Camilo Salinas, a solas con su piano: «El disco me dejó con una pauta»
Foto: Pamela Albarracín
Entrevista

Camilo Salinas, a solas con su piano: «El disco me dejó con una pauta»


Un primer disco a solas para quien ha grabado muchos discos con otros músicos. Un espacio de composición libre para quien se acomoda desde joven en la creación por encargo y la ejecución de repertorio ajeno. Un desafío en vivo para quien debe ahora sostener por sí solo un escenario que se había acostumbrado a compartir. Por muchas razones, Solo piano, el primer disco solista del pianista y compositor Camilo Salinas, es para él una novedad. Pero también una marca identitaria: «Lo que está, está por algo», asegura

Marisol García | 5 de abril de 2018 Fotos: Pamela Albarracín

Camilo Salinas, a solas con su piano: «El disco me dejó con una pauta»

Muchas veces en los últimos dieciocho años, a Camilo Salinas (n. 1976, Roma) se le cruzó por la mente la idea de presentarse como un músico solista. Ser un hombre frente a un piano, y ya. Pero ahí quedaba siempre la ocurrencia: sólo como idea fugaz.

«Me lo pensaba, y como que… sacaba la cabeza, y la escondía. La volvía a sacar y la volvía a esconder. Mejor que no, decía», ilustra ahora sobre un tiempo largo en que su identidad de tecladista era la de acompañante, sesionista y compositor por encargo, cosa que por cierto disfrutaba plenamente, y en la que si algo no le ha faltado han sido asociaciones interesantes.

A diferencia de otros pianistas, para Camilo Salinas la ejecución del instrumento es una dinámica de intercambio: «Un diálogo con otros músicos», dice.

—Me interesa la fusión, y me interesa conversar, echar a pelear la visión de otros músicos sobre el piano. En eso lo paso muy bien.

—Es lo contrario a un lucimiento solista.
—Claro, pero es que no me considero un líder ni es eso lo que ando buscando con la música. Me interesa estimular… que el piano de pronto despierte otras cosas. Como decir: «Aquí está mi piano, veamos qué hacer con esto».

Vino, sin embargo, un cambio, y esa idea tímida pasó a ser un plan. El resultado está en Solo piano, el disco que Camilo Salinas editó a fines de 2017 y que tendrá su presentación en vivo el 13 de abril en el Centro GAM. En cuarenta y un minutos, el músico registró ahí el destilado de casi dos décadas de composiciones, y en ese mismo despojo va a mostrarlas sobre el escenario. Él, sus creaciones y su piano. Nada más:

—Empecé a revisar toda la música que tenía. Ordené, ordené, ordené. Deseché, deseché, deseché… hice dos o tres recitales solo, consideré las reacciones, mastiqué el repertorio y entonces dije, estamos. Por qué no.

No era que preparar un disco fuese para él una novedad. Camilo Salinas había entrado antes a la grabación de al menos una docena de otros discos. Quizás aquella colaboración que mejor estampó su estilo fue la que mantuvo por cuatro años junto a Pettinellis, pero Salinas es hoy también reconocible como integrante de Inti-Illimani Histórico, la banda en vivo de 31 Minutos y algunas de las presentaciones de El Bloque Depresivo. Tiene dos discos junto a Los Bipolares, su trío junto a Fernando Julio y Danilo Donoso; y uno junto al Colectivo Cantata Rock. Grabó tres álbumes con Ángel Parra Trío, dos junto a Los Tres y uno con Chico Trujillo. Su nombre incluso está en los créditos de discos de Patricio Manns (Porque te amé, 1998) y Mauricio Redolés (¿Quién mató a Gaete?, 1996).

Solo piano es la novedad del primer disco a solas.

 

—No es fácil tocar solo. La dinámica con otros músicos hasta cierto punto te alivia del estrés de que toda la sonoridad y rumbo de un disco dependan de ti. Cuando estás solo con el piano no quieres que la cosa se arranque y se vuelva demasiado…

—¿… aburrida?
—No…, no es eso. Me puedo extender, a veces, y dejar que la cosa crezca, pero… asusta que el instrumento pueda volverse poco llevable para quien escucha. Por eso en este disco no hubo improvisación. Lo planifiqué bien. Si iba a mostrar mi imaginario musical quería que fuese con cosas bien definidas. Y lo que está, está por algo. El disco me dejó con una pauta.

Es una pauta autoexigente, que lo hace ver con cierta ansiedad la idea —novedosa para él— de sostener a solas un concierto completo junto a su instrumento y nadie más.

Pero es a la vez una pauta acotada, porque Salinas no pretende que sus composiciones ni la ejecución sobre piano lo alejen de las colaboraciones que le toman el grueso del tiempo, y que ha fijado su nombre en incontables créditos de grabaciones, montajes y películas.

«Tampoco es que haya tenido que grabar un disco para sacarme de encima lo que no podía encauzar en otro lugar —aclara—. No vengo de una cárcel, todo lo contrario».

—La identidad del músico de sesión y colaborador te acomoda.
—Tengo bastante claro que en muchas de las bandas en las que estoy toco al servicio de un repertorio. En el caso de Inti-Illimani Histórico, está la música de mi viejo —dice en referencia al acopio de grandes canciones de su padre, Horacio Salinas—, que es genial, y no pretendería instalar colores propios ahí. O con 31 Minutos, donde puedo trabajar con otro tipo de teclados, timbres… me entretiene muchísimo eso de como llegar a una playa nueva y nadar y nadar… Entonces yo tengo un canal de vaciado creativo que me tiene tranquilo, tocando en bandas y a la vez componiendo para teatro, para películas.

—¿Cómo y cuándo te encontraste con la composición?
—Partí como pianista. Chico, adolescente. Pero es un instrumento infinito de estudiar y yo no lo terminé entero desde el punto de vista clásico. Mi interés en ese momento era tocar bien. Después de los 20 [años] me empezó a llamar la atención lo de componer. Desde el piano, primero; y muy atraído por la composición para películas e imágenes, de la que fui aprendiendo tomando encargos para teatro. Componer es un proceso misterioso, difícil de explicárselo. Tiene que ver con relacionarte con la creatividad y con qué quieres decir al hacer música.

 

—¿Ves ya una marca en tu estilo de composición?
—No sé… difícil decirlo…

—A primera escucha, al menos está tu versatilidad.
—… No sé si soy tan versátil. No puedo pasar entre estilos como sí lo pueden hacer pianistas populares. Tampoco soy de ponerme a tocar y cantar: no soy un songwriter. Ni soy un virtuoso. No sé… digamos que me entrego tocando, nomás. Y sí soy bien apasionado. Pero es tan infinito el universo musical…

Thelonius Monk, Tom Waits, Ernesto Lecuona, Rubén González, Chilly Gonzáles: pianistas de orígenes, épocas y géneros muy diferentes entre sí que en diferentes momentos han guiado a Salinas hacia el tipo de piano por el que quiere avanzar.

—Si bien puedo manejar y entender otros lenguajes, creo que he podido crear mi propio lenguaje. Y creo que eso en el disco está. Hay una fusión en mi interés por muchas músicas. Si bien la música chilena me gusta, me identifico con ella, no he querido componer de un modo abanderado ni con una desesperación de identidad. La música que me gusta viene de muchas partes del mundo, y lo que me lleva a tocarla ha sido su belleza.

No hay aires foráneos reconocibles en Solo piano, pero su calidez innegable puede ser la cubana. En La Habana, justo al medio de una gira de trabajo de Inti-Illimani Histórico, Salinas encontró el lugar ideal para grabar su disco y a la vez beber de una privilegiada carga histórica en el proceso. Solo piano fue grabado sobre un Steinway en los estudios Egrem, de La Habana, en cuyas teclas se habían posado antes los dedos de Ernesto Lecuona, Rubén González y Bola de Nieve.

—Ahora, con el disco ya publicado, ¿todavía te cuesta imaginarte como un músico solo?
—No. Lo haría. Hace un año atrás creo que no podía pararme para sostener un recital de 50 minutos, pero ahora sí, y se me ocurren más cosas. Creo que el tocar en muchas bandas ha conseguido que yo, a solas, re-estreche mi relación con el piano. No se trata de tocar teclados para otros, sino que piano para mí. Y que es algo que veo muy sano de seguir haciendo: el piano fue el instrumento en mi juventud primera, y lo sigue siendo en esta juventud cuarta… —, dice Salinas, y entonces sonríe ante su ocurrencia de proyección—: Y quiero llevarlo a mi juventud quinta, claro.