Lucho Córdova
Foto: Cristián Soto López

Discos

Lucho Córdova

José Luis Córdova Ballesteros representa el más importante referente en el hot jazz chileno, equivalente a las pioneras figuras del director de big bands Pablo Garrido en el jazz melódico y del pianista Omar Nahuel en el jazz moderno. El baterista antofagastino fue además el mayor testigo de la historia del jazz, que protagonizó desde inicios de los años ’40, como un generador de swing único, que lo convirtió en un jazzista influyente, pero al mismo tiempo como su difusor a través de la radio y como gestor cultural, como fundador del Club de Jazz de Santiago en 1943.

Fechas

Antofagasta - 28 de noviembre de 1921
Santiago - 28 de abril de 2015

Décadas

1940 |1950 |1960 |1970 |1980 |1990 |2000 |

Géneros

Grupos

Lucho Córdova

Iñigo Díaz

Su historia como jazzista se inició en 1940, cuando se reunió para tocar con el cornetista Ernesto Tito Rodríguez y el clarinetista René Eyheralde, músicos aficionados que por entonces recién hacían su ingreso en una época dominada por las grandes orquestas populares y los músicos profesionales que copaban los salones de baile.

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Foto: archivo Córdova Ballesteros

En 1941 ese conjunto espontáneo pasó a llamarse The Chicagoans, banda inspirada en la escuela de Chicago, que además se sumaba al conjunto hoy jazz estelar de la época —Los Ases del Ritmo— liderados por el trompetista Luis Huaso Aránguiz. Este mismo elenco de aficionados, cuyo baterista era Córdova, fundaría tiempo después el Club de Jazz como resultado de la búsqueda urgente de un espacio para desarrollar este tipo de música bailable distinta a la que estaba de moda en los años ’30.

El Gene Krupa chileno: un as de la batería
Lucho Córdova se encontraba por entonces muy sorprendido por el estilo rítmico y parafernálico de dos grandes bateristas del swing: Gene Krupa y Buddy Rich. Pronto adjuntó a su propio estilo elementos percusivos de ambos músicos dando un paso fundamental en su actualización como intérprete y posterior hombre de referencia para las siguientes generaciones de bateristas.

Reemplazó a Víctor Tuco Tapia (su gran modelo en el jazz chileno) en la batería de Los Ases del Ritmo y en 1945 integró la segunda y última formación de Los Ases Chilenos del Jazz. Se trataba de un elenco capital formado año a año con los mejores exponentes del jazz de la temporada en curso, que eran elegidos por los socios del Club, siguiendo la mecánica de las selecciones anuales establecidas las revista Downbeat y Metronome.

Córdova pasó entonces a ser parte fundamental de la nueva generación de jazzistas, cuyo perfil de aficionado —por lo tanto, de estudioso auditor y permanente aprendiz— tomó las riendas del circuito. Fue sideman de prácticamente todos los hombres de los ’40: el tenorista Mario Escobar, el trombonista Ángel Valdés, el pianista Hernán Prado, el contrabajista Iván Cazabón, el clarinetista holandés Woody Wolf, e incluso el saxofonista Bud Freeman en una histórica temporada en el Hotel Carrera. Hacia el inicio de los años ’50 dejó su trabajo administrativo y experimentó un período de profesionalismo en la música cuando se integró a tiempo completo a la legendaria Orquesta Huambaly.

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Foto: Memoria Chilena

Esta orquesta tropical tenía la particularidad de integrar a solistas provenientes del jazz, por lo que desarrolló una doble puesta en escena musical con clásicos del repertorio afrocaribeño de alta temperatura y piezas del swing, fundamentalmente de Glenn Miller. Córdova se convertía entonces no sólo en el baterista mejor preparado del jazz, sino también en un polivalente acompañante, capaz de secundar mambos, boleros y chachachás y regresar al hot jazz sin contratiempos.

Con la Orquesta Huambaly actuó en el restorán Nuria desde 1954, y en 1959 viajó por Europa en la primera gira de una orquesta popular chilena al extranjero. Al regreso, en 1960 el conjunto original se desmembró y Córdova comenzó su labor como gestor musical durante años a través de su participación en las radios Chilena, Portales, Minería, Nacional y Pudahuel. Además dirigió el recordado programa televisivo “Mi batería y yo”, donde presentaba a músicos del circuito jazzístico.

Swing para la historia
En las décadas de 1960, 1970 y 1980 se convirtió en un monumento vivo del jazz chileno. Si 20 años antes había sido el batería estrella del hot jazz, actuando para los grandes solistas de la época, durante los 30 siguientes todos los jazzistas (tradicionales y modernos) tocaron para él. Lucho Córdova lideró sus propios conjuntos, organizados según los contingentes de músicos que invitaba sin pensar en tendencias estilíticas.

Sidemen de Córdova fueron técnicamente todos los músicos del momento: los pianistas Giovanni Cultrera, Ronnie Knoller y Roberto Lecaros, los saxofonistas Patricio Ramírez y Marcos Aldana, el contrabajista Sammy Domínguez y el trompetista Daniel Lencina.

Con este último realizaría un importante trabajo bilateral de apoyo, pues además de integrarlo a sus conjuntos, Córdova tocó para su histórico cuarteto tras la partida de Orlando Avendaño, y además en formaciones de septeto (La Banda de Jazz, 1979-84) y quinteto (La Máquina del Swing, 1984-86). A ese largo currículum hay que agregar dos períodos como baterista de los Santiago Stompers (1967-68 y 1974-76). Todo un récord de historial activo.

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Foto:

Para esos años de multimilitancia, Lucho Córdova ya había inspirado a nuevos bateristas desde los años ’50, ’60 y ’70. En todos ellos dejó una huella importante: Paco Deza, Orlando Avendaño, Waldo Cáceres, el vibrafonista Guillermo Rifo, Ramón Reyes, Roberto Barahona, Marcelo de CastroAriel Yelo Aguirre, Alejandro Espinosa, Antonio Gaete y Moncho Pérez.

Sus últimas apariciones se efectuaron al promediar los años 2000, con presentaciones junto a músicos de la vieja guardia vigentes, cancheos permanentes con la Retaguardia Jazz Band, apariciones estelares junto a la big band The Universal Orchestra e incluso el cuarteto del trompetista Cristián Cuturrufo. Todo eso, con 83 años encima.

Su última sesión fotográfica la dio a los 89 años, en 2011, para el fotógrafo Cristián Soto López, y en 2014 publicó sus memorias, bajo el título de Mi batería y yo, donde repasaba la cronología del jazz chileno en paralelo a su propia historia como testigo y protagonista desde los años ’40. En abril de 2015 Lucho Córdova murió a la edad de 93 años, convirtiéndose en una de las mayores personalidades del jazz de nuestra historia y por largueza el más importante baterista del género.

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