No sólo Canto Nuevo Café del Cerro No sólo Canto Nuevo

Peñas y cafés fueron los escenarios musicales más seguros en los años de toque de queda y represión militar, no solo para los cantautores sino también para quienes querían escucharlos en vivo. Aunque no fue el único ni el primero, el Café del Cerro ha perdurado como un símbolo de esos espacios, en parte por el alto nivel de su cartelera, que a lo largo de una década acogió al Canto Nuevo y a las primeras experiencias locales de pop, jazz-fusión y hip-hop.

Funcionó entre 1982 y 1992 en una gran casona en la esquina de las calles Ernesto Pinto Lagarrigue y Antonia López de Bello, en el capitalino Barrio Bellavista. Marjorie Kusch y Mario Navarro sostuvieron el lugar, que además de un gran espacio para recitales contaba con salas de ensayo y talleres artísticos que lo mantenían ocupado durante el día.

Hoy el Café del Cerro es un gran símbolo de la música de resistencia en dictadura. Se asistía allí no sólo para escucharla, sino para saberse enlazado, sin necesidad de palabras, en un mismo espíritu de disidencia y anhelo democrático. Fue, además, un espacio de acogida a solistas y bandas que con más o menos oficio confiaban en la canción popular como soporte de libre expresión y crítica, incluso al medio de amenazas y censura.

15 de septiembre de 1982: la partida
Desde su entusiasta inauguración, en Ernesto Pinto Lagarrigue 192, el Café del Cerro fue un espacio abierto de acogida y particular sello de calidad. Eduardo Gatti, Schwenke & Nilo, Eduardo Peralta, Santiago del Nuevo Extremo, Hugo Moraga, Felo, Jorge Yáñez, Congreso, Wampara, Óscar Andrade, Gervasio, Isabel Aldunate, Cecilia Echenique, Sol y Lluvia y Huara figuraban como invitados frecuentes a su escenario. Identificada entonces bajo la etiqueta de Canto Nuevo, era una cantautoría afín a la trova y la raíz latinoamericana, repleta de metáforas que permitieran reflexionar sobre la situación del país sin llegar a una crítica explícita que los pusiera en riesgo.

Pero el espacio fue también importante para la largada de carreras asociadas al pop y otros géneros, como las de Los Prisioneros, La Ley, Fulano, Upa, De Kiruza e incluso la primerísima etapa de Los Tres. El Café del Cerro fue también muchas veces el primer escenario de reencuentro de músicos chilenos retornados del exilio.

Entre las visitas extranjeras destacaron presentaciones de Nito Mestre, Leo Masliah y Luis Alberto Spinetta.


Legado múltiple
El Café del Cerro es hoy no sólo recuerdo entre sus antiguos asistentes, sino referencia de época citada en múltiples soportes e investigaciones. Aún en sus años de funcionamiento, el espacio extendió su alcance a través de una revista asociada (La Punta del Cerro) y dos compilados en cassette editados por el sello Alerce, con varios de los nombres frecuentes en su programación.

Su cierre, en septiembre de 1992, coincidió con los profundos cambios que trajo la transición democrática. Más tarde se sucedieron en ese mismo espacio los locales Zoom, Rockola y Club Chocolate.

El Café del Cerro tuvo un ciclo de conciertos «de tributo» organizados en 2014 por la Municipalidad de Providencia, así como un recreación en la historia llevada a televisión por la serie «Los 80».

Marisol García

 

 


 

Barrio Bellavista

 

 

Foto destacada: Número 73 de Revista La Bicicleta, agosto de 1986. Disponible en Memoria Chilena.