Sol y Lluvia

Sol y Lluvia es uno de los grupos más populares de la música chilena, y sus canciones son parte de la banda sonora de la resistencia a la dictadura militar. Nacidos a partir de un núcleo de hermanos, en un taller de serigrafía en la capitalina comuna de San Joaquín, la banda articuló una guitarra acústica, una batería de bombos y un bajo eléctrico para desarrollar canciones  de abierto contenido social y político, pero con melodías alegres y hasta bailables. Sus letras directas han hecho referencia a la paz, la represión y las desigualdades sociales, completando así la propuesta del conjunto. Si bien Sol y Lluvia se mueve al margen de los medios y la industria, goza de un arraigo popular innegable.

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Años

Santiago, 1976 -

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Sol y Lluvia

Integrantes

Amaro Labra, voz y guitarra (1976 – ).
Charles Labra, percusión (1976 – 2001).
Jonny Labra, bajo (1983 – 2013).
Juan Flores, vientos andinos (1988 – 1990).
Patricio Quilodrán; quena, zampoña, charango y voz (1993 – 2013).
Marcelo Concha; quena, charango, zampoña y coros (1993 – ).
Harley Labra, percusión (1996 – ).
Josep Barahona, vientos y coros (2008 – •).
Carlos Soto, trompeta(2012- •).
Juan Morán, saxo (2013- •).
Isadora Lobos, trombón (2015- •).
Fabián Cordova, guitarra (2016 – ).

Jorge Leiva

Eje fraternal
El origen de Sol y Lluvia reside fuera de la música, en la mitad de la década de los ’70. El hermano mayor de los cuatro Labra, Harley, dirigía un taller de serigrafía en la comuna de San Joaquín, con apoyo de los planes de fomento a la industria desarrollados entonces por la Iglesia Católica. En ese lugar, donde llegaron a trabajar cerca de veinte personas, se fueron sumando paulatinamente sus tres hermanos menores. Amaro, Charles y Jonny. Los dos mayores habían pasado por sendas  carreras universitarias y habían sido militantes del MIR, y fue en ese espacio donde comenzaron a desarrollar su oficio musical.

Amaro era compositor desde adolescente, y sus canciones nutrieron la agrupación que nació en ese taller, ubicado en la calle Sierra Bella 2673.  Con él a cargo de la guitarra y a voz, Charles con un bombo se bautizaron como Antuauca (Sol Rebelde, en lengua mapuche),y desde 1976 comenzaron a presentarse en universidades y en sindicatos adonde los invitaban. El mismo taller se convirtió también un escenario al que acudían vecinos y amigos.

En 1978 la banda fue rebautizada como Sol y Lluvia, y aumentó paulatinamente su ritmo de presentaciones. Con  canciones que hablaban de la situacuión política de esos años, su opción les significó enfrentarse varias veces con la represión militar. En 1978, incluso, los dos hermanos fueron sorprendidos por agentes de seguridad pegando afiches en la calle, lo que les acarreó una violenta detención y la posterior vigilancia de su taller.

El grupo registró artesanalmente su primer cassette en 1980, Canto + vida , el que vendían personalmente en sus actuaciones, junto con los afiches y tarjetas que elaboraban en el taller de serigrafía. Su acercamiento a los circuitos del movimiento del Canto Nuevo les permitió, en 1982, protagonizar una semana de conciertos en el Café del Cerro, durante los cuales registraron su segunda producción: Canto es vida.

Fue en ese momento que Sol y Lluvia consolidó su camino como una opción profesional. El grupo ya contaba con varias canciones propias, Charles Labra había enriquecido la percusión con nuevos tambores y bombos y, en 1983, el naipe se completó con la incorporación definitiva de Jonny Labra, el hermano menor del dúo, como bajista del conjunto. Con una singular estructura de power trío, entonces, la banda inició una segunda etapa en su historia, con edición de discos y giras promocionales; marcada, eso sí, por la resistencia antidictatorial como motor y objetivo de sus trabajos.

La intensa actividad de los ’80
En ese nuevo camino, canciones como “Adiós general” (una versión del tema “Adiós carnaval”, del uruguayo Jaime Roos), “Un largo tour”, “Para que nunca más”, y “Armas, vuélvanse a casa”, entre otras, se convirtieron en algo así como hits de los circuitos de oposición a la dictadura. En actos poblacionales, universitarios y de derechos humanos la presencia del trío se hizo habitual, y destacó por el carácter alegre de su propuesta. Las influencias de la murga uruguaya, los ritmos nortinos y el rock clásico distinguieron claramente a Sol y Lluvia de los músicos con los que compartían escenario, formados casi en forma exclusiva por trovadores. Fue todo esto el soporte de su creciente popularidad.

Letras con referencias a la paz, la pobreza, la familia y Dios les valieron más de alguna vez asociaciones con el Partido Demócrata Cristiano (que, en realidad, nunca existieron). Los integrantes de Sol y Lluvia no tuvieron militancia política hasta avanzados los años ‘90, cuando Amaro Labra se vinculó directamente al Partido Comunista. Durante la dictadura, los músicos obedecieron a las lógicas de la oposición que buscaba enfrentarse a los militares en forma pacífica. “Teníamos raíces cristianas, pero nada más que eso”, explica hoy día Amaro Labra.

En ese contexto, y al margen de la industria musical, editaron su primera producción de estudio como trío: A desatar esperanzas, en 1987 (reeditado como CD por el sello Alerce, en 1997). Allí incluyeron varios de sus temas clásicos, algunos de ellos ya registrados en los cassettes anteriores, pero con la presencia de bronces, vientos y charango en algunos temas. Al año siguiente con + personas, completaron dos producciones distribuidas por el sello EMI, que sumaron más de 40 mil copias, pero las copias domésticas que circularon de mano en mano representan sin duda una cifra mucho mayor.

En 1988, Sol y Lluvia se incorporó activamente a la campaña por el NO en el plebiscito de octubre. Incluso el 6 de octubre, un día después de que el gobierno reconociera su derrota, el titular principal del diario Fortín Mapocho fue: “Adiós General, Adiós Carnaval”, con el epígrafe “Autores: Sol y Lluvia. Intérprete: El pueblo de Chile”.

Aunque en ese momento el grupo se encontraba en una gira por Canadá, tocando ante los circuitos del exilio chileno, ese reconocimiento es hoy un hito de su historia y una muestra de cuán arraigadas estaban sus canciones en la contingencia política nacional. Sobre esa base, entonces, Sol y Lluvia grabó al año siguiente un nuevo disco en vivo (en un concierto en el Teatro California), el cual rotularon El aire volverá (1989). Con esa edición se inauguró una serie de tres discos en vivo que el conjunto lanzó en los años siguientes: Adiós general, adiós carnaval (1990) fue grabado el último día del gobierno de Pinochet, en el Estadio Santa Laura ante 25 mil personas; y Somos gente de la tierra (1992), registro de un concierto en el court central del Estadio Nacional (incluyeron, en este último, varias canciones originales).

Para ese proceso, Sol y Lluvia ya había sumado un charanguista a su formación. Primero fue Juan Flores (que en 1990 partiría a Illapu) y luego Patricio Quilodrán, además del quenista Marcelo Concha. Con esa nueva alineación y un sonido más andino, el grupo volvió a los estudios de grabación para registrar el disco Hacia la tierra (1993), donde además incorporaron una batería electrónica. Una carátula que mostraba a todos sus integrantes desnudos (y que luego fue cambiada) generó cierto revuelo público que no repercutió, sin embargo, en el impacto del disco, que tuvo una respuesta claramente menor que la de sus trabajos anteriores.

El acomodo a los nuevos tiempos
Avanzados los años ’90, la actividad de Sol y Lluvia experimentó una evidente baja. Amaro Labra se incorporó al sello Alerce como ejecutivo, y desde allí reeditó ciertos pasajes de la discografía de su banda.

A finales de la década, el grupo había recuperado su sitial de popularidad. En abril de 1999, de hecho, Sol y Lluvia se convirtió en el primer grupo chileno en llenar el coliseo central del Estadio Nacional, en un concierto para el que convocaron a casi 60 mil personas, y en el que demostraron que el romance entre la banda y el público estaba intacto, a 21 años de su formación.

En ese mismo período, sin embargo, el grupo de San Joaquín experimentó la crisis más importante de su historia. Charles Labra, cofundador del conjunto, se enfrentó a sus hermanos públicamente, y en 1999 renunció para crear un nuevo grupo: Antu Kai Mawen (Sol y Lluvia, en mapundugun). Desde allí, y con nuevos músicos, comenzó a tocar el repertorio del grupo, pero sobre todo en la calle y en las micros. Charles Labra inició así una historia paralela que ya incluye discos propios y que lo mantiene activo en la música, aunque en un camino más bien marginal en comparación con el de sus hermanos. Su versión del quiebre quedó registrada tanto en el libro Lluvia de sol. La memoria del canto (2006) de Hans Labra, el hijo de Charles, y en el documental Antu Kai Mawen: Sol y Lluvia en mapudungún y sentimiento (2008), dirigido por Andrés Leiva y Angel Marín. Más tarde, Charles diría a The Clinic que “con Amaro tuvimos muchas diferencias. Él renunció a Cristo y empezó a trabajar en función del Partido Comunista. Empezó a hacer proselitismo político”.

Porque Sol y Lluvia continuó en su propia ruta y con Harley Labra, hijo de Amaro, en las percusiones, registró La vida siempre (2000), un nuevo disco cuyo lanzamiento convocó a cinco mil personas en el Teatro Monumental. Como quinteto, y con un percusionista y un guitarrista invitados, el grupo ha reformulado sus viejos temas, y se ha presentado dentro y fuera de Chile con regularidad. Han compartido escenario con Los Jaivas, Gondwana e Inti-Illimani, entre muchos otros; y realizado dos giras por Europa, editando por primera vez un nuevo disco con etiqueta multinacional.

La conspiración de la esperanza (2004) es esa producción, que incluye un tema del cubano Silvio Rodríguez y un video clip promocional del single “Wanted”, y que consolidó la formación de septeto del grupo. Si bien no tuvo gran difusión en los medios, eso no afectó la actividad de una banda acostumbrada a moverse fuera de esos circuitos. Un año después, el conjunto editó su primer DVD, registrado en un concierto junto a Inti-Illimani: un paso más de esta banda que ya se empina como un grupo veterano en su género, con un discurso político claro y con una sólida respuesta del público, especialmente en los sectores populares de la sociedad chilena.

Clásicos: cine y música junto a Horacio Salinas

En 1996, el director de Inti Illimani Histórico creó una banda sonora para El húsar de la muerte, la película de Pedro Sienna en torno a Manuel Rodríguez. Este 27 de marzo y 3 de abril, a las 19 horas, se pone al frente de la Orquesta Clásica Usach para musicalizar en vivo el filme, en el Aula Magna de la institución.

Cumpleaños con Quilapayún

El programa El Zócalo Nacional, que se emite en Radio Universidad de Chile, cumple 20 años al aire y festeja con un concierto de Quilapayún. El jueves 21 de marzo, en la Sala Master (20:30 hrs.).