Guillermo Rifo

Una de las personalidades más relevantes en la zona de equidistancia que existió entre la música docta y la popular fue el percusionista, compositor, arreglador, director orquestal y académico Guillermo Rifo. Su propia historia cruza parte de la historia de la música chilena a desde mediados de los años ’60, con una militancia de 30 años en la Orquesta Sinfónica de Chile, categoría como compositor docto y solista de música contemporánea para percusiones. Además se le considera el primer vibrafonista del jazz chileno y fue impulsor de agrupaciones camerísticas de fusión como Aquila (1973), Sexteto Hindemith 76 (1975) y Latinomusicaviva (1978).

Guillermo Rifo

Iñigo Díaz

Fue un dilema interno el que Rifo vivió desde temprano. Gustaba de la música de Duke Ellington y de Lionel Hampton sin saber que eso se llamaba “jazz”. En su casa su padre escuchaba ópera y él, a escondidas, prefería la música de las orquestas populares de Vicente Bianchi transmitida en directo desde la confitería Goyescas por radio Cooperativa Vitalicia. Ahí escuchaba al baterista de la vieja guardia Juan Alberto de la Fuente, aunque muy pronto tendría a su máximo ídolo a través de las emisoras: José Luis Córdova en la batería de la Orquesta Huambaly.

Batería de boite y timbales sinfónicos
En 1958 Rifo ingresó al Conservatorio para estudiar percusión. Tenía apenas doce años y la clara convicción de querer imitar la performance de Córdova. Desde su barrio del paradero 17 y medio de Gran Avenida, justo al medio de las famosas quintas de recreo Las Higueras (del paradero 17) y El Rosedal (del 18), Rifo quería convertirse en baterista de orquestas de boite. Pero nunca logró hacerlo, porque la historia lo iba a conducir hacia otro rumbo: la música sinfónica.

Su maestro fue el legendario Jorge Canelo, histórico timbalista de la Orquesta Sinfónica. A esas filas de percusionistas Rifo llegaría a los 19 años en 1965, como extra y como suplente del español Juan Manuel Varcárcel, posiblemente el primer vibrafonista que tocó en Chile y quien introdujo al adolescente Rifo en nuevas experiencias musicales y de estudio. Rifo ya era contemporáneo de otros estudiantes del Conservatorio como Patricio Salazar, Waldo Cáceres y Arturo Giolito, quien tocaba en la orquesta de Valentín Trujillo en radios.

Así Rifo pudo incluso estrenar piezas de música contemporánea para percusiones incluso en el programa “El Show Efervescente” de radio Corporación, donde cada noche actuaba Trujillo y su orquesta. A través del joven baterista Giolito, mucho más incorporado a la música popular, un Rifo vinculado a la música sinfónica, se abrió paso en estos círculos y logró aparecer en grabaciones de Trujillo en 1963 y de otros directores como Tito Ledermann en RCA Victor y el propio Bianchi en Odeon, y por cierto en canciones nuevaoleras junto a Alan y sus Bates en 1964.

Apareció en la orquesta de Horacio Saavedra que grabó el más grande álbum en vivo de todos los tiempos, Buddy Richard en el Astor (1969), de Buddy Richard, y además comenzó a tocar el vibráfono a la manera jazzística en 1971 junto a los hermanos Roberto Lecaros, Mario Lecaros y su ídolo Lucho Córdova.

En 1969, y sólo con 23 años encima, Rifo había impulsado además la cátedra de percusión clásica en la Universidad Católica, para el que creó el Grupo de Percusión de Chile (que luego se convertiría en el famoso Grupo de Percusión UC) utilizando a sus primeros alumnos: Ricardo Ruiz, Sergio Tilo González, Drago Kovac y Carlos Vera, uno de sus más cercanos discípulos y continuista en el vibráfono jazzístico. Otros de sus alumnos fueron Carlos Figueroa López (de Los Bronces de Monterrey), Jaime Miqueles (de Aparcoa) y Ricardo Vivanco (de Congreso).

Vibraciones, fusiones y orquestaciones
Su interés por la nueva música latina lo llevó a componer sus primeras piezas para ensambles eléctrico y vibráfono, que estrenó dirigiendo al grupo Aquila (con el saxofonista Sandro Salvati o el baterista Sergio Meli), con el que grabó el disco Aquila . Luego escribió piezas de cruce entre música docta y popular para el famoso quinteto de vientos de cámara Hindemith. Cuando Rifo con su vibráfono y el contrabajista Adolfo Flores incorporaron piano (Nino García) y batería jazzística al grupo (Carlos Vera, Domingo Vial y Orlando Avendaño), un nuevo grupo tomó el nombre de Sexteto Hindemith 76 y editó dos discos con composiciones de carácter sudamericano: El cantar de nuestra música (1975) e In musica (1976).

Pero los propósitos creativos de Guillermo Rifo en esta línea de fusión instrumental y de lenguajes alcanzó su más alto momento a través del grupo Latinomusicaviva, un ensamble que incluía en sus partes, la justeza de la música de cámara, la improvisación jazzística y el ritmo del rock. Rifo incorporó a nuevos músicos populares como Carlos Corales (guitarra), Jorge Toscano Vidal (bajo), Patricio Salazar (batería) y Víctor Gutiérrez (saxofón). El grupo dejó el disco Latinomusicaviva (1979).

Al mismo tiempo Rifo experimentaba en los arreglos orquestales para música popular, con destacadas apariciones junto al grupo pop Frecuencia Mod, Fernando Ubiergo (en Fernando Ubiergo, 1978) y Tito Fernández, Sonia la Única (en Sonia canta a Violeta Parra, 1980) y Hugo Moraga (en Lo primitivo, 1980). Su vinculación con el pop y la música popular diversa llevó a Rifo a incoporarse en un nuevo grupo de arregladores jóvenes con Toly Ramírez, Juan Azúa, Horacio Saavedra, Pancho Aranda y el más adelantado de todos ellos, Nino García.

Al finalizar la dictadura, Rifo esciribó los arreglos para la Orquesta Sinfónica de Chile que se presentó en el Estadio Nacional en marzo de 1990, en el acto de celebración de la investidura del Presidente Patricio Aylwin. La Orquesta y el Coro Sinfónico interpretaron el “Himno nacional”, el “Himno de la alegría” y “Gracias a la vida”, con el guitarrista de jazz-rock Edgardo Riquelme. Rifo transitó por esa década con la dirección de la Escuela Moderna de Música en 1992, su retiro de la Orquesta Sinfónica de Chile en 1993, y la composición de un vasto catálogo de obras sinfónicas y de cámara. En 2002 dirigió a la propia orquesta en el espectáculo “Urban Symphony” en el Teatro Novedades que lo unió al trabajo con bandas de rock (Los Jaivas, Emociones Clandestinas, Aparato Raro, Dracma) y en 2007 escribió las orquestaciones sobre música de Violeta Parra para la Orquesta Sinfónica de Concepción y la solista Claudia Acuña.

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