Sergio ‘Tilo’ González

Sergio Hernán González Morales, que en el medio musical es conocido como Tilo, es compositor, baterista y fundador de Congreso, conjunto en el que es autor de obras cumbres como Pájaros de arcilla (1984) y Los fuegos del hielo (1992). Con estudios clásicos de percusión, ha sido además uno de los precursores chilenos en el uso de los ritmos latinoamericanos aplicados a las músicas modernas, como el rock, el jazz y la fusión.

Fechas

Valparaíso - 09 de octubre de 1952

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Sergio 'Tito' González

Milena Bahamonde

Nacido el 9 de octubre de 1952, se ha hecho más conocido en la batería y de hecho la Asociación de Trabajadores del Rock, ATR, lo reconoció en 1996 como el mejor baterista de Chile, pero también es uno de los compositores más extraordinarios del país y ha trabajado como productor de músicos como Mario Rojas, Magdalena Matthey y del sello Machi.

Teoría, solfeo y la generación de las flores
Es hombre urbano pero de provincia. Es tranquilo pero líder. Consta en su cédula de identidad que nació en “el puerto”, según figura en el documento el nombre de Valparaíso, ese ancladero de la arquitectura a punto del derrumbe que dejó cuando niño para crecer en un terruño aislado, el Quilpué de los ’60.

Maduró anticipado a los diecisiete años tras la muerte del padre y se enfrentó a la urgencia de “ganarse” la vida, pero antes, a los once años, había recibido el primer sueldo: una caja de tallarines, tras ejercer la función de músico en una kermés de la compañía de bomberos de Quilpué, recinto al que la fábrica Carozzi apoyó con algunos kilos de pasta a modo de remuneración para los artistas involucrados.

Tilo González se inició a la música casi sin saberlo. A los diez años acompañaba a sus hermanos, que estudiaron guitarra en el colegio. Algo más crecido asumió la pertenencia a la generación de las flores y de la psicodelia, y mientras se dejaba crecer el pelo levantaba el estandarte de las utopías de los ’70. Templó su juventud en plena consagración del pacifismo hippie.

Baterista autodidacta absoluto, “sacaba todo de oreja”. Tocaba con tarros, sin siquiera un instrumento profesional. Su primera batería fue manufacturada con cajas de dulces, cilindros de helados y pedales de madera con elásticos, y en esa cosa practicó hasta que en su décimocuarto cumpleaños su padre bajó del tren con una batería hecha y derecha.

Poco a poco fue entrando en la escena, al inicio con canciones bailables en un café, luego con algunas lecciones musicales recibidas de un matrimonio de profesores de Villa Alemana, y más tarde matriculado en la Escuela de Bellas Artes de la Quinta Vergara en Viña del Mar. Le queda el recuerdo del tedio de los sábados en la tarde consumidos en la estricta práctica del la teoría y el solfeo. Ya con diecisiete años tuvo su primer trabajo estable como músico en la discoteca Topsy de Viña del Mar. Luego, inscrito en la carrera de arquitectura de la Universidad de Valparaíso, inició la educación superior. Se debatió a gusto por tres años con cátedras de arte, matemáticas y la elaboración de maquetas hasta el golpe de estado de 1973.

De Los Masters a Congreso
En los ’60 tres grupos musicales hacían furor en carnavales y colegios de la región: Los Masters, Los Sicodélicos y los High Bass. Los Masters eran los tres hermanos González Morales –Patricio, Fernando y Tilo– y por Fernando Hurtado. Los Sicodélicos emulaban a los Beatles, liderados por Frankie, como se hacía llamar entonces Francisco Pancho Sazo. Y los High Bass era una agrupación viñamarina conformada por Claudio y Eduardo Parra, Mario Mutis, Gato Alquinta y Gabriel Parra.

Los tres proveían a las festividades de la época de ritmos bailables, covers y toda clase de sones tropicales. Vestidos de uniforme, acorde a la usanza de chicos buenos de Liverpool y al protocolo impuesto por las orquestas de jazz en el Chile de los ’50, Los Sicodélicos usaban chaqueta azul, y Los Masters chaqueta roja. Después vino un quiebre. Llegaron las flores y los pantalones rayados y nadie siguió usando uniforme. Los High Bass pasaron a ser Los Jaivas, y Los Masters y Los Sicodélicos se fusionaron para dar vida a Congreso, configurado por la trilogía de los hermanos González, Fernando Hurtado y Francisco Sazo.

Desde su inicio, Congreso combinó colores instrumentales latinoamericanos con instrumentos eléctricos en una propuesta multifacética. Participaron en el Festival de Nueva Canción Chilena por su filiación rockera, y en 1970 grabaron su primer single, con “Maestranzas de noche”, poema de Pablo Neruda musicalizado por Fernando González, y “El cóndor pasa”, música tradicional con letra de Francisco Sazo. Un año después lanzaron su primer disco de larga duración, El Congreso (1971), donde Tilo se hace presente como autor de la canción “Has visto caer una lágrima”.

El baterista descubrió su vocación de compositor luego de dejar la carrera de arquitectura y trasladarse a Santiago a estudiar percusión en la Universidad Católica. Ahí fue crucial que conociera las obras de compositores como el argentino Alberto Ginastera y el brasileño Heitor Villa-Lobos. Estudió con Alejandro Guarello, Guillermo Rifo (con quien participó en la primera formación del Grupo de Percusión de la universidad) y Carlos Botto, y fue junto a Guarello y a Ernesto Holman que se lanzó a la experimentación. “Queríamos ver cómo se podía hacer una música sinfónica con sesenta instrumentos en un trío”, explicaba.

El cancionero de Tilo
Desde una iniciática canción contra la guerra que compuso por los ’70 hasta la fecha, González es autor de un grandísimo porcentaje de las obras de Congreso. En Terra incógnita (1975) firma “Vuelta y vuelta”. En Congreso (1977), “Volantín de plumas” y la música de “El color de la iguana”, “Si te vas”, “Tu canto”, “Los elementos” y “Arco iris de hollín”. Es autor de “El descarril”, “Undosla”, “Viaje por la cresta del mundo”, “El último vuelo del alma” y “La tierra hueca” (de Viaje por la cresta del mundo, 1981); “El último bolero”, “Sur”, “Primera procesión”, “… Y entonces nació” (de Ha llegado carta, 1982), y “Andén del aire”, “En la ronda de un vuelo”, “Voladita nortina”, “Alas invasoras” y “Allá abajo en la calle”, de Pájaros de arcilla (1984).

En dupla con Francisco Sazo ha desarrollado otro gran contingente de creaciones en los discos Estoy que me muero (1986), como “Canción de Nkwambe”; Para los arqueólogos del futuro (1989), como “Hasta en los techos”, y Los fuegos del hielo (1992). También son suyas “Aire puro”, “Música para tu regreso”, “El sombrero de Rubén” (de Aire puro, 1990), “A un cometa herido”, “Ángel, dónde estás” (de Por amor al viento, 1997), “La loca sin zapatos”, “La última mirada”, “Mi corazón en dos”, “Estoy que tiro la toalla” y “… También es cueca”, de La loca sin zapatos (2001), entre muchas otras. En 2013 escribió arreglos orquestales para la grabación del disco Congreso sinfónico, álbum junto a la Orquesta Sinfónica Universidad de Concepción que concretó el viejo anhelo de González de llevar la música de fusión de Congreso a un contexto filarmónico.

Un dato aparte en la faceta creativa de Sergio González es su experiencia durante los diez años en que ejerció como profesor de percusión en la Universidad Católica de Valparaíso y entre 1986 y 1987 tocó jazz-rock en el grupo Kameréctrica, del violinista Roberto Lecaros. Compuso además las pequeñas piezas instrumentales para ballet Trozos para un coreógrafo y la banda sonora de La última huella (2001), documental de Paola Castillo que trata la urgencia de registrar las voces de las hermanas yaganas Úrsula y Cristina Calderón, últimas sobrevivientes australes. En 2002 el documental obtuvo mención honrosa en el Festival de Cine de la Infancia y la Juventud en Mar del Plata (Argentina).

En el último tiempo, en paralelo a Congreso, Tilo González ha trabajado solo y con otros músicos como Andrés Márquez, Magdalena Matthey, Alexis Venegas, QuelentaroMario Rojas o Marcelo Aedo, y en 2002 fundó el sello discográfico Machi para abrir espacio a nuevos creadores además de su propio trabajo, una lengua musical propia ha hecho posible el encuentro del mundo latinoamericano.

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