Florencia Lira

Pese a que su debut, cuando tenía veinte años, la puso en el mapa de una electrónica independiente, en el transcurso de su primera época creativa Florencia Lira se instaló en otro planisferio musical, como compositora, autora, cantante, experimentadora e incluso educadora, con la experiencia que tuvo con niños en etapa preescolar y sobre todo con el descubrimiento de la poesía de una maestra como Gabriela Mistral. Florencia Lira llevó esas vivencias al aplaudido disco La caminante (2016), que vino a cerrar un ciclo personal.

Fechas

Santiago - 07 de diciembre de 1983

Décadas

2000 |2010 |

Géneros

Florencia Lira

Iñigo Díaz

Un domingo de abril de 2004, una completamente desconocida Florencia Lira apareció en el programa del concierto que el sello Protohombre convocó en la Sala Master de la radio Universidad de Chile, para presentar a músicos de su catálodo como Cierre Clerk de Ultramán y Maco. La joven y silenciosa Florencia estrenó allí el disco Flörence, una mirada contemplativa de la electrónica de autor, descrita entonces como electrónica «de dormitorio» por su componente minimalista y atmosférico, para la que ella utilizó softwares básicos y antiguos teclados de Casio, muy presentes en los inicios de gente como Gepe y Javiera Mena.

Ese disco y cinco actuaciones bastaron para que Florencia Lira quedara en flotación en el ambiente de la música independiente. Pero 2004 fue el año del principio y del final, puesto que después de Flörence salió del circuito para estudiar canto lírico y piano. En 2009 estrenó una serie de primeras canciones acústicas de raíz folk («En el camino», «Mi lado terrestre», «Marinero») acompañada por el guitarrista de jazz Cristóbal Menares y el teclista Juan Espinoza, lo que marcaría su recorrido posterior a la experiencia en la música experimental.

Los discos Fe de ratas (2005) y Crepuscular (2010) se describen en ese tránsito lento desde la electrónica del computador a la acústica de la guitarra, con un perfil de música de baja fidelidad, en la estética lo-fi. Tiempo después, el EP de cinco canciones Música para gatos (2014) puso la voz como sonido nuevo aunque sin un trabajo de creación de textos sino de vocalizaciones instrumentales. Fue el paso previo a la gestación de La caminante (2016), el álbum de la adultez de Florencia Lira en el campo del canto y la observación de la poesía. Por primera vez un álbum suyo fue editado por un sello, en este caso Cápsula Discos, y contó con la producción de Felipe Cadenasso, al igual que el propio Cristóbal Menares.

La muerte de su madre coincidió con el descubrimiento, tal vez tardío, de Gabriela Mistral en cuanto poeta, profesora y mujer, y vino a señalar un camino personal para Lira, ahora involucrada tanto en la musicalización de poesía suya de distintos libros (sobre todo de Lagar, de 1954), con piezas escogidas como “Anochecer”, “Rocío”, “Amanecer”, “Agua” y «La que camina».

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