Eulogio Dávalos

Un autoexilio a la ciudad de Barcelona en 1975 en cierta forma invisibilizó su arte del conocimiento del público chileno, aunque en ninguna medida lo desplazó de la historia como el iniciador de la gran época de la guitarra de concierto. Eulogio Dávalos Llanos es el principal solista chileno, el que más repercusión tuvo a nivel mundial, el proyector de la insondable obra para guitarra de Violeta Parra, transcriptor de repertorio de Astor Piazzolla, guitarrista predilecto del compositor Gustavo Becerra y el primer concertista latinoamericano en grabar, en 1969, el “Concierto de Aranjuez”, quintaesencia de la literatura para la guitarra académica.

Fechas

Santiago - 14 de abril de 1944

Décadas

1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Iñigo Díaz

Eulogio Dávalos Llanos es hijo de Eulogio Dávalos Román, excepcional pianista boliviano que llegó a trabajar como obrero en las oficinas salitreras y terminó siendo músico estelar en compañías de Pepe Vila. Su madre, Helia Llanos, lo incentivó para que estudiara la guitarra a escondidas de su padre. En Santiago dirigía su propia escuela, la Academia de Música Hispano e Indoamericana Eulogio Dávalos, y quería que su hijo fuera un concertista de piano, como lo llegó a ser Gloria Dávalos, hermana mayor de Eulogio. Pero la guitarra iba a ser una pasión. Dávalos recuerda que su padre le dijo: “Si no quiere tocar el piano siga con la guitarra desde mañana, a lo Andrés Segovia. Los caminos son los de Arrau, los de Segovia o nada”.

Dávalos inició sus estudios formales de guitarra en el Conservatorio Nacional de Música con Liliana Pérez Corey, sin embargo su principal maestro fue el guitarrista José Pavez Rojas, quien había viajado en barco a Barcelona con el objetivo de estudiar con Miguel Llobet. En 1995 Dávalos crearía en Barcelona el Certamen Internacional de Guitarra de Barcelona “Miguel Llobet”, también como una forma de reconocer a Pavez Rojas. En 1953, a los nueve años de edad, Eulogio Dávalos dio un recital de guitarra en el Salón Filarmónico del Teatro Municipal (rebautizado como Sala Arrau). Asistieron personalidades de la música chilena académica como Pedro Humberto Allende, Pablo Garrido y Armando Carvajal, el primer director de la Orquesta Sinfónica de Chile.

Cruce de caminos: los repertorios
Ese concierto posibilitó que en 1955 realizara una gira a lo largo de todo Chile. La prensa lo presentó como “Eulogio Dávalos, la revelación artística”. Incluso ese mismo año llegó a acatuar en el Teatro Municipal de La Paz, en Bolivia. En 1957, con motivo del centenario del Teatro Municipal de Santiago, Dávalos realizó una audición para el mismísimo Andrés Segovia. Luego, en Buenos Aires, hizo lo propio con Claudio Arrau.

Por ese tiempo, además, a la academia que su padre dirigía en calle Catedral, acudían una serie de músicos para solicitar su ayuda en la inscripción de composiciones en el Pequeño Derecho de Autor. Eran músicos como Armando Carrera y Nicanor Molinare, además de una desconocida Violeta Parra. Fue la época donde Eulogio Dávalos entabló amistad con otro niño, Ángel Parra, con quien serían cercanos se setenteta de edad.

La guitarra estaba excluida de la música académica por entonces, pues se le consideraba únicamente parte del folclor, además de “populachera” y un instrumento de bares y fondas. La guitarra solo contaba entonces con profesoras: Esther Martínez, María Luisa Sepúlveda y Liliana Pérez Corey. No existían los concertistas. Dávalos sería un pionero en ese campo.

En 1962, Dávalos grabó el primero de cinco long plays para el sello RCA Victor. En Un regalo para mi madre el músico ya presentaba la dualidad de los repertorios escogidos. Si bien en sus conciertos tocaba obras de los grandes maestros de la música europea, Bach, Vivaldi, Beethoven, Schubert, incluía material de los folclores de Latinoamérica: “Vírgenes del sol”, “Alma llanera”, “Recuerdos de Ipacaraí”, “Luna tucumana”, “El copihue rojo”, entre otras inspiraciones.

El dúo de guitarras y el gran concierto
El 12 de noviembre de 1963, junto a la Orquesta Sinfónica de Viña del Mar en el Teatro de Quillota, Dávalos tocó por primera vez el “Concierto de Aranjuez”, pieza de 1939 del compositor valenciano Joaquín Rodrigo. Fue la primera vez que tocó como solista de una orquesta sinfónica. Antes de que finalizara la década, ese famoso concierto lo haría más famoso a él.

Su serie discográfica seguiría en una marcha sostenida, con música de compositores universales además de repertorios españoles y populares sudamericanos, editados por RCA Victor. Grabó Guitarra (1963), con obras como “Romanza de los juegos prohibidos” (Antonio Rubira), “Serenata española” (Joaquín Malats) o “Danza española N° 5” (Enrique Granados), y luego Otra dimensión de Eulogio Dávalos (1964), con “Fuga en sol menor” (Bach), “Asturias” (Albéniz) o “Recuerdos de la Alhambra” (Tárrega).

A mediados de la década de 1960, Eulogio Dávalos comenzó a vincularse con los cantores, trovadores y cantautores urbanos que serían pilares de la Nueva Canción Chilena, comenzando por Ángel e Isabel Parra. Dávalos ofreció una serie de conciertos de guitarra clásica en la Peña de los Parra, en Carmen 340, alentado por la propia Violeta Parra.

En 1966 Eulogio Dávalos inició un trabajo junto al guitarrista argentino Miguel Ángel Cherubito, a quien había conocido diez años antes en Buenos Aires. Juntos configuraron uno de los primeros dúos de guitarra del mundo, y en especial uno muy particular. Debido a que Dávalos era diestro y Cherubito zurdo, las cajas de resonancia de sus guitarras permanecían muy próximas, generando una fusión musical distinta y cuerpo de sonido voluminoso. Bautizaron su conjunto como Dúo Internacional de Guitarra Dávalos & Cherubito, que permaneció unido por dos décadas. En 1967 grabaron el primero de sus discos, Virtuosismo, con el “Concierto en re mayor”, de Vivaldi, y con piezas de Schubert, Haendel, Hydn y Bach.

Dos años después, Eulogio Dávalos grabaría el “Concierto de Aranjuez” para RCA Victor, con una orquesta convocada a la sesión que dirigía el estadounidense Gerald Brown. El disco Concierto de Aranjuez (1969), acreditaba así al chileno como el primer latinoamericano en registrar esta obra en un álbum.

Piazzolla, Becerra, Llobet y Parra
Dávalos y Cherubito fueron, además, los primeros en tomar repertorio del compositor de tango contemporáneo Astor Piazzolla. Dado que no había escrito para guitarras, ambos músicos adaptaron sus obras para el dúo. En 1971, el chileno había visto un concierto de Piazzolla en el Teatro Municipal, y en 1975, el año en que se autoexilió en España debido a las persecuciones que estaba sufriendo por el régimen militar en Chile, el propio compositor agradeció el trabajo que habían realizado con su música. En adelante, Piazzolla comenzó a escribir para guitarra. Por después el compositor Gustavo Becerra escribiría para Eulogio Dávalos su “Concierto para guitarras y orquesta” (1978), obra que incluía movimientos basados en ritmos de milonga, candombe y batucada.

En 1983 creó el Estudio Musical Eulogio Dávalos Román, en Barcelona, y ya entrados los ’90 fundaría el Certamen Internacional de Guitarra de Barcelona “Miquel Llobet”, concurso que ha consagrado a una serie de guitarristas chilenos como Esteban Espinoza, Luis Guevara, Sebastián Montes y Emerson Salazar.

En 1967 Violeta Parra le había solicitado al joven Eulogio Dávalos que transcribiera sus anticuecas, avanzadas composiciones para guitarra sola. Unos días después murió. Por eso, cuando en 1985 el chileno conoció a la profesora de música el proyecto volvió a la vida. Molinari había transcrito las anticuecas desde una cinta de Nicanor Parra. Dávalos estrenó mundialmente las anticuecas el 14 de diciembre de 1991, en un concierto en la Real Academia de las Artes de San fernando, en Madrid. Durante años su concierto se tituló “De Bach a Violeta Parra”.

El guitarrista regresó a Chile en 2016, para votar en las elecciones municipales y emitir su voto después de 46 años, cuando votó por el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende. También lo hizo para entregar sus obras al Archivo de Música de la Biblioteca Nacional y para lanzar sus memorias, Una leyenda hecha guitarra, donde recorre sus propios recuerdos en el contexto de la música chilena, como el mayor concertista de guitarra de todos los tiempos en Chile.

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