Fulano

Fulano creó uno de los sonidos más novedosos escuchados en la tradición de música chilena, alimentado con elementos del rock, el jazz y el avant-garde, e influencias provenientes de la música de Frank Zappa, Captain Beeheart y Hermeto Pascoal, entre sus principales fuentes. Con teclados, percusiones e instrumentos de viento como eje de su lenguaje, el sexteto se puso por encima de categorías, convirtiéndose en una de las propuestas más cercanas a una vanguardia en la golpeada y vigilada escena de los años ’80. Su discurso antimilitar y antifascista fue un sello propio en la resistencia a la dictadura, aunque luego, tras el regreso a la democracia y sobre todo la muerte de su pianista jaime Vivanco, la banda se vio disminuida. El grupo regresó a la escena en 2009, tras seis años, pero las desaveniencias escalonadas entre sus integrantes referenciales terminaron por llevar a su fin la historia de Fulano en 2015.

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Años

Santiago, 1984 - 2003
Reagrupados entre 2009 - 2015

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

fulano

Integrantes

Arlette Jequier, voz y clarinete (1984 – 2003 / 2009 – 2013)
Cristián Crisosto, saxos alto, soprano y barítono, flautas, clarinete bajo y voz (1984 – 2003 / 2009 – 2015)
Jaime Vásquez, saxos alto y tenor, flauta traversa, flauta dulce contralto y voz (1984 – 1999 / 2009 – 2013)
Jaime Vivanco, piano y teclados (1984 – 2003)
Jorge Campos, bajo y guitarra (1984 – 2003 / 2009 – 2015)
Willy Valenzuela, batería (1984 – 1996)

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Raúl Aliaga, batería (1996 – 2003 / 2009 – 2012)
Rafael Chaparro, saxos tenor y soprano (1999 – 2003 / 2013 – 2015)
Felipe Muñoz, piano y teclados (2009 – 2015)
Christopher Schönffeldt, batería (2012 – 2013)
Paquita Rivera, voz y teclados (2013 – 2015)
Cristóbal Dahm, clarinete y saxos barítono y tenor (2013 – 2015)
Cristóbal Rojas, batería (2014 – 2015)

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Jorge Leiva

Formada en 1984 por estudiantes de Música del ex Pedagógico de la Universidad de Chile, la banda mantuvo su trabajo por casi veinte años, interrumpió su historia tres veces, y sólo anunció su disolución tras la muerte de Vivanco, en 2003. Sus discos nunca fueron masivos ni tuvieron éxitos comerciales, pero abrieron caminos insospechados en los sonidos hechos en Chile.

Desde Media Banda
La prehistoria de Fulano fue Media Banda, una agrupación de funcionamiento más bien hippie que crearon en 1979 el saxofonista Cristián Crisosto y el tecladista Jaime Vivanco en la Escuela de Música del Pedagógico. En 1984, cuando Crisosto ya era parte de Santiago del Nuevo Extremo, llevó a Vivanco a la sala donde junto a sus compañeros Jorge Campos y Willy Valenzuela se quedaban ensayando y creando sonidos similares a los que ambos hacían en la Media Banda.

En esas sesiones de ensayo, maratónicas a veces, nació Fulano; no sin antes incorporar la voz de Arlette Jequier y el saxofonista Jaime Vásquez. El sexteto debutó a mediados de 1986 con un recital en el cine Espaciocal, y comenzó a aumentar sus presentaciones en locales como La Nona Jazz (del caracol Los Leones) y El Trolley, de calle San Martín, además de facultades universitarias.

Su singular sonido, la versátil voz de Arlette Jequier y el carácer multiinstrumentista de sus compañeros hicieron crecer la propuesta, que en sus comienzos fue catalogada como un derivado del jazz. “Pero ninguno de nosotros estudió ese estilo o se atreve a considerarse un jazzman”, aclaró alguna vez Jaime Vivanco. “Nos veían con esos instrumentos y creían que era jazz, pero nada que ver. Nunca lo fuimos”, complementa Campos.

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Foto: Fortín Mapocho

Santiago del Nuevo Extremo se disolvió en 1986, y Vivanco y Campos se incorporaron a Congreso. Fulano, entonces, ingresó a estudio para grabar su primer disco, invitados por el sello Alerce. Aunque no era un disco pop, Fulano (1986) tuvo rápidas ventas, ratificando que la banda, pese a lo extraño de su estilo, había acumulado una importante cantidad de seguidores.

En el bunker fue su álbum de 1989, y el primer disco doble de estudio registrado en la historia musical chilena. Se incluían ahí temas más oscuros y agresivos, que conservaban la ya conocida identidad del conjunto. Pese a la popularidad de temas como “Adolfo, Benito, Augusto, Toribio”, las canciones estaban muy lejos de la lógica de singles o videoclips que por entonces ocupaban a sus colegas pop.

Entre pausas y las vidas futuras
Hubo un silencio subsiguiente. En la historia de Fulano fueron características las pausas periódicas. El infierno de los payasos (1993) fue su último disco con Alerce, y en él las canciones se acercaban más a los parámetros convencionales (con títulos como “Basura” y “Lamentos”, este último con el primer video clip en la historia del conjunto).

Tras una nueva detención, en 1997, en forma independiente y con distribución telefónica, apareció Trabajos inútiles, disco en el que debutó el percusionista Raúl Aliaga (antes en Tri Jazz), en reemplazo de Valenzuela, quien había emigrado a Estados Unidos. Esta grabación retomó la esencia inicial de la banda, que se mantuvo en el ruedo hasta entrado el año 2000, aunque con otro cambio: el saxofonista Rafael Chaparro reemplazó a Jaime Vásquez, quien salió por problemas con sus compañeros.

Trabajos inútiles tuvo distribución en el extranjero, lo que no impidió un nuevo congelamiento de la banda, esta vez por casi tres años y hasta abril del 2003. Entonces oficializaron su regreso, convertidos en un quinteto y anunciando un disco en vivo. Realizaron una gira por Chile y prepararon un documental con su historia, en un ritmo de producción que se vio brutalmente interrumpido el 17 de enero del 2003, cuando el tecladista Jaime Vivanco fue encontrado muerto en su casa de Recoleta.

La banda se tardaría entonces un año exacto en comunicar que su camino se acababa también con la muerte de Vivanco. El lanzamiento de Fulano vivo, su quinto álbum (registrado en conciertos en Santiago y el sur de Chile) fue una suerte de epílogo para sus 18 años de historia. Jorge Campos anunció entonces su tercer disco solista, Jaime Vásquez organizó un septeto avant-garde, Aliaga se mantuvo como percusionista de Congreso y mientras el matrimonio-dupla CrisostoJequier resucitó a la Media Banda (cuya ortografía cambió a MediaBanda) junto a un numeroso contingente de jóvenes que incluyó a su hija como segunda vocalista.

Nueva vida y nueva voz
La pausa se pensó definitiva, pero duró hasta el 2009. Con el lema La farsa continúa, y justo para su cumpleaños 25, el grupo se rearticuló, con el joven músico Felipe Muñoz en los teclados y el regreso de Jaime Vásquez en los vientos y las voces. Con su estructura de sexteto -como siempre- se iniciaron una serie de ensayos que culminaron en julio, con dos presentaciones a tablero vuelto en el Teatro Oriente de Santiago. El registro para un DVD, el anunció de un disco con canciones nuevas para el 2010 y un fresco entusiasmo en su puesta en vivo, fueron los cimientos de esa nueva etapa de la banda, que se mantuvo presentaciones regulares, pero con un ritmo más pausado.

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Fotos:

En medio de eso, en enero de 2013, Arlette Jequier, la fundamental voz del grupo, anunció su salida. Un verdadero coletazo del quiebre sentimental con Cristián Crisosto. La banda, sin embargo, siguió adelante y audicionó nuevas voces. La versátil cantante, pianista, compositora y académica Francisca Paquita Rivera se quedó con la plaza de frontwoman del grupo.

Hizo su estreno en el Merkén de la comuna de Providencia el 12 de abril de ese año, con una reinterpretación de clásicos como “Fulano”, “Suite Recoleta”, “Sentimental blues”, “Godzilla” y canciones nuevas que el grupo el elenco ya venía trabajando con Jequier: “Tonada amarga de la vida” (Campos) y “Conservadores por el cambio” (Crisosto), además de un inédito, “Fábula y fantasía” (Campos).

Fulano, entonces, se convirtió en septeto, con la incorporación del saxofonista Cristóbal Dahm y del baterista Christopher Shonffeldt (Raúl Aliaga dejó Fulano en 2012). Así, con tres integrantes originales en sus filas, la historia de Fulano se siguió pero no por mucho tiempo. Dos temporadas más de ajuste a la nueva banda y la nueva cantante finalizó en 2015 con el disco Animal en extinción, el primero y último desde el regreso en 2009: disputas internas entre los últimos dos músicos fundadores que permanecían en el proyecto —Cristián Crisosto y Jorge Campos—, desencadenaron el final. Fulano se acabó por cuarta vez, de golpe  como otras veces, dejando para la historia seis discos de una de las músicas más originales que se han dado en este lado del mundo.

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