Matías Cena

Matías Cena es un nombre que comenzó a escucharse como parte de una generación de cantautores surgida de la mano de las primeras plataformas digitales, pero luego su música tomó rumbos diversos. Solo o acompañado por diversas formaciones, ha construido un cancionero que puede adoptar la forma de piezas acústicas o de un rock enfervorizado, pero siempre mantiene una singular veta poética. 

Fechas

Santiago - 04 de agosto de 1987

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Rodrigo Alarcón

Formado en la escuela del hardcore y el punk santiaguino, Matías Cena debutó como solista en 2006, cuando tenía solo 19 años, y en cuatro temporadas publicó cinco discos. Entre ellos destacaba la trilogía A todos nos mintieron, cada uno bautizado en honor a diferentes personajes: August Spies, uno de los mártires de Chicago; Rosa Luxemburgo, la revolucionaria polaca; y Howard Carter, el arqueólogo inglés conocido por descubrir la tumba de Tutankamón.

Junto a músicos como Javier Barría, Natalia Molina, Resostenido o Diego Peralta, entre muchos otros, fue apuntado como parte de lo que entonces se llamó la “Generación MySpace”: un grupo de cantautores que aprovechaban las nuevas plataformas digitales para liberar sus discos, antes que esto se volviera una práctica habitual.

Arauco cajún (2012), el primer disco en propiedad de Matías Cena, apareció cuando ya se había acostumbrado a actuar junto a una banda primero bautizada como The Questions y luego renombrada como Los Fictions. Armado con canciones de inspiración dylanesca y múltiples referencias a personajes históricos, en formato acústico o eléctrico, a esa altura ya había pasado por escenarios santiaguinos como La Otra República, La Casa en el Aire, La Barcaza, la Sala SCD de Bellavista, el Club Mist, el Bar Loreto y el Centro Arte Alameda, entre muchos otros.

Aunque ese álbum estaba fuertemente influenciado por el country y el folk estadounidense, un año más tarde exhibió un costado distinto: eléctrico, sucio y a ratos desgarrado, El vuelo de albatros (2013) fue también un disco más reflexivo, iniciado con una locución de más de dos minutos del biólogo y filósofo Humberto Maturana, intervenida por ruidos y diferentes efectos. Casa sin fuego (2014), un disco cuya carátula cita tangencialmente al Bringing it all back home (1965) de Bob Dylan, fue editado poco tiempo más tarde. Reencontró a Matías Cena con un sonido más amable y letras inspiradas parcialmente en los paisajes de su infancia en el norte de Chile, como ocurre con “Cerro Dragón” y “Canción para ir al desierto”.

Parte del sello Algorecords, en esos años Matías Cena hizo presentaciones en diversos locales de Santiago y viajó por Argentina, Uruguay y España, incluyendo una pasada por el festival Primavera Sound 2014. Además, tocó o grabó junto a músicos de La Big Rabia, Asamblea Internacional del Fuego, Círculo Polar, Perrosky y Filipina Bitch, entre otros proyectos. A esta última banda, de hecho, se sumó como bajista en 2014.

“Me propuse crear historias nuevas, narrativas nuevas, personajes nuevos”, dijo cuando en 2016 publicó El destierro, un EP con el cual volvió a dar un giro, junto al guitarrista Felipe Ruz, la bajista Vicky Cordero, el baterista Iván Molina y el tecladista Ismael Palma. Completamente electrificado, las voces nunca sonaban limpias y las canciones podían extenderse por casi diez minutos, sin coros y con largos pasajes instrumentales. Ese disco tuvo un lanzamiento en la Sala América de la Biblioteca Nacional, pero a partir de entonces Matías Cena tuvo apariciones en vivo esporádicas y de más bajo perfil.

En 2018 se estrenó Salir de la ciudad: un retrato de Matías Cena, un ensayo visual dirigido por el realizador Juan Francisco González. Al mismo tiempo, comenzó a presentarse con Hermine, un grupo junto al cual publicó tres composiciones en el EP Sendero luminoso.

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