Juan Antonio Labra

En los archivos musicales chilenos hay registradas al menos dos definiciones majaderas para referirse a Juan Antonio Labra: el Michael Jackson chileno y el artista de proyección internacional. Comparaciones más, apodos menos, lo cierto es que Labra es un símbolo indiscutible del pop ochentero nacional y uno de los pocos solistas que convertieron en hits casi una decena de sus canciones. Sus shows se caracterizaban por incluir luces, coreografías y bailarines en pegajosos éxitos bailables como “Bailarina, me haces mal”, “Mueve, mueve”, “A bailar la salsa” y “Paran pan pan”, pero este artista de singulares vibratos y falsetes también hizo de la balada uno de sus fuertes, y canciones como “Niña”, “Te quiero” e “Identidad” lo situaron en los primeros lugares de las listas radiales de esa década.

Fechas

San Miguel, Santiago - 13 de enero de 1959

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

juan antonio labra

Verónica Marinao

Enamorado de una soprano
Juan Antonio Labra tenía cinco años cuando hizo estreno musical. Pero no se trató de una simple “gracia” colegial. Se subió al escenario del Teatro Caupolicán para cantar junto a Los Flamingos, un grupo de humor musical que integraba su padre, Juan Labra (y cuyo cantante era Armando Navarrete, Mandolino). El niño Labra recibió una ovación gigante, recuerda él, y le gustó tanto que en ese momento decidió tomar el camino de los escenarios.

El debut tuvo sus frutos, porque a los seis años el cantante nacido en San Miguel ya había grabado un single para el sello Odeon, con las canciones “Miguelito” y “Dame tu bendición”. A los nueve tuvo su primer “trabajo oficial”, cuando en la revista musical “Amorrr”, en el Teatro Opera de la capital, recuerda haber cantado cuarenta y tres días junto al grupo mexicano Los Panchos. “Me querían llevar a México, pero yo era muy chico y las cosas no se dieron”, dice.

Sin estudios formales de música, las lecciones fueron suplidas por su notable oído y por la suerte de una voz privilegiada. Labra aprendió prácticamente solo a tocar y componer, y antes de los catorce años ya realizaba varias presentaciones cada fin de semana. A esa edad se retiró de los escenarios porque su voz estaba cambiando, y volvió dos años más tarde como parte del grupo de rock Espejismo, donde tocaba éxitos de músicos como Electric Light Orchestra y Elton John.

1979 es el año en que Juan Antonio Labra se transforma en un cantante popular. Dio el puntapié inicial en el programa de televisión “3 a las 3”, que conducían María Olga Fernández, Graciela Gómez y Gabriela Velasco. Resultó ganador ese año y fue entonces cuando el productor Camilo Fernández lo bautizó como “la voz biónica”. A raíz de su actuación la compositora Scottie Scott le pidió que defendiera su tema “Lost love concerto” en el programa “Lunes gala” que animaba César Antonio Santis. También ganó y el despegue fue mayor.

En 1980 el cantante compitió en el Festival de Viña del Mar con un tema compuesto e interpretado por él. “Me enamoré de una soprano” es esa canción, donde Labra forzaba al máximo su voz para alcanzar los altos tonos que requería esa singular historia de amor. No ganó la competencia (quedó en segundo lugar), pero fue elegido el artista más popular y obtuvo el premio del jurado al mejor intérprete. A partir de eso comenzó a hacer presentaciones en vivo y se convirtió en uno de los artistas favoritos del popular programa “Sábados Gigantes”.

Sintiendo florecer tu cuerpo de mujer
Labra era famoso y su rostro despolitizado formaba parte del establishment del espectáculo. Pero aún no lograba lanzar un disco, su gran sueño. En 1986 puso en la mesa sus ahorros, vendió un auto y una piocha de oro que le habían regalado sus padres, y solventó su primer álbum, Juan Antonio Labra (1986).

Ahí están incluidos los hits “Bailarina, me haces mal”, “Joven” y “Niña” (“Niña, te vas a enamorar / sintiendo florecer tu cuerpo de mujer”). Dos años después grabó, esta vez sin que fueran necesarios sus ahorros, el disco Soy latino (1988), con seis nuevos impactos: “A bailar la salsa”, el cover del antiguo éxito bailable “Paran pan pan”, “Te quiero” (“Mírame, sólo mírame / más que a nadie en este mundo yo te quiero”), “Identidad”, del compositor Juan Carlos Gil (“Y te dicen que no, que no, que no, que no puede ser”), “Soy latino” y Quiero volver a ti”.

Esos discos marcaron, según el sello, ventas de cuarenta mil y ochenta y cinco mil copias vendidas, grandes sucesos para la época. Un tercer álbum, América morena (1990), con menos éxitos que los anteriores, le permitió de todos modos convertir en hits a “Mueve, mueve” y “De aquí a la eternidad”, y tras su debut en la competencia del Festival del Viña de 1980, Labra volvió como superestella pop al show internacional en 1988, 1989, 1990 y 1992, cuatro versiones casi sucesivas: una marca de popularidad difícil de replicar en la historia de ese espectáculo.

La prensa insistía en etiquetarlo como el Michael Jackson chileno, porque aunque el cantante no tuvo estudios de danza, hacía grandes coreografías y más de alguna vez vistió con pantalones ceñidos y cortos que delataban los calcetines, al estilo del famoso solista de la familia Jackson. Pero si entonces, según sus planes, Juan Antonio Labra debía “internacionalizar” su carrera, él no quiso dar ese paso, y a la distancia, hoy casado y padre de dos hijas, argumenta que prefirió formar una familia.

“Me sentí un poco solo y perdido”, recuerda, pero asegura que no se arrepiente de la decisión. Su retiro se sintió en el ambiente y la mejor prueba es que frente a su ausencia se echó a correr el rumor de que el artista había muerto. Un mito urbano que creció fuerte, y que tenía asideros en algunas enfermedades que padeció, y una prolongada depresión que ha descrito varias veces en medios de comunicación.

En el 2005 Labra comenzó a retomar su carrera, y grabó el single “Inocencia perdida”, y desde entonces ha hecho presentaciones en distintas ciudades, y ha probado suerte en otros oficios. Ese mismo 2005 fue invitado a participar en “Rojo VIP”, un programa donde compitieron diversos cantantes chilenos de generaciones pasadas, pero a la que él no quiso sumarse.

En el año 2011 tuvo un fugaz regreso, junto a otros nombres de los ’80 que sí estuvieron en Rojo VIP. Junto a Patricia Frías, Alejandro de Rosas y Mónica de Calixto conformaron el colectivo “Fussion 80”, con quienes grabó un sencillo de su autoría (“Si no me dejan”) e hizo un par de presentaciones en vivo. pero tras ese proyecto regresó al camino individual. Así el 2017 tuvo con un nuevo sencillo, “Vive Libre”, con evidentes referencias a la música negra, probablemente su mayor sello musical.

En tanto, nuevos solistas surgidos de programas de TV como “Rojo”, entre ellos María Jimena Pereyra, José Luis Pedraza, Giovanni Falchetti y Juan David Rodríguez, han hecho versiones de algunos de sus éxitos, y los grupos Matahari y De Kiruza lo invitaron a participar en la grabación de las canciones “Deja el cuerpo” (2002) y “Camino por Santiago” (2008) respectivamente. Que desde el pop televisivo y del funk y el soul hayan hecho estos reconocimentos, termina por dejar claro que Labra es un precursor y un referente de ambos géneros en la música chilena.

Clásicos: cine y música junto a Horacio Salinas

En 1996, el director de Inti Illimani Histórico creó una banda sonora para El húsar de la muerte, la película de Pedro Sienna en torno a Manuel Rodríguez. Este 27 de marzo y 3 de abril, a las 19 horas, se pone al frente de la Orquesta Clásica Usach para musicalizar en vivo el filme, en el Aula Magna de la institución.

Cumpleaños con Quilapayún

El programa El Zócalo Nacional, que se emite en Radio Universidad de Chile, cumple 20 años al aire y festeja con un concierto de Quilapayún. El jueves 21 de marzo, en la Sala Master (20:30 hrs.).