Cristina Narea

Cantautora y guitarrista, Cristina Narea  comenzó su carrera en la música en los años ochenta en Chile  (con el nombre de Cristina González), inserta en la escena del Canto Nuevo y como parte integral de ese movimiento. Canciones suyas como “Flor de aromo” y “11 de noviembre” circularon profusamente por los escenarios de la época, en peñas,  parroquias y espacios universitarios.

Fechas

Santiago - 01 de agosto de 1962

Décadas

1980 |1990 |2000 |2010 |

Géneros

Cristina Narea

Marisol García

La vida la llevó, sin embargo, por los rumbos lejanos de Madrid, y es en España donde esta nativa de Santiago de Chile, de fuertes vínculos musicales por familia —es hija de Myriam von Schrebler (del dúo Sonia y Myriam) y hermana del productor Carlos Narea (de Tiza)— ha continuado con su trayectoria en la música, tanto en vivo como en nuevas grabaciones y valiosas colaboraciones con músicos tan renombrados como Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute.

Escribe ella como autopresentación:

Nací en Santiago de Chile y mi adolescencia la viví en Madrid hasta el año 1981, año en que decidí regresar a Chile para trabajar desde el arte y la cultura en contra de la dictadura chilena; un impulso natural dado que desde pequeña sentí una preocupación por lo social y cultural. Por ello también, como tantos otros trabajadores de la cultura, por nombrar sólo un segmento de la sociedad, fui reprimida y marginada de los medios de comunicación; en esos años hicimos una intensa labor política y social que sentimos fundamentales desde el Taller Sol y otras agrupaciones , así fue como creamos el primer Coordinador Cultural en Santiago junto a escritores, gente de la danza, del teatro, del cine, de la música, etc.

En el camino áspero de esa opción de trabajo con mucho en contra, Cristina González publicó en 1982 un primer single con versiones para temas de Nino García y Hugo Moraga, y luego al fin un primer cassette: Mensajero del amor (1986) fue un lanzamiento importante para el sello Alerce, en el que composiciones originales de la autora presentaban versos de denuncia entre cuidados arreglos, trabajados junto a una prestigiosa banda que incluía a músicos como Claudio Pájaro Araya, Jaime Vivanco y Jorge Campos.

Ese cancionero de Cristina González frente a la dictadura cívico-militar aún impuesta en Chile presentaba la canción como instrumento democrático, con recurrentes menciones a la libertad y al involucramiento personal en un amplio cambio social. Era una colección de canciones conscientes, con breves pero potentes manifiestos, como los de "Aún tengo la guitarra" («Hoy pongo hombre y patria en mis dos manos, / y vuelvo a andar caminos de canción / pues estos dos amores que mandan mi oración / me han intranquilizado, / también me han enseñado / el valor») y el propio homenaje que le daba título a la placa: «Yo le canto al hombre entero, / al hombre combatiente, / a su principio noble: / la razón inclemente». El tema "11 de noviembre" era un enfático tributo a Sebastián Acevedo, el obrero que en 1983 perdió su vida quemándose por mano propia en Concepción para pedirle explicaciones a la CNI por la detención sin cargos de dos de sus hijos.

«Siempre digo que, más que canción-protesta, yo hacía canción protestona», comenta ella en el libro sobre cantautoría política en Chile Canción valiente. «Había [en ellas] algo de crónica, porque así me lo pedían el cuerpo y las circunstancias del país. De todas las herramientas con las cuales podía en ese momento lucharse contra la dictadura, sentía que la canción me era la más asequible. Yo consideraba que mi voz era una voz necesaria para contar lo que pasaba».

La promoción en vivo de ese trabajo concentró sus últimos esfuerzos profesionales en Chile, al menos por las siguientes dos décadas. En 1987, la cantautora decidió su mudanza a Madrid, España, donde siguió desarrollando su música con conciertos, colaboraciones y nuevas publicaciones en discos y libros; y ya con el nombre de Cristina Narea.

Ha aportado al repertorio de muchos otros intérpretes, algunos de gran fama. Adaptó al español canciones del italiano Claudio Baglioni y el brasilero Iván Lins, colaboró con letras con composiciones de Ketama y Miguel Ríos, y además figuras como Sandra Mihanovic han grabado canciones suyas.

En vivo y en disco, ha apoyado como parte de la banda de nombres españoles tan significativos como Nacha Pop, Nacho Vega, Joaquín Sabina, Estopa y Miguel Ríos. Para Luis Eduardo Aute ha sido colaboradora estable, como músico y segunda voz.

Ocupada a veces en clases de canto y como coach vocal, en Madrid la chilena también ha dictado talleres de poesía y collage; técnica, esta última, en la que se ha perfeccionado hasta incluso hacer exposiciones. Existen dos libros publicados en España con poemas suyos, bajo los títulos Bajo las plumas (2010) y El ritmo de una vida (2017).

Sus visitas a Chile son esporádicas, pero dejan un espacio para presentaciones en vivo y otro tipo de contactos musicales. Su disco de 2014, Huesos de mar, fue grabado entre Santiago y Madrid, con músicos residentes en ambas ciudades. Definía para entonces su sonido como «una fusión que no discrimina estilos diversos, desde la canción de autor, el jazz/bossa, mi raíz folk y la mirada rockera».

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Entre Tongoy y Los Vilos

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