Los Miserables

A través de diversas formaciones, ediciones discográficas y niveles de difusión, Los Miserables han mantenido al menos una valiosa seña de identidad que permite reconocerlos de inmediato en el panorama rockero local. Su concepto del punk está más vinculado a la esencia de la canción-protesta que a aspectos formales de indumentaria o reglas de sonido. Los Miserables son por ello una banda que asocia su nombre a valores profundos del activismo, como la reflexión social, la crítica al poder y la energía propia de la juventud. Más allá de puntuales hits de gran difusión, su circuito natural de difusión está al margen de los grandes medios, y su canto representa mucho mejor a los suburbios de las grandes ciudades chilenas que al centro de toma de decisiones y de bienestar.

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Años

Santiago, 1990 -

Décadas

1990 |2000 |2010 |

Géneros

Los Miserables

Integrantes

Claudio Zeús García, voz y batería (1990 – •)
Oscar Amapola Silva; voz, guitarra y bajo (1990 – •)
Patricio Silva, bajo (1990 – •)
Francisco Fiko Silva, guitarra (1995 – •)
Álvaro Tribi Prieto, voz (1995-1999)
Rodrigo Silva, batería (1999-2003)
Juan Francisco Juancho Contreras, batería (2008 – •).

Marisol García / Jorge Leiva

Los Miserables han sido un grupo de ediciones constantes, a un ritmo casi anual, y en cuya discografía se combinan más de un álbum de covers, registros en vivo, compilados y discos de concepto. Canciones como “N.N.”, “Progreso”, “Chow chow sen”, “El crack” o “La cábala” recorren las inquietudes masivas del Chile de transición, con sus temores, sus rabias, sus pasiones y sus conflictos pendientes.

La Cisterna, Argentina, País Vasco
Nacidos en 1990, Los Miserables llegaron a la segunda ola del punk chileno, cuando ya la resistencia a Pinochet le cedía lugar a nuevas reflexiones derivadas de la transición de Chile a la democracia. Su origen en la población O’Higgins de La Cisterna (actualmente, El Bosque) ha sido un rasgo que ha definido a la banda durante todo su desarrollo, siempre vinculado a esa raíz suburbana, precaria y marginada. Influenciados por The Clash y Los Prisioneros, pero sin experiencia ni formación musical alguna, los jóvenes Claudio García, Óscar Amapola Silva y Patricio Silva aceptaron ese año una primera tocata en el Cuerpo de Bomberos de La Bandera como teloneo a un recital de Fiskales Ad-Hok. No había aún instrumentos propios o siquiera un repertorio original, pero la experiencia los dejó suficientemente entusiasmados para continuar.

Su primera grabación, ¿Democracia? (1991) costó los veinte mil pesos que una pariente estuvo dispuesta a prestarles. El cassette circuló de mano en mano y enfrentó al grupo a sus primeros admiradores y detractores. Claudio García recuerda que «el Amapola y yo militábamos en las Juventudes Comunistas, y gente del Partido nos dijo que el rock era música capitalista, que no podíamos usar bototos de milicos. Nunca entendieron que era una burla al ejército vestirse como ellos». En una primera etapa, Los Miserables trabajaron vinculados a un movimiento opositor formado en la Universidad de Santiago llamado “Guachuneit”, crítico de la Concertación en el poder. A través suyo, el grupo coordinó recitales en poblaciones y centros comunitarios.

Poco a poco se iba armando al material que daría forma a Futuro esplendor (1992), su primer disco con el sello Alerce, con canciones marcadas por el contenido político y por un discurso contra los medios de comunicación, las clases más acomodadas y la desigual distribución del ingreso.

Más tarde, la promoción de Te mataré con amor (1994) les permitió a Los Miserables integrarse a su primer gran concierto masivo: un festival en el que compartieron escenario con Ataque 77 y Fiskales Ad-hok. Pese a que su cobertura en medios era aún escasa y tensa, Los Miserables se las arreglaron para intensificar su agenda en vivo, con cada vez más salidas a provincia. Más tarde, vendrían presentaciones junto a grupos extranjeros de la importancia de Los Fabulosos Cadillacs, La Polla Records y Negú Gorriak.

Sin dios ni ley (1995) fue un álbum de covers, y la muestra de una apertura en sus sonidos. De hecho, el tema “Tu alma mía”, single promocional del disco, contó con videoclip, difusión radial y la inclusión en la banda sonora de una teleserie. Además trajo un nuevo cambio: el diseño de carátula los puso en contacto con Álvaro Tribi Prieto, un estudiante de Arte de la Universidad de Chile que hizo tan buenas migas con la banda que terminó por integrarse a ella.

Prieto imprimió en la banda nuevas direcciones creativas que se plasmaron fundamentalmente en Cambian los payasos pero el circo sigue (1997), el disco hasta entonces con mejor difusión radial de su discografía, gracias al single “N.N.”. La grabación les permitió gestionar presentaciones promocionales en Argentina, y un nuevo contrato con una filial de Warner Music Chile (Bizarro), salto antes impensado que les permitió una difusión mayor a la de toda su historia. Además, el nuevo sello financió el viaje de la banda a España en 1998, y en el País Vasco se grabó su disco Miserables.

La gran difusión radial para temas como “Progreso” afirmó al grupo en su carrera, si bien interiormente se vivían meses en extremo difíciles. Al regreso de España, García (quien ya había pasado cerca de un año con una depresión por temas familiares) debió ser hospitalizado por infección de la llamada bacteria asesina (Cristóbal González, de Santo Barrio, lo reemplazó en batería durante ocho meses), y la tensión con Prieto terminó con la salida del cantante al año siguiente. Según Claudio, «la diplomacia del Tribi no iba conmigo». Desde entonces, él asumió la voz principal de la banda.

Con Claudio en la voz
Los Miserables han sido un grupo de ediciones constantes, y en cuya discografía se combinan más de un álbum de covers, registros en vivo, compilados y discos de concepto. Tras la salida de Prieto se editaron dos discos de “esencia punk”, como los definió García: Muchos temas, corta duración y letras directas, en lo que fue una especie de regreso de la banda a su raíces y la antesala de uno de sus fenómenos: Pasión de multitudes (2003), un trabajo motivado por la pasión de García por el fútbol (él es un leal seguidor de Palestino) y en el que se relacionan versos sobre pobreza con códigos propios de ese deporte. Los relatos del comentarista deportivo Ernesto Díaz Correa cierran un disco de esencia popular-conceptual, y que resultó un enorme éxito entre cierto público, acaso el más masivo de Los Miserables. Temas como “El crack”, dedicado a Carlos Caszely, o “Dólares y euros” contaron con videoclips y enorme difusión radial.

Dos años más tarde, Los Miserables reiteraron su fórmula masiva, pero esta vez desde la clave política. La voz del pueblo fue un disco con versiones de lo que ellos definieron como clásicos de una época para Chile. Canciones de Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés o el dúo argentino Pedro y Pablo, más temas chilenos de Víctor Jara, Inti-Illimani, Violeta Parra, Illapu o Patricio Manns dieron forma a un disco que, de nuevo, fue un éxito radial y de público. Además, contaron con la participación de músicos por completo ajenos a la órbita punk, como Camilo Salinas, Amaro Labra (Sol y Lluvia), Ángelo Pierattini (Weichafe) y Luis Le-Bert, además de uno de sus principales inspiradores, Jorge González, con quien hicieron “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara.

El disco fue rotulado como «Sonidos que hicieron historia», y tuvo una gráfica con abundante referencia a la prensa y la iconografía de los años ochenta. Entre sus pistas se alternaron archivos de audio de la radio Cooperativa, con estremecedores momentos históricos, como el hallazgo de los degollados en 1985, la última grabación dirigida a su familia del asesinado Tucapel Jiménez, el relato de Carmen Gloria Quintana de cómo fue quemada por una patrulla militar en 1986, o el recuento de votos que daba el triunfo para la opción NO en el plebiscito de 1988.

Un gran concierto en el Teatro Caupolicán celebró ese año el aniversario número quince del grupo. Los argentinos Los Violadores llegaron también a la celebración y ratificaron el gran momento de la banda.

La continuidad de Los Miserables
Luna. Una historia… de muchas vidas fue lanzado el 11 de septiembre de año 2007, y fue dedicado a Luciano Carrasco, hijo del asesinado periodista José Carrasco, traumatizado hasta el suicidio por la violenta muerte de su padre a manos de militares. Ese disco fue concebido como una colección de testimonios de hijos de desaparecidos y ejecutados políticos durante la dictadura.

Luego de Alegría y subversión (2009), de tono más humorístico, el grupo decidió tributar íntegramente el que, a su juicio, es «el mejor disco del rock chileno»: La voz de los 80 de Los Prisioneros. Con la aprobación del propio Jorge González, los Miserables reversionaron todos los temas, con algunas actualizaciones en la letra. Fue otra muestra más de la incesante actividad del grupo, en su música y en su mirada social.

El año 2013 editaron un nuevo disco de canciones originales, que se tomó su nombre de una crítica de sus primeros tiempos, cuando fueron calificados como “políticamente incorrectos (soeces y anacrónicos)”. Bajo ese nombre reunieron una decena de canciones de marcado acento punk, pero con un especial cuidado en el sentido del humor, con nombres como “Los niños cuicos no saben rockear” o “Mi vecino (un facho reprimido)”, además de un cover del “Te quiero” – el poema de Mario Benedetti musicalizado por Alberto Favero en los años 70. El disco circuló libremente por Internet, ante la negativa de la banda de venderlo en disquerías o en el comercio formal.

Una muestra más de la consecuencia entre el discurso y el quehacer de Los Miserables, que el 2016 cumplieron 25 años, que celebraron en varios escenarios y con un disco el año 2017 donde regrabaron 24 de sus canciones m{as clásicas, agregaron  un tema inédito (“Mira, apunta y dispara”) y lo lanzaron en un concierto junto a Fiskales Ad Hok y BBs Paranoicos. El cartel fundacional del punk en Chile, donde sin duda también están Los Miserables.

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