Tobías Alcayota

Por la edad, este grupo pertenece a la generación de músicos chilenos iniciada a mediados de los ’90: Supersordo, Maestro, Pánico, Yajaira o Congelador. Por el circuito, coinciden con las escenas alternativas de entonces hasta las de sucesores como Familia Miranda o Guiso. Pero Tobías Alcayota es gente demasiado inquieta para caber en los márgenes de una generación o una escena. Usan cualquier instrumento, disuelven sus fuentes originales en un estilo propio y son un trío, pero su apelativo es el de un personaje, de nombre tatarabuelo y apellido frutal.

Leer más

Años

Santiago, 1996 - 2004

Décadas

1990 |2000 |

Géneros

Tobías Alcayota

Integrantes

Marcelo Peña, voz, guitarra, teclados, viola, tabla.
Jorge Cabieses, voz, bajo, teclados, zampoña, tarka, puña, flautas, clarinete.
Jorge Coco Cabargas, voz, teclados, darbuka, batería, percusión.

David Ponce

Como precisan en uno de sus discos, Tobías Alcayota ‘‘es generado a través de’’ Marcelo Peña, Jorge Cabieses y Jorge Coco Cabargas. ‘‘No sólo nos interesa la música, sino todo lo escénico. Los tres nos unimos en este personaje que se ha ido armando con los años’’, explica Cabieses. ‘‘No es literal, pero es importante sentirnos objetos de algo que se genera a través de los tres y no individualmente’’.

Tobías Alcayota sitúa su primer concierto en 1996, junto a Niño Símbolo y a los argentinos Fotofobia en el capitalino centro cultural PanAm, pero hay actuaciones informales previas, sujetas al patrón tradicional de guitarra, bajo y batería, con grupos como Supersordo o Entreklles en Taller Sol. Y su inicio data de 1992, cuando el trío se forma en un octavo básico del santiaguino colegio San Gabriel.

Aunque entre sus pergaminos está haber ganado un concurso en el programa ‘‘Extra jóvenes’’, el trío se liga sobre todo al circuito alternativo. Tras su disco debut Alzamiento del día vivo por una luna nueva y el que tiene un ave dentro-fuera yace (1997), llaman la atención de los entusiastas Pánico y, con su segundo álbum, Omi (1999), son la primera contratación externa del sello de ese grupo, Combo Discos.

Los instrumentos han cambiado en el viaje. Omi incluye cinco composiciones con batería, guitarra y teclados, y si deja oir flautas y ocarinas, suena más la colección de órganos caseros del grupo. ‘‘Son los que uno tenía en el colegio para tocar en las clases de música’’, recuerda Cabieses. ‘‘Es la línea italiana: Bontempi y Antonelli. Es el órgano de la casa, pero para afuera es el órgano taquilla’’, dice Coco.

Pero luego el polo folclórico y el electrónico alcanzarán un sugerente equilibrio. El siguiente disco, Algo de noche en la isla (2002), está poblado de instrumentos autóctonos. Junto a zampoñas, flautas y percusión, lo que suele oirse ahí parece una ocarina o una tarka, pero en rigor es una puña, equivalente andino a la flauta traversa. Tobías Alcayota inventa entonces un cultrún o un trote nortino programables en ‘‘Dos colinas’’ y ‘‘Cabalgata morada’’ o se acerca subliminalmente a los Café Tacuba más experimentales en ‘‘Feria Amallac’’. Y en Antimateria (2004) agregan nuevos ingredientes al causeo silvestre, con acento más electrónico en canciones como ‘‘Merkén’’, ‘‘Llamita’’ (‘‘Llamita, llamita, pupila encendida’’) o ‘‘Queltehue’’ (‘‘Corre, corre, lombriz, que me sigue el queltehue’’).

La intuición es el método. Parecieran hacer siempre un ritual o un juego. Y la misma falta de patrones lógicos vale para los textos, ya sean los testimonios delirantes de Omi o líneas como ‘‘Este animal en manada se comporta como un hombre’’ en ‘‘Cabalgata morada’’ y ‘‘Hay que estar más tiempo bajo el agua hasta perder la exacta posición en el aire’’ en ‘‘Nva. fig. 5’’, del tercer disco. Sus prolíficos años recientes constan además en las sesiones para radio Beethoven de Cráter imaginario (2003) y en la fantasía sonora sobre cierto mal desértico en Sorte (2003).

Tobías Alcayota recuerda en más de un modo a Los Jaivas tempranos. Actuaron juntos el 10 de marzo de 2001 en un programa del sitio web Chilerock en la radio de la Universidad de Chile. ‘‘Era primera vez que los veía y fue para tocar con ellos. Hay un comentario súper bonito de Claudio Parra cuando dice que Tobías Alcayota te lleva por esos paisajes misteriosos en los que uno no se atreve a meterse. Nosotros no lo creíamos’’, recuerdan. Y en canciones como ‘‘Cuesco’’ el lenguaje es similar. Si en su primer LP Los Jaivas improvisan y manipulan una trutruka, un piano, un tocadiscos o lo que hay a mano, Tobías aplica ese principio a los materiales disponibles treinta años después: ahora hay teclados y máquinas de ritmo.

‘‘Al menos emocionalmente para mí es súper fuerte el folclor y creo que se nota en la música’’, dice Coco. ‘‘No tengo tanta conexión real, pero es el hecho de estar en Chile y crecer con esos instrumentos’’, agrega Peña. ‘‘Puede ser porque Los Jaivas es una hermandad y acá todos trabajamos armónicamente, no existe el líder ni el fundador del grupo’’, compara Cabieses. ‘‘Tocas la tarka, uno no se da ni cuenta y es como de pajaritos del norte’’, vislumbra Coco. ‘‘Uno lleva dentro eso’’.

Natalino sale a recorrer Chile con nueva canción

El trío romántico abre su itinerario el 14 de diciembre con un concierto en Valdivia. Seguirán en Puerto Varas, Casablanca, Panquehue, Maullín, Curacaví, Quintero y Papudo, entre otras localidades. Con miras a su nuevo álbum, titulado Natalino vivo, el grupo liberó además la balada “No volveré a caer”, del autor curicano Lenny Zing.

El año de Jorge Peña Hen

A 45 años de su asesinato a manos de la Caravana de la Muerte, en La Serena se levantó un monumento que recuerda su pionera labor como educador.