Patricio Wang

En Chile, el perfil más conocido de Patricio Wang está vinculado a la renovación que sus creaciones aportaron a principios de los '80 a Quilapayún. Pero su alcance como compositor e instrumentista llega a los ámbitos contemporáneo, clásico y experimental tanto como a la música popular y latinoamericana que ha cultivado en otros conjuntos como Barroco Andino, Amankay y como solista. Desde su partida a Europa en 1976, Wang ha profundizado en la música contemporánea como parte de una extensa ruta artística. Activo hoy en Holanda y Francia, no tiene en la distancia un impedimento para seguir ligado a músicos chilenos.

Patricio Wang

Milena Bahamonde

La casa del sol naciente
Patricio Germán Wang Tapia nació en Santiago de Chile el 19 de diciembre de 1952. Hijo de un abogado jefe de la sección jurídica de la Contraloría y con ancestros maternos italianos, tuvo además un abuelo paterno de nacionalidad china que desembarcó en el norte de Chile en los años '20. De él heredó el apellido Wang, que significa rey.

Creció entre las canciones de Frank Sinatra y Ella Fitzgerald que se oían en su casa y los impresionistas franceses como Maurice Ravel y Claude Debussy que escuchaba su madre, además de los Beatles en boga a partir de 1963. Tomó la guitarra a los 11 años, y una de sus primeras experiencias musicales data precisamente de haber tomado la grabadora de un restaurante chino de calle Vicuña Mackenna, aunque con el alma puesta en un éxito en inglés de esos días, "The house of rising sun" (en la versión de Eric Burdon & the Animals).

Tras formar a los 13 años en el Instituto Nacional su primer grupo, The Theen's (sic), se graduó en 1968 y a los 16 ingresó a la Universidad de Chile a estudiar composición y tecnología en sonido y luego sumar arquitectura. En ese período compuso sus primeras «cinco piezas programáticas» para piano y la música de un documental de TV sobre el archipiélago de Juan Fernández, pero al mismo tiempo integró el centro de alumnos de su facultad con compañeros como Jaime Soto León, y tras el Golpe militar de 1973 fue expulsado luego de un simulacro de juicio en que se le acusó de «extremista».

A fines del mismo año el propio Soto León lo integró al naciente conjunto Barroco Andino. Wang fue arreglador, cantante e intérprete en bajo, tiple, zampoña en ese conjunto, el primero que logró sortear la censura militar a los instrumentos andinos por la vía de grabar a autores como Bach, Telemann y Bocherini. Luego de un par de años de intensa actividad, Patricio Wang se alejó del grupo para continuar sus estudios en Europa.

Contemporáneo: la llegada a Holanda
El 15 de enero de 1976 Wang emigró a Holanda para estudiar composición y guitarra clásica en el Conservatorio Real de la Haya, carrera que finalizó en 1983. En paralelo integró dos nuevos conjuntos en Amsterdam: Amankay (1976-1981), un grupo heredero de la Nueva Canción Chilena del que fue director, y Hoketus, un ensamble de música contemporánea en el que fue zampoñista entre 1979 y 1986 (también junto a otro chileno, Renato Freyggang), y del que comenta:

Hoketus fue al comienzo un taller que dio [el compositor holandés] Louis Andriessen para estudiantes de composición del Conservatorio sobre la música minimalista americana. Esas ideas se convirtieron en la pieza que llamó "Hoketus" (técnica renacentista de división de una melodía en dos grupos de instrumentos), para una instrumentación bastante original: dos saxofones, dos zampoñas, dos congas, dos bajos eléctricos, dos pianos acústicos y dos pianos eléctricos divididos en dos grupos idénticos que nunca tocan al mismo tiempo, exactamente como funciona la zampoña cuando es tocada por dos ejecutantes. Era una respuesta holandesa, bien terrenal, con un sonido casi rock, al sonido un poco 'místico' de los minimalistas americanos. Este ensamble se convirtió en una de las experiencias más marcadoras de la música en Holanda y estuvo en los orígenes de lo que hoy aparece en los libros de historia de la música como la Escuela de La Haya.

Wang en Quilapayún
En 1982 Patricio Wang se integró a Quilapayún, cuando completaba casi una década de exilio, y donde se convirtió en un nombre clave en las reinvenciones musicales que el conjunto exploró en ese período. Conocía a algunos integrantes desde Chile (había compartido en Barroco Andino con Ricardo Venegas) y se reencontró con ellos cuando Quilapayún actuó en Holanda en 1979 y en conferencias dictadas por el maestro Gustavo Becerra en París el mismo año. Aunque nunca cambió su residencia a París - donde vivía Quilapayún- fue parte de todos sus discos desde entonces y prácticamente en todas las giras.

Su aporte a la nueva identidad del conjunto fue fundamental: "Si se observa la musica que hemos hecho desde su llegada" dice Eduardo Carrasco en su libro La revolución y las estrellas publicado en 1988, "se podrá constatar que él ha puesto su improntra en todo lo que es más experimental y renovador".

Entre sus primeras composiciones para el conjunto está "Oficio de tinieblas por Galileo Galilei", junto a Desiderio Arenas, que entonces vivía en París y ya había trabajado con el grupo. Wang hizo arreglos además para "El gavilán", de Violeta Parra, ya grabada con Amankay, y "Eleanor Rigby", de los Beatles, escrito para Barroco Andino. Las dos figuran respectivamente en dos de sus primeros discos con Quilapayún, La revolución y las estrellas (1982) y Tralali, tralala (1984).

Ese último disco incluye también las composiciones de Wang "Es el colmo que no dejen entrar a la Chabela" y la aludida "Oficio de tinieblas por Galileo Galilei". Un siguiente trabajo es su cantata inédita Dialecto de pájaros (1987), compuesta con textos de Vicente Huidobro.

Para mí el Quila representaba un proyecto interesante, que buscaba siempre nuevas ideas. No limitaba su tarea a responder con las canciones que el público conocía sino que estaba en permanente búsqueda de nuevos colaboradores, y por eso yo era un admirador. Me gustaba que se plantearan, más que como un grupo, como un proyecto, más allá de las personas e incluso de su historia.

En el verano de 1988 Wang retornó a Chile con Quilapayún para participar en los actos del Plebiscito, y luego en una gira en 1989, pero al igual que el resto del conjunto, continuó con su residencia en Europa.  Tras las renuncia del Eduardo Carrasco , la dirección del conjunto fue asumida por dos de músicos: Rodolfo Parada como Director Artístico y Patricio Wang como Director Musical, y con esa fórmula editaron el disco Latitudes en 1992, donde acentúan la diversidad musical comenzada en los años 80. Allí grabaron una nueva versión de "La batea", con letra renovada ("las posturas / las más duras cambiarán" dice en un verso") y la canción "Allende", un homenaje al fallecido presidente que se convirtió en la más difundidas de ese disco, y cuya música es de Patricio Wang.

En los años 90 bajó ostensiblemente la actividad de Quilapayún, lo que le permitió desarrollar sus otros caminos musicales, y en 1999, otra vez en codirección con Parada, editaron el disco Al horizonte, pero poco después sobrevino la crisis del conjunto: Entre el 2001 y el 2002, tres nuevos músicos renunciaron (para 1992 ya se habían ido otros dos) y el 2003 todos los retirados (residentes en Chile y París) comenzaron a presentarse como Quilapayún. Wang, entonces, resolvió permanecer en el grupo con Parada, y también como Quilapayún se presentaron en Chile varias veces y editaron el disco Absolutamente el 2012. El 2015 se presentaron por última vez en Chile.

Wang y los otros conjuntos
En paralelo, luego de Hoketus el músico ha intervenido en una serie de grupos en Europa, con todos los cuales ha realizado giras y grabado discos (aportando, en algunos casos, también composiciones originales). Grabó Muziek van Micha Mengelberg (1981) con el Ensamble del Conservatorio Real de la Haya, y en 1992 se alineó en guitarra eléctrica y bajo en Loos, conjunto de música contemporánea, conceptual, improvisada y escrita fundado en Holanda. Otra experiencia fue Catch, cuarteto de guitarras eléctricas.

Además Wang ha sido invitado regular en conciertos y grabaciones con grupos como los holandeses Netherlands Winds Ensemble, Asko Ensemble, Schoenberg Ensemble, Radio Philharmonisch Orkest, Concertgebouw Orkest, Ebony Band y Radio Kamer Filharmonie, el francés Ensemble Intercontemporain, los alemanes Ensemble Modern y Musik Fabrik o el suizo Ensemble Contrechamps. La Banda del Sur, reunión de músicos interesados en la raíz latinoamericana que actuó a comienzos de los '90, fue el antecedente de Winanda del Sur, grupo para el que Wang compuso y produjo los discos Luna y mar (1996) y Suite para Violeta (2000).

Wang y el repertorio: cine, danza, teatro y ópera moderna
Desde 1977 Patricio Wang ha compuesto intensamente obras para solistas y grupos, música para más de veinte películas de las que hay una selección editada en el disco Music for films (1991) y para compañías de danza y teatro holandesas como RO Theater y De Nieuwe Komedie.

Una de esas piezas es Transiente (1983), musical sobre el exilio escrito para siete músicos, siete bailarines y dos actores y figurantes por encargo del Festival Latinoamericano de Utrecht. Del paso del autor por la ópera constan Tragicomedia de don Cristóbal y doña Rosita (1986), ópera a capella con libreto de Federico García Lorca y Michiel Bollinger, y Pinocchio (1994), con libreto de Guus Baas para la compañía RO Theater de Rotterdam. Otro ejemplo es la ópera-ballet A taste of glamour (1997), Kleine cantate (1998) y Amor América (2000), esta última con texto de Pablo Neruda para dos cantantes y la banda de salsa Rumbatá.

En el plano instrumental son de mencionar 2 sisters (2001), para dos pianistas/recitantes y Prólogo (2002).  Las Canciones salvajes (2004-2006), surgieron sobre poemas de Neruda para solista, grupo instrumental y coro, interpretadas por Winanda del Sur. Patricio Wang se mantiene en plena actividad en su trabajo en la música contemporánea.

He estado siempre donde quise estar, haciendo lo que quiero hacer y he trabajado con muchos de los héroes de mi juventud: Pierre Boulez, Gyorgy Ligeti, Karlheinz Stockhausen. Luciano Berio, que fue el profesor de mi profesor Louis Andriessen, vino muchas veces a saludarnos después de los conciertos. Son momentos bastante mágicos, que al mismo tiempo ayudan a relativizar muchas cosas.