Los Huasos Quincheros

Los Quincheros representan la expresión viva y activa de la tradición de los grupos de huasos inaugurada en Chile en la década del ’20. Un grupo de profesionales vestidos como huasos patronales, intérpretes de un repertorio campesino elegantemente arreglado con voces y guitarras, conforman este modelo musical; creado por conjuntos como Los Cuatro Huasos o Los Huasos de Chincolco, y que, a la larga, ha llegado a ser el emblema de un tipo de folclor chileno. A pesar de que la génesis de estos conjuntos tuvo poco o nada que ver con el campo, hoy día nadie pone en duda el lugar fundamental que ocupan en la música tradicional, y los ochenta años de actividad regular de Los Quincheros lo confirman.

Leer más

Años

Santiago, 1937 -

Décadas

1930 |1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Los huasos Quincheros

Integrantes

Carlos Morgan, voz y guitarra (1937 – 1965).
Mario Besoaín, voz (1937 – 1938).
Ernesto Amenábar, voz y guitarra (1937 – 1941)
Pedro Amenábar, voz y guitarra (1937 – 1942).
Hernán Velasco, voz y guitarra (1938 – 1956).
Raúl Velasco, voz y guitarra (1941 – 1944).
Javier Campos, voz y guitarra (1942 – 1952).
Aníbal Ortúzar, voz y guitarra (1944 – 1956).
Gerardo Ríos, voz y guitarra (1956 – 1958).
Alfredo Sauvalle, voz y guitarra (1957 – 1960 / 1965 – 1994).
Jorge Montaldo, voz y guitarra (1957 – 1960).
Benjamín Mackenna, voz y guitarra (1958 – ).
Sergio Sauvalle, voz y guitarra (1960 – 1967 / 1995 – 2005).
Ricardo Videla, voz y guitarra (1965 – ).
Eduardo Riesco, voz y guitarra (1966 – 1975).
Patricio Reyes, voz y guitarra (1975 – 1986 / 1994 – 2010).
Héctor Inostroza, voz y guitarra (1986 – 1994)
Antonio Antoncich, voz y guitarra (2005 – ).
Rodrigo Zegers, voz y guitarra (2010 – 2013).
Cristián O’Ryan, voz y guitarra (2013 – •).

Jorge Leiva

Naturalmente, en la formación actual de Los Quincheros no existe ningún integrante original. Eso, más que quitarle legitimidad, brinda al conjunto una condición institucional que trasciende personas, y que a ellos siempre les ha interesado destacar: “Interpretamos cosas que son valores permanentes, y eso ha sido muy satisfactorio. Nuestra labor es procurar que no se pierda el repertorio tradicional clásico”, decían en 1973, en una entrevista en revista “Ritmo”. La música de Los Quincheros, entonces, tiene la pretensión de difundir y preservar el folclor, al margen de las voces que le den vida. Por eso, aunque hayan pasado más de veinte músicos por sus filas, se supone que el conjunto no ha perdido el espíritu que le dio vida en 1937.

Inicios universitarios
Fue en ese año cuando comenzó a escribirse la historia del grupo, iniciada por dos estudiantes de Química de la Universidad Católica, Carlos Morgan y Ernesto Amenábar, quienes empezaron a ensayar música chilena inspirados en el modelo de Los Cuatro Huasos. Pedro Amenábar, hermano de uno de ellos, y Mario Besoaín, cantante de un grupo llamado Cuarteto Universitario, se les unieron poco después; y, tras una serie de ensayos, decidieron bautizarse como Los Quincheros, en referencia a la quincha, el tejido de ramas y barro contra el cual se ataja el ganado durante el rodeo.

Bajo el liderazgo de Morgan, el conjunto se acercó al folclor campesino que hasta entonces monopolizaban las cantoras rurales. Al igual que Los Cuatro Huasos, recogieron ese repertorio de tonadas y cuecas y lo estilizaron bajo su modelo; esto es, sofisticados arreglos en la guitarra y cuidados juegos vocales. Con vestimenta de huasos, el flamante conjunto fue contratado por radio Americana y radio Cooperativa Vitalicia para sus shows en vivo, donde se presentaron durante más de un año antes de pasar a Agricultura, la principal emisora de entonces.

En ella eran justamente Los Cuatro Huasos el grupo estable. Sin embargo, una gira del conjunto a Estados Unidos ese año dejó una vacante que fue ocupada por Los Quincheros, el cuarteto que, a sólo dos años de su fundación, ya había sufrido su primera baja. Mario Besoaín había sido reemplazado por Raúl Velasco, hermano menor de uno de Los Cuatro Huasos, Hernán Velasco (quien poco después también se incorporó al conjunto en reemplazo de Ernesto Amenábar). Su antiguo grupo, en tanto, detuvo su trabajo al regreso de su gira. Fue uno de los tantos recesos de ese grupo, en una intermitencia de actividad que, sin duda, ayudó al desarrollo de Los Quincheros.

De Quincheros a Huasos Quincheros
A instancias de radio Agricultura, el conjunto profesionalizó su trabajo musical y grabó su primer sencillo para RCA-Victor, con dos temas originales de Amenábar: “Los baqueanos” y “El viejo roble”. Las presentaciones en locales nocturnos fueron el paso siguiente del conjunto, que en 1944 partió a radio Minería y comenzó a incorporar boleros a su repertorio, abriendo así su otra gran veta musical.

“Nosotros” fue su primer bolero, que se convirtió en un superventas y que consolidó el doble camino musical del cuarteto: por un lado, música de raíz folclórica y, por otro, lo que con el tiempo ellos llamaron “música internacional”, conformada esencialmente por boleros, un género que en Chile debe buena parte de su difusión a Los Quincheros. Eran los tiempos de oro de ese sonido en el continente, y la elegante ejecución del grupo –que debutó el mismo año que Los Panchos en México– les permitió internacionalizar su carrera.

En la segunda mitad de los años ’40 el conjunto viajó tres veces a Buenos Aires, y desarrolló presentaciones y grabaciones en solitario o en compañía de orquesta. Fue en ese tiempo cuando, en concordancia con su búsqueda musical dentro de los códigos del folclor, registraron una guaracha que se transformó en una carta de presentación del grupo: “El patito”, de Ariel Arancibia. El tema había sido compuesto para el humorista Tato Cifuentes, pero popularizado sobre todo por el cuarteto quinchero. Grabado con la orquesta de Federico Ojeda, reemplazó a “La rana” como número humorístico del repertorio, y fue un éxito en Argentina. Hasta hoy es presentada en vivo, con cambios de letras referidos, en general, a la contingencia política chilena, de acuerdo al conocido punto de vista del conjunto.

Un amplio registro de tonadas, valses, corridos y, en menor medida, cuecas; y las giras por Estados Unidos, Cuba y Centroamérica fueron las nuevas actividades de Los Quincheros ya en el inicio de los años ’50, en un camino que fue descendiendo en intensidad con el avance de la década. La proliferación de grupos y solistas de música típica que inauguró Ester Soré (con nombres como Sylvia Infantas y los Cóndores, el Dúo Rey-Silva y Los Cuatro Hermanos Silva, entre muchos otros) desplazó el protagonismo de los grupos de huasos. Dos integrantes, Hernán Velasco y Aníbal Ortúzar, se retiraron de Los Quincheros, con la convicción de que el conjunto debía terminar con su historia.

El ingreso de dos nuevos músicos, Alfredo Sauvalle y Gerardo Ríos, sin embargo, reactivó al cuarteto, que continuó con sus actividades y giras internacionales, hasta que en 1958 una demanda judicial por parte de los tres músicos retirados les impidió seguir usando el nombre. Fue entonces que el conjunto, que era número estable de radio Corporación, adoptó la denominación de Los Huasos Quincheros. Fue una disputa que, en cualquier caso, hoy está superada, lo que explica que el grupo usa alternadamente en grabaciones y conciertos uno de los dos nombres, en función al repertorio que interpreten en cada ocasión.

A la larga, el conflicto puso en riesgo al grupo, pero terminó en su beneficio al inaugurar una nueva era para el cuarteto. Tras adoptar el renovado nombre, se incorporó el estudiante de leyes Benjamín Mackenna, actual líder y cara visible de Los Huasos Quincheros, y el grupo firmó contrato con EMI-Odeon tras veinte años de trabajo con RCA-Victor. En 1959, la nueva formación registró su primer LP, porque hasta entonces los músicos sólo grababan discos de 78 revoluciones por minuto en el antiguo material de acetato. La producción se llamó Chile canta y es considerada –según el libro del musicólogo Cristián Guerra, Los Quincheros: Tradición que perdura– como uno de los discos más vendidos de la historia de Chile.

La institucionalización del grupo
La colaboración con autores chilenos marcó el renovado aire de Los Huasos Quincheros. Canciones de Francisco Flores del Campo (“Campo lindo”, “Mi caballo blanco”, “Dos corazones”), Clara Solovera (“Álamo huacho”, “Manta de tres colores”, “Chile lindo”) o Nicanor Molinare (“Oro purito”, “Mantelito blanco”, “Cocorocó”, “Cura de mi pueblo”) encontraron su mejor difusión en las voces del conjunto, que se consolidó como uno de los intérpretes por excelencia de las canciones chilenas de raíz folclórica.

Ese rol difusor de Los Quincheros, en todo caso, no se limitó a ese repertorio. En su condición de boleristas, en 1961 regrabaron la tradicional “Nosotros” en un disco de ese nombre. Además, estrenaron la trilogía de boleros de Francisco Flores del Campo: “Sufrir”, “Agonía” y “Niebla”; además de “Noche callada”, de Jaime Atria. Era un conjunto de, probablemente, los más importantes boleros hechos en este lado del mundo, y que luego fueron internacionalizados por Lucho Gatica.

La llegada de Ricardo Videla, el reemplazo de Sergio Sauvalle (el autor de “El corralero”) en lugar de su hermano Alfredo, y una gira por la Unión Soviética marcaron la vigencia del conjunto en la década de los ’60. Así fue como en 1968 actuaron en la película Ayúdeme usted, compadre, de Germán Becker, donde compartieron créditos con Gloria Simonetti, Los Perlas y Pedro Messone, entre otros. Fue el filme más visto de la historia de Chile hasta El chacotero sentimental (2000). A la usanza hollywoodense, en la película Los Quincheros cantaban “Sufrir” vestidos como mecánicos de aeropuerto, y luego “El rodeo” con su atuendo de huasos. Un año después, repitieron la experiencia actoral en Volver (donde nuestras canciones nacieron), también de Becker, realizador con el que colaboraron en varias experiencias teatrales en los años siguientes.

A esas alturas, la actividad de Los Quincheros estaba bastante lejos de los locales nocturnos o los auditorios radiales que ampararon su origen. La presentación ante la reina de Inglaterra, Isabel II, en su visita a Chile, en 1968; la participación en ferias internacionales representando a Chile, o sus actuaciones en cruceros de lujo dejaban claro cuál era el contexto natural del cuarteto. Con más de treinta años de vida, Los Huasos Quincheros se habían convertido ciertamente en un emblema de la música de raíz folclórica chilena, con su estilizado sonido, su cuidada presentación y sus letras referidas a las bondades de la vida campesina. Su imagen, sin embargo, se fue asociando irremediablemente a las elites económicas, las que se transformaron en los principales consumidores de su música. Así fue como los 33 años de Los Quincheros se celebraron en un concierto de etiqueta en el Teatro Municipal de Santiago, en julio de 1970, con la presencia de todos los músicos que habían sido parte del conjunto, y con transmisión por radio y televisión.

Tiempos complejos
Esa estigmatización del viejo conjunto, en todo caso, también venía desde el universo de la música. Porque en los años ’60, al mismo tiempo que Los Quincheros consolidaban su camino, el folclor local experimentó un extraordinario desarrollo, gracias a la proyección folclórica inaugurada por Margot Loyola y la incorporación de jóvenes al oficio. Fenómenos más avanzados, como el Neofolklore y la Nueva Canción Chilena, se nutrían de sonidos folclóricos de otras partes de Chile, y fue sobre todo en el seno de ese último movimiento que se produjo un radical distanciamiento de los sonidos tradicionales que se identificaron precisamente con Los Quincheros. Grupos como Quilapayún o músicos como Víctor Jara tomaron distancia de ese folclor, y lo catalogaron más como una pieza de museo que como una auténtica muestra de la cultura campesina.

La polarización política que se vivía entonces con el gobierno de la Unidad Popular en el poder, sumada a las opciones políticas personales de los músicos quincheros, alimentó la identificación del cuarteto con la derecha chilena. El año 1973 se suspendió su presentación en el Festival de Viña del Mar, luego de que le prohibieran abordar temas políticos, para evitar posibles enfrentamientos en el recinto, tal como había ocurrido días antes con Quilapayún. El diario La Tercera acusó en titulares que “Por culpa del Patito Los Quincheros no actuarán en Viña”, demostrando la tensión que existía en esos años.

La llegada de los militares fue el clímax de esa asociación, pues el nuevo gobierno dio especial difusión a la música de Los Quincheros, y el propio Benjamín Mackenna, líder del conjunto, fue colaborador directo con el nuevo régimen en políticas culturales. El músico fue uno de los pocos rostros musicales que años después, en 1988, participaría en la franja del Sí al plebiscito que determinaría la permanencia  o la salida de Pinochet en La Moneda.

Para el Mundial de Fútbol de la República Federal de Alemania, en 1974, Los Quincheros fueron los representantes chilenos para el acto inaugural, en el que cada país mostraba sus manifestaciones culturales. En un espectáculo producido por Germán Becker, el grupo interpretó tonadas y cuecas. Sin embargo, a la salida del estadio fueron agredidos por exiliados chilenos, ratificando la identificación del grupo con la dictadura militar.

Por eso, sus siguientes años de historia están marcados por su presencia en actos oficiales; sobre todo, frente a las escasas visitas internacionales que llegaron en esos años, como Henry Kissinger, en 1981. En todo caso, su historia artística no se detuvo. Durante los años ’70 desarrollaron espectáculos con Germán Becker; en 1981 se presentaron en el Festival de Viña del Mar; y en 1984 acompañaron una presentación de Claudio Arrau en su visita a Chile. Las giras por Estados Unidos, España e Inglaterra, conciertos en el capitalino Teatro Municipal, y una presencia regular en televisión completaron el panorama de los años ’70 y ’80 del grupo, que modificó algunos de sus integrantes y continuó grabando discos.

Una curiosa irrupción en esta historia tuvieron ex músicos del conjunto el año 1975.  Mientras el grupo seguía existiendo y trabajando, se reunieron cuatro ex Quincheros: Carlos Morgan, Hernán Velasco, Aníbal Ortúzar y Javier Campos (la formación del grupo entre 1946 y 1952). Grabaron 10 canciones del repertorio más clásico del grupo y los prensaron en el disco Los Quincheros de ayer cantan hoy, que fue editado en formato vinilo, y que el 2009 tuvo una versión en CD, donde se le agregó la versión de los años 40 de “Mantelito blanco”.

La vigencia de la “canción quinchera”
Hacia los ’90, la relevancia masiva de Los Huasos Quincheros experimentó una innegable baja, sobre todo por la llegada de la democracia. Buena parte de los espacios oficiales se cerraron al conjunto (así como se abrieron a muchas otras expresiones), lo que no significó, en rodo caso, un cese de su trabajo. Las actividades en comunas del barrio alto, como Las Condes o Providencia, sus nuevas giras por Estados Unidos y un recorrido por Chile en 1992 (junto a la Orquesta Sinfónica) demostraron la trascendencia del grupo sobre las contingencias políticas.

“Cuando hay un acontecimiento en el país, un triunfo deportivo por ejemplo, las canciones que se oyen son las campesinas: ‘Si vas para Chile’, ‘Yo vendo unos ojos negros’, ‘Chile lindo’… y esas canciones son quincheras. Sin desconocer al norte o al sur, lo que identifica al país en el extranjero es la música de la zona central”, le decía al diario La Tercera Benjamín Mackenna en 1997, cuando el grupo cumplía sesenta años de trayectoria y los celebraba con un gran concierto en San Carlos de Apoquindo junto a los argentinos Los Chalchaleros. El lleno total de esa jornada ratificó que ese concepto folclórico que encierra el conjunto, el de la “canción quinchera”, permanece profundamente arraigado en un sector de la sociedad chilena.

En el seno de ese sector es donde hoy reside buena parte del arrastre de los Quincheros. Con presentaciones regulares (aunque más bien centradas en el mes de septiembre), giras por el extranjero y grabación de discos, muchos de ellos encargados por grandes empresas para sus clientes, el cuarteto mantiene viva la vieja tradición de los grupos de huasos, a la misma usanza de Los Cuatro Huasos o los primeros Quincheros: profesionales que no abandonan su oficio y que recrean boleros y repertorio campesino con arreglos vocales e instrumentales. Hay otros grupos como ellos, tales como Los Huasos de Algarrobal o los jóvenes Los Cántaros o Camino Viejo, pero sin duda son el emblema mayor del género.

Sergio Sauvalle salió del conjunto en el 2005, y en su reemplazo ingresó un joven Antonio Antoncich. Cinco años después Rodrigo Zegers reemplazó a Patricio Reyes, quien fue reemplazado tres años después por Cristián O’Ryan, en lo que es la más reciente renovación de un grupo que no parece tener fecha de término, y que en el 2007 celebró con un plan de conciertos sus 70 años de historia. El 2010 editaron un disco a propósito del Bicentenario, con un nuevo registro de varias de sus canciones, en una edición de lujo, que contó con el apoyo las Corporaciones Culturales de las tres comunas del barrio alto de Santiago -Las Condes, Los Barnechea y Vitacura-, y que fue distribuido por el Club de Lectores del diario El Mercurio. El 2014 grabaron un nuevo disco con música de misa, Canto del patrimonio religioso.

Casi veinte integrantes han pasado por las filas del conjunto, se han editado un centenar de discos con sus canciones, y, según datos del sello EMI, sus ventas en el mundo superan el millón de copias. La “canción quinchera” podrá tener una autenticidad campesina cuestionable y el arrastre masivo del grupo puede ser hoy menos arraigado, pero a estas alturas no se puede hablar ni de folclor ni de bolero chileno sin pasar por la música y la voz de Los Huasos Quincheros.

Andrea Andreu cruza a lo autoral

Su nuevo y segundo disco, Raíz, no sólo ostenta las lecciones aprendidas de años de estudio e interpretación en conjuntos de proyección folclórica, sino también su voz creadora. Entrevista con una de las voces que con más frescura elaboran hoy desde Santiago lo aprendido de la tradición y la oralidad.

Una nueva etapa anuncia La Cumbre del Rock Chileno+

Más de cuarenta artistas actuarán este sábado 27 de enero en el Club Hípico de Santiago, en un festival que desde 2018 será celebrado cada año, anuncian los organizadores.