Alejandro Espinosa

Como el heredero directo de Orlando Avendaño en la batería, Alejandro Espinosa pasó a ser un referente obligatorio en el jazz chileno desde fines de los ’70. Primero como músico moderno en su Concepción natal y luego como uno de los grandes difusores del jazz, a través de su trabajo en radio, la creación de festivales internacionales y la figura del anfitrión para prácticamente todos los jazzistas extranjeros que tocaron en nuestro país.

Fechas

Concepción - 30 de octubre de 1951

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Alejandro Espinosa

Iñigo Díaz

Sus inicios se remontan a los años del Trío Jazz Moderno (1970-76), agrupación encabezada por el pianista Moncho Romero. La banda apareció en una escena de Concepción sumamente tradicionalista como el más avanzado de los proyectos jazzísticos. En él, Espinosa practicaba un toque de batería refinado y muy cercano a los referentes del jazz de la costa oeste. Pero no fue sino en 1972, al escuchar a un Elvin Jones de paso por Chile, que su operativa musical cambió rotundamente. El beat de Espinosa se modernizó hacia un bop duro y se hizo todo lo agresivo que finalmente llegaría a describirlo como baterista en el futuro.

Habiendo emigrado desde Concepción, en 1977 se integró al cuarteto del trompetista Daniel Lencina, con el que permanecería por más de 25 años. En la capital iniciaba entonces una doble carrera hiperactiva, alternando su pasión como baterista bop en los clubes, su trabajo como músico de sesión en los estudios y su participación en la orquesta televisiva de Miguel Zabaleta. Con este famoso guitarrista pop, comenzaría su inmersión en el jazz-rock y fusión predominantes a través del grupo Koalición.

En 1979 esta línea experimental del jazz eléctrico continuó con Tercera Generación, conjunto que lo conectó con su antiguo correligionario en sus años de música en Concepción y quien iba a ser uno de sus más cercanos compañeros de armas: el guitarrista Edgardo Riquelme. La consecuencia directa de estos ensayos jazzísticos fue la invitación que obtuvo en 1982 como baterista latinoamericano estelar para el Festival de Jazz de Berlín.

Su historia en el jazz siguió en 1987, cuando fue llamado por el bajista peruano Enrique Luna para incorporarse al quinteto Coda, una all stars que poco después lo llevaría hasta un nuevo grupo histórico —esta vez eléctrico y orientado a la fusión— dirigido por Riquelme en la guitarra: Alsur. Mientras actuaba con esta banda eléctrica y grababa los discos Anhelos sureños (1989) y Fusión americana (1991), en 1990 comenzó el liderazgo de sus propios conjuntos acústicos, mayoritariamente cuartetos (o quintetos) bop por los que desfilaron muchos de los solistas activos de tres décadas.

Solo jazz: todos los sidemen
A partir de ese año, en esas agrupaciones variables tocaron dentro de la rotativa de sidemen los saxofonistas Marcos Aldana, Ignacio González, Max Alarcón, Claudio Rubio, Melissa Aldana, Andrés Pérez y Cristián Gallardo; los pianistas Moncho Romero, Marinho Boffa, Ariel PinoCarla Romero, Gonzalo Palma y Felipe Riveros, y los contrabajistas Sammy Domínguez, Felipe Chacón, Nelson Arriagada, Rodrigo Galarce, René Sandoval y Marco Reyes.

Pero a lo largo de esta época, Espinosa no sólo fue líder de bandas. También trabajó como productor y director musical, acompañando instrmentalmente a los cantantes Sergio Lillo, José Luis Arce, Jorge Caraccioli y Andrea Tessa (en su etapa de lady crooner swing), o convocar y dirigir una orquesta moderna que tocó mucho soul-jazz y pop-jazz de mantera intermitente a la que llamó Funk Jam Big Band (antes había actuado informalmente con la Víctor Durán Big Band).

Espinosa grabó históricos álbumes como solista, los primeros de la nueva década: Alondra (1993), Like someone in love (1997) y más tarde la compilación de sus grabaciones junto a artistas extranjeros de visita en Chile entre 1991 y 2001, Solo jazz, volumen 1 (2004). Fueron los títulos que lo ubicarían como un músico prolífico y, por cierto, un ejemplar de una especie poco común. Porque en el jazz chileno no sólo nunca hubo demasiada discografía sino que para un baterista obtenerla significó un doble desafío, del que Espinosa salió airoso.

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