Pablo Herrera

A los 19 años de edad, Pablo Herrera abrió con su primer disco la historia de uno de los baladistas chilenos más exitosos de la música local, y probó que el género era y es uno de los que más valora el público. Rubricado como trovador o cantautor, Herrera se movió en escenarios alternativos hasta comienzos de los años ’90, cuando por propia opción decidió acercarse a la balada y comenzó a escribir otra historia. Así, hoy acumula cientos de miles de discos vendidos, tiene varias canciones ancladas en el inconsciente colectivo chileno y su nombre suena en varios países de América Latina.

Fechas

Viña del Mar - 15 de noviembre de 1963

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Gabriela Bade / Jorge Leiva

Inicios en el Canto Nuevo
El primer gesto de Herrera es de 1983 y se llamó Despertar, con influencias claras del movimiento en boga entonces, el Canto Nuevo. Es que era en ese contexto donde se movía el joven compositor, luego de que personalmente se acercara al cantautor Hugo Moraga para que le hiciera clases de guitarra y composición.

Ese primer disco, independiente, circuló con éxito suficiente para que la compañía multinacional EMI decidiera contratarlo. En 1986 Herrera dio la razón al sello al lograr su primer hit en radios: «Entre dos paredes», incluído en su disco homónimo. Canciones de amor con un fuerte protagonismo de la guitarra fueron su carta de presentación, que pese a presentarse en escenarios como el Café del Cerro, siempre se mantuvo al margen de las opciones políticas que distinguían esos espacios.

Dos años después, con Rastros, Herrera se aventuró en un terreno de fusión experimental y conceptual que sorprendió a sus fans y espantó a su sello. «La verdad es que a ese tipo de música quería llegar en mi vida, pero aparte de algunas personas, nadie más la comprendió. Todo conspiró en contra de esa opción que quería tomar», le contaría años más tarde al diario La Nación sobre ese giro. Un posterior viaje a Estados Unidos le ayudó, según él, a asumir con menos culpa la vocación masiva de su oficio. Su estilo de composición, entonces, se volcó a referentes cercanos a la balada y en 1992, tras ganar el segundo lugar en el Festival de Viña del Mar con «Dale una oprtunidad», lanzó Más arriba.

La masificación
“Amor amor”, el primer single, fue la nueva credencial: coro pegajoso, una letra profundamente romántica y la guitarra acústica como sello de su sonido. Con un videoclip en el que figuraba su esposa como modelo, fuente de inspiración de buena parte de sus letras, el tema precedió el álbum más exitoso de su carrera, en una racha que se mantuvo en su siguiente trabajo, Alto al fuego (1994).

Los números y la popularidad siguieron a su favor. Incluso ese año le llegó el turno de ir al Festival de Viña del Mar. El trovador ya tenía un lugar indiscutido y en adelante empezó a gozar de algunos privilegios. En 1996 fue a grabar a Río de Janeiro su siguiente disco, Hasta la luna, cuyas ventas no superaron las 25 mil copias, lo que determinó el término de su relación con Polygram, luego de un registro en vivo editado en 1997. Ese mismo año, sin embargo, Herrera no detuvo su actividad y junto a Keko Yungue y Alberto Plaza protagonzó una intensa gira por Chile, ratificando el arraigo del género de la balada en el público chileno.

En 1998 el cantautor reapareció con un contrato en Sony Music y nuevos bríos, y logró reposicionar sus canciones con Yo voy contigo (1999), que gracias a sus baladas de siempre repitió el fenómeno de las súperventas. Otra vez el reconocimiento volvió a acercarse, y Herrera recibió ya no un Apes (el premio de la Asociación de Periodistas de Espectáculos), sino el premio de música Presidente de la República, entregado por el mandatario de entonces, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Este álbum lo devolvió a la Quinta Vergara y además le abrió puertas en los mercados cercanos de Perú, Bolivia y Ecuador.

Para 2001 Herrera se fue a Los Angeles y se concentró en la grabación de un nuevo trabajo. En esta oportunidad el baladista se permitió romper con ciertos prejuicios y se abrió a corrientes más jazzísticas y rockeras. Sentado en la vereda, el álbum, fue producido por Eric Bulling, y en él Herrera compartió una canción con el líder del grupo La Ley, Beto Cuevas. Hasta hoy el propio cantante reconoce ese disco como uno de sus favoritos, pero uno de los más difíciles para su público.

Discografía romántica elemental
Los cambios no tuvieron la recepción esperada por el público y el músico y su sello, Sony, decidieron registrar enseguida otro disco en vivo: Sesión. Fue grabado bajo un concepto acuñado internacionalmente por Sony Music, parecido al unplugged de MTV, pero sin canal de televisión y sin tanta severidad en la condición acústica de los instrumentos. La grabación, a pesar de eso, se realizó como si se tratara de un programa de TV y se difundió y comercializó en un DVD. Compuesto por canciones de toda su historia, pero con arreglos actuales, Sesión terminó convertido en una plataforma para su proyección internacional. Junto a Alberto Plaza recorrió Colombia, y siguió luego por su cuenta por Ecuador, confirmando así la capacidad poderosa del repertorio romántico para convencer a la masa latinoamericana.

Años más tarde, el disco Discografía elemental electrónica, (2007). su primera edición independiente desde su debut, retomaría la fórmula del remozamiento esta vez junto a sorprendentes bases electrónicas en clave chill out producidas por Sebastián Piga (ex saxofonista de Upa). Al año siguiente, el cantautor volvió a revisar su propia historia con su Antología, editada en CD y DVD (con sus principales videoclips), y a partir de entonces alternó su actividad en vivo con la composición de canciones para otros cantantes, dentro y fuera de Chile.

El 2010 regresó con un disco original, Este amor, un trabajo donde incluyó canciones propias, muy apegadas a su sonido de siempre, sencillos radiales y un dúo con Alberto Plaza  en la canción «Si la ves». En el 2013 acompañó a Albert Hammond en su presentación en el Festival de Viña, ratificando que, a pesar de que su arrastre parece más discreto que en la década del ’90, su oficio como autor y como intérprete se encontraba saludable y sin señales de detenerse.

Ese mismo 2013 presentó un nuevo disco de canciones originales, en una incluso acompañado por el propio Alberto Hammond. El disco La verdad – que incluyó una moderna versión de «El solitario» de Willy Bascuñán-, sumó canciones a su repertorio, en un oficio musical que se interrumpió sopresivamente por su ingreso al reality televisivo Generaciones cruzadas, junto a su hijo músico Bastián Herrera, en febrero de 2014.

Tras tres meses de permanencia, el cantante regresó a su oficio musical con presentaciones regulares en pequeños escenarios, y desde el año 2017 comenzó a producir un disco de duetos, con figuras continentales, como Alejandro Lerner, Alex Ubago y Gian Marco, y nombres chilenos, como Alberto Plaza y Villa Cariño, que lanzó a fines de 2018, y que rotuló como «Volumen 1», comprometiendo una segunda parte de la produicción.

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