Fernando Ubiergo

A los 23 años, y equipado apenas de una guitarra, Fernando Ubiergo protagonizó el más masivo fenómeno que ha generado un cantautor en Chile. A través de festivales televisivos, y en plena época del toque de queda, el joven se convirtió en un ídolo de masas, abriendo un camino que lo llevó incluso a explorar una carrera internacional. Ubiergo es uno de los trovadores más importantes en el cruce del canto poético y la canción romántica, y varias de sus canciones son auténticos clásicos de la música popular chilena.

Fechas

Valparaíso - 08 de febrero de 1955

Décadas

1970 |1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Fernando Ubiergo 3

Jorge Leiva

Situaciones cotidianas, versos de amor e historias sencillas son el sello de las canciones de Fernando Ubiergo. Con una carrera activa, el cantautor de origen porteño no tiene hoy la fama de antaño, pero su biografía es fundamental para la historia de la música chilena. Es imposible hablar de las décadas de los ’70 y los ’80 sin pasar por canciones suyas como “Un café para Platón”, “El tiempo en las bastillas” o “Cuando agosto era 21”.

Otro estudiante universitario
Nacido en Valparaíso, Fernando Ubiergo se trasladó tempranamente a Santiago, donde estudió en el colegio Darío Salas. Pasó luego a la carrera de sociología, en la Universidad de Chile. Pero los militares en el poder cerraron primero esa escuela y, luego, también la de Periodismo, en la que Ubiergo alcanzó a estar un año como alumno. Cuando se preparaba para continuar sus estudios en el extranjero, en noviembre de 1977, su canción “Un café para Platón” ganó el Festival de la Primavera, y su vida –como él mismo reconoce– cambió para siempre.

Organizado por la Secretaría Nacional de la Juventud, el Festival de la Primavera tuvo esa única versión, y era el sexto certamen al que se presentaba el joven Ubiergo. En su incipiente trayectoria, para entonces ya había obtenido el primer lugar en casi todos esos festivales, no fue sino hasta entonces que comenzó a considerar la posibilidad de profesionalizarse. Que el Festival hubiese sido transmitido esa vez por Televisión Nacional, multiplicó el impacto masivo del tema (la historia de una amistad fraguada al calor de los patios universitarios). IRT lo grabó y editó como single, y Ubiergo tuvo si primer hit radial.

La estampa sencilla de Ubiergo —un chico delgado, que siempre vestía de blanco y no parecía tener referentes en la generación previa de músicos chilenos— alimentó una imagen casi mística, que se consolidó pocos meses después con su participación en el Festival de Viña del Mar 1978, el primero que fue transmitido en colores. “El tiempo en las bastillas” obtuvo el primer lugar del certamen, desencadenando un fenómeno popular que incluyó fanatismo adolescente, portadas de revistas y la grabación de un disco homónimo (con parciales arreglos del experimentado Guillermo Rifo) que vendió nada menos que 150 mil copias.

Fernando Ubiergo (1978) contiene sus dos hits festivaleros junto a temas como “El velero en la botella” y “Ana Ariki”. Giras por Chile y un disco en vivo (en el que estrenó “Cuando agosto era 21”, la historia de un aborto adolescente que dos radios se negaron a pasar al aire y que décadas más tarde animaría una vistosa acusación de plagio contra el grupo rock español Mago de Oz, que terminó en un acuerdo extrajudicial) fueron la continuación de su sorpresiva fama. Ubiergo es acostumbró entonces a llenar teatros a lo largo de Chile, convirtiéndose, además, en invitado frecuente de la televisión (un espacio que, hasta entonces, había estado dominado por los baladistas). Junto a nombres como Florcita Motuda e Illapu, el cantautor fue uno de los pocos músicos chilenos que en esos años accedió a la difusión masiva con temas propios.

La censura, España y la OTI
Pese a la neutralidad política por la que Ubiergo había optado, hacia fines de los años ’80 el cantautor tuvo sus primeros enfrentamientos con la censura oficial. Si bien su estilo estaba lejos de movimientos alternativos de entonces, como el Canto Nuevo, a la lógica militar no siempre le resultaba cómodo; sobre todo, por la constante negativa del joven a participar en actos gubernamentales.

Así, cuando el músico grabó su tercer disco, Ubiergo (1979) —rotulado también como Secretos de otoño—, vino casi la interrupción de su carrera. La decisión de incluir dos temas del cubano Silvio Rodríguez y la canción “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara, llevó al sello a restringir la circulación del álbum, del que fueron editadas apenas mil copias.

Ubiergo renunció a la compañía y, tras algunas señales de amedrentamiento (como ataques a su automóvil), decidió congelar sus grabaciones. El silencio, en todo caso, fue breve, pues en febrero de 1981 reapareció en la competencia del Festival de Viña del Mar con el tema “Pasajero de la luz”, dedicado a John Lennon y arreglada y dirigida por Pancho Aranda. Obtuvo el segundo lugar y le dio el mismo nombre a un nuevo disco.

A partir de esa grabación y casi sin quererlo, Ubiergo emprendió su aventura internacional. El sello español Hispavox le ofreció grabar tres álbumes y radicarse en España, y el cantante inició una carrera que al año siguiente lo hacía ganar el valenciano Festival de Benidorm, con el tema “Pienso en ti” (el segundo lugar lo ocupó esa vez Joaquín Sabina, con “Princesa”). Un productor italiano y la decisión del sello de convertir a Ubiergo en un cantante más cercano a la balada dieron como resultado el disco Canto por ti (1982). Pero el resultado no dejó contenta a ninguna de las partes, y la sociedad recién dio los frutos esperados en el siguiente En algún lugar del mundo (1984), que sucedió a un homenaje a Chabuca Granda editado el año anterior.

El nuevo registro incluía “Agualuna”, el tema arreglado nuevamente por Aranda con el que Ubiergo había ganado ese año el festival internacional OTI, realizado en México (primer triunfo de la historia para un chileno en ese certamen). Sobre esa firme plataforma, el autor realizó giras por Iberoamérica, en un camino que él mismo decidió abandonar más tarde, ante el ya claro desacuerdo con la línea musical que buscaba desarrollar la compañía discográfica en su trabajo. “Querían convertirme en un José Luis Perales, y yo buscaba otra cosa”, dijo años después para justificar su decisión de regresar a Chile tras cinco años de residencia en España.

Del regreso al retiro
El retorno de Ubiergo, si bien generó expectativa mediática, no tuvo el impacto de antaño. A los dos años editó un disco de escasa resonancia, Tarde o temprano, (1987), que aunque es considerado uno de los más sólidos de su discografía, demostró que su música ya no estaba en sintonía con el gusto masivo. Presentaciones en pequeños espacios distinguieron esta etapa musical del cantautor, que en 1992 regresó por tercera vez a la competencia de Viña del Mar con el tema “Diosa del sur”, aunque sin obtener más que el premio como mejor intérprete.

Un concierto en invierno de ese mismo año resumió su carrera, y fue algo así como la despedida de su historia. Sin mayores alardes, Ubiergo se retiró de los escenarios, en una decisión que ni él mismo tenía muy clara a dónde lo llevaría. El término de su carrera univesitaria, su cambio de residencia al litoral central, su ocupación en un oficio comercial vinculado a propiedades y su participación en la gestión de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, SCD (de la que llegó a ser presidente, el 2004), ocuparon sus siguientes años.

Al cumplirse media década de este silencio musical, a fines de 1998, el cantautor reapareció en la prensa para anunciar su regreso a los estudios de grabación. En 1999 editó Los ojos del mar, un trabajo compuesto sólo por canciones inéditas, y cuyo primer sencillo, “Los ojos de Rodrigo”, abordaba el tema de la separación matrimonial. Si bien la canción circuló por las radios, desacuerdos con la compañía que editó el disco dejaron trunca su proyección.

Ubiergo, entonces, y sin las prisas de otros tiempos, resolvió repasar su propia historia, grabando un especial televisivo con sus viejos clásicos registrados en formato acústico. Innovaciones como “El tiempo en las bastillas” en ritmo de blues, o la participación de Claudio Valenzuela, de Lucybell, en “Agualuna”, fueron las credenciales de su nueva etapa musical. El disco Acústico fue el resultado de ese trabajo, que dos años después fue seguido por un nuevo álbum original: La sombra del águila, producido por el propio cantautor, pero con colaboradores de peso a su lado, como Fernando Julio (Javiera y Los Imposibles) y Camilo Salinas. El tema que le daba el nombre al álbum era una reflexión sobre el ansia imperialista estadounidense, lo cual llevó a ciertos medios a una sorpresiva calificación de “álbum polémico”.

Luego, durante cinco años, Ubiergo alternó su carrera musical con la presidencia de la Sociedad del Derecho de Autor, asumida en el 2004 tras la muerte de Luis Advis. Su imagen se ganó el respeto gremial de sus colegas, en una labor que postergó el ejercicio artístico,  pero que no lo detuvo, pues realizó incluso giras al extranjero.

Un  nuevo comienzo
A comienzos del 2009, sin embargo,  Ubiergo protagonizó un episodio que a la larga le significó la salida a su cargo en la SCD: Mientras efectuaba una exposición sobre derechos y autoría en Antofagasta, un software del computador portátil que utilizaba arrojó una advertencia de posible ilegalidad, que -en rigor- era la solicitud de una validación. El hecho, a pesar de eso,  generó cierto revuelo en la opinión pública y tanto el cantautor como el abogado director de la corporación, Santiago Schuster, dejaron sus cargos en la sociedad autoral.

Al poco tiempo, en febrero de 2009, Ubiergo apareció en el escenario de la Quinta Vergara, el mismo en que 31 años antes alzó una Gaviota por el “El tiempo en las bastillas”, ahora para celebrar el cincuentenario del Festival de Viña del Mar. Acompañado en parte de su show por el grupo de rock latino Difuntos Correa, Ubiergo consiguió un respaldo popular abrumador, y -de nuevo sin prisas- estableció ese espectáculo como un nuevo punto de partida de su carrera musical, que a fines del 2009 presentó la canción “Púrpura”, como su nuevo peldaño.

Hoy el impacto masivo de Ubiergo, naturalmente, no es el mismo que en los años ’70 u ’80, pero eso no parece apurar al autor de “Un café para Platón”. Su nombre se mantiene en la memoria como parte de la historia, y sus canciones ya están inscritas como clásicos de la música popular chilena.

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