Folclor
Entendido en contextos locales, folclor proviene del concepto anglosajón impuesto a un fenómeno de música vernácula. El vocablo folklore (donde folk es pueblo y lore, su sabiduría popular) tiene un sentido purista: designa al sujeto original de la tradición, previo a toda interferencia urbana. Por esta condición previa a la industria, los cultores genuinos que grabaron discos en Chile son escasos y corresponden en exclusiva a cantoras campesinas de rodeo, como las incluidas en el disco Aires tradicionales y folklóricos de Chile (1944) editado por la Universidad de Chile. La industria musical empleó este término para designar, por sentido común y por desconocimiento de los cultores originarios, lo que desde un punto de vista urbano ha sido considerado "folclor": figuras de la música típica urbana o recopiladoras. Pero según la nomenclatura son definiciones distintas: los sujetos que investigan el folclor con criterio académico son los "folcloristas"; los cultores naturales son llamados "folclóricos".
Integrante de varios grupos de fundamental trabajo folclórico, el guitarrista Eugenio Moglia legó al cancionero chileno melodías enlanzadas a la poesía de composiciones como “Y con brotes de mi siembra”, “A ver si agarras confianza” y “Nadie le va a decir huacho”. Su estilo en la interpretación de guitarra y su habilidad para musicalizar versos ajenos fue de gran importancia para el trabajo asociado al llamado «folclor poético», y su técnica fue solicitada en grabaciones de Lucho Gatica, Ester Soré y Raúl Gardy, entre otros famosos intérpretes.
En el apartado de chilenos universales, Violeta Parra tiene pocos nombres a su altura. Aunque nunca ganó un premio Nobel ni lideró conscientemente una fuerza social, la compositora de "Gracias a la vida" logró ubicar su arte en muchos círculos y puntos geográficos, y desde su muerte, en 1967, su legado no ha hecho más que expandirse. Cantantes extranjeros de diversos géneros han grabado sus canciones; y centros de estudio, museos y libros mantienen activo hasta hoy el análisis de su obra inconmesurable, a la vez tradicional y pionera, vanguardista y popular. En 2017, tanto la institucionalidad chilena como el pueblo se volcaron a las calles para celebrar el centenario de su nacimiento, ocurrido el 4 de octubre de 1917 en la localidad ñublense de San Carlos. Y desde 2015, ese mismo 4 de octubre se celebra el Día de la Música Chilena.
Con kultrún en mano y a viva voz, la figura simbólica de la ülkantufe —"la que hace el canto tradicional de la tierra", en una traducción aproximada desde el mapudungún— ha representado la historia de Elisa Avendaño Curaqueo. Mujer mapuche, cultora, investigadora y transmisora de diversas sabidurías de su pueblo desde la década de 1990, su trabajo silencioso aunque resonante llegó a conocerse en Europa y Latinoamérica antes que en Chile, y le valió el Premio Nacional de Música en 2022. El acontecimiento, entonces, fue un absoluto quiebre en la hoja de ruta de un galardón que por ese tiempo se debatía entre la música de tradición escrita y la música popular. Elisa Avendaño Curaqueo abrió así un nuevo borde, al poner a la vista la música de los pueblos originarios.
Indudablemente los propósitos creativos de un compositor como Raúl de Ramón no hubieran alcanzado tal impacto en la música popular chilena de no haber sido por la presencia de María Eugenia Silva. Gracias a su participación como intérprete, la obra de de Ramón llegó a convertirse en un referente de la música de raíz latinoamericana de la época. Cantante carismática y recordada anfitriona en reuniones de música, Silva fue además parte del grupo de primeras mujeres que tomaron el folclor centrino y lo llevaron a escenarios de la ciudad.
La compositora, cantante y gestora cultural Paulina Pérez es parte de una generación de músicos que ha revitalizado la raíz de la canción latinoamericana, con enfoques que consideran influencias de un abanico que va desde el jazz al pop, como lo han experimentado Valentina Rodríguez, Cecilia Gutiérrez, Liliana Riquelme o Sara Pozo, en sus distintos ángulos. Su propuesta autoral se mueve entre esos límites para llegar a una fusión que quedó de manifiesto en 2016 en su disco debut, Cuando la mujer se vuelve canción.
Un legado de libros, discos y la memoria de sus compañeros conservan el trabajo de César Aurelio Castillo Bozo, resumido en el nombre con que es conocido entre los cantores: El Tranca. Poeta y payador, fue uno de los cultores nacidos en la Sexta Región como Leonel Sánchez Moya o Moisés Chaparro. En paralelo a su oficio de profesor, César Castillo desarrolló su vocación por la poesía popular, en particular la de su región, con diversas publicaciones y encuentros nacionales e internacionales, en un oficio que interrumpió con un final de tragedia cuando puso fin a su vida en 2005, a los 57 años, después de treinta años dedicados a la poesía popular.
Fue cantor y tomó la guitarra, el pandero o el bajo cuando había que tocar. Cuequero o tanguero si era por hacer bailar, autor y compositor si hacía falta repertorio, arreglador y director de grupos y grabaciones si era preciso llevar la batuta, fue también viajero y cronista innato a la hora de hacer historia y memoria. Son muchas las facetas de Pepe Fuentes, un hombre en el que coincidieron los oficios diversos del músico popular. Tuvo una carrera que avanzó desde conjuntos históricos como Fiesta Linda en los años '50 y Los Pulentos de la Cueca en los '80 hasta su llegada a las generaciones que en el nuevo siglo lo vieron en acción sobre los escenarios, a dúo con la cantante María Esther Zamora o con músicos actuales como Álvaro Henríquez. Chile y otros países en su bitácora, decenas de grabaciones como solista o con diversos conjuntos, el legado personal de su libro biográfico A la pinta mía (2014) y el Premio Nacional de Música Presidente de la República que obtuvo el mismo año son algunas marcas en su trayectoria infatigable.
Parte de la nueva generación de payadores nacidos desde los años '70 como Hugo González Hernández, Máximo Retamales Madariaga o Manuel Sánchez, Alejandro Cerpa trae además la poesía popular en la sangre. Su padre es Sergio Cerpa Sazo, El Puma de Teno, y de él heredó el nombre de El Pumita de Teno y el oficio de payador que desempeña junto a su trabajo como obrero agrícola en la comuna de Teno, en la provincia de Curicó. Ha participado en el disco Payando despedimos el siglo (2000) y en el programa de TV "El arte de la paya más allá de la rima" (1999), de Teleduc, además del contrapunto en décimas grabado junto a su padre en el disco binacional Poetas populares de Chile y Perú (2000).
Laura Villalobos es depositaria de una tradición maulina profunda, que ella conoció de la mano de las matriarcas de su familia, su bisabuela y su abuela, cantoras de la localidad de Melozal, cerca de Loncomilla, Cunaco y Emboque, y también de su madre cantora en Linares, donde Laura Villalobos nació. Esa transferencia de canto campesino y guitarra popular en sus manos tomó este y otros rumbos creativos cuando hacia 2011 se movilizó en las protestas y marchas en defesda del río Achibueno. "Hasta cuando" fue su primera canción de protesta, que presentó frente a un público, inspirada en gran parte por Violeta Parra y su contemporánea Camila Moreno, de quienes cantó "Al centro de la injusticia" y "Millones", respectivamente. También profesora rural, Villalobos vivió en Rari y en paralelo a su trabajo de cantautoría y de participación en diversos festivales maulinos, integró el grupo Los Choros del Canasto, que cultivaba música de ritmos y danzas centro y sudamericanas. Su primer disco solista es Caudal (2024), que en parte produjo en Chiloé. Presentó un conjunto de canciones de raíz donde asomaban aires de vals, tonada y cueca, además del uso de guitarra traspuesta, y la participación de músicos como Mauricio Vega, compañero en Los Choros del Canasto, y su madre Donatila Ríos.
En junio del 2004 nació esta facción de Inti-Illimani, con integrantes del legendario conjunto. El núcleo formado por Horacio Salinas –su director musical-, José Seves y Horacio Durán tuvo diferencias irreconciliables con sus ex compañeros en cuanto a la continuidad y la formación de Inti-Illimani, y por eso recrearon la agrupación que desde ese año se conoció como Inti-Illimani Histórico, autodeclarado heredero de la historia que el conjunto inició en 1967.
El conjunto Al Tres y al Cuatro toma la expresión chilenísima "andar al 3 y al 4", que significa "estar sin dinero", pero al mismo tiempo subraya el significado y la simbología del tiempo ternario que define en general a la música latinoamericana, en especial el vals y su dinámica en el 3/4. En efecto, el cuarteto aborda estos repertorios criollos peruanos del vals, con la voz de la cantante afrochilena Erin Rutledge, que integró también la banda Newen Afrobeat. El grupo, sin embargo, ha desarrollado una propuesta de refresco de la música de raíz acercándola al pop y el soul. Así se ubicó también entre una comunidad de cultores del vals, el bolero, la tonada o la cueca desde nuevos ángulos, como el Dúo Pajarito o el elenco Catalina y Las Bordonas de Oro, con quienes Al Tres y al Cuatro grabaron la canción "Acuario", de su disco EP A la vista (2025).
Una trayectoria de más de tres décadas como integrante del conjunto folclórico y familiar Maihuén de Los Ángeles, antecede la historia de Carla Cortés Poblete como cantora en una carrera en solitario. En ese elenco que promovió y popularizó una variante denominada "cueca romántica", discutida y no siempre bien vista por los folcloristas más radicales, Carla Cortés fue guitarrera y segunda voz para los requerimientos de esta canción que permitió atravesar espacios y alcanzar audiencias mayores. Un triunfo en el Festival de Huaso de Olmué de 2024, donde el conjunto se encargó de la obertura del certamen, marcó ese paso de Carla Cortés como cantora con nombre propio y como continuadora de aquella cueca de matices románticos. De hecho su primer disco con el sello Master Media, se tituló La voz romántica de la cueca (2024).
Quilapayún es la expresión más comprometida y política de la música en Chile, y al mismo tiempo un poderoso proyecto artístico. El grupo fue el mayor emblema de la Nueva Canción Chilena, el más identificado con el gobierno de la Unidad Popular, y su repertorio fue el que mejor representó, antes y después del Golpe Militar de 1973, a la izquierda política del país y de otras partes del mundo. En 1973, nombrados "embajadores culturales" por Salvador Allende, estaban en París el 11 de septiembre y allí comenzó su exilio. Los años siguientes tuvieron una intensa actividad de solidaridad con Chile y un proceso de renovación artística. El fin de la dictadura en 1988 significó la salida de algunos integrantes y un período de menor actividad. Tras algunas crisis, y la existencia de dos grupos que reclamaban el nombre Quilapayún, hoy continúan su historia, con músicos en Chile y Francia, y consagrados como una de las agrupaciones más importantes de la historia de la música popular chilena.
Conocido como el Pelao González, Fernando González Maldonado es de tierra de payadores y guitarroneros. Nació y creció en Santa Rita de Pirque, el suelo de patriarcas como Liborio Salgado y Santos Rubio. Fiel a esa tradición, es cantor a lo divino y lo humano y también payador, además de arpista, guitarrista e integrante del cuarteto de payadores Los Mentaos.
Cantora, intérprete de la guitarra traspuesta, recopiladora y profesora de música, Carla Catalán une fuerzas en el frente femenino de exponentes del canto popular, la raíz folclórica y la investigación de los saberes campesinos que experimentó una explosión durante la década de 2010. Junto a ella marchan también Carola López, Daniela Sepúlveda, Fabiola González, Andrea Andreu, Claudia Mena, Marilin Ulloa, entre otros nombres.
Cada vez que el más reconocible cantante de Inti-Illimani, José Seves, entona el homenaje a Víctor Jara que es "Canto de las estrellas", se escuchan los versos de Moisés Chaparro. Es la composición con que este autor ha trascendido hacia el gran público en su rol de compositor, con la base que le dan sus completos oficios de cantor, poeta popular y payador, su faceta más frecuente.
"Pop folclórico" es el término que eligió Delia Valdebenito para describir sus compocisiones, reunidas en Cantos del alma, su primer trabajo tras el disco introductorio de cinco canciones Delia Valdebenito EP (2014). Ese fue el primer nombre, un nombre civil, que ella utilizó como cantautora, aunque poco después fue transformándose a Delis Val. Su mirada de la música en la ciudad, su formación dentro de la música popular y sus estudios de canto con Arlette Jequier (Fulano, MediaBanda) y de composición con Jorge Aliaga, marcaron esa condición principal en el terreno del pop. Pero su cantautoría fue tomando además elementos del folclor chileno, sureño y andino, ritmos de 6/8 y aires naturales de la cueca y el huayno para depurar una propuesta con banda eléctrica, que pronto ubicó a Delis Val entre la nutrida escena de cantautoras en esta línea: desde Natalia Contesse a Pía Zapata, y desde Paula Herrera a Analí Muñoz.
Se llamaba Osvaldo del Tránsito Ulloa Lobos, pero quienes lo conocieron saben que su nombre más familiar era «Chosto», y que era una de las eminencias de la poesía popular en Chile. Nacido en el fundo El Principal de la ciudad de Pirque que siempre fue su hogar, Ulloa fue un devoto del canto a lo divino y un cultor natural del guitarrón chileno, herencias recibidas de su padre, Manuel Ulloa Cortés, también cantor a lo divino, que Chosto cultivó en encuentros de canto y guitarrón hasta su muerte, el 7 de octubre de 2010.
El vínculo con el entorno es rasgo natural en la obra de todo cantautor, pero en pocos esa ligazón es tan marcada como en Nicasio Luna. La Patagonia chilena es presencia constante no sólo de las letras del cancionero de este creador nacido en Cochrane, región de Aysén, sino también de las reflexiones en sus entrevistas con prensa y hasta en sus fotos promocionales. En sus discos, la zona extrema del sur de Chile es plataforma de historia y descripciones paisajísticas, pero también de denuncia y alerta sobre los intereses económicos allí en juego.
Jorge Yánez es una figura importante de la música chilena, aunque su dedicación a ella la ha alternado con otros oficios y actividades. La relevancia de su repertorio tiene como piedra angular desde mediados de los años setenta el célebre vals chilote "El gorro de lana" pero su trabajo excede esa canción y es protagónico de varios momentos de la historia musical chilena. Ha tenido éxitos en radios y su imagen goza de un amplio reconocimiento público, debido a su trabajo como actor en cine y televisión. El trabajo musical de Yáñez ha combinado la raíz folclórica con la poesía popular y la reflexión política, y se cruza en diversas etapas con los de otros destacados creadores, como el conjunto Los Moros y Benedicto Piojo Salinas. Su oficio como compositor lo acerca a los géneros de la cueca, la tonada, el vals chilote, la paya y la décima.