexual y musicalmente incursionan en espacios del neosoul y el hip-hop, a la vez que incorporan aspectos de las músicas latinas, ritmos de cumbia, pulsos urbanos e incluso elementos que provienen del flamenco, que ella bailó desde niña.
Chilena-estadounidense, Dominga Flaño se formó con las influencias musicales del blues y el soul que obtuvo de la ciudad de Memphis, donde nació. Con estudios posteriores de teatro musical en Nueva York, inició un proyecto solista presentándose únicamente como Dominga, a través de una serie de canciones soul de alta factura, donde los idiomas y los acentos se cruzan y confunden, además de un sonido denso y oscuro y letras cinematográficas. Dimension (2020), pronunciando en inglés, es su primer disco. Inspirada en la música de Portishead, Dominga Flaño reunió allí todo ese material destacado por piezas como "Bored of your pace", "Baba yaga" o "Outil magique", las más difundidas del repertorio. Fue grabado con músicos de Cómo Asesinar a Felipes y La Brígida Orquesta, además de la producción de Arturo Zegers, un trabajo que puso a la cantante en una órbita de solistas soul de su tiempo, como Sofía Correa, Ania Ivania, Soulfía y Esteza.
Entre la multiplicación de los artistas chilenos de soul, R&B y funk a mediados de los años 2000, la cantante Celeste Shaw hizo una aparición lo suficientemente diversificada como para poner su nombre en el circuito. Primero como de voz de apoyo y coros para músicos como Matahari, Raiza, Rapaces y Latin Bitman; y luego en una posición solista, que se concretó en Celeste (2012), con el que se sintetizaron sus propósitos en torno a la llamada black music. Pero ese mismo rumbo musical sobrepasó los primeros aprontes suyos en el campo del neosoul y ya para la publicación del disco Gracias por lo malo (2022), Celeste Shaw ya había desdoblado desde el canto a las rimas hip-hop.
Dos épocas definen la trayectoria del guitarrista Álvaro Severino, uno de los músicos que ha recorrido por diversos estilos de la música popular. Una primera etapa en Chile lo situó en los 2000 como músico de la escena juvenil del soul y el R&B, mientras que su vida en Alemania a lo largo de la década de 2010 le posibilitó ampliar su mirada como músico de jazz y de proyectos en los ambientes universitarios. Si bien hubo grabado un disco de standards en Chile, el plan que diseñó para el álbum Ngen-kürüf (2019) vino a ser decisivo en su madurez como compositor y guitarrista, siempre desde la óptica de la fusión latinoamericana.
Kya es el nombre musical de Macarena Videla, una exponente de la explosiva escena de la música urbana que se impuso en el paso de los años '10 a los años '20. Sus primeros aprontes en tiempos pandémicos la situaron en ese mismo campo musical, donde el trap fue central, pero poco a poco fue mutando hacia otros estilos hasta transformarse más en una figura del pop que sólo de la música urbana, siempre permeada por las influencias de la música R&B y los pulsantes ritmos de pista de baile.