La BIG Rabia

Una explosiva cruza entre punk, rockabilly, boleros, performances teatrales y letras de desamor son las que han afianzado a La BIG Rabia como una de las propuestas más llamativas de  la escena capitalina independiente de inicios de esta década. Con una activa presencia en vivo, el grupo es, también, el encuentro entre dos generaciones de músicos unidos por las ganas de explorar las raíces rocanroleras y su gusto por la canción popular en español.

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Años

Santiago, 2011 -

Décadas

2010 |

Géneros

Integrantes

Sebastián Orellana
Iván Molina

Guillermo Tupper

Formado a mediados del 2011, la génesis de La BIG Rabia se remonta a casi un lustro antes, cuando el experimentado baterista Iván Molina (Emociones Clandestinas, Matorral, Los Santos Dumont) conoció al veinteañero Sebastián Orellana, vocalista de los penquistas Philipina Bitch. La remasterización del primer disco de estos últimos a través de Discos Tue-Tue (el sello que Molina fundó y mantuvo con sede en Valdivia) marcó el inicio de una amistad que, con el paso de los años, derivó en la idea de formar una banda.

«Cuando me echaron de Matorral, empecé a escuchar mucho proto-punk y punk rocanrolero, cosas que nunca había asumido como influencia», afirma Molina. «Y, por su lado, Seba manejaba un sinfín de viejos referentes bluseros. Me di cuenta de que era mucho más coherente empezar a hablar de lo que me pasaba con esa bestialidad que con la cosa melosa». El impulso definitivo vino en mayo de 2011, cuando ambos fueron reclutados por Fernando Milagros para ser parte de la banda que lo acompañó en el festival español Primavera Sound. «Vimos a Grinderman (la banda paralela del australiano Nick Cave) y dijimos ‘basta’. Llegamos a Santiago y armamos el grupo», recuerda.

La BIG Rabia debutó en septiembre del 2011 en el Bar La Cantera de Valparaíso y tempranas piezas como “El bonita”, “Para todos los hijos de puta” y “Nos gusta que sea así” daban cuenta de su sello: blues y rockabilly electrificados por su gusto por el punk y el garage y un mensaje crudo que podía abordar sin filtros tanto la crítica social como las rupturas amorosas. Esto quedó plasmado al año siguiente con su debut discográfico, Congo Zandor, cuyo nombre hacía referencia a un demonio vudú haitiano y que fue editado por el sello Algo Records, plataforma de bandas como Perrosky, Guiso, Tsunamis y Tío Lucho.

Meses más tarde, el grupo tributaría a sus influencias del cancionero romántico y popular en El EP de María (2013), un registro que incluía el tercer single de Congo Zandor, “Oh! María”, junto a versiones de clásicos de Sandro, Cecilia, el cantautor ítalo-francés Ricardo Cocciante y el grupo proto-punk peruano Los Saicos. Esta fue la antesala a su primera gira europea que los embarcó directamente a España para tocar dos veces en el festival Primavera Sound junto a sus compañeros de sello, Perrosky.

De la Sorbonne a la Picá de la Yasna

La academia que lleva su nombre recuperó las cintas con la presentación que dio en París a fines de 1956. Con guitarra traspuesta o kultrún, aparece en 18 tonadas, cuecas, refalosas, canciones mapuches y rapanuís, parte del valiosísimo documento Margot Loyola en La Sorbonne, que se lanzó en el escenario de Pedro Aguirre Cerda.

A 20 años del debut

Denisse Malebrán, Luciano Rojas y Coti Aboitiz, con el baterista Mauricio Clavería como invitado, recuerdan la publicación de Informe Saiko, que contiene canciones como "Cuando miro en tus ojos" y "Happy hour". Se presentan este sábado 14 en la Blondie.