Música contemporánea
El concepto de música contemporánea se aplica a la música académica o docta creada después de 1945. Sus inicios se remontan a tres décadas antes cuando autores como Edgard Varese, Igor Stravinsky, Arnold Schoenberg, Anton Webern y Alban Berg plantearon cambios radicales sobre la armonía, la melodía y el ritmo. Es la época del expresionismo musical, la atonalidad, la dodecafonía y el neoclasicismo. A fines de la década de 1940, una nueva generación continúa con esos quiebres, dando origen a los cambios más rápidos y progresivos que conozca la historia de la música occidental. Se cuestionan entonces la naturaleza de la música, la notación, los actos de composición e interpretación y el lugar de la música en la sociedad. En los países europeos se prefiere el término "nueva música" y bajo su alero surgen corrientes como el serialismo integral, la música aleatoria, la música concreta, la música electroacústica y el minimalismo, las que son asimiladas de distinta manera en Chile por una generación de compositores a partir de la década de 1950.
Percusionista clásica formada en la Universidad de Chile y con estudios posteriores en Estados Unidos, Brasil y Argentina, Simone Caiafa ha sido una intérprete y proyectora en la música contemporánea chilena, además de educadora y formadora de nuevas audiencias para la música actual. En esos planos distintos estrenó cuantiosas partituras del siglo XXI, comisionando a compositores obras para percusiones en diversos formatos. Caiafa realizó registros fonográficos de este tipo de material en discos como Rutas, música para percusión (2023) y como pedagoga desarrolló su Método inicial para ensambles de percusión, inspirado en ritmos de Chile.
Proyecto innovador en la música de cámara chilena, el Sexteto Hindemith 76 fue pionero en el encuentro entre músicas diversas y estéticas dispares, lo que marcó un anticipo de la música de fusión latinoamericana, que hasta entonces estaba teniendo sus primeras experiencias con el grupo Congreso principalmente. Sus LP fueron El cantar de nuestra América (1975), con la contralto y futura Premio Nacional de Música Carmen Luisa Letelier, e In musica (1976). Mucho más adelante Donatucci y otros músicos reactivaron el proyecto, aunque con otra estética, y publicaron el disco Sinfónico, popular, universal (2016).
Pianista con estudios junto a Sergio Parra en la Universidad Austral de Valdivia, y de composición en Santiago con Alejandro Guarello, Jaime Barría Casanova es un compositor con perfeccionamiento en armonía y contrapunto, pero su currículo pesa, sobre todo, por su involucramiento con Bordemar, la agrupación de cámara que fundó en 1983 con el obejtivo de «rescatar, registrar y difundir el folclor de Chiloé», desde un foco contemporáneo.
Como miembro del cuarteto experimental Dolores Fiuler, Juan Pablo Rozas se aventuró tempranamente sobre la música de improvisación, libre y estructurada, más allá de su calidad de compositor docto formado en el Instituto de Música de la Universidad Católica con las figuras de los italianos Luigi Nono y Luciano Berio muy presentes. Justamente ante la enormidad de una institución de esta naturaleza, Rozas y sus compañeros en Dolores Fiuler reaccionaron con propuestas sonoras libres e insolentes, como una forma de crear “canciones de protesta”.
En países del Mediterráneo oriental la palabra 'aksak' representa las métricas irregulares, mientras que 'tacet' es la notación que indica silencio en una partitura. Ambos conceptos se unieron en la propuesta de los guitarristas Andrés Pantoja (n. 1981) y Cristián Alvear (n. 1979), de respectiva formación en las universidades Católica y de Chile. También fundadores del conjunto de cámara Cuarteto Latinoamericano de Guitarras (2006), una vez que salieron de ese ensamble se concentraron en este proyecto musical de formato variable (dúo, ensamble y colectivo), que se dedicó a interpretar obras para guitarra de compositores contemporáneos, pero además tuvo un acercamiento importante a la exploración de la música improvisada y al arte sonoro. A comienzos de 2011 Pantoja y Alvear editaron su disco debut, Dúo, con piezas de Astor Piazzolla, el cubano Leo Brouwer y el yugoslavo Dusan Bogdanovic, y luego actuaron en las Semanas Musicales de Frutillar de ese año.
Además de ser uno de los primeros compositores chilenos que adoptaron en su obra la dodecafonía y el serialismo, Eduardo Maturana fue un activo protagonista de la escena vanguardista que se estableció durante la década de 1960, con músicos como León Schidlowsky, Gustavo Becerra y Leni Alexander, entre otros. Suya es “Responsorio para el guerrillero”, emblemática pieza que describe este período en Chile, donde incorporó inéditos elementos al sonido de la orquesta y la narrativa sinfónica.
Cellista, compositor, improvisador, pero ante todo un músico experimental, desde Francia y desde España Matías Riquelme ha sido cultor de una música moderna y subterránea, llevada a cabo en solitario pero también a través de distintos ensambles que ha dirigido, como Cellp, proyecto que abordó el jazz, la electrónica, el rock, la música docta y la música improvisada en diversas dimensiones.
Saxofonista tenor y alto, compositor e improvisador, Cristóbal Castillo Lackington (no confundir con el saxofonista Cristóbal Castillo Benítez) se formó como músico en el espacio académico de la Universidad de Chile, siendo discípulo del maestro Miguel Villafruela, quien instauró el estudio del saxofón clásico en Chile. De hecho Castillo integró su reconocido cuarteto de saxofones como altoísta entre 2017 y 2022, junto a otros saxofonistas clásicos, como Alejandro Rivas y Karem Ruiz. Pero en el recorrido del oficio también adquirió instrucción en el campo del saxofón jazzístico, integrando, por ejemplo, la Big Guns, orquesta del estadounidense Carl Hammond, además de sumar muchas horas de vuelo en agrupaciones de música popular, como la Metropolitan Salsa Orchestra. Allí actuó como baritonista y grabó el disco Primer asalto (2015). En esa bivalencia entre lo docto y lo popular dio un paso más hacia 2024, cuando inició estudios particulares en Nueva York junto al saxofonista Bob Mover, y el trabajo desarrollado en la improvisación a la par de la composición, con las micropiezas que se encuentran en su primer disco. En el EP Música para 20 sonetos, realizó intervenciones libres sobre lectura de poesía del chileno Andrei Taiba Saca.
Compositor con trabajos en vivo y en estudio para múltiples búsquedas sonoras, Sebastián Vergara desarrolla una obra de diverso enfoque, piezas orquestales y camerísticas, además de trabajos en la electrónica de ambientes y secuencias, música para medios y propuestas de tipo experimental. En sus palabras, su trabajo musical busca "explorar la experiencia de escucha y producción de obra; trabajando la tensión entre el movimiento y lo estático, la contención y la liberación expresiva. También la visualidad y una narrativa implícita". Además de diversos encargos para imagen y arreglos para otros nombres en la música, Vergara se ocupa como docente. Tiene estudios de pregrado y posgrado en el área de la composición, los arreglos musicales, la estética y la filosofía.
Daniel Osorio es parte de la generación de compositores surgida en la década de 1990 desde la Universidad de Chile, como alumno de Pablo Aranda, y consolidada en la primera parte del nuevo siglo, ya como activo creador e investigador. Un segundo tramo de su trayectoria musical tuvo lugar en Alemania, donde se instaló para estudiar en 2005. Si bien su catálogo expone una serie partituras para instrumentos, Osorio fue derivando progresivamente hacia la electroacústica, que había estudiado a su vez con Edgardo Cantón. Así se situó en un campo intermedio de la electrónica mixta, escribiendo material para electrónica y diversos instrumentos, de modo que su nombre también se sumó a aquella generación que reimpulsó la electroacústica en Chile.
Creado y dirigido por el compositor y baterista Andrés Quezada, Narval Orquesta tomó la forma de un instrumento integral, desde la mirada que el músico planteó para una obra en sus inicios elaborada solamente en el computador. Ante esa necesidad de incorporación de timbres y colores, Quezada terminó convocando a solistas de distintas formaciones académicas y diversos ambientes musicales para poner en marcha una orquesta que deliberadamente situara su música "en tierra de nadie". El ensamble publicó una saga de álbumes entre los que destacó Botones (2022), nominado al Premio Pulsar en la categoría Jazz y Fusión en 2024.
Considerar a Marcelo Vergara sólo como una de las grandes voces masculinas aparecidas en la década de 2000, resulta mezquino. Además de cantante, Vergara ha explorado la música latinoamericana de raíz, es experto en música brasileña, compositor de obras doctas contemporáneas y autor de canciones pop. Pero sus discos Familia (2006) y Animal (2008) lo ubicaron inicialmente en un mapa de solistas junto Javier Barría, Mariel, Rodrigo Jarque, Pablo Rivas y la última Magdalena Matthey.
Premio Nacional de Arte en 1986, este compositor y pianista produjo un aporte notable al quehacer cultural chileno, ejerciendo la docencia y la crítica musical por más de tres décadas.