José Alfredo Fuentes

Fue tal la popularidad de José Alfredo Fuentes durante su juventud, que su carrera profesional completa puede explicarse por el fervor acumulado en esos primeros años como cantante, cuando su estampa de galán ingenuo y su vibrato maduro motivaron un fenómeno descrito alguna vez como «la beatlemanía chilena». Pese a ello, sería injusto comparar su caso al de decenas de contemporáneos suyos que alargaron durante décadas un par de hits cosechados alrededor de la época de la Nueva Ola. Su trayectoria ha sido larga pero activa, ha tenido varias composiciones propias y, en algunos períodos, ha mostrado una sorprendente propuesta.

Fechas

Santiago - 25 de octubre de 1947

Décadas

1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

José Alfredo Fuentes

Marisol García

La ubicua “Te perdí” es vara de su éxito, pero el cantante guarda también otros temas (“Era sólo un chiquillo”, “Dirladadá”) de un reconocimiento que cruza generaciones, y preserva hasta hoy un registro vocal que sigue siendo el de uno de los escasos crooners del país. El éxito que a partir de 1979 acumuló como animador televisivo adormeció temporalmente su esfuerzo en la música, pero no lo suficiente para evitar posteriores aventuras creativas. Para celebrar sus cuarenta años de carrera, durante el año 2005 cimentó una inesperada sociedad musical con el rockero Álvaro Henríquez, cuyo resultado dio un poderoso impulso a su aún viva vocación musical.

José Alfredo Fuentes registra casi una veintena de álbumes (a estas alturas, difíciles de pesquisar en su totalidad). Las posibilidades ciertas de haber internacionalizado su éxito local se aplazaron por circunstancias personales, y no por la falta de mérito de uno de los primeros chilenos en ganarse el apodo de «ídolo» entre sus compatriotas.

Un escolar lanzado a la fama
La madre de Alfredo José Fuentes Cuevas recuerda que el primer impacto musical se lo dio su hijo cuando, en la casa familiar de calle Libertad con Rosas, el niño de cinco años improvisó en una armónica y casi sin fallas la melodía de Candilejas. Más tarde, en su adolescencia, demostraría su entusiasmo por Elvis Presley y los primeros héroes del rock’n’roll («vi nueve veces la película Al compás del reloj, con Bill Halley y los Platters», recuerda), mientras destacaba como voz solista del coro escolar. Una guitarra que le regaló su hermano la aprendió a tocar en un par de días, asegura. Y por una novia fanática de Enrique Guzmán comenzó a imitar a ese cantante y actor mexicano frente al espejo, sin sospechar cuántos de esos juegos se convertirían luego en rasgos profesionales.

Pese a lo anterior, nadie en su entorno había considerado alguna vez la música como una veta profesional seria, y jamás se discutió sobre hacer una excepción con el pequeño y talentoso Alfredo José. Ni siquiera cuando,  aún en el colegio, formó el dúo Los Springs junto a un compañero que décadas después se haría famoso bajo el nombre artístico de Wildo. Su repertorio eran canciones en inglés y éxitos de la Nueva Ola, más algunas composiciones propias. En 1965, en su último año de colegio, Fuentes entró a reemplazar al cantante de un conjunto llamado Los del Sendero, con el cual grabó el single “Cura de mi pueblo”. Se ganó allí su famoso apodo, así como también el primer paseo por escenarios y radios.

Pero Fuentes planeaba un futuro profesional vinculado al periodismo, la carrera a la cual pensaba ingresar apenas terminara las Humanidades. Sin embargo, meses antes de su graduación, el profesor de música de su colegio le pidió que interpretara una de sus composiciones para el Festival de la Unidad, en los Padres Franceses. Con su entusiasta interpretación para un tema llamado “Enamorado de ti”, Fuentes se quedó con el primer lugar del certamen. Su profesor, Gustavo Arriagada, vio en el joven a un futuro profesional, y llevó grabaciones suyas al sello Caracol. Antonio Contreras, director de la disquera, escuchó las maquetas y le respondió lo siguiente: «Más que las canciones me gusta ese chico que canta. Tráigaselo». Así, y antes de terminar sus estudios, Alfredo José Fuentes tenía la oferta de un contrato discográfico.

Tuvo que intervenir un sacerdote de su colegio para convencer a su madre de que la oferta podía ser positiva y le diera permiso para aplazar un año el ingreso a la universidad. Un año que se haría eterno, pues José Alfredo Fuentes se convirtió en «El Pollo» para Chile completo y nunca más se bajó del escenario.

Los primeros discos y “Te perdí”
José Alfredo Fuentes no tuvo que esperar demasiado para conocer lo que la mayoría de los músicos persigue por años. Su primer single, “Enamorado de ti”, entró rápidamente a radios, e incluso impuso en la parrilla también su lado B (“Te olvidaste de mí”). Luego de “Bésame, bésame” (otra composición de Gustavo Arriagada), el Pollo conoció la gloria ya sin reversa que le significó su tercer single, “Te perdí”, una composición propia que tenía encajonada desde hacía un par de años porque «la encontraba muy mala; todavía la encuentro muy simple»; pero que maravilló, con razón, al ejecutivo del sello Caracol. Esos tres primeros singles aparecieron entre abril y octubre de 1966, y le regalaron un éxito excepcional a un intérprete de apenas 18 años de edad. Antes de fin de año, el cantante ya tenía auto y departamento.

“Te perdí” presentó a José Alfredo Fuentes también como compositor, lo cual eleva su análisis en retrospectiva, pues fueron también obra suya éxitos posteriores como “Era sólo un chiquillo” (con letra de Óscar Cáceres; tercer lugar en el festival OTI de 1976), “Me faltas tú” (con letra de Nano Vicencio) y “El amor no tiene olvido” (compuesta junto a su hermano Iván). Durante los años setenta, Fuentes llegó a componer por encargo para grupos tan prestigiados como Los Ángeles Negros.

Cuando “Te perdí” se convirtió en éxito, decaía al fin la Nueva Ola, se asomaba la renovación del folclor que encauzaría la Nueva Canción Chilena, y José Alfredo Fuentes parecía el joven indicado para encarnar la estética que requería esa transición. En cuanto a sonido, lo que primero funcionó fue la combinación de códigos tomados de las baladas en inglés y la calidez con la que acompañaba su voz un cuarteto austero llamado Los Primos (Patricio Arnechino en guitarra, Miguel Pizarro en bajo, Carlos Grünewaldt en acordeón y Patricio Salazar, en batería). Con ellos, Fuentes hizo discos durante poco más de dos años y logró diferenciarse de colegas que creían que entonces sólo debían grabarse baladas junto a grandes orquestas.

Por otro lado, la forma en la que se expresó el fanatismo por el Pollo Fuentes no tenía precedentes en Chile. Piénsese en desmayos durante los conciertos, en los cuales el propio cantante reconoce que «no se escuchaba nada, porque las cabras gritaban desde el primer minuto». El grito «¡Oro, oro, oro: el Pollo es un tesoro!» se convirtió en algo así como un mantra para miles de mujeres que comenzaron a acudir a los shows vestidas por completo de amarillo. La revista Ritmo se convirtió en el escaparate impreso del fenómeno, con notas casi incesantes sobre cada uno de sus pasos. En la sección “Hey, fans” se publicó alguna vez una “Oda al Pollo Fuentes”; a continuación, una estrofa: «Hoy el ídolo de Chile / y, que bien logrado está / tu corazoncito vale oro / y tu alma, infinidad».

Como en todo fanatismo, hubo cumbres absurdas, entre ellas la oferta que recibió el cantante en 1968 para candidatearse como regidor por el Partido Nacional o la propuesta de animar un encuentro benéfico disfrazado de ave con capa; algo así como un verdadero Súper Pollo.

Primeras salidas al extranjero
El ambiente sociopolítico en Chile no estaba para frivolidades, y para el cantante también tuvo un costo la incondicionalidad de sus fans. Tan ideologizado era el período previo a la instauración de la UP que, según Fuentes, para los jóvenes de izquierda «los Beatles, Elvis Presley y el Pollo Fuentes eran una mierda. “Démosle a estos falsos ídolos”, decían. Para ellos, yo era un imbécil». Un agresivo encuentro con miembros de la brigada Ramona Parra fue lo más cerca que alguna vez estuvo de pagar físicamente el prejuicio, el cual se perpetuaba a diario a través de despectivos comentarios en el diario Clarín.

Era la Nueva Canción Chilena el género que debía escucharse si se pretendía recibir la revolución en el tono indicado. Pero, junto a ella, se mantenía en Chile el culto por la canción de amor que seguían trabajando Los Ángeles Negros y Cecilia, por ejemplo. Para Fuentes, los años previos al Golpe de Estado estuvieron lejos de enfriar su éxito, y a partir de 1969 —cuando realizó presentaciones en Puerto Rico y Venezuela—, la posibilidad de transformar al Pollo en un nombre continental se convirtió en un objetivo cierto. En una entrevista de ese año con revista Ritmo, el cantante confirmaba sus pretensiones: «Me voy para siempre», se citaba en el título.

En 1970, la filial mexicana del sello RCA lo invitó a Ciudad de México para discutir una posible promoción por ese país. Fuentes aprovechó el viaje para grabar “Qué bien me olvidas”, convertida luego sin dificultad en número uno. Poco a poco, el chileno veía reproducirse en ese país lo que tan bien conocía ya en casa: los clubes de fans, la histeria y la acogida radial. Era lógico que la casa disquera se interesara. «Necesitamos que te quedes acá, que te vengas a vivir a México», le pidieron, pero el chileno estaba de novio con la que a partir de 1971 sería su esposa, y consideró que un giro así de drástico le exigía renuncias privadas a las que no estaba dispuesto. A principios de abril de 1973, Fuentes viajó por primera vez a España, invitado por el productor Manolo Díaz. En Madrid, grabó otro de sus grandes éxitos, “Dirladadá”, el cual se amoldó sin problemas a las parrillas radiales españolas. Según el cantante, «estoy seguro de que si me hubiera quedado en España o en México hubiera sido una figura internacional. Por el estilo, por el carisma. Pero no me arrepiento. Gracias a que me volví a Chile hoy tengo tres hijos a los cuales adoro».

Aunque su nombre no se ampliara por eso más allá de Chile, el oído de José Alfredo Fuentes nunca se contuvo en las fronteras. La década de los setenta importaba desde España baladas de una época de oro aún insuperada, con las composiciones de Manuel Alejandro en las voces de Raphael, Julio Iglesias y Mocedades quitando espacio a grabaciones no menos impresionantes de Camilo Sesto. A Fuentes le tentó la posibilidad de vestir mejor también sus canciones, y comenzó a grabar con violines y trompetas. “Me faltas tú”, por ejemplo («una de las canciones más bonitas que he escrito») fue registrada junto a la orquesta de Juan Salazar. Otros ejemplos son “Tu canto” y “Celoso”.

Por otro lado, seguía en él el gusto por la música en inglés, sobre todo las grabaciones de Neil Sedaka, Paul Anka y Johnny Mathis. Su disco en vivo en el teatro Astor (1970) se abría con “Spinning wheel”, de los rockeros Blood, Sweat & Tears, e integraba también citas a los Beatles, Elvis Presley y Domenico Modugno. Mucho antes de los actuales vínculos globales, el Pollo Fuentes ya era un músico con sensibilidad cosmopolita.

En 1976, grabó y presentó una de sus canciones más exitosas hasta hoy. “Era sólo un chiquillo” fue compuesta por él y el letrista Óscar Cáceres, y se inspiraba en las comentadas crisis generacionales entre los jóvenes de entonces y sus padres. Obtuvo el tercer lugar en el festival de la OTI de ese año, en México.

Pollo animador
La situación profesional de José Alfredo Fuentes durante los años ochenta fue peculiar, pues logró zafarse de la condena ineludible de casi todos los baladistas de su generación —cantar semana tras semana en “Sábados Gigantes” como única vitrina posible— y persistir en grabaciones y presentaciones individuales. Sin embargo, se trató de un esfuerzo desviado por una distracción inesperada: su propio trabajo como animador.

Por una invitación del director de televisión Gonzalo Bertrán, Fuentes comenzó en 1979 a presentar un espacio llamado “Nuestra hora”. Fue el antecedente de su afianzamiento en Canal 13 a partir de 1983 con “Éxito”, un programa de variedades al mediodía con el que la estación católica pretendía quitar sintonía al inamovible “Festival de la una”, de Televisión Nacional. De modo paralelo, participó durante unos años en un programa en radio Portales (“Al grano con el Pollo”), conducido junto a Alfredo Lamadrid.

Tan familiar se volvió Fuentes en su nuevo rol que los más jóvenes comenzaron a creer que el Pollo Fuentes era un animador aficionado al canto, y no al revés. En tiempos de escasa vida nocturna y casi nulo desarrollo musical, la televisión representó para el cantante una plataforma atractiva de sustento económico. Esto le dijo a revista Paula: «Me fue ganando la imagen del proveedor, del huevón asegurado que le tiene miedo al futuro. Quería que a mi familia no le faltara nada, y dejé de lado al artista».

Desde entonces y hasta hoy, la televisión es la vía regular por la que los chilenos podemos encontrarnos varias veces al mes con su rostro y su voz.

La renovación de los cuarenta años
Sus funciones de animador no alejaron por completo a Fuentes de la música, si bien su discografía a partir de los años ochenta es dispareja y con contados éxitos radiales. El cantante se ha mantenido con una agenda regular de presentaciones en vivo, apoyado siempre por esa voz de sorprendente capacidad y frescura que jamás ha educado formalmente.

Para celebrar treinta y cinco años de carrera, el Pollo publicó el álbum Dúos (2002), en el cual integró grabaciones especiales de viejos y nuevos temas junto a Dyango, Leo Dan, José José, Alberto Plaza y Gondwana, entre otros. El año anterior, el cantante había subido por primera vez al escenario del Festival de Viña del Mar. Podía interpretarse como una inquietud de su parte por ampliar su público y sus referentes musicales, pero el paso más significativo al respecto no lo dio sino hasta el 2005, cuando ubicó al cantautor Álvaro Henríquez y le pidió producir su siguiente disco.

El resultado, Corazón loco, fue un trabajo del todo inusual no sólo en la discografía de José Alfredo Fuentes, sino que en la música popular chilena completa. La sociedad entre un hombre popular por sus baladas y un rockero de pocas concesiones y obsesivo rigor en el estudio levantó canciones de fuerte personalidad, en las cuales Fuentes se permitía —a través de versos suyos, de Henríquez, o de otros músicos— compartir reflexiones íntimas y propias de un hombre de 58 años de edad. Henríquez optó por usar equipos análogos y prescindir de las secuencias electrónicas, logrando así un sonido de innegable calidez.

Cuatro de las composiciones del álbum son del ex cantante de Los Tres (incluyendo la versión que el Pollo registró para “Hospital”, grabada originalmente en el único álbum de Pettinellis), y figuran también composiciones del grupo Café Tacuba y del cantante Juan Gabriel, ambos mexicanos. En “Decepción”, José Alfredo Fuentes se permitió compartir inquietudes personales, libres al fin de cualquier pudor (como en los versos «no sé si tengo fuerzas para seguir viviendo… / haberlo dado todo / y recibir olvido»). En entrevista con el diario La Nación, el cantante explicó su enfoque como parte de un significativo cambio interno: «Este disco es el resultado de un proceso […]. Yo estaba obligado a hacer cosas por los demás, y a decir que sí siempre. Lo que quiero ahora es empezar a vivir yo. Aunque me queden diez años con la agilidad que hoy siento, tengo muchas ganas de hacerlo».

Las últimas dudas de la recepción que podría tener este nuevo enfoque las fue disipando el Pollo ante un público nuevo: los jóvenes. Una aplaudida presentación suya en la discoteque Blondie adelantó la aclamada recepción que en septiembre de 2005 tuvo en La Yein Fonda. Corazón loco apareció a fines de ese año y el cantante no pudo ahorrarse palabras de entusiasmo:

«Nunca lo dije con mis dieciocho producciones anteriores, pero ahora lo digo: esto tiene vida. Tiene cultura histórica. Yo nunca había grabado un disco con tanta… piel. Es lo que mi abuela llamaba ‘enjundia’. Dentro de lo simple que puede ser la música popular, esto está hecho con verdad», le dijo a La Nación, poco antes de lanzar a radios un single, “Corazón loco”, sobre el amor compartido con dos mujeres. El tipo de cosas de las que sólo puede cantar un hombre con experiencia.

Actualidad en televisión
El cantante sigue siendo presencia frecuente en las pantallas por la participación en diversos programas televisivos. En los últimos años, ha priorizado los llamados concursos de talentos, en los que puede ostentar su experiencia en la música, como “Locos por el baile” o “Mi nombre es…”. En noviembre de 2016 celebró sus cincuenta años de trayectoria con un concierto en el Teatro Caupolicán al que amigos como Gloria Simonetti, Buddy Richard y Wildo aparecieron como invitados.

Leo Rey y el homenaje a la Nueva Ola

El astro de la cumbia romántica y ex voz de La Noche lanza su tercer disco solista con un concierto en el Teatro Coliseo. Su álbum Sigue el ritmo, de la Nueva Ola incluye canciones junto a José Alfredo Fuentes, Germán Casas y Patricio del Solar. Como adelanto, ya está circulando el videoclip de “Ojos de mala”.

Iván Delgado
(1965 – 2018)

A los 53 años falleció Iván Delgado, músico multinstrumentista, que fue parte de la Banda del Pequeño Vicio (1986 – 1991), una de las primeras formaciones de La Ley (1988) y el primer elenco de Saiko (1999 – 2001). Compositor y sesionista, es coautor de varias canciones de La Ley.