Parkinson

Es probable que Parkinson haya sido el grupo preciso en el momento incorrecto. De haberse formado en otro período, su rock enérgico e imaginativo podría haberse impuesto entre un público extenso, pero la banda tuvo la desventura de trabajar durante una etapa especialmente árida para la difusión de música chilena. Recién se desinflaba el llamado boom del pop local que pocos años antes había convertido en estrellas por igual a Los Prisioneros y a Cinema. Los sellos contaban las pérdidas que les había generado entusiasmarse de más, y las radios retrocedían luego de haber convertido en éxito hasta a las más dudosas grabaciones. Entre tanto recelo, no deja de ser un mérito que Parkinson haya logrado imponer dos canciones recordadas por siempre: “Papel floreado” y “El vino”; éste último, un título del que se hicieron fanáticos hasta Nicanor Parra y Don Francisco. El conjunto ha tenido amagos de reunión desde su separación de 1995, pero nada lo suficientemente firme como para pensar en nuevos discos.

Leer más

Años

Santiago, 1988 - 1995

Décadas

1980 |1990 |

Géneros

Parkinson

Integrantes

Daniel Puente, voz (1988 – 1989)
Rodrigo Hidalgo, guitarra (1988 – 1995)
Miguel Conejeros, teclado (1988 – 1995)
Claudio Vanegas, bajo (1988 – 1990 / 1994 – 1995)
Juan José Gajardo, batería (1988 – 1994)
Miguel Hiza, voz y bajo (1990 – 1995)
Rodrigo Elizalde, bajo (1990)
Jano Mera, bajo (1991 – 1992)
Rafael Guiñez, viola y bajo (1992 – 1995)
Eduardo Topelberg, batería (1994 – 1995).

Marisol García

Artistas e independientes
Parkinson se formó con músicos activos en varias bandas independientes durante los años ochenta y con cierto prestigio ganado en los circuitos marginales del primer punk chileno. El cantante Daniel Puente y el tecladista Miguel Conejeros cargaban con la fama de sus dos desordenados años junto a los Pinochet Boys, tras los cuales se unieron a Rodrigo Hidalgo (jubilado de los también punk Dadá) para formar un grupo que llevó el nombre de su vocalista, Carlos Calor. Fue la suya una carrera breve, que alternó la composición de canciones con la acumulación de la mayor cantidad posible de importaciones discográficas desde Inglaterra (era el tiempo del mejor new-wave) y las aficiones particulares de cada uno, que en el caso de Hidalgo lo hacían destacar de modo especial en la pintura.

Parkinson quedó establecido cuando a la base del trío Carlos Calor se unieron el bajista Rodrigo Elizalde (antes en Zapatilla Rota) y el baterista Juan José Gajardo. Sus preferencias musicales eran dispares, pero de algún modo terminó primando la vertiente brit. De esa etapa se recuerdan composiciones de Daniel Puente como “Tiempo de mod”. Sin embargo, el cantante guardaba hacía tiempo el deseo de emigrar de Chile, y una novia alemana terminó de convencerlo. En 1989, Puente se largó a Hamburgo y dejó a Parkinson sin cantante. Años después llegarían a Chile las noticias de su buen pasar junto a los grupos Niños Con Bombas y Polvorosa.

Pese a esa partida, Parkinson insistió en seguir tocando e, incluso, grabar un primer cassette. De esa época es Anaranjado (1991), un registro autofinanciado que la banda grabó en la casa que Carlos Cabezas tenía en calle Domeyko. La edición fue parcialmente pagada por fondos reunidos entre amigos pintores Sammy Benmayor y Bororo eran fans y tuvo una carátula diseñada por Hugo Cárdenas. Los Parkinson funcionaban «igual que los Velvet Underground con Andy Warhol», según ellos. De Anaranjado se publicaron no más de mil copias, con la falta de vocalista suplida de un modo curioso: los músicos se turnaron el micrófono y asunto arreglado. «Fue casi como una humorada», dirían luego.

Anaranjado demostró que, pese al aparente estado de fiesta permanente, Parkinson era un grupo dispuesto a trabajar con profesionalismo. Como su proyección daba aún para largo, ubicaron en Talca a un amigo con un respetable conocimiento de rock y reconocido talento en la escritura, dibujo de comics y pintura. Miguel Hiza también había pasado por una Escuela de Arte (la de la Universidad Católica) y grabado un disco junto al trío Blancoactivo (en el que también estaba Tan Levine). Durante un par de años de residencia en Buenos Aires conoció a Luca Prodán y a la banda Masacre Palestina, de cuyo repertorio tomó la canción “Papel floreado” (aunque Parkinson la grabó con un leve cambio en una de las estrofas para hacer calzar algunos versos de “La voz de los 80”, de Los Prisioneros). En los recuerdos, es Hiza el cantante oficial de la formación clásica del grupo.

“El vino”
Nadie de la industria ayudaba a Parkinson, y por eso sus músicos se las arreglaban solos. Para grabar otro disco acudieron de nuevo donde sus amigos pintores, consiguieron valiosas obras como donación y las remataron hasta reunir un millón de pesos con los cuales financiar el mejor estudio de Santiago. Así llegaron a Sonus, entonces administrado por el ingeniero de sonido Hernán Rojas. El grupo comenzó de inmediato a grabar, sin tener claro cómo iba a publicar el material. Pero Rojas escuchó “El vino”, y el resto es historia.

«Quedó con la boca abierta, y llamó al tiro a la EMI», recuerda hoy Miguel Hiza. «Llegó [el ejecutivo] Max Quiroz al estudio y nos dijo: Me fascina, les compro el disco entero. Estábamos firmando contrato casi al día siguiente, convertidos desde el principio en artistas prioritarios. Nos dieron cuatro millones de pesos, y partimos corriendo a comprar instrumentos».

El apuro de EMI era entendible. De rey a mendigo (1992) registraba con frescura una alianza enérgica; mezcla de punk, pop y la escuela más amable en el uso de sintetizadores, relatada con un lenguaje callejero y en chileno. Poco antes, además, se había sumado al grupo un intérprete de viola, Rafael Guiñez, talentoso concertista con estudios desde la infancia en el conservatorio y un pasado repartido entre la Orquesta Sinfónica de Santiago y colaboraciones para La Banda del Gnomo. El disco era «filosofía en el lado oscuro alternativo», según el suplemento Wikén (lo que sea haya significado eso), con “El vino” destinada de modo natural a un estatus de clásico popular. Así recuerda su cantante la composición de ese tema:

«Estábamos todos en la sala de ensayo con una canción a la que no sabíamos qué letra ponerle. Compramos una garrafa de vino, nos sentamos los cuatro en el patio, y cada uno empezó a tirar un verso mientras yo iba anotando. Cuando nos terminamos toda la garrafa, teníamos unas doce páginas escritas con puras huevadas. Yo las agarré al otro día, las ordené, volví a la sala de ensayo y tocamos la canción. Cuando la presentamos, quedó la cagada. Les gustó a niños de tres años y a viejos de noventa. Es un tema emblemático para Chile; define al ser chileno por excelencia. Nicanor Parra decía, como broma, que ese tema lo había escrito él; le gustaba mucho».

“El vino” no sólo fue la canción chilena más difundida del año 92 en Chile muy por encima de cualquiera de La Ley, por ejemplo, sino que abrió a Parkinson a escenarios del todo inesperados. Don Francisco los invitó varias veces, y con gusto, a “Sábados Gigantes”. Y hasta el impecable animador Guayo Riveros los presentó desde el casino de Viña en una edición especial de “Martes 13” que tenía como invitado principal de la noche al trío español Mecano («nos colamos a su camarín y les tomamos todo el whisky», revelan hoy sobre lo que nunca se supo de esa noche estelar).

Segundo álbum
A diferencia de bandas orgullosas de su condición «alternativa», Parkinson era un quinteto dispuesto a una difusión lo más masiva posible. Fueron, de hecho, de los pocos grupos de la época en hacer giras a provincias.

La banda aprovechó ese impulso para registrar prontamente un nuevo disco. Sin embargo, para cuando apareció en tiendas Pecho al futuro (1993), la energía de EMI parecía haberse esfumado. Era un período especialmente difícil para intentar difundir cualquier tipo de canción chilena que no se inscribiera dentro del género de la balada; y el suyo era un disco extraño, que combinaba citas a rancheras y rock duro, incluso con una canción grabada junto a una orquesta de cámara (“Lo lindo del amor”).

Luego de un vistoso (y muy escupido) teloneo a los estadounidenses Living Colour en el Estadio Chile (noviembre de 1993), los integrantes de Parkinson comenzaron a sufrir los primeros signos de quiebre. Juan José Gajardo se largó a los pocos meses «debido a que comenzó a crearse un distanciamiento artístico», según él (trabajó luego y durante un tiempo con un grupo de rock progresivo llamado Rhino).

«Nos reventamos nosotros mismos, porque no tuvimos ningún apoyo del sello», recordó años después Miguel Hiza en el diario La Tercera. «Según todos era un buen disco, pero no sacas nada si no hay intención de trabajarte».

Tras la disolución de Parkinson, fue Conejeros quien más se destacó en posteriores proyectos musicales, sobre todo aquel que afianzó desde España con Fiat600, el nombre de su trabajo individual como compositor electrónico. El guitarrista Rodrigo Hidalgo grabó hacia mediados de los años noventa un disco junto al grupo de rock melódico Quadrofénicos, y Miguel Hiza se afianzó en encargos no musicales para radio y televisión luego de algunas tocatas informales junto a un grupo llamado Piedra Líquida (en el cual también tocó Archie Frugone). Rafael Guiñez, en tanto, se ocupó entre 1988 y 1993 en el grupo Le Llea (también con Sebastián y Cristián Freund, James Frazier, Barraco Parra y Gonzalo Carvajal), que si bien mantuvo un ritmo regular de conciertos, jamás llegó a grabar nada en estudio. Más tarde y junto a su esposa, Elvira Mena, y a otros músicos, mantuvo a Los Trompos.

A fines del 2005 y «más bien en tono de broma», Miguel Hiza realizó algunas presentaciones bajo el nombre Parkinson, si bien sus músicos acompañantes fueron compañeros de trabajo (entre ellos, los periodistas Fernando Lasalvia e Iván Guerrero) sin relación alguna con la formación original. Se trató de una iniciativa sin  trascendencia pero que, sin embargo, enfureció a sus antiguos compañeros de grupo. El guitarrista Rodrigo Hidalgo llegó incluso a anunciar públicamente la posibilidad de presentar una querella judicial. Años más tarde, en noviembre de 2013, el baterista Juan José Gajardo comandó una presentación con el nombre del grupo en la sala SCD-Vespucio, en la que él figuró como único integrante fundador a bordo.

Pese a que el nombre de Parkinson es rara vez citado en recuentos del rock chileno más reciente, su influencia resulta evidente en el trabajo que hoy desarrollan grupos como Pánico y LaFloripondio: rock con humor y justo desenfreno.

Mujeres al frente

El nuevo ciclo «Nosotras, que nos queremos tanto» reunirá durante cuatro noches en la Sala SCD de Plaza Egaña a mujeres activas en la música chilena, para una entrevista frente a la audiencia y la muestra de su música en vivo. Participan Yorka, Niña Tormenta, Nelly Sanders, María Esther Zamora, Nicole Bunout, Paz Court, Elizabeth Morris y Francesca Ancarola, además de la coeditora de MusicaPopular.cl (+)

El reggaeton hecho en Chile

Los Reggaeton Boys son un trío de músicos haitianos que el 2002 formaron la primera agrupación de género en Chile. Tras un receso de seis años regresaron como dúo, con un clip y un ex integrante haciendo noticia en complicadas lides. Esta es su historia.