Carlos Silva

Si bien el pianista, compositor y musicólogo Carlos Silva es un ejemplar del jazz de la transición de los '90, junto con músicos generacionales como Pancho Molina, Ignacio González y un primerizo Cristián Cuturrufo, fue en la década siguiente cuando su nombre propio tomó cuerpo como uno de los mayores líderes musicales de un jazz contemporáneo en formación. En esos tiempos se transformó entonces en el continuador de una línea de pianistas de avanzada que de cierta forma se había extraviado desde los '70 con la dictadura y especialmente con las partidas al extranjero de Manuel Villarroel y Matías Pizarro. Silva profundizó largamente en el lenguaje de improvisación libre desde el trío jazzístico y se instaló referencia dentro del avant-garde.

Fechas

Santiago - 09 de noviembre de 1965

Décadas

1990 |2000 |2010 |2020 |

Géneros

Grupos

Carlos Silva

Iñigo Díaz

Se inició en los '80 como pianista popular, incluso antes de la mayoría de edad, en conjuntos que actuaban en lugares como la Taberna Capri, el Bali-Hai, el Steak House. Carlos Silva se formó entonces en la escuela de “el que toca, toca”, interpretando repertorios populares, cumbias y boleros, que fueron parte de sus noches formativas en esas boites y locales capitalinos. En ese contexto fue que Silva descubrió el jazz, un día en que fortuitamente vio una actuación del saxofonista de vanguardia estadounidense Pharoah Sanders en el Club de Jazz.

Licenciado en Música en la Universidad de Chile, en los primeros años '90 se incoporó también a los talleres que impartía Roberto Lecaros y en 1992 integró su primer grupo, el cuarteto Contratiempos, que lideraba el baterista Carlos Figueroa. Es la época en que tomó por primera vez algunos clásicos de la música popular chilena para hacer relecturas modernas y jazzísticas: “Vanidad” (Armando González Malbrán), “Labios de diosa” (Fernando Lecaros Sánchez), “Agonía” (Francisco Flores del Campo).

En 1995 se unió a la formación original de Los Titulares, que había reunido el baterista Pancho Molina), donde permaneció hasta 2002. Entonces fue cuando comenzó a escribir para agrupaciones de jazz, cuartetos, quintetos, sextetos. Junto a Molina estableció una dupla creativa de mucha actividad, cuyo trabajo se reflejó en un set de piezas originales incluidas en los álbumes Los Titulares (1998) y Perseguidor (2001). En el intertanto, Silva ampliaba su militancia en el jazz como pianista de Nexus, que encabazaba el saxofonista alto Patricio Ramírez.

En 1998 viajó a España para doctorarse en Musicología, en la Universidad Autónoma de Barcelona, con una tésis titulada "El jazz actual en Santiago: análisis de sus performances". En esa ciudad escribió algunas de sus piezas clave, "Elegía" y "Núvols", que llevaría al disco propio a su regreso a Chile.

Entonces fue cuando comenzó su carrera como líder de proyectos experimentales, sumergiéndose en el formato del trío piano-contrabajo-batería. En 2002 encabezó sus propios ensambles. Primero junto al contrabajista Roberto Titae Lindl y el baterista Andy Baeza, con quienes grabó una parte de su álbum debut Solo, dúo, trío (2003), y luego con el contrabajista Rodrigo Galarce y el baterista Félix Lecaros.

Segunda época: Barcelona
Con estos solistas, Silva completó su primera grabación y mantuvo exclusividad durante largo tiempo. El nuevo conjunto, afiatado como pocas bandas de la época, evolucionó desde el post-bop hasta la improvisación libre más abierta, presentó permanentemente largas series experimentales con free jazz en el circuito capitalino de clubes y espacios universitarios y luego tradujo su riguroso trabajo en el álbum Cachivaches (2004). En 2005 se instaló en Barcelona, dejó de lado el jazz y se orientó hacia la composición contemporánea y la improvisación libre actuando en ensambles y estrenando nuevas obras en festivales de música docta.

Más determinante aún sería su trabajo como pianista para elencos de danza y teatro, con una extendida labor en el Institut del Teatre de Barcelona, donde Silva continuó con un trabajo como pianista que ya había tenido importantes connotaciones en Chile desde 1991, cuando fue pianista en el Departamento de Danza de la U. de Chile. Estas incursiones en lo que se denominó música de "danza para bailarines" y música de "danza para actores", desembocaría mucho tiempo después en el álbum Ballet classic music I (2021), con 25 composiciones programáticas de Carlos Silva.

Más de una década después de su traslado a Europa, Silva volvería a editar discos de música improvisada. El más importante en términos de elaboración fue Bosques axiomáticos (2017), dedicado principalmente al piano, presente en una secuencia de variaciones y "artefactos", junto a obras de cámara para instrumentos diversos, violonchelos, flautas y voces, además de la incorporación de electrónica y de sonidos provenientes de elementos de desecho, en lo que fue una nueva experimentación propia.