Christian Gálvez

Desde que en 1996 apareciera en el primer quinteto de Cristián Cuturrufo, el jazz de esa década iba a tener la mirada muy encima del virtuoso nuevo bajista eléctrico llamado Christian Gálvez. Un talento de generación espontánea, puesto que nunca contó con estudios formales en su aproximación a las cuerdas amplificadas. Gálvez tomó el lugar de Felipe Chacón en la banda del trompeta coquimbano y luego despegó como solista hasta alturas que lo llevaron a ser uno de los más populares, respetados y polivalentes jazzistas chilenos, además de compositor, productor discográfico y fundador del sello Pez.

Fechas

Santiago - 16 de marzo de 1977

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Christian Gálvez

Iñigo Díaz

Conocido inicialmente por gran parte del público como el “Jaco Pastorius chileno”, la operativa de Gálvez en el bajo activo se orientó mucho más directamente hacia la generación de bajistas eléctricos de la era post-Pastorius. En ese sentido, mientras un solista como Juan Caballero (él sí fue el “Jaco Pastorius chileno” desde fines de los ’80) daba las primeras señales, Gálvez recogió de hombres como Jimmy Haslip (de Yellowjackets) o John Patitucci (de Elektric Band) su vistoso y musical estilo como solista.

En 1997 se unió a la cooperativa de jazzistas que comparecieron en torno a Pancho Molina y se integró a Los Titulares para grabar el iniciático Los Titulares (1998). Ese mismo año fue convocado por el saxofonista Ignacio González para tocar en el primer proyecto acid jazz de Chile, Cyberjazz, y grabar Corazón mix (2000). A esa altura, Gálvez ya era el más solicitado sideman del jazz eléctrico en el medio.

Desde su aparición en el Club de Jazz a mediados de los ’90, puso sus profundas líneas y velocísimos solos en los tríos de Ricardo Arancibia y Marinho Boffa, las bandas de Rossana Saavedra y Ammy Amorette, el grupo Supertrío en versión eléctrica, el quinteto de Panchito Cabrera y el power trío de Nicolás Vera, además de acompañar cuanta jam fuera programada. Gálvez fue un músico tan recurrente durante esa época que en algún minuto se llegó a dudar sobre la escasez de bajistas nacionales. Entonces, por primera vez, tuvo algunos detractores.

Dinámicas solistas y mecánicas colectivas
Como líder alternó sus tríos y quintetos. En ambos formatos tuvo secciones rítmicas de fusión con los inseparables Lautaro Quevedo (teclados) y su hermano Rodrigo Gálvez (batería). Debutó con el eléctrico Christian Gálvez (2000) y siguió con el acústico Cero (2002). Pero tras fundar el sello Pez y de convertirse en director musical de Joe Vasconcellos y Zeca Barreto y sesionista de Myriam Hernández, grabó uno de los discos que mejor describieron. Desde el título, la autosuficiencia y versatilidad de Christian Gálvez como músico indisoluble quedó expuesta en Dinámica solista (2004).  Para la puesta en escena de esta música contó con la colaboración de uno de sus nuevos músicos cercanos, el baterista Carlos Figueroa Salazar.

Desde 2005 funcionó muy cercanamente con el guitarrista argentino Luis Salinas, e integró las bandas nacionales que acompañaron conciertos de grandes músicos del jazz fusión como el baterista Billy Cobham y el bajista Stanley Clarke, con quine realizó una larga gira por Europa. El encuentro entre ambos músicos fructificó a comienzos de 2007 y se tradujo en la partida de Gálvez a la megápolis californiana de Los Angeles para continuar con su membresía en la banda eléctrica de Clarke, no sin antes engrosar su discografía solista hecha en Chile, con títulos como Christian Gálvez Trío, volumen 1 (2005) y América luz (2006).

A su regreso en 2007, como extensión del trabajo junto a Clarke, remontó una nueva banda de jazz fusión junto a Andrés Pérez (saxo tenor), el Pablo Menares (contrabajo) y el Félix Lecaros (batería). Con ellos editó Imaginario (2007). Ahí su bajo eléctrico fue definitvamente un instrumento solista, a través de la técnica de ejecución chormelody (que le permitió desarrollar música autónomamente con producción de acordes y melodías en simultáneo). Dos años después Gálvez extendió ese proceso creativo con el disco Crisálido (2009), en el que mantuvo a sus sidemen, salvo por el ingreso del contrabajista Marcelo Córdova.

Para su siguiente trabajo, Gálvez regresó a sus raíces eléctricas publicando el disco Cinético (2010), un trabajo en lo que se podría denominar como “jazz progresivo”. Utilizó un quinteto con el tenorista Claudio Rubio y un trío de jóvenes músicos provenientes de círculos periféricos al jazz, que acentuaron los acentos rockeros en la sonoridad: Esteban Zúñiga (teclados), Felipe Catrilef (bajo) y Ronald Báez (batería). Sin embargo, en 2012, Gálvez daría un paso más en la ampliación de las fronteras musicales al escribir y grabar su “Concierto sinfónico N° para bajo y orquesta”, pieza en cuatro movimientos que estrenó a fines de ese año y que incluso presentó con Guillermo Rifo como director adjunto.

En los escenarios de Blue Note
Su serie discográfica solista siguió en expansión con el paso de los años, y su conexión con nuevos músicos, no siempre salidos de la escena del jazz, amplió el ángulo de observación de la música y el sonido. Su participación en el trío de cámara de bajistas eléctricos, junto al pionero Ernesto Holman y el fundamental Jorge Campos, contribuyó al desarrollo del enfoque cordmelódico del bajo de Gálvez, y entre la creación de la Escuela Superior de Jazz, donde el músico canalizó un lado docente, y la secuencia de discos editados por el sello Pez, lo consolidaron como uno de los más polivalentes músicos del jazz chileno moderno.

En 2014 presentó el disco Organ kuartet, con el sonido del órgano Hammond en primera línea, y ese mismo verano tocó en una gran festival en el Parque Bicentenario de Vitacura, al que asistió el director de programación de los clubes Blue Note de Nueva York, Milán, Tokio y Nagoya, en misión especial para observar a jazzistas chilenos. Así Gálvez actuó en septiembre de 2014 en ese famoso club neoyorquino, como el primer chileno llegado desde su país, con un elenco de sidemen nacionales radicados en esa ciudad: Pablo Vergara (piano), Pablo Menares (contrabajo) y Félix Lecaros (batería).

La sesión se convirtió en el disco Live at the Blue Note (2015), pero Gálvez extendió su presencia en escenarios Blue Note, actuando en Italia y Japón. Y en agosto de 2015 un nuevo elenco chileno encabezado por el bajista eléctrico llegó al club Blue Note de Nueva York, en el inicio de una serie de presentaciones allí promovidas por la plataforma del dello Pez: Cristián Cuturrufo (trompeta), Nelson Arriagada (contrabajo) y Alejandro Espinosa (batería). El cuarteto de figuras editó en 2016 el disco The Chilean Project live at the Blue Note.

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