Christian Gálvez

Christian Gálvez
Foto: Worldnote

Christian Gálvez es un nombre transversal en la historia del jazz chileno desde mediados de la década de 1990, cuando apareció como un diamante en bruto en el bajo eléctrico, con una mirada personal acerca de la música de fusión, la improvisación jazzística y el sonido. Más adelante sería clave en la transformación del instrumento, sus cualidades y sus funciones, como impulsor y exponente de la técnica denominada "chordmelody". Esto es la compaginación del rol armónico y melódico del instrumento, que él añadió al aspecto rítmico, y que había  comenzado a explorar a fines de la década de los 2000 con diversos proyectos y diversos formatos de sus bandas. Gálvez es uno de los nombres del jazz chileno más resonantes en el medio internacional, tocando mano a mano con figuras de la fusión el jazz rock y el jazz moderno como Stanley Clarke, Billy Cohman, Ron Carter, Eddie Gomez o John Patitucci. Prolífico creador, compositor, líder, sideman, gestor cultural y educador, es, además, el fundador del primero de los sellos de jazz realmente independientes en nuestro país: Pez Records. En 2018 obtuvo el Premio a la Música Nacional Presidente de la República.

Ficha

Fechas

Santiago - 16 de marzo de 1977

Región de origen

Metropolitana de Santiago

Décadas

1990 |2000 |2010 |2020 |

Géneros

Christian Gálvez

Christian Gálvez es un nombre transversal en la historia del jazz chileno desde mediados de la década de 1990, cuando apareció como un diamante en bruto en el bajo eléctrico, con una mirada personal acerca de la música de fusión, la improvisación jazzística y el sonido. Más adelante sería clave en la transformación del instrumento, sus cualidades y sus funciones, como impulsor y exponente de la técnica denominada "chordmelody". Esto es la compaginación del rol armónico y melódico del instrumento, que él añadió al aspecto rítmico, y que había  comenzado a explorar a fines de la década de los 2000 con diversos proyectos y diversos formatos de sus bandas. Gálvez es uno de los nombres del jazz chileno más resonantes en el medio internacional, tocando mano a mano con figuras de la fusión el jazz rock y el jazz moderno como Stanley Clarke, Billy Cohman, Ron Carter, Eddie Gomez o John Patitucci. Prolífico creador, compositor, líder, sideman, gestor cultural y educador, es, además, el fundador del primero de los sellos de jazz realmente independientes en nuestro país: Pez Records. En 2018 obtuvo el Premio a la Música Nacional Presidente de la República.

Iñigo Díaz

Desde que en 1996 apareciera en el primer quinteto de Cristián Cuturrufo, el jazz de esa década iba a tener la mirada muy encima de este nuevo nombre del bajo eléctrico. Se tratava de un talento de generación espontánea, puesto que nunca contó con estudios formales en su aproximación a las cuerdas amplificadas. Gálvez tomó el lugar de Felipe Chacón en la banda del trompetis coquimbano ese año y luego despegó como solista hasta alturas que lo llevaron a ser uno de los más populares, respetados y polivalentes jazzistas chilenos.

Conocido inicialmente por gran parte del público como el "Jaco Pastorius chileno", la operativa de Gálvez en el bajo activo se orientó mucho más directamente hacia la generación de bajistas eléctricos de la era post-Pastorius. En ese sentido, mientras un solista como Juan Caballero (mayormente aosciado a Jaco Pastorius desde fines de los '80) daba las primeras señales, Gálvez recogió de hombres como Jimmy Haslip (de Yellowjackets) o de John Patitucci (de Elektric Band) su vistoso y musical estilo como solista. Ello, hasta que su nombre tomó estatura muy propia cuando puso al bajo eléctrico en una función principal dentro de las bnandas y luego cuando se consolidó en ese estilo cordmelódico como solista.

En 1997 se unió a la comunidad de jazzistas alrededor de Pancho Molina y se integró a Los Titulares para grabar el disco Los Titulares (1998), que marcó un rumbo en la augotestión editorial durante esa época de transición. Ese mismo año fue convocado por el saxofonista Ignacio González para tocar en el primer proyecto acid jazz de Chile, Cyberjazz, y grabar Corazón mix (2000). A esa altura, Gálvez ya era el más solicitado sideman del jazz eléctrico en el medio.

Desde su aparición en el Club de Jazz a mediados de los '90, puso sus profundas líneas y velocísimos solos en los tríos de Ricardo Arancibia y Marinho Boffa, las bandas de Rossana Saavedra y Ammy Amorette, el grupo Supertrío en versión eléctrica, el quinteto de Panchito Cabrera y el power trío de Nicolás Vera, además de acompañar cuanta jam fuera programada. Gálvez fue un músico tan recurrente durante esa época que en algún minuto se llegó a dudar sobre la escasez de bajistas nacionales. Entonces, por primera vez, tuvo algunos detractores.

Dinámicas solistas y mecánicas colectivas
Como líder alternó sus tríos y quintetos. En ambos formatos tuvo secciones rítmicas de fusión con los inseparables Lautaro Quevedo (teclados) y su hermano Rodrigo Gálvez (batería). Debutó con el eléctrico Christian Gálvez (2000) y siguió con el acústico Cero (2002). Pero tras fundar el sello Pez y de convertirse en director musical de Joe Vasconcellos y Zeca Barreto y sesionista de Myriam Hernández, grabó uno de los discos que mejor describieron. Desde el título, la autosuficiencia y versatilidad de Christian Gálvez como músico indisoluble quedó expuesta en Dinámica solista (2004). Para la puesta en escena de esta música contó con la colaboración de uno de sus nuevos músicos cercanos, el baterista Carlos Figueroa Salazar.

Desde 2005 funcionó muy cercanamente con el guitarrista argentino Luis Salinas, e integró las bandas nacionales que acompañaron conciertos de aquellos grandes músicos del jazz fusión mencionados, como el baterista Billy Cobham y el bajista Stanley Clarke, con quien realizó largas giras por Europa desde esa época. El encuentro entre ambos músicos fructificó a comienzos de 2007 y se tradujo en la partida de Gálvez a la megápolis californiana de Los Angeles para continuar con su militancia en la banda eléctrica de Clarke, no sin antes engrosar su discografía solista hecha en Chile, con títulos como Christian Gálvez Trío, volumen 1 (2005) y América luz (2006).

A su regreso en 2007, como extensión del trabajo junto a Clarke, remontó una nueva banda de jazz fusión junto a Andrés Pérez (saxo tenor), el Pablo Menares (contrabajo) y el Félix Lecaros (batería) para grabar el disco Imaginario (2007). Allí ya se estaba esbozando la técnica de ejecución chormelody (que le permitió desarrollar música autónomamente con generación de acordes y melodías en simultáneo). Ese paso marcaría una transformación del bajo eléctrico desde su mirada. Dos años después Gálvez extendió ese proceso con el disco Crisálido (2009), en el que mantuvo a sus sidemen, salvo por el ingreso del contrabajista Marcelo Córdova.

Para su siguiente trabajo, Gálvez regresó a sus raíces eléctricas publicando el disco Cinético (2010), un trabajo en lo que se podría denominar como "jazz progresivo". Utilizó un quinteto con el tenorista Claudio Rubio y un trío de jóvenes músicos provenientes de círculos periféricos al jazz, que acentuaron los acentos rockeros en la sonoridad: Esteban Zúñiga (teclados), Felipe Catrilef (bajo) y Ronald Báez (batería). Sin embargo, en 2012, Gálvez daría un paso más en la ampliación de las fronteras musicales al escribir y grabar su "Concierto sinfónico N° para bajo y orquesta", pieza en cuatro movimientos que estrenó a fines de ese año y que incluso presentó con Guillermo Rifo como director adjunto.

En los escenarios de Blue Note
Su serie discográfica solista siguió en expansión con el paso de los años, y su conexión con nuevos músicos, no siempre salidos de la escena del jazz, amplió el ángulo de observación de la música y el sonido. Su participación en el trío de cámara de bajistas eléctricos, junto al pionero Ernesto Holman y el fundamental Jorge Campos, contribuyó al desarrollo del enfoque cordmelódico del bajo de Gálvez, y entre la creación de la Escuela Superior de Jazz, donde el músico canalizó un lado docente, y la secuencia de discos editados por el sello Pez, lo consolidaron como uno de los más polivalentes músicos del jazz chileno moderno.

En 2014 presentó el disco Organ kuartet, con el sonido del órgano Hammond en primera línea, y ese mismo verano tocó en una gran festival en el Parque Bicentenario de Vitacura, al que asistió el director de programación de los clubes Blue Note de Nueva York, Milán, Tokio y Nagoya, en misión especial para observar a jazzistas chilenos. Así Gálvez actuó en septiembre de 2014 en ese famoso club neoyorquino, como el primer chileno llegado desde su país, con un elenco de sidemen nacionales radicados en esa ciudad: Pablo Vergara (piano), Pablo Menares (contrabajo) y Félix Lecaros (batería).

La sesión se convirtió en el disco Live at the Blue Note (2015), pero Gálvez extendió su presencia en escenarios Blue Note, actuando en Italia y Japón. Y en agosto de 2015 un nuevo elenco chileno encabezado por el bajista eléctrico llegó al club Blue Note de Nueva York, en el inicio de una serie de presentaciones allí promovidas por la plataforma del dello Pez: Cristián Cuturrufo (trompeta), Nelson Arriagada (contrabajo) y Alejandro Espinosa (batería). El cuarteto de figuras editó en 2016 el disco The Chilean Project live at the Blue Note.

Las tramas de la música
La resonancia internacional era ya parte de la vida musical de Gálvez, y ello se vio reflejado en un álbum posterior a las visitas al club Blie Note que también se ideó y se grabó en Nueva York, o en Nueva Jersey, mejor dicho. Tras obtener el Premio a la Música Nacional Presidente de la República en 2018, Gálvez viajó a Estados Unidos para ingresar al estudio y darle forma a su disco The art of chormelody (2019), que tendría un peso especial en su discografía de esos tiempos. Se convirtió en una suerte de manifiesto acerca de las exploraciones de esa técnica de ejecución tan propia. El álbum reunió distintos dúos junto a contrabajistas de Nueva York, entre ellos Eddie Gomez, Ron Carter, John Patitucci, Dave Young, Pat O'Leary, el peruano Jorge Roeder y el chileno Pablo Menares. La música cormelódica con Gálvez en el bajo de seis cuerdas se convirtió en madejas de cuerdas y entramados musicales.

Los formatos musicales fueron siempre variados desde la óptica del Gálvez compositor. En la época previa al estallido social y la pandemia volvió a observar la música docta desde su ángulo como músico de fusión, como lo había hecho en su partitura "Concierto sinfónico N° 1 para bajo y orquesta". En el disco El origen del misterio trabajó con un septeto denominado Ensamble de Cámara Contemporáneo, junto a Nelson Arriagada (cello), Óscar Pizarro (piano), Mauricio Gallardo (vibráfono) y Claudio Ortúzar, Humberto Durán Lautaro Álvarez (persuciones latinas, africanas y medio orientales), pero en otros trabajos como Trace elements (2016), Trio live at Kozlov Club, Moscow (2018) o Trío sur (2024), Gálavez también revalidaba su inclinación por los pequeños grupos de jazz fusión de clubes, salas, teatros y festivales.

Uno de sus trabajos más importantes en la década de 2020 fue el álbum Colours (2026), estrenado en un gran concierto el otoño de ese año en el Teatro Nescafé de las Artes, un escenario que frecuente para mostrar al público sus propuestas. En un cuarteto con nuevos sidemen (el organista Felipe Vakuno Salas y el baterista Sebastián Acevedo, además de colaborador Claudio Ortúzar en las percusiones), Christian Gálvez mostró otra obra de fusión de largo aliento y alcance, con momentos de música progresiva: la suite "Colours", de 30 minutos de duración. Junto con ello, volvió a grabar con el contrabajista Ron Carter como figura invitada.

Actualizado el 30 de marzo de 2026