Funk y soul

Si la música soul elevó el alma hacia un cielo propio, el funk trajo al cuerpo de vuelta a la tierra. Soul significa “alma”, mientras que para la juventud de color en Estados Unidos la palabra funk significaba “cuerpo”, o más estrictamente, el aroma que exudaba el cuerpo en una pista de baile cuando sonaba esta nueva música. Funk y soul son entonces dos vías de acceso a la música de raíz afroamericana, que tiene sus orígenes en el gospel y el R&B, y más particularmente en el famoso sello Motown con una serie de artistas jóvenes como Sam Cooke, Ray Charles o Aretha Franklin durante los años '50 y '60 en el ámbito del soul, y con el James Brown de fines de los '70 como el máximo referente del funk. 

Chancho en Piedra

Una carrera extendida y de amplia difusión mantiene Chancho en Piedra hace casi tres décadas, dándole vida a una de las bandas de rock más exitosas de los últimos años en el país, y que, en un rasgo poco frecuente, consiguió cumplir un cuarto de siglo sin cambios de ingrantes. Un sonido rock de base funk, y letras que le han encontrado incontables aristas al humor juvenil son la marca de un grupo de seguimiento leal, discografía extensa y permanente actividad en vivo. La salida de Pablo Ilabaca, comunicada en abril de 2018, rompió el núcleo fundador e marcó el inicio de una nueva etapa para la banda, que hoy se mantiene con Cristián Moraga (C-Funk) como guitarrista.

Ariel Pino

El cerebro y motor del grupo nu jazz Alüzinati fue un agudo conocedor de los teclados setenteros, y seguidor de músicos funk como Herbie Hancock o Bernie Worrell. Toda una estética que se vio reflejada en sus composiciones para Alüzinati. Sin embargo Ariel Pino arrastra una trayectoria como pianista de jazz en ese circuito desde mediados de los '90, que a la larga lo transformó en un teclista ambivalente: en el swing con el piano Steinway, y en el groove para los pianos Rhodes, Hammond y Clavinet. Su manejo de estos sonidos electrónicos y lenguajes lo llevaron a integrarse al Ángel Parra Trío en 2013.

Mamma Soul

Con una variedad igual de amplia en influencias e integrantes, el soul, el hip-hop, el reggae, el blues y la música latinoamericana fueron parte de las escuelas de Mamma Soul, un grupo formado sólo por mujeres. Siete de ellas, procedentes de bandas de diversos estilos, integraron su alineación más popular, que fusionó en su popular disco Fe (2001), elementos de la música negra con temáticas feministas y sociales, y fue el paso previo a futuros trabajos individuales de varias de sus integrantes. Tras un período de receso, el 2008 la banda se rearticuló con varias de sus integrantes originales. Un nuevo disco y actividad en vivo han sido sido el resultado de esta segunda etapa de vida.

Max Alarcón

Entre la contundencia arrolladora de un tenorista como Cristián Mendoza y la aguda profundidad musical de otro como Agustín Moya, está Maximiliano Alarcón, conocido en el circuito con diminutivos "bop" como Max o Maxi, su marca indeleble. Versátil solista del saxofón tenor, su punto de vista musical lo ha incorporado indistintamente a las escenas del jazz contemporáneo y a las de la música popular de raíces negras, con intervenciones en proyectos de soul, funk y hip-hop.

La TribOo

La TribOo, es decir La Tribu, es un grupo de música afrolatina que explora y combina ritmos del reggae y el funk, además de las influencias de la fusión latinoamericana en sus amplias dimensiones. Pertenece a la oleadade agrupaciones de música mestiza que ocuparon espacios en la década de 2010: Newen Afrobeat, LaSmala, Manu da Banda o Chilombiana, entre otras.

Eduardo Peña

Tres nuevos nombres del bajo eléctrico en torno al jazz-funk estallaron a mediados de los 2000: entre Jaime Ferrada (en Alüzinati) y Roberto Trujillo (en LaMonArt), el único que se pasó al contrabajo de manera determinante fue Eduardo Peña, conocido en los círculos jazzísticos como Crespo. Un músico solvente e inquieto que se abrió paso en la escena con una pulsante propulsión de líneas de soporte, composiciones personales y un inédito liderazgo de agrupaciones entre una partida de emergentes contrabajistas de esa década: Alonso Durán, Nelson Vera, Sebastián Gómez, Pablo Vidal o Milton Russell, son algunos de sus contemporáneos.

Afarentis

Afarentis fue el grupo que Moyenei Valdés formó y lideró luego de su compleja y controversial salida de Mamma Soul en 2002. La cantante de soul latino comenzó a trabajar con este proyecto en 2003, con la colaboración de Panty, en una convocatoria de nueve músicos provenientes del R&B, el funk, el jazz y la música afrolatina. En consecuencia, según la propia Moyenei Valdés, Afarentis se convirtió en una sucesión de las ideas musicales que desarrolló mientras estuvo en Mamma Soul. Afarentis, sin embargo, no logró instalarse en la escena musical y salvo algunos conciertos entre 2003 y 2004, el grupo fue perdiendo presencia, en paralelo a la aspiración de Moyenei Valdés de iniciar una experiencia completamente en solitario. El grupo alcanzó a escribir una docena de canciones para el disco Evolución, que nunca fue publicado. Entre ellas aparecen “Cuando digan la verdad”, “Corruptos”, “Educación” y “Sabor tibio”, con temáticas de protesta política histórica y contingente. Hacia 2006, Moyenei Valdés se radicó en México para continuar su ruta solista con el disco Estreya morena.

Guillermo Jiménez

Múltiple guitarrista de la generación de los '90 y nuevo exponente referencial del jazz rock durante esa década, a través del estudio que realizó sobre el enfoque del inglés John McLaughlin y sus trabajos con la Mahavishnu Orchestra. Fue una experiencia que llevó a Jiménez a formar el power trío Lamatraca, con el que publicó los álbumes Brahma (2004), Moksha (2006) y El viaje de Ganesh (2012). Pero en simultáneo, Jiménez actuó como guitarrista en proyectos de soul, funk y pop, integrando diversas formaciones de Feria y de Matahari. En 2015 inició un plan de investigación y reinterpretación de la música de Víctor Jara, que llevó a cabo con la cantante y compositora Cecilia García Gracia, en el proyecto CiudadeDós, que editó un trabajo audiovisual titulado Huellas (2016).

Ka Efe

Una historia musical que corre en paralelo al grupo Sundaya, que Karin Hofmann lidera con el músico Cristián Rozas desde sus tiempos de vida en Nueva York, se tradujo poco después de la salida del disco Elévate (2017) en Ka Efe, nombre artístico que adoptó abrir una ruta nueva en la música. En este caso, como solista del neosoul y el hip-hop latino, pero también como cultora de ritmos cumbieros e incluso urbanos. Karin Hofmann allanó ese camino echando mano a sus primeras canciones, todas cargadas de ritmo, calor, sudor y flow: "Déjalo salir", "Intenso pero es love (washito rico)" y "Báilalo" fueron los pasos previos al álbum que editaría como debut en 2019.