Charo Cofré

La música para niños, por un lado, y el canto de raíz con contenido levantado por la Nueva Canción Chilena son las dos grandes puertas de entrada a Charo Cofré, aunque están también en su trabajo la calidez del folclor campesino y el coraje de la cantautoría en el exilio. Inspirada desde un inicio por Violeta Parra, y expuesta luego a las nuevas influencias que encontró en Europa, Charo Cofré firmó un cancionero reflexivo, a veces denunciante, apegado al paisaje chileno y a quienes lo habitamos.

Su nombre y rostro llegaron a ser populares en el Chile previo al Golpe de Estado, debido a su triunfo en la sección folclórica del Festival de Viña del Mar en 1973 (con el tema “Mi río”, de Julio Numhauser) y el inesperado éxito de su alianza con María de la Luz Uribe para el disco infantil  Tolín, tolín, tolán (1971). Ocupada hoy en otras labores, Charo Cofré es nombre de referencia para una época importante del canto chileno y las circunstancias de sus luchas. Su compañero de vida y de trabajo por ya cinco décadas ha sido Hugo Arévalo, también músico, creador y documentalista.

Fechas

- 19 de agosto de 1950

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |

Géneros

Charo Cofré

Marisol García

María Rosario Charo Cofré figuraba en la música chilena desde joven gracias a su buen desempeño en festivales y conciertos itinerantes. Comenzó a presentarse a sí misma como folclorista, y se ocupó en presentaciones en vivo por grandes ciudades y pequeños pueblos, además de la investigación en terreno con cantoras populares.

Su trabajo inicial lo desarrolló junto a conjuntos folclóricos de la Universidad de Santiago, y muchas de sus primeras audiencias fueron las que conoció en recorridos por las poblaciones y tomas aledañas a la capital durante los años de gobierno de la Unidad Popular.

En esa misma época se hizo cargo de la banda sonora del cortometraje documental Cuando el pueblo avanza, que la realizadora Nieves Yankovic estrenó en 1967. Poco después de participar de ese encargo, su triunfo en un festival llamado «Hagamos del Folklóre Nuestra Arma de Lucha» le regaló un viaje varios países de la ex órbita soviética. La joven pudo conocer entonces ciudades de Ucrania, Rumania y Bulgaria, además de Moscú. Allí mostró su canto ante nuevas audiencias.

Más tarde, una beca de estudios de su marido, Hugo Arévalo, llevó a la pareja a Escocia, donde él avanzó en el estudio de lo que entonces se conocía como «canción filmada», ensayos de adelanto del posterior videoclip. Se considera que la filmación que él hizo de su mujer cantando “La lavandera” (de Violeta Parra), en 1970, califica como el primer videoclip hecho en Chile.

En 1972, la pareja fue invitada a las Olimpíadas Culturales en Múnich, Alemania, y luego, en París, Pablo Neruda presentó a Charo Cofré a círculos intelectuales de la capital francesa, donde permaneció y cantó durante tres meses.

Fue un año marcado, además, por el fenómeno de ventas para su disco Tolín, tolín, tolán (1972) [ver más en siguiente subtítulo]. Así, Charo Cofré ya era un nombre conocido cuando se quedó con el primer lugar del apartado folclórico del Festival de la Canción de Viña del Mar 1973, gracias a “Mi río”, de Julio Numhauser. Pero su trayectoria, como la de tantos músicos de nuestro país, tomaría forzosamente otro rumbo con el Golpe de Estado.

El fenómeno Tolín, tolín, tolán
La música de Charo Cofré y los versos de la escritora y profesora María de la Luz Uribe —además de una carátula del destacado dibujante Fernando Krahn— levantaron en 1972 uno de los discos más importantes en la historia de la canción chilena para niños. Tolín, tolín, tolán cruzó educación y raíz, presentando en diez canciones un excepcional ejemplo de folclor didáctico, hecho para los niños de Chile desde la tradición de su propia cultura.

Fue un disco que, en palabras de la propia Charo Cofré, «poco a poco fue teniendo vida propia», y que no tardó en expandir canciones que pasaron a ser parte de rondas, aulas y casas familiares, como “El tonto Perico”, “El soldado trifaldón” y la propia “Tolín, tolín, tolán”. Proponía la contraportada de ese LP para el sello IRT:

Este es un disco para niños, y viene a llenar un vacío en nuestra canción folclórica y nuestra literatura infantil. Si los niños no cantan y no experimentan el sabor y color de la música nuestra, difícilmente podrán apreciarla más tarde. Las canciones de gran musicalidad están hechas con cariño. Mezclan la ternura con la fantasía y cada una es un cuento en que los hechos mínimos y cotidianos de la vida están transportados a un plano de aventura. Y ésa es la realidad de los niños.

Además de esa instalación en la cultura popular, el disco iba a tener al menos dos inesperadas nuevas vidas en los años siguientes. Tras el Golpe de Estado de 1973, Charo Cofré coordinó desde su exilio en Italia una reedición del álbum, pensada explícitamente para hijos de chilenos en el destierro frente a juegos, cantos y costumbres alejados de sus orígenes. Más de tres décadas después, un programa infantil para televisión, Tikitiklip, iba a retomar esas canciones, articuladas según códigos audiovisuales de su tiempo.

Exilio
Para Charo Cofré, el exilio significó la apertura a la opción de convertir su voz en el destierro como una oportunidad para divulgar el folclor de nuestro país. Durante sus años de vida en Roma, Italia, ella y Hugo Arévalo decidieron aferrarse a la raíz extirpada del territorio chileno. Su tiempo de trabajo en Italia —diez años y un mes, en definitiva— fue el esfuerzo de, en sus palabras, proponer un sonido chileno alejado del tópico andino y la referencia militante; anclado en el guitarrón y el rabel, y en la poesía de campo.

En una entrevista de esos años, Charo Cofré aparece refiriéndose a «el abuso del compromiso, al punto de convertirlo en un cliché: poncho, puño en alto y charango. Eso nos ofendía bastante. Jamás nos sometimos a ese esquema».

En esa secuencia, destacan LP como El canto de Chile (1975) y Sólo digo compañeros, con versiones para canciones tradicionales y de autores como Patricio Manns, Víctor Jara, Desiderio Arenas y Daniel Viglietti. Se sucederían luego nuevas grabaciones de canto campesino publicadas a dúo entre Cofré y Arévalo, quienes no abandonaron su labor musical hasta su retorno a Chile, en 1985.

La administración del restaurante La Candela, en Santiago, fue el primer refugio de la pareja tras su década de exilio italiano. Sonaba allí su música y también la de invitados de renombre, como Margot Loyola. Justo a su retorno, Charo Cofré se ocupó en la grabación de un disco con poemas de Gabriela Mistral (¿En dónde tejemos la ronda?).

Incansable, la pareja de folcloristas desarrolló durante un tiempo su inquietud divulgadora en el programa “Los musicantes”, de Televisión Nacional, antes de fijar residencia en el balneario de Isla Negra, y levantar allí una siempre ocupada hostería para turistas. Entre sus muros y frente al mar, por supuesto, no ha faltado el canto de Charo Cofré.

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