Chancho en Piedra

Una carrera larga y estable ha sido la que mantuvieron los cuatro integrantes de Chancho en Piedra, dándole así vida a una de las bandas de rock más exitosas de los últimos años en el país, y que, en un rasgo poco frecuente, cumplió un cuarto de siglo con los mismos integrantes. Un sonido rock de base funk, y letras que le han encontrado incontables aristas al humor juvenil son la marca de un grupo de seguimiento leal, discografía extensa y permanente actividad en vivo.

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Años

Santiago, 1993 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Chancho en Piedra

Integrantes

Eduardo Lalo Ibeas, voz (1993 – •).
K-V-Zon (Pablo Ilabaca); guitarra, teclado y voz (1993 – 2018).
Felipe Ilabaca, bajo y voz (1993 – •).
Leonardo Toño Corvalán, batería (1993 – •).

Gabriela Bade / Jorge Leiva

Desde el colegio: primero fue en inglés
En 1993, y mientras aún eran alumnos del colegio Salesiano de San Miguel, Lalo Ibeas y Pablo Ilabaca fraguaban los cimientos de una banda con influencias de rock y funk estadounidense. Eran la mitad de Chancho en Piedra, que se completó luego con Leonardo “Toño” Corvalán en batería, y Felipe Ilabaca, hermano mayor de Pablo, en una formación que duró 25 años, y que debutó en festivales escolares bajo el nombre Pig in Stone.

El cuarteto no llevaba demasiado rodaje cuando el grupo Los Miserables los recomendó al sello Alerce, que a la sazón planeaba una nueva etiqueta de rock. Finalmente el proyecto de subsello, que también tenía en sus planes al grupo penquista Machuca, no llegó a puerto, pero los responsables de Alerce decidieron de todas maneras respaldar el debut discográfico de Chancho en Piedra, impresionados por su combinación de rock, funk y elementos atípicos en las propuestas juveniles, como, por ejemplo, la poesía de Nicanor Parra (que sostiene los versos de “Sinfonía de cuna”). Ése fue el origen del disco Peor es mascar lauchas (1995), el primero en la carrera del grupo y uno de los emblemas de lo que entonces se conoció como “nuevo rock chileno”. El sencillo “Guach perry”, cuya letra fue prácticamente improvisada por la banda, fue la sonada cara de ese debut.

Rápidamente Chancho en Piedra encontró un lugar bajo el techo del funk local, y junto a Los Tetas se unieron en el concepto de “familia chilenita del funky”. Era 1995 y la relación se prolongaría por un par de años. La popularidad del proyecto creció al punto de que, para su segundo disco, Chancho en Piedra ya llenaba locales importantes y se ubicaba bajo la lupa de disqueras multinacionales. Sus actuaciones en vivo, llenas de energía, buen humor y performance, les permitieron llegar cómodamente a La dieta del lagarto (1997), el álbum de singles como “Edén” y la cadenciosa “Da la claridad a nuestro sol” (el primero de varios éxitos cantados por K-V-Zón).

Chancho internacional: encuentro cercanos
En 1998 el grupo aterrizó en la multinacional Sony Music, alentados por una posible promoción internacional. Su forma de trabajo, basada en la composición colectiva y la autoproducción, pudo mantenerse sin problemas. Si bien tuvieron el apoyo del productor brasileño Eduardo Bidlowsky y contaron como siempre con el ingeniero Gonzalo González, los cuatro músicos se enorgullecieron siempre de, en sus palabras, “ser los directores de todo”. Felipe Ilabaca, también diseñador, volvió a hacerse cargo de la carátula, esta vez inspirada en un concepto general de referencias extraterrestres. Entre alusiones al espacio exterior, ovnis y encuentros cercanos del tercer tipo nació, en 1998, Ríndanse terrícolas.

Fue el disco de más poderosa difusión en radios. Entre sus éxitos se cuentan “Volantín”, “Moscardón” y “Locura espacial”, tres voces muy distintas que sutilmente mostraba la exploración del grupo en géneros nuevos de composición (por ejemplo, con la incorporación de flautas, y una lejana inspiración en bandas chilenas como Fulano y Congreso).

Aún más lejos fue la apuesta del siguiente álbum, Marca Chancho (2000). El trabajo logró altas ventas muy rápidamente, y le permitió a la banda presentaciones de una convocatoria excepcional, en el teatro Caupolicán y el Velódromo del Estadio Nacional; repletos ambos por sus fans y sus plásticos chanchos Juanito, símbolo del grupo. “Buenos días a todos”, “Eligiendo una reina”, “El curanto” y “Lophophora” fueron los temas más difundidos de un disco que se permitía satirizar con muchos de los nuevos códigos que introducía al país la televisión y su obsesión farandulesca. El éxito del disco permitió ediciones en Argentina, Perú y Bolivia. A siete años de su debut, Chancho en Piedra consideró que era la hora de celebrar. La fiesta fue en grande en la Estación Mapocho, el 9 de junio del 2001, en un concierto doble junto a los estadounidenses Living Colour.

Nuevas referencias: ahora en TV
Sobrevino luego algo más calmo con El tinto elemento. Bajó la locura y se impuso el regreso del humor afín a los adolescentes, con canciones como “Niño peo” o “El impostor”, pero, sobre todo, la marca del disco fue la disposición de los músicos a citar géneros diversos, que incluso incluyeron cueca y swing, y que incluyeron una mayor presencia del sonido de los bronces. “Es el disco más extraño que hemos hecho” dijeron los músicos.  Chancho en Piedra comenzaba a considerarse como un “taller de integración sonora”, más que como una banda casada con el funk-rock que querían seguir escuchando sus primeros fanáticos.

Para entonces, la banda acumulaba un recorrido internacional importante. Luego de sus dos presentaciones en el festival Rock al Parque, en Colombia (en 1997 y 2003), el grupo también se dio tiempo para trabajo promocional en México, Perú y Bolivia. El siguiente disco trató de cristalizar en una mirada antológica esa fuerza en vivo acumulada. Chancho seis puso en un mismo disco (en realidad, un disco doble lanzado en dos etapas) lo mejor de la banda, sazonado con los juegos del vivo y combinaciones sólo hechas sobre el escenario, en un maratónico recital el 6 de diciembre de 2003, en un abarrotado Estadio Víctor Jara. La presencia de Tommy Rey en “Da la claridad a nuestro sol”, con quien habian compartido desde mucho antes en varios escenarios, y músicos como Ricardo Venegas de Quilapayún (en “Invitación”), demostró como el grupo trascendía su etiqueta de rock adolescente.

En paralelo, Pablo Ilabaca se afianzaba como el celebrado compositor de muchas de las canciones del programa de muñecos “31 Minutos”, del que se desprendería poco después el exitoso proyecto musical 31 Minutos. El músico consiguió más tarde estupendos comentarios por su debut en solitario, presentado bajo el seudónimo Jaco Sánchez y Los Jaco en un disco homónimo (2005).

Desde el batiscafo, su disco aparecido a fines del 2005, fue la más internacional de sus ediciones, con producción del argentino Flavio Cianciarullo (ex bajista de Los Fabulosos Cadillacs) e incluso una participación en piano de Andrés Calamaro. El álbum asentó una relación más estrecha de la banda con ese país, al cual viajaron varias veces durante los años venideros para presentarse en recintos de moderada capacidad. Atención, también, a Jabalí en Piedra, la versión animada de la banda, nacida en el año 2007 al amparo de un programa infantil de TVN (“La cueva de Emiliodón”) y con dos temas compuestos de modo exclusivo para este alter-ego. Si los Jackson 5 tuvieron sus dibujos animados, por qué los Chancho en Piedra iban a ser menos. El 2008 los hermanos Ilabaca desarrollaron el proyecto Achú, nuevamente dedicado al público infantil, ratificando un lenguaje que claramente representa una importante vertiente en la historia de la banda.

Al margen de los intentos de internacionalización, el foco del grupo ha sido de inequívoca prioridad local. Muestra de su interés por las raíces fue, también, el remontaje que realizaron en diciembre del año 2007 para la célebre Cantata Santa María de Iquique, obra magna de Luis Advis, y presentada en vivo y en disco por el Colectivo Cantata Rock en conmemoración de los cien años de la masacre que la inspiró. En ese grupo compartian filas con músicos jóvenes de Quilapayún e Inti Illimani Histórico, y con ellos se han seguido presentando en vivo y  ocasionalmente desarrollando repertorio nuevo.

Ese mismo 2007 editaron el primer grandes éxitos de su historia, Grandes éxitos de ayer y oink!, donde incluyeron 19 canciones, y cuatro inéditas, incluyendo el single promocional “Cóndor”, y dos años más tarde, el 2009, el inédito Comboshow, que sería comentado de modo dispar por la crítica, aunque aplaudido, cómo no, por sus fieles fans. Continuaban las referencias de gusto adolescente, pero sus integrantes explicaban que “somos una banda de 15 años, estamos en la edad del pavo todavía”. Y tenían razón.

Un año después ese espíritu se reafirmó, así como el compromiso con su leal público: Celebraron los 16 años con un maratónico concierto denominado “Siete al hilo” en el Teatro Teletón de Santiago, donde recorrieron cada uno de sus siete discos en igual número de conciertos, durante una sola jornada de más de 12 horas, y que como siempre congregó a miles de seguidores.

El 2011, tras dos años de silencio discográfico, regresaron a los estudios de grabación para hacer el primer disco de covers de su historia: Otra cosa es con guitarra, un tributo a la música chilena con más de 20 canciones entre cuecas, clásicos tropicales chilenos, y canciones de Violeta Parra, Víctor Jara, Sol y Lluvia, Santiago del Nuevo Extremo, Florcita Motuda, Los Jaivas y Congreso, entre muchos otros, y reformuladas según los códigos de Chancho en Piedra y presentadas en su propia fonda del 2011.

Las presentaciones en vivo de 31 minutos desde el 2012, donde además de Pablo Ilabaca se sumó su hermano Felipe, fueron retardando las presentaciones de la banda, que mantuvo en todo caso su actividad, al mismo tiempo que permitió que sus músicos desarrollaran otros proyectos. Lalo Ibeas, el cantante, presentó el 2014 su dúo Perno, junto al guitarrista Matías Astudillo, haciendo lo que llamaron “electro rock nerd chileno”, cruzando su pasión por los videojuegos con la música electrónica. El baterista Toño Corvalán se sumó a Los Morton desde el año 2005, y Pablo Ilabaca, además, comenzó a haceer música por encargo para bandas sonoras de cine y televisión.

Pero en 2016 regresaron a los estudios y editaron el disco Funkybarítico hedónico fantástico, con los códigos bailables y divertidos de siempre, pero agregando críticas sociales y temáticas más adultas. Su presentación fue masiva, como siempre, incluyendo presentaciones en el Teatro Caupolicán y el Teatro Teletón, y una intensa actividad que en 2017 se mezcló con la celebración de los 20 años de La dieta del lagarto. En 2018 actuaron en el Festival Lollapalloza en Chile, justo cuando cumplieron 25 años, un total de 14 discos y una historia que con la misma vitalidad, su popularidad y que, como pocos, tuvo durante todo ese tiempo a los mismos cuatro fundadores que iniciaron Chancho en Piedra como adolescentes. La salida de Pablo Ilabaca en abril de 2018 marco el inicio de una nueva etapa para la banda.

 

Leo Rey y el homenaje a la Nueva Ola

El astro de la cumbia romántica y ex voz de La Noche lanza su tercer disco solista con un concierto en el Teatro Coliseo. Su álbum Sigue el ritmo, de la Nueva Ola incluye canciones junto a José Alfredo Fuentes, Germán Casas y Patricio del Solar. Como adelanto, ya está circulando el videoclip de “Ojos de mala”.

Iván Delgado
(1965 – 2018)

A los 53 años falleció Iván Delgado, músico multinstrumentista, que fue parte de la Banda del Pequeño Vicio (1986 – 1991), una de las primeras formaciones de La Ley (1988) y el primer elenco de Saiko (1999 – 2001). Compositor y sesionista, es coautor de varias canciones de La Ley.