Folclor
Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".
Cantor, payador, guitarrista y guitarronero, Benedicto Salinas Jiménez, conocido como el Piojo Salinas, es uno de los mayores cultores del canto popular chileno. Se inició en el folclor, integró el elenco de la Peña Chile Ríe y Canta creada en 1965 e integró una agrupación formada por Pedro Yáñez, Santos Rubio y Jorge Yáñez que en 1980 restituyó la popularidad de los encuentros de payadores. Músico comprometido además en la resistencia cultural después de 1973, sufrió el peor golpe de su vida cuando su esposa, su hijo y su cuñada murieron tras un operativo policial en 1986 y engrosaron el historial de víctimas de la dictadura. Desde entonces y hasta su muerte en 2008, la vida de Piojo Salinas fue una lucha entre ese drama personal y la chispa y picardía que desde antes habían caracterizado su carrera, una de las más significativas del canto popular en nuestro país.
«Fusión indígena con la fuerza del rock», es cómo definen su música los integrantes de Ayllantú, grupo chileno que a modo de influencias enumera: «mapuche, afro, Latin-jazz, fusión, Cuba, indígena y rock desde lo más profundo de nuestros sentimientos». Se fundaron en marzo de 1985, y en sus inicios cultivaron la música andina. Pero tras unos años de trabajo desarrollaron un repertorio latinoamericano también en sintonía con el rock, en nítida herencia de Los Jaivas. Así incorporaron guitarra eléctrica, batería y bajo, sin abandonar los colores musicales indígenas. En los años '90 Ayllantú se presentó en diversos festivales y programas de TV como "Tierra adentro". Su disco Sueños (2019), incluye una reobservación de "La partida", de Víctor Jara.
Es uno de los guitarristas y cantantes de la agrupación musical porteña La Isla de la Fantasía, reconocido a través de más de cinco décadas de dedicación a la música en Valparaíso como uno de los "viejos cracks" de la escena musical en el puerto.
Cantora, autora, poeta popular, arpista e intérprete de guitarra traspuesta, Jovina Pereira Pereira es conocida en Constitución como "La voz del mar". Se formó en la vida campesina en su más amplia y profunda dimensión, en el sector rural de Empedrado, cerca de Constitución. Allí vivió con su madre y su abuela cantora de trillas y fiestas populares del campo, quien le legó a Jovina Pereira el amor por el canto y la vida rural. En esa vida matriarcal aprendió secretos de la tierra, fue agricultora de autosustentación, intercambió productos en trueques y su vida transcurrió montada a caballo. A los siete años escuchó cantar a Violeta Parra en la radio y consolidó así un amor por el canto. A los diez años se trasladó a Constitución para comenzar sus estudios escolares y allí desarrolló la actividad musical desde joven, cantando en conjunto folclóricos y coros. Con uno de sus conjuntos más importantes, Voces del Mar, llegó a editar dos discos, y luego como solista publicó el álbum A Violeta (2017), grabado junto a su hijo arpista Raúl González con motivo del centenario de su natalicio, y Quisiera morir cantando (2025).
Inspirada en el folclor sureño y con la influencia directa de Violeta Parra y Víctor Jara, la cantautora angelina Pía Zapata se inició imitando a los voceadores del Mercado de Chillán. Su trabajo de autoría musical tomó elementos de ese folclor profundo y lluvioso y lo llevó a los espacios de la música moderna, sobre todo durante su vida musical que desarrolló luego en Valparaíso. Grabado con una banda de apoyo conocida como Pía Zapata, Tomate, Palta, su primer disco es Música de mimbre (2013), trabajo donde combina instrumentos como el tiple, el bombo chilote y el cajón peruano, con la guitarra eléctrica, bajo y batería.
Vinculado a la composición académica, la música experimental, el jazz y el folclor en dosis similares, Felipe Moreno (no confundir con el baterista del grupo rock y metal Duna del mismo nombre) es cultor de la guitarra campesina y el guitarrón chileno, que logró representar ampliamente a través del tercer disco del ensamble Anticueca, que él lideró desde 2012: Con guitarra y guitarrón (2019). Investigador de los trasportes para la guitarra y las entonaciones del canto a lo poeta, otro trabajo suyo en esta misma línea es Cantando me amaneciera (2020), donde toca sesiones libres para guitarra, guitarrón y piano a la vez que musicaliza relatos de la escritora y académica Rubi Carreño.
El canto, el guitarrón, la paya y la poesía popular son todos ingredientes de la tradición que se encuentran en Pedro Yáñez, uno de los más persistentes cultores del canto en Chile. Nacido en la ciudad sureña de Campanario, conoció desde esa cuna la raíz tradicional antes de llegar a Santiago, donde estuvo entre los fundadores de Inti-Illimani y del Dúo Coirón e inició su carrera entre movimientos tan principales como la Nueva Canción Chilena, el Canto Nuevo y el canto a lo poeta, del que ha sido uno de los mayores impulsores hasta hoy. Un nuevo hito en su camino fue el popular elenco de payadores que formó en 1980 junto a Santos Rubio, Jorge Yáñez y Benedicto Piojo Salinas, previo a su trabajo desarrollado desde entonces como abanderado de la paya en asociación con Eduardo Peralta y Cecilia Astorga, entre otros. En 1999 ganó el Premio Nacional de Música Presidente de la República.
Hasta el advenimiento al canto chileno de este rey de la talla y la paya, no se acostumbraba en los discos a interpretar este estilo, por el temor existente entre los directores de los sellos grabadores de que tales registros cayeran mal entre el público "culto" que los compraba. Cuando Críspulo Gándara fue llamado a grabar algunos discos para el sello Odeon, insinuó la conveniencia de "adornar" sus cuecas con algunas tallas de su cosecha. Por supuesto que le fue terminantemente prohibido cometer tal desaguisado. Sin embargo, luego de algunas pruebas, Gándara demostró que nada había de malo ni lesivo a los oídos de los que compraran las grabaciones, salvo si se considerara fuera de gusto la picardía criolla.
A través de una extensa carrera dirigida por su firme y a la vez dulce sello de autora, Isabel Parra se ha destacado como una de las más reconocibles voces de la música popular chilena, más allá de sus excepcionales vínculos familiares. La hija de Violeta, hermana de Ángel, sobrina de Roberto y madre de Tita —por nombrar sólo a algunos de sus parientes destacados en la canción— se caracteriza por una pluma delicada, pero de ácida observación cuando así lo dicta la contingencia; y es entre estos dos polos que se debaten sus más importantes composiciones. Es, entre otras cosas, la gran voz femenina de la Nueva Canción Chilena.
Varias líneas describen a Ignacio Reyes Guzmán en la música. Es payador, poeta popular, cantor, educador y multiinstrumentista. Como cultor del rabel, colonial instrumento de cuerda frotada previo al violín, llegó a publicar un profundo trabajo de recopilación que contribuyó al campo de la investigación y la divulgación del folclor a través de un repertorio de tonadas interpretadas con el rabel: Pretendo de hacer un ramo. Reyes ha sido también director del conjunto Décima Orquesta, un proyecto contemporáneo que vino a proponer una nueva idea para la paya.
Como «un mix entre investigación e interpretación musical» definen su trabajo los integrantes de La Chimuchina, un grupo de existencia intermitente que ha realizado una labor única en la difusión de instrumentos y formas musicales precolombinas. Su génesis estuvo vinculada a la investigación arqueológica, y en su formación han compartido espacio profesionales venidos de áreas de investigación como la antropología, el diseño, la etnomusicología y la música popular (por la experiencia al respecto de Cuti Aste, el único músico profesional en su formación).
Es entre múltiples colaboraciones que el talento del guitarrista y cantor Miguel Molina Bernales se ha ido mostrando a las audiencias, de acuerdo a una trayectoria de alianzas de excepcional variedad, en lo estilístico y generacional. Su guitarra ha sonado junto a leyendas del instrumento, como Pepe Fuentes, pero también en las incursiones en terrenos de la tradición del solista pop Gepe, entre otros muchos cruces. El músico nacido y criado en Molina (Región del Maule), y residente desde 2013 en Santiago, ha sido sobre todo impulsor de sus propias iniciativas musicales. Tras llevar adelante el proyecto de Los Dos Maulinos, centrado en repertorio campesino, mantiene hoy un quinteto bajo su nombre (Las Guitarras de Miguel Molina) y al Dúo Constanzo-Molina, donde junto a Claudio Constanzo ha extendido entre audiencias jóvenes un rico repertorio chileno que se nutre de históricas agrupaciones.
El paso por varios grupos y la compañía constante de la guitarra (eléctrica y/o acústica) ha ocupado por años a Rodrigo Pinto, músico autodidacta de actividad incesante en solitario y junto a grupos como Ábrete Gandul y Los Chinganeros. A partir del año 2007, Pinto se viene afianzando como solista, profundizando su interés experimental e incorporando timbres nuevos a su música, como los de la trutruka, charchas, pandero. La amplitud de influencias y géneros de trabajo es su marca más distintiva. Su interés por la improvisación lo ha hecho acompañar en vivo a grupos como Colectivo No y Ensamble por la liberación del Yugo. Sus discos Cabezaspinto y los dos volúmenes de The Erasmo tapes han aparecido hasta ahora bajo etiqueta La Viseca Records, sello que el mismo músico administra.
Guitarrista de versatilidad formativa y polivalencia en los escenarios, Cristóbal Menares —hermano mayor del contrabajista Pablo Menares— ha sido principalmente un sideman en el campo del jazz, desde lo tradicional a lo contemporáneo, y un investigador de las dimensiones de la guitarra, que lo ha llevado a incursionar desde el avant-garde hasta el folclor.
Compositora oriunda de Caliboro, en los campos del Maule, que aprendió el oficio musical por su familia, y que desde adolescente recibió, además de los referentes folclóricos de su zona, la importante influencia de la música popular chilena, desde Violeta Parra a Los Prisioneros. Con letras que abordan historias del campo y severas críticas políticas, Evelyn Cornejo se ha convertido en una de las creadoras más importantes de la generación de 2010.
Cantora magallánica, poeta y viajera, Naara Andrea González Iglesias tomó de su abuela materna el adjetivo de "andariega" para bautizarse en la música popular y emprender con ese rasgo un espíritu de trashumante que la ha llevado a distintos confines del continente, desde el último borde de Punta Arenas, donde nació, hasta la ciudad de Buenos Aires, donde ha realizado gran parte de su vida como Naara Andariega. Su primer disco autoral y conceptual llegaría casi una década más tarde de esos primeros recorridos: Cardinal (2021).
Una aproximación libre al folclor como raíz de todas las músicas ha llevado adelante Tatiana Passy Lucero González —más adelante rebautizada como LaTaty— a través de una creación mestiza que se proyecta desde allí. Esa experiencia también la alineó alinearse con la llamada "resistencia ternaria", concepto acuñado por el bajista Ernesto Holman, uno de sus profesores. Su primer disco es Küla (2020), una edición de doble temática entre la música de las raíces folclóricas y la transformación de esas mismas raíces, donde pone énfasis en los ritmos naturales de tres tiempos, principalmente representados por la cueca.
La diáspora protagonizada por los diversos músicos chilenos dedicados a las raíces latinoamericanas en el extranjero es, para el caso de Mauricio Venegas Astorga, también una diáspora interior. A partir de la música de raíz andina su oficio se disparó en direcciones tan diversas como la "música del mundo" y las bandas sonoras para cine y TV que son parte de la carrera de este músico, compositor, cantante y poeta nacido en Coronel, al sur de Chile, y residente en Inglaterra desde 1977.
En la historia de la música típica chilena, Los Cuatro Hermanos Silva están entre los intérpretes que en los años '40 renovaron ese repertorio con la actuación de mujeres en el rol de cantantes y figuras escénicas, y es el conjunto que con más persistencia ha exportado su música a nivel internacional, extendida desde el repertorio chileno al latinoamericano.
Quilapayún es la expresión más comprometida y política de la música en Chile, y al mismo tiempo un poderoso proyecto artístico. El grupo fue el mayor emblema de la Nueva Canción Chilena, el más identificado con el gobierno de la Unidad Popular, y su repertorio fue el que mejor representó, antes y después del Golpe Militar de 1973, a la izquierda política del país y de otras partes del mundo. En 1973, nombrados "embajadores culturales" por Salvador Allende, estaban en París el 11 de septiembre y allí comenzó su exilio. Los años siguientes tuvieron una intensa actividad de solidaridad con Chile y un proceso de renovación artística. El fin de la dictadura en 1988 significó la salida de algunos integrantes y un período de menor actividad. Tras algunas crisis, y la existencia de dos grupos que reclamaban el nombre Quilapayún, hoy continúan su historia, con músicos en Chile y Francia, y consagrados como una de las agrupaciones más importantes de la historia de la música popular chilena.