Ricardo Arancibia del Canto

Conocido en Chile como el “fantasista del violín” y en diversos escenarios del mundo como el “políglota musical” “el hombre-orquesta” o el “multifacético artista chileno”, por los llamativos espectáculos que ofreció desde 1963, Ricardo Arancibia del Canto fue uno de los músicos más sorprendentes surgidos desde Valparaíso. Creador de piezas como la tonada “Dieciocho sin ti” o la emotiva melodía de violín “Tristeza gitana”, su historia se describe por el más resuelto solismo musical, que lo llevó a dominar la guitarra española, la guitarra hawaiana, el bouzuki, la mandolina, el arpa, la trompeta y el violín.

Fechas

Valparaíso - 08 de enero de 1935
Valparaíso - 12 de diciembre de 2017

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Grupos

Iñigo Díaz

Nacido el día exacto del natalicio del Elvis Presley (8 de enero de 1935), a los cinco años debutó como niño actor en el Teatro Municipal de Viña del Mar. A los siete lo hizo como cantante y guitarrista en Radio Cooperativa Vitalicia de Valparaíso y a los quince actuó en teatros con el grupo Los Hermanos Arancibia, donde tocaba la mandolina junto a Héctor Arancibia (banjo) y Jorge Arancibia (guitarra).

Desde ahí comenzó una inquebrantable relación con la música zíngara gitana. A esa edad escribió además su bolero “Arrepentida”, que grabó con su joven trío Los Latinos en 1954 para RCA Victor.

Alumno del español Paco Moreno, estudió el violín clásico en el Conservatorio de Viña del Mar entre 1952 y 1955, pero estaba tan interesado en la música popular, que a la larga desecharía la carrera de concertista. Sus máximos maestros y referentes eran el judío-lituano Jascha Heifetz, cuya técnica de brazo utilizó espontáneamente, y más tarde el francés Stéphane Grappelli, quien lo inspiró a tocar música popular y melódica. A deshoras de sus estudios formales Arancibia tocaba el swing francés de Grappelli en el Café Checo y fue durante esos primeros shows como “fantasista” que el maestro Izidor Handler lo contrató para tocar en el Casino de Viña del Mar.

En 1962, cuando daba una temporada de fantasías musicales en el Teatro Ópera de Santiago, fue contactado por el músico Hugo Silva, del grupo típico Los Cuatro Hermanos Silva, para llevar a Arancibia dar sus espectáculos a ciudades mexicanas en 1963. Desde Tijuana a Monterrey, permaneció por cerca de una década y allí fue que su nostalgia de Chile lo llevó a escribir ese himno del emigrante llamado “Dieciocho sin ti”, que dejó grabado en su disco Dieciocho sin ti (1969).

Canciones, composiciones y tristezas
Con el tiempo el espectáculo de Arancibia fue tomando un amplio cuerpo, descrito por una serie de mosaicos folclóricos, tonadas-poemas o cuecas con violín. También por  canciones españolas, piezas gitanas, romances, polkas, serenatas, marchas y fragmentos de música clásica de Brahms, Tchaikovsky o Pagannini, extractos como el “Concierto de Aranjuez”, fantasías instrumentales como “El vuelo del moscardón”, piezas del cine como “Zorba el Griego”. Como compositor mantiene además la csárdá “La gitana”, el “Baión de amor”, las tonadas “El vino”, “El caleuche” y “Guitarra”, las cuecas “Cueca con violín” y “Cueca para Bambam” (dedicada al futbolista chileno Iván Zamorano), y las baladas “Con una canción de amor” y “El artista”, que Arturo Millán defendió en el Festival de Viña del Mar.

En 1971 el propio Ricardo Arancibia compitió en la Quinta Vergara con su “Dieciocho sin ti”. Al finalizar la década ya estaba embarcado en una itinerancia por distintos países como músico autónomo, que alcanzaría las 44 naciones, según dice él mismo, “veintidós por tierra y veintidós por mar”, dado que a partir de los años ’90, sus principales escenarios ya no fueron ni los teatros, ni los cabarets, ni café concerts, ni los estudios de televisión, sino los grandes cruceros de lujo.

En 1977 editó el disco Penas y alegrías de amor y en 1983 volvió a Chile para actuar en “Sábados gigantes” con el pianista Valentín Trujillo. En 1988 actúo por primera vez en Londres, en el Show y después llegó a escenarios de Nueva York y Las Vegas, aunque su residencia la fijó por esa época en España.

En 2002 publicó el disco Otro Dieciocho sin ti. Pero poco antes, en 1999, trabajó en el poemario de Fernando Alegría que llegó al disco titulado Viva Chile, mierda, donde Arancibia del Canto musicalizó poemas como “Entre ponerle y no ponerle”, “Población callampa”, La olla del pobre” y la propia “Viva Chile, mierda”. El disco contó con la colaboración del actor Roberto Parada en el recitado y de Roberto Parra en la guitarra. En 2005 se reencontró con su hijo guitarrista de jazz Ricardo Arancibia, con cuyo trío tocó en el Festival Providencia Jazz de ese año y grabó el disco Reencuentro (2005), que fue además una despedida, dado que el músico falleció trágicamente tres años después.

Por esa época, de regreso en Valparaíso, Arancibia del Canto volvió a tocar jazz gitano junto al guitarrista Panchito Cabrera. Pero el paso del tiempo fue acrecentando el olvido sobre el fantástico músico, ya entrado en la edad septuagenaria y quien mantenía vivo el espíritu solista como intérprete de diecisiete instrumentos: “no me siento un triunfador, sino un trabajador del espectáculo”. En abril de 2010 el puerto de Valparaíso lo nombró junto a Luis Dimas, su Hijo Ilustre. Murió siete años más tarde ante el desconocimiento de un puerto que lo olvidó.

 

Beto está de vuelta

El cantante ofrece un concierto este jueves 13 en el Movistar Arena, para comenzar a celebrar sus 30 años de carrera. Éxitos de La Ley y nuevas composiciones, como el single “Rosas en el lodo” junto a los colombianos Monsieur Periné, serán parte del repertorio. El sábado 15 repite en el Espacio Marina de Concepción.

Padre e hijo
Le-Bert

Dos discos se presentan este viernes en El Sindicato (Maipú 424, Barrio Yungay). El primero solista de Camilo Le-Bert, voz del grupo de rock y fusión Fósil, y el cuarto solista  de Luis Le-Bert, donde revisa, solo con guitarra y voz, canciones de Santiago del Nuevo Extremo.